Luis Villoro
Adolfo Gilly
et alii
09/03/2014
Este Dossier para recordar a nuestro fallecido amigo Luis Villoro consta de 3 textos:
1) Luis Villoro: Decir no
2) Ericka Montaño, Carlos Paul y Arturo Jiménez: Adiós a Luis Villoro
3) Adolfo Gilly: El sueño de Luis Villoro
1) Luis Villoro: Decir no
1. Decir no a la dominación por el otro es el inicio de una actitud de resistencia. Pero decir no no es fácil. Supone valentía y sacrificio del interés personal. Actuar en consecuencia ha dado lugar, en la historia, a los mayores movimientos colectivos. Gandhi dijo no a la dominación inglesa en India; Luther King actuó negando la segregación racial en Estados Unidos, y Mandela, en Sudáfrica, logró fundar una nueva nación al negarse a aceptar el apartheid. Todo valor superior exige, para empezar a realizarse colectivamente, la valentía de decir no a una situación opresiva.
2. Decir no a la dominación ha sido el inicio de todo movimiento de cambio en la sociedad. Pero ese inicio no implica necesariamente un movimiento revolucionario. Toda revolución, en la práctica, implica actuar en pos del ideal de una sociedad futura mejor. Pero nos dice la historia de las revoluciones al querer la sociedad ideal, ha provocado, en cambio, su contrario: una sociedad en que campea una nueva dominación. Toda revolución es una acción colectiva de violencia radical, sin perdón para los perdedores. Y la violencia engendra, en la sociedad, la necesidad de una nueva dominación contra los vencidos. Tal pasó en la revolución francesa con Robespierre, en la rusa con Stalin, en la china con Mao, en la mexicana, posteriormente, con Díaz Ordaz.
¿Cómo salir de ese círculo vicioso de violencia que engendra más violencia? Sólo hay una manera: la resistencia no violenta. Es lo que comprendieron Gandhi, Luther King y Mandela. Pero la resistencia no violenta requiere de una gran organización. Todo movimiento de cambio radical no puede ser solamente una chispa que encienda la hoguera. Exige un movimiento organizado en la sociedad que inicie un camino de transformación permanente.
3. ¿Y en México? Desde hace mucho tiempo vivimos en una sociedad dividida. Las últimas elecciones dieron lugar a un fraude, aún por aclarar cabalmente. Pero el fraude fue sólo un signo puntual de la indignación por la injusticia a que está sometida gran parte de la población. Es esta indignación general la que plantea un trágico dilema: ¿encender la chispa que conduzca a una nueva revolución o seguir un camino no violento que busque una transformación real? La indignación ante el fraude no hizo más que hacer patente la situación de injusticia en que vivimos desde hace mucho.
Rebelarse contra el fraude no es suficiente. Es urgente mantener una sólida oposición permanente; para ello es indispensable la organización de la sociedad en rebeldía. Ese es el ejemplo que nos dieron, en su tiempo, Gandhi, Luther King y Mandela. Pero ellos fueron una muestra de oposición organizada porque supieron vencer la vanidad personal de querer ser caudillos para ser representantes de una voluntad común.
Un movimiento de oposición contra la injusticia tiene que estar imbuido de un valor moral. Tiene que mantenerse la coherencia, evitar toda corrupción que se someta a intereses particulares. Una oposición organizada podría ser plural, de modo de coordinar actitudes y movimientos distintos, pero todos convergentes en la aceptación de un fin común.
4. Hoy, en México, tenemos ejemplos claros de lo que puede ser una oposición organizada y plural, que puede coordinarse en un propósito superior, respetando las diferencias. Casos patentes son la otra campaña zapatista, el movimiento de la APPO en Oaxaca y la convención nacional democrática. La ocasión que encienda la chispa puede ser actualmente el rechazo a la represión en Oaxaca. Esto podría ser lo que inicie la transformación a escala nacional.
