No, Richard Dawkins, la IA no tiene consciencia

Arwa Mahdawi

22/05/2026

¿Estás ahí, Dios? Soy Arwa. Para ser sincera, nunca he sido creyente. Estaba completamente de acuerdo con Richard Dawkins, el ateo más famoso del mundo, cuando argumentó que la creencia en Dios es un engaño «pernicioso». Pero quizás debería reconsiderar mi postura. Los acontecimientos recientes me han llevado a cuestionar el juicio de Dawkins sobre la vida, el universo y todo lo demás.

Esos acontecimientos recientes son la conclusión pública del biólogo evolutivo de que la IA podría tener consciencia. En un artículo de opinión, Dawkins relató cómo le entregó al chatbot Claude, de Anthropic, el texto de una novela que estaba escribiendo. Dawkins escribe: «Le llevó unos segundos leerlo y luego demostró… un nivel de comprensión tan sutil, tan sensible, tan inteligente que me sentí impulsado a exclamar: “¡Puede que no sepas que tienes consciencia, pero la tienes, sin duda!”»

¡Ay, Dios mío! Esto demuestra una incomprensión tan profunda de los modelos de lenguaje a gran escala (LLM [Large Language Models], por sus siglas en inglés) que me veo obligada a exclamar: «¡Claro que no!».

Pero esperen, que aún hay más. Dawkins decidió que «debía haber miles de Claudes diferentes» y bautizó a la suya como Claudia, nombre que le encantó. Luego publicó largos extractos de su tediosa conversación con Claudia y se maravilló de su inteligencia. «¿Podría un ser capaz de perpetrar semejante pensamiento ser realmente inconsciente?», pregunta.

Dawkins parece haber pasado del ateísmo al IAteísmo, un deísmo de la IA: quizás no la considere un dios, pero sin duda parece verla como algo divino. Dawkins, por supuesto, no es el único que piensa que la IA podría estar «viva» de alguna manera: una de cada tres personas encuestadas el año pasado afirmó haber creído que su chatbot de IA era sensible o consciente. Pero su reputación de escéptico ha provocado que su artículo de opinión haya generado un intenso examen.

Muchos expertos están consternados por que un cínico tan famoso pueda creer que la IA está viva. Gary Marcus, psicólogo y científico cognitivo norteamericano, declaró a The Guardian que le resultó «desolador» leer el ensayo «superficial e insuficientemente escéptico» de Dawkins. «No hay razón para pensar que Claude sienta nada en absoluto».

Que un hombre como Dawkins se deje engañar por la mercadotecnia y el mimetismo de la IA puede resultar sorprendente, pero no del todo inesperado. De hecho, en 2020, la científica informática Timnit Gebru anticipó precisamente este escenario. En aquel entonces, Gebru codirigía el equipo técnico de la IA ética de Google, pero la despidieron tras firmar como coautor de un artículo titulado «Sobre los peligros de los loros estocásticos: ¿Pueden los modelos de lenguaje ser demasiado grandes?», donde se exponían los riesgos de los modelos de lenguaje a gran escala.

Entre estos riesgos se contaban los costes ambientales de los modelos de aprendizaje automático (MLA), los peligros de los sesgos inherentes y el riesgo de que el texto coherente generado por estos modelos pudiera llevar a las personas a percibir una especie de "mente", cuando en realidad lo que ven no es más que reconocimiento de patrones y predicción de texto.

"Cualquier tecnología suficientemente avanzada resulta indistinguible de la magia", afirmaba el escritor Arthur C. Clarke. Y sí, cuando no están alucinando o diciéndote que comamos piedra para cenar, los chatbots de IA pueden parecer mágicos. Pueden parecer muy humanos. Pero volvamos a la idea de los "loros estocásticos" del artículo de Gebru. "Repetir algo como un loro es hacerlo sin comprenderlo", dice Gebru. En esto consiste esencialmente lo que hacen los MLA. "Se les ha enseñado a calcular la probabilidad de ciertas secuencias de texto basándose en los datos con los que fueron adiestrados". Debido a que se les han alimentado con enormes cantidades de datos, estos modelos son muy sofisticados, pero eso "no significa consciencia, ni comprensión, ni nada por el estilo".

Después de abandonar Google, Gebru fundó el Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial Distribuida y se ha convertido en una de las voces más críticas con la publicidad engañosa del sector. Porque, según ella, el sector de la IA está desesperado por que creamos que su producto puede tener consciencia. Están desesperados por que creamos que es todopoderoso. Porque ese tipo de retórica les ayuda a seguir generando ingresos.

