Gustavo Petro
29/10/2006El periodista Félix de Bedout entrevistó al senador del Polo Democrático colombiano y ex guerrillero del MAS Gustavo Petro en la publicación El Espectador el pasado 21 de octubre.
Después de ocho horas de debate, de intervenciones de todo tipo, candentes como la de Petro, enérgicas como la del Comisionado de Paz -que reveló una sorpresiva faceta de gran orador-, emotivas como la de Piedad Córdoba y otras más, se pensaría que no quedaba más nada por decir. Pues asómbrense y dénse una pasadita por estas líneas para que vean algunas de las sorpresas que se quedaron guardadas.
¿SOFISTA YO?
Félix de Bedout: Para usted, ¿fue una casualidad que el día que usted estuvo listo para hacer el debate sobre el computador de Jorge 40, la Corte Suprema anunció investigar a tres congresistas por nexos con el paramilitarismo?
Gustavo Petro: En la Corte se ha hecho un trabajo serio recopilando las pruebas que ya existían desde hace muchos años en la Fiscalía. Y creo que hay un sector del establecimiento colombiano que está sorprendido y aterrorizado por una situación que cada día palpa más y es que el capital narcotraficante del paramilitarismo le está quitando, no sólo a través del mercado, sino a sangre y fuego, los negocios. El paramilitarismo está entrando a unos sitios a los que antes no se había atrevido.
F.D.B.: El Gobierno dijo que usted hizo una presentación sofista partiendo de unos hechos reales a los que usted les dio una interpretación amañada.
G.P.: Yo califico de sofistas al ministro Holguín y al comisionado Restrepo, porque ellos son los que desconocen las circunstancias fácticas que se presentaron. Holguín de entrada lo hace diciendo que no conoce la información del computador de Jorge 40, cuando hoy todos los colombianos conocemos parcialmente ese computador. Que el Gobierno parta de esa mentira tiene un objetivo: destruir la presentación de hechos por parte del contrincante. Lo que yo hice fue contrastar la política de Uribe con el computador.
F.D.B.: ¿El computador es la puerta de entrada a Alí Baba y los 40 ladrones?
G.P.: El allanamiento donde se encuentra el computador se produce porque ya hay un proceso anterior y es un proceso de toma a la empresa privada Coolechera y a unas empresas de seguridad con asesinatos. Por eso es que a la fiscal que lleva el caso intentaron matarla el año pasado, para detener la investigación. Pero el proceso es mucho más integral que lo que pueda haber en un computador. Eso que se llama el computador es una serie de informaciones sobre el bloque norte de Jorge 40, que hoy ya no es de Jorge 40.
F.D.B.: A los periodistas nos gustan las filtraciones, las buscamos. ¿Pero éstas pueden estar echando al traste con la investigación?
G.P.: Dependiendo de que se filtre y que no puede tener unas derivaciones políticas diferentes. Pero a mí me da la impresión de que lo que hay aquí es un mecanismo de defensa, porque hubo un intento de asesinato sobre los que adelantaban la investigación y la única forma de frenar un asesinato en un caso como este es que se conozca qué se está investigando. Me parece que tiene que ver no solamente con frenar asesinatos, sino con frenar cualquier intención de impedir que el proceso investigativo continúe.
F.D.B.: ¿En este caso las filtraciones son un seguro de vida?
G.P.: Yo pienso eso, por ahora. Si siguen, pueden tener otros significados. Pero por ahora son un seguro de vida.
METIDOS HASTA EN LA SOPA
F.D.B.: Usted habló de una infiltración también generalizada de la justicia. Empecemos por la Procuraduría. Parece que usted no tiene ninguna confianza en el viceprocurador Carlos Arturo Gómez Pavajeau.
G.P.: No, no le tengo confianza.
F.D.B.: Quedó la sensación de que usted piensa que el viceprocurador es ficha de los paramilitares.
G.P.: No, yo lo que quise decir sobre la infiltración general en la justicia es que la costumbre de segmentar en poderes políticos la Fiscalía, la Contraloría y la Procuraduría; y la infiltración paramilitar y mafiosa en la política, han llevado a que a través del clientelismo se metan las fichas claves del narcotráfico. Hay funcionarios que le hacen favores al padrino político y no logran captar que esos favores no son como antes, sino que tienen inoculado el narcotráfico. Porque ya el poder regional no depende del viejo gamonal, sino de estructuras mafiosas.
F.D.B.: ¿Eso cree usted que pasó con la decisión de la Procuraduría a favor del senador Álvaro García?