Pero para ello habría que superar la tentación del caudillismo. Un movimiento de transformación nacional no puede hacerse en torno a ningún caudillo, hasta ahora tanto Marcos como López Obrador han resistido a esa tentación. Pero uno y otro son conscientes, esperamos, de que su fuerza sólo puede provenir de una comunidad organizada. En el ámbito nacional no podría surgir de los partidos políticos, sino de un amplio movimiento de ciudadanos que los rebase.
Sólo al decir no y actuar en consecuencia podemos hacer camino hacia una oposición plural y organizada.
Luis Villoro (1922-2014), antiguo discípulo del filósofo republicano español exilado en México José Gaos y autor él mismo de una importante obra escrita en una prosa castellana tan rica y precisa como elegante en los campos de la filosofía política, la filosofía moral, la epistemología y la historia social y política, ha sido una de las grandes personalidades intelectuales de la izquierda mexicana y latinoamericana de las últimas décadas.
Fuente: La Jornada, 14 de diciembre 2006
2) Ericka Montaño, Carlos Paul y Arturo Jiménez: Adiós a Luis Villoro
El filósofo mexicano Luis Villoro Toranzo falleció ayer por la tarde a los 91 años. Sus restos fueron velados anoche en la agencia Gayosso de Félix Cuevas. El maestro se desvaneció alrededor de las 13 horas y ya no recobró el conocimiento, señaló Fernanda Navarro de Villoro, su esposa, en breve entrevista telefónica con La Jornada.
Luis Villoro, colaborador de esta casa editorial, nació en Barcelona el 3 de noviembre de 1922. La última de sus apariciones en público fue en la ceremonia de ingreso de su hijo, el escritor Juan Villoro, a El Colegio Nacional, el pasado 25 de febrero.
Comprometido con la izquierda y activista social, fue uno de 23 ganadores del Premio Nacional de Ciencias y Artes que enviaron una carta a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la que anunciaron su intención de impugnar el decreto de la reforma energética por violaciones graves al procedimiento con que se aprobó. Su firma estaba al lado de las de José Emilio Pacheco, Hugo Gutiérrez Vega, Fernando del Paso y Vicente Rojo, entre otros.
Es considerado uno de los pensadores más importantes de México y del mundo de habla hispana. Entre sus obras se encuentran Estado plural, pluralidad de culturas, De la libertad a la comunidad, La significación del silencio y El poder y el valor: fundamentos de una ética política, magna obra en torno al quehacer filosófico en América Latina.
Uno de los temas sobre los que filosofaba era la política y la acción social, y entre ellos el asunto de la división de las izquierdas, sobre todo entre la partidaria y la no institucional, como la que representa el zapatismo.
Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e hizo estudios de posgrado en la Sorbona de París y en la Ludwiguniversität de Munich, en la ex República Federal Alemana.
Obtuvo los grados de maestro en filosofía por la UNAM, con mención magna cum laude, en 1949, y de doctor en filosofía por la misma universidad, con mención summa cum laude, en 1963.
En 1978 preguntaba ¿para qué la filosofía?, y respondía: Todo progreso, toda liberación implica ruptura. La actividad filosófica es el tábano de la conformidad ideológica. Impide la tranquila complacencia en las creencias aceptadas, reniega de la satisfacción de sí mismo en las convicciones reiteradas. Con ello, da testimonio perpetuo de la posibilidad de liberación de la razón.
En una conferencia en abril de 2009, Villoro expresó que la izquierda actual no puede menos que ser un movimiento múltiple, heterogéneo. No hay una clase, un sector privilegiado en la disidencia. No hay una vanguardia revolucionaria, como pensaba el marxismo.
Y luego de preguntarse en qué podría basarse la acción unitaria de un posible contrapoder generado desde la sociedad y en oposición al poder, el filósofo agregó:
Pese a su diversidad, todos los grupos dominados comparten en medidas distintas un interés común: liberarse de su estado de dominación, tener un proyecto de una sociedad otra, emancipada.