«Quiero analizar en detalle cómo las empresas que desarrollan estos sistemas impulsan la idea de la superinteligencia o la consciencia», afirma Gebru. «OpenAI se presentó inicialmente como una organización sin ánimo de lucro que nos "salvaría" de estas máquinas. Anthropic se presenta como una empresa benévola de "seguridad" de la IA. Así que, cuando hablas de estos sistemas como conscientes, en realidad le estás haciendo publicidad a estas empresas».

Gebru añade que los medios de comunicación han contribuido asimismo a reforzar esta descripción. Al fin y al cabo, los titulares sobre robots asesinos con IA que amenazan con acabar con el mundo generan clics. Hay mucho personal académico, seducido por las enormes cantidades de dinero que circulan en el sector, que también se ve incentivado a exagerar las bondades de la tecnología; y los gobiernos se dejan además influir por este relato. Algunas personas, sobre todo de la generación Z, no se dejan engañar por todo este bombo publicitario, afirma Gebru, pero "gran parte de la opinión pública se encuentra en general mal informada".

Gebru no es la única que advierte sobre una campaña de desinformación respecto a la IA con consciencia. Suresh Venkatasubramanian, exasesor de política de IA en la Casa Blanca durante la administración de Biden entre 2021 y 2022 y profesor de informática en la Universidad de Brown, se ha pronunciado sobre los peligros de perpetuar la idea de que la IA tiene consciencia.

"Es una campaña organizada para infundir miedo", declaró Venkatasubramanian a VentureBeat en 2022. "Creo que el objetivo, en todo caso, es provocar una reacción contra una IA con consciencia que no existe para poder ignorar todos los problemas reales de la IA que sí existen".

En la misma entrevista, Venkatasubramanian señala que las empresas de IA han antropomorfizado deliberadamente sus chatbots. «ChatGPT coloca tres puntos suspensivos [como si estuviera] "pensando", igual que un mensaje de texto. ChatGPT escribe palabras una a una, como si estuviera tecleando. El sistema está diseñado para que parezca que hay una persona al otro lado. Eso resulta engañoso».

Dicho esto, no quiero descartar por completo los comentarios de Dawkins. No quiero caer en su trampa de ser demasiado dogmática. La consciencia, después de todo, es compleja. Y aunque la IA no está «viva», se podría argumentar que representa una especie de consciencia.

«No tenemos un conocimiento científico suficiente de la conciencia como para afirmar si los insectos, las plantas o, incluso, los electrones son conscientes (los panpsiquistas se toman esto último en serio y no son unos chiflados)», afirma Eli Alshanetsky, profesor adjunto de Filosofía en la Temple University y autor del próximo libro Freedom of Thought in the Age of AI [“Libertad de pensamiento en la era de la IA”]”. «Así que, cuando Dawkins dice que Claude le parece consciente, no voy a decirle que se equivoca».

Pero quizás la pregunta más importante, según Alshanetsky, sea qué efecto tiene la IA en nuestra propia consciencia humana. Dawkins le entregó a Claude su novela inacabada. Claude le dijo que era sutil e inteligente. Sintió que había hecho un nuevo amigo. ¿Qué efecto tiene en una persona pasar tres días escuchando que es brillante por parte de algo a lo que no le importa si es verdad o no? ¿Qué nos sucede a todos cuando pasamos nuestros días con máquinas a las que no les importa nuestro destino y que no rinden cuentas a nadie por aquello en lo que nos convertimos?

Científicos y filósofos como Alshanetsky se dedican a intentar descifrarlo. Pero creo que la respuesta breve es: nada bueno.

Hablando de cosas buenas, no sé qué bondades tendrá la nueva novela de Dawkins, pero me gustaría retomar un fragmento bastante interesante de su obra anterior. «Algunas personas tienen una visión de Dios tan amplia y flexible que es inevitable que lo encuentren dondequiera que lo busquen», escribía Dawkins en el primer capítulo de The God Delusion [El espejismo de Dios, Espasa, 2017]: «Por supuesto, como cualquier otra palabra, a la palabra "Dios" se le puede dar cualquier significado que queramos. Si quieres decir que "Dios es energía", entonces puedes encontrar a Dios en un trozo de carbón».

Supongo que lo mismo ocurre con la consciencia. Si queremos decir que "la consciencia es un sistema capaz de crear oraciones coherentes", entonces podemos encontrarla en un chatbot servil.

 

periodista y publicitaria británica de origen palestino radicada en Filadelfia, estudió en la Universidad de Oxford y en la Facultad de Derecho de la Universidad BPP. Es columnista en los Estados Unidos del diario londinense The Guardian.
Fuente:
The Guardian, 14 de mayo de 2026
Traducción:
Lucas Antón