G.P.: Estoy convencido de eso.
F.D.B.: ¿Usted cree que la Procuraduría le hizo un favor político a Álvaro García?
G.P.: Sí, en un momento electoral, además. El procedimiento por el cual la Procuraduría llegó a esa decisión no me gusta, no es sano. Tampoco me convencen las explicaciones del Procurador sobre por qué echó al investigador que presentó un proyecto de resolución en contra de Álvaro García. Ese era un funcionario de primera, miembro de una unidad élite. Yo sé que quien estuvo detrás de todo esto fue directamente el viceprocurador. Yo sé que Gómez Pavajeau, por su relación con una serie de padrinos políticos de Sucre, está metido en problemas.
F.D.B.: Usted no confía en el viceprocurador, ¿confía en el Procurador?
G.P.: Yo quiero confiar en él.
F.D.B.: Pero no suena muy convencido.
G.P.: A estas alturas y cuando tantas cosas hemos visto, la confianza se pierde pero hay que reconstruirla. Yo quiero confiar en el Procurador por una razón básica: porque él es un hombre golpeado por la violencia. Uno, después de sufrir esos hechos, debe servir para algo, debe trabajar para que eso se acabe. Además, quiero confiar en el Procurador por lo que fue Consuelo Araújo, que fue una amiga del M-19, una mujer de izquierda, que se paró en su momento y denunció las torturas que sufrieron los militantes del M-19 en los tiempos de Turbay.
F.D.B.: Pasemos a la Fiscalía. Usted dice que en los tiempos de Luis Camilo Osorio se perdió la pista de muchas investigaciones contra paramilitares. ¿Usted cree que eso fue premeditado?
G.P.: Sí, Osorio lo hizo premeditadamente.
F.D.B.: ¿Bajo influencia paramilitar?
G.P.: En mi opinión, sí.
F.D.B.: ¿Usted lo que está diciendo es que Osorio fue un fiscal paramilitar?
G.P.: Para mí, sí.
F.D.B.: ¿Y cuál es la prueba de eso?
G.P.: Yo mostré en el debate el documento donde quedó registrado cómo Carlos Castaño pide cambiar administrativamente la Fiscalía y eso no es posible lograrlo sin una injerencia en la administración. Yo le pedí a Luis Camilo Osorio, a través de un derecho de petición, que me dijera dónde estaban los fiscales que Carlos Castaño quería cambiar y efectivamente todos habían sido cambiados bajándoles el perfil o habían sido echados de la Fiscalía por él directamente. Le habían echo caso a Carlos Castaño. Otra prueba fue lo que pasó con un exfuncionario que llegó una vez a mi oficina, un muchacho Riaño Botina, que venía de la fiscalía de Gómez Méndez y trabajaba en Informática Forense. A él le asignaron una investigación muy delicada sobre el asesinato de seis fiscales del CTI en Cúcuta, había la impresión de que eso salió del interior de la Fiscalía. Él investigó los posibles nexos entre fiscales, paramilitares y asesinos; cruzó llamadas entrantes y salientes durante un año y encontró 42 nexos entre paramilitares y funcionarios. Presentó la investigación y cuando esperaba una medalla, un ascenso y un curso en Londres, lo pusieron a limpiar polvo en los computadores del sótano y recibió una amenaza telefónica en su oficina, que según el sistema de seguridad venía del interior del búnker. Él puso la queja y el Fiscal lo echó. Al otro día le allanaron la casa y se llevaron todos sus archivos, menos unos discos que pudo ocultar. Hoy ese muchacho está en Canadá asilado.
F.D.B.: Pero si usted habla de una infiltración de ese tamaño en la Fiscalía, eso no se desmonta de un día para otro.
G.P.: El daño producido por Luis Camilo Osorio es irreparable. Hay procesos por narcotráfico perdidos, fiscalías paralelas que recibían plata de los narcotraficantes para exonerarlos, procesos de lesa humanidad fragmentados. Los testigos de esos procesos fueron asesinados.
F.D.B.: ¿Qué piensa del actual Fiscal después del escándalo del brujo y todo lo que ha pasado?
G.P.: Yo creo que, por lo delicado de las investigaciones que adelantó contra militares, el Fiscal empezó a ser estrechamente vigilado y habiendo captado información personal y debilidades en su personalidad, las ponen en la prensa y lo debilitan. Y creo que lo lograron por un rato, pero él tiene una segunda oportunidad y debe reponerse, porque sólo tiene dos opciones: o renuncia porque le ganó la situación personal o asimila el golpe y coge el toro por los cachos.