Siempre estuvo ligado a la UNAM, como catedrático y funcionario: fue secretario de la rectoría en 1961-1962 y luego ejerció otros cargos administrativos en esa universidad y en otras instituciones como la Autónoma Metropolitana y la Escuela Nacional de Maestros.
Otros libros de Villoro son Creer, saber, conocer, El concepto de ideología y otros ensayos, El pensamiento moderno: filosofía del Renacimiento y En México, entre libros: pensadores mexicanos del siglo XX.
Obtuvo reconocimientos y premios como el Nacional de Ciencias y Artes en el área de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía (1986), el Universidad Nacional en Investigación en Humanidades (1989) y el Juchimán de Plata en Ciencia y Tecnología (1999).
Fue embajador y delegado de México ante la Unesco (1983-1987) y en 1989 fue nombrado investigador emérito del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. También, presidente de la Asociación Filosófica de México (1980-1981) y miembro del Consejo Académico de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.
En su ficha de El Colegio Nacional se destaca que perteneció al grupo Hiperión, dedicado al estudio del ser del mexicano, uno de cuyos mayores trabajos fue Los grandes momentos del indigenismo en México, donde estudia la historia de las ideas que llevaron a la revolución de Independencia.
De este colegio comenzó a formar parte el 14 de noviembre de 1978, y su discurso de ingreso se tituló Filosofía y dominación, en el que, además de preguntarse ¿para qué la filosofía? y dar la respuesta citada, Luis Villoro abrió el abanico de la reflexión con otras interrogantes que bien podrían hacerse hoy, más de tres décadas después, cuando él, ya fallecido, está más vivo que nunca:
¿Y no es ahora más necesario que nunca ese pensamiento de ruptura, en esta época de pensamiento homogeneizado, reducido a lugares comunes, enlatado, consumido en grandes cantidades, en esta época de pensamiento manipulado, servicial, fascinado por la fuerza y el poder, en esta época, en suma, en que la razón parece haber sido domesticada por el afán de ganancia y de dominio? Si la ideología nace de la necesidad de seguridad e integración sociales, la filosofía satisface una necesidad de autenticidad y libertad. ¿No está ahora más viva que nunca esa necesidad? ¿No requerimos con urgencia aprender a asombrarnos de nuevo ante las opiniones que, por obvias, se nos quieren inculcar, aprender a poner en cuestión de nuevo todos los mitos con que nos han adormecido, recuperar la precisión y veracidad de los conceptos bajo los disfraces gastados de los discursos en uso?
Ericka Montaño, Carlos Paul y Arturo Jiménez son periodistas del diario mexicano La Jornada
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/03/06/politica/002n1pol
3) Adolfo Gilly: El sueño de Luis Villoro
Luis Villoro, el historiador que conocí, tenía una severa, abierta y generosa mirada sobre la historia. Sus mundos iban de las hazañas de la Guerra de Independencia a las hazañas de las rebeliones indias. Esa mirada, como si fuera portadora de su destino, anunciaba ya el apoyo irrestricto y generoso a la rebelión zapatista.
Repito, generoso, porque así fue el Luis Villoro que los zapatistas y muchos otros y también nosotros conocimos.
Luis Villoro, el historiador, era un hijo de la escuela romántica: así aparece en su magnífico y soñador ensayo: El sentido de la historia en aquel pequeño libro de los años ochenta, Historia, ¿para que?
No sé si es así, pero siempre vuelvo a ver a Luis como un retoño en México del soplo utópico de Ernst Bloch y su Principio esperanza.
Haya sido o no así, Luis llevaba la esperanza en sus ojos claros, su sonrisa abierta y su afán de razonar y enseñar. Así lo seguiré recordando, como vi su estampa aquella vez en el Festival de la Digna Rabia allá en San Cristóbal de las Casas o como aquella otra en el homenaje a don Adolfo Sánchez Vázquez en el aula magna de nuestra Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Adolfo Gilly es profesor emérito de la UNAM
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/03/06/opinion/003a1pol

