Perspectivas en Galicia después del 28 de abril

Antón Sánchez

18/05/2019

En las elecciones estatales de diciembre de 2015 la coalición En Marea, formada por Anova, Esquerda Unida y Podemos, y apoyada por las mareas municipalistas, que unos meses antes habían infringido al Partido Popular de Feijóo su mayor derrota política hasta entonces, obtenía un resultado histórico, sobrepasando el 25% de los votos, superando al PSdeG como segunda fuerza, y obteniendo 6 diputados y 2 senadores. En junio del 2016 el resultado fue de 5 diputados y una senadora, con un 22,5% de los sufragios (344.000 votos).

Así, una propuesta política nacida en Galicia, fruto de un proceso pionero en el Estado español, desde abajo, rupturista y con un mensaje claro y contundente estaba en condiciones de disputarle la hegemonía política a los dos partidos del Régimen del 78.

4 años después la realidad es otra en el espacio de la izquierda de ruptura en Galicia.

Los resultados del 28 de abril reflejan fielmente los problemas y deficiencias del proceso de acumulación de fuerzas en los últimos 4 años. Por un lado, una marca vaciada de contenido y significado rupturista, En Marea, obtenía 17.000 votos, un 1% de los votos, lo que significa seguramente el batacazo electoral más importante de Galicia. En realidad, la En Marea que se presentaba poco tenía que ver con lo que significó desde 2012 el proceso de Unidad Popular de la izquierda rupturista.

Lo que la gente apoyó espectacularmente en años pasados fue un proceso, una idea, un proyecto político de Unidad Popular, que fijaba la ruptura con el Régimen del 78 como uno de sus horizontes, una iniciativa que se creaba desde abajo y cuyo centro estaba en Galicia, en su ciudadanía. La marca En Marea que concurrió a las elecciones generales poco tenía que ver ya con todo eso.

Por otro lado, En Común, la coalición de EU y Podemos obtuvo 236.000 votos, un 14,65%, en unas elecciones en las que la participación se incrementó en más de 4 puntos porcentuales, produciéndose una viva movilización de la izquierda social para frenar la amenaza fascista.

Aunque los resultados de En Común nada tienen que ver con los de la En Marea de la dirección actual tampoco llegan a ser una seria amenaza para disputar la hegemonía ni a PPG ni al PSdeG, quedando a una distancia de 7 y 8 diputados respectivamente, con lo que algunas lecturas triunfalistas sólo se explican desde la autocomplacencia o el alivio por obtener representación parlamentaria cuando no por la renuncia expresa a construir una alternativa hegemónica y con capacidad para transformar Galicia.

El PSdeG superó por primera vez en 40 años al Partido Popular de Galicia que evidencia claros síntomas de hundimiento, lo que deja abierta la posibilidad de que en la elecciones autonómicas de 2020 se pueda desalojar a la derecha conservadora de la Xunta de Galicia.

Anova decidió no concurrir a estas elecciones estatales porque no se daban las condiciones para hacerlo defendiendo un proyecto plural, de ruptura con su centro de gravedad en Galicia y que incluyese a las mareas municipalistas como actores fundamentales.

Anova siempre consideró fundamental, en estos años de ensayo de la Unidad Popular en Galicia, la generosidad y la responsabilidad, pero ahora que toca relanzar el proyecto político estratégico de la Unidad Popular, para nosotros fundamental,  creemos que no puede hacerse si no es con  la garantía de que el proyecto responderá a unos objetivos políticos coherentes con los que venimos defendiendo desde 2012: Ruptura, discurso y prácticas radicalmente democráticas y defensa del derecho a la plena soberanía de Galicia como nación. No se entiende ninguna apuesta por la ruptura que no defienda el libre derecho a decidirlo todo de las naciones del Estado español. Renunciar al derecho a decidir es renunciar, también en Galicia, a un proyecto rupturista.

Defendemos y seguiremos defendiendo la necesidad de mestizaje a la izquierda del PSOE, y por eso hemos apostado por alianzas con fuerzas de ámbito estatal, siempre que reconocieran a Galicia como nación y defendiera su derecho a decidirlo todo, y sólo apostaremos, en el futuro, por proyectos que respeten este principio.

Creemos que no hacer es caminar hacia una alternativa política que entra de lleno en el juego de la institución sistémica y que se mueva dentro de sus límites, condenada a ser un apoyo ocasional del PSOE.

Cuando se abre una posibilidad más que evidente de que el PP no obtenga mayoría absoluta no deberíamos resignarnos a que la alternativa venga liderada por la otra pata del Régimen del 78, el PSOE.

Aún así, teniendo en cuenta las condiciones que se dan en Galicia después de las elecciones generales, creo que sigue siendo posible una alternativa de ruptura, republicana, que pueda disputarle la victoria a PP y PSOE.

Para que ésto sea posible, habría que recuperar los valores y señas de identidad sobre los que se asentó el proyecto de En Marea de Mazarelos, de la Asamblea de Vigo o sobre los que se cimentaron las mareas municipalistas. Sería necesario empezar por conocer y reconocer que el espacio es diverso, con organizaciones políticas que no van a dejar de existir, pero que deben de ceder parte de su soberanía en favor del bien común, que no puede ser un partido político clásico, diseño que intento meter con calzador la actual dirección, pero que sí debe de estar construído con bases políticas sólidas y compartidas.

La unidad es una herramienta, la más potente, pero no es el fin, fin son los objetivos políticos, por lo que es imprescindible volver a hablar de política dentro del espacio de ruptura para ver si, después de unos años de deterioro del proyecto, con sus principales ejes definitorios difuminados, es posible relanzarlo con potencia.

El reto es construir una alternativa política que impugne el Régimen del 78, que esté al servicio de las mayorías sociales y construída desde Galicia. En esa alternativa política deberían estar las organizaciones políticas a la izquierda del PSdeG, soberanistas o federalistas, que así lo deseen, y debieran de tener un protagonismo especial mareas y colectivos sociales que llevan siendo la vanguardia de las más importantes batallas contra el gobierno Feijóo, como la lucha contra la privatización y precarización de la Sanidad pública, la batalla contra la explotación laboral, contra el expolio ambiental, por la igualdad real entre mujeres y hombres...

Después de las municipales, donde confiamos que las mareas resistan el asedio de los poderosos de siempre, empieza un nuevo ciclo, por lo que no tiene sentido afrontarlo alimentando la inercia de estos últimos años donde se degradaron las condiciones a base de incumplir principios fundamentales expresados por ejemplo en el manifiesto de Mazarelos o en los textos de la Asamblea de Vigo. Una fuerza que puede gobernar o cogobernar Galicia tiene que ser un proyecto cohesionado y con las ideas claras.

Es el reto. Desde Anova seguimos creyendo que este es el camino y lucharemos para hacer posible un nuevo instrumento al servicio de la política rupturista, como hemos hecho desde nuestro nacimiento, siendo fiel a nuestros principios políticos.

Así, nuestro proceso asambleario, que realizaremos tras el verano de 2019, deberá servir para enfocar ese futuro, haciendo autocrítica, renovando propuestas, discurso y dirección política.

Desde nuestro nacimiento en 2012 hubo aciertos y avances que no se pueden despreciar, pero también hubo grandes errores y ciudadanía defraudada. Ni autocomplacencia ni autoflagelación, reflexión y acción. Creemos en la Galicia viva, luchadora, reivindicativa y mayoritariamente progresista que quiere un cambio radical en nuestro país.

es diputado en el Parlamento gallego y portavoz de Anova
Fuente:
www.sinpermiso.info, 19-5-19
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