LOS NEOPARAS
F.D.B.: Usted dice que de este proceso está naciendo un nuevo paramilitarismo. ¿Cómo es eso?
G.P.: Pongámoslo en estos términos: los viejos jefes del paramilitarismo, los que están en La Ceja, perdieron el mando. Y ahí surge una de las grandes imposturas de este proceso de paz: al darle a una red mafiosa un origen político y un estatus de guerrilla de derecha; y al pretender asimilarlos a un ejército con mandos y lealtades, se comete una gran equivocación; al meter a un Jorge 40 o a otro jefe a La Ceja, él pierde un mando que asume otro que se queda con el negocio.
F.D.B.: A partir de lo que usted dice, uno podría pensar que los que están en La Ceja sí están cumpliendo con el proceso.
G.P.: A ver, ¿cómo se construyen las nuevas estructuras paramilitares? Las crean los viejos paramilitares con la intención de manejarlas, pero el proceso mismo los lleva a arrinconarse y hoy, estoy convencido, ellos piensan que la mejor salida es la extradición para negociar con los Estados Unidos.
F.D.B.: ¿Quiénes son hoy los nuevos jefes paramilitares?
G.P.: Darío Laíno, Escopeta, una persona muy poco conocida en el país pero que va a ser muy importante; es un paramilitar, ganadero muy rico y empresario de Barranquilla. En un informe del CTI aparece en una reunión con un congresista y con otros paramilitares hablando sobre la intención de asesinar a una fiscal, pero él lo impide por las consecuencias que podría tener.
F.D.B.: ¿Qué congresista estaba en la reunión?
G.P.: ... [Silencio] Un congresista...
F.D.B.: ¿Hay más nuevos jefes paramilitares?
G.P.: Sí, Wálter o La Araña, que aparece en el computador como jefe en Bolívar; el Cabo Guerrero, que es el jefe en Sucre (todos son ex policías); el Pollo Lizcano, el jefe en Córdoba, que entre otras cosas, tiene carnet de la red de cooperantes y armas oficiales, salió de la estructura de Mancuso y la Policía afirma que es uno de los grandes narcotraficantes del país. Pienso que los coordina el señor Villarreal, alias Salomón, el dueño del cargamento de cocaína que la policía devolvió en Barranquilla. La Araña y Guerrero aparecen envueltos en ese tema.
Pienso que hoy Jorge 40 no tiene ninguna posibilidad de influir sobre ellos y todo esto está pasando porque el proceso está fallando en lo fundamental: la confesión plena y veraz.
UNA ÚLTIMA PREGUNTA
F.D.B.: ¿Por qué si el país fue generoso con usted como ex guerrillero y con el M-19, no se puede ser generoso en un proceso de paz con los paramilitares?
G.P.: El Estado nunca fue generoso con el M-19. La lucha del Estado contra el M-19, incluso en las épocas en que estuvo desarmado, fue frontal y nunca hubo generosidad. En el proceso con el M-19 se acordaron unas reglas de juego para crear un nuevo Estado, diferente al del Frente Nacional y de la Constitución del 86 que nunca reconocimos. Se trataba de crear un nuevo Estado, que es el de la Constitución del 91 y es la ciudadanía la que reconstruye una nueva estructura que sería la expresión de una república democrática. Pero yo creo que al establecimiento se le olvidó, porque le entregó el corazón al narcotráfico. Yo tengo que recordar que a nosotros nos asesinaron. ¿Cuál generosidad? ¿Con Carlos Pizarro? ¿A Carlos Pizarro qué le hicieron y quiénes? El Procurador hablaba de la impunidad del Palacio de Justicia. ¿Cuál impunidad? Del lado del M-19 a todos los asesinaron. A todos los mataron, incluso en ejecuciones extrajudiciales, y la comandancia que estaba por fuera del Palacio, toda fue asesinada. Navarro se salvó de chiripa. ¿Cuál impunidad? ¿No hubo una pena de muerte dentro y fuera del Palacio para el M-19? Cuando a mí me sindican de guerrillero de cafetería digo que yo estuve en las montañas, en la cárcel, me torturaron, pero nunca disparé y ahora me precio de eso. Yo me siento fundador de un nuevo Estado, con el M-19 y con otros y yo tengo derecho a criticar, a resolver sobre la institucionalidad. Entonces, ¿yo a quién le tengo que dar las gracias? Al pueblo, a nadie más.