Aldo Reverte Rivas
21/07/2023
[Reproducimos a continuación una contribución al interesante debate que está teniendo lugar en el seno del movimiento por la vivienda en Cataluña, donde confluyen distintas perspectivas anticapitalistas. Con motivo de la aprobación de la nueva Ley de Vivienda aprobada por el Gobierno de coalición español escribió Jaime Palomera la primera intervención que se publicó en Sin Permiso -la versión original en catalán apareció en Crític aquí-, y recibió la réplica de dos activistas de Horitzó Socialista publicada en El Salto -la versión catalana aquí-. Pocas veces la vorágine de la militancia cotidiana permite el intercambio y la discusión de posiciones teóricas que son esenciales para nutrir y orientar la acción política, por lo que esperamos que este debate socialista pueda continuar aquí y en otros medios. SP]
En su artículo “Seguir el ritmo de los tambores electorales o construir una estrategia propia en la lucha por la vivienda” publicado en la revista Horitzó Socialista, dos compañeros del movimiento por la vivienda catalán han presentado “la necesidad urgente de comenzar un debate de fondo en el seno del movimiento por la vivienda catalán”. El hecho de no compartir esta tesis no es excusa para no escribir una respuesta. ¡Así pues, vamos a ello!
Tres consideraciones previas
Antes de adentrarse en el movimiento por la vivienda catalán, es de justicia hacer tres consideraciones previas.
En primer lugar, la juventud es uno de los sectores sociales que sufren en el presente y de manera más aguda las consecuencias del capitalismo, el patriarcado, la crisis ecológica o el racismo imperialista. Además, por cuestiones obvias, las nuevas generaciones son aquellas que sufrirán más en el futuro si no somos capaces de impulsar profundas transformaciones sociales, políticas y económicas. Por lo tanto, hay que acoger con esperanza el hecho que una nueva generación joven decida politizarse y organizarse para enfrentar la injusticia, con su necesario derecho a impugnar el orden existente y también el derecho a equivocarse.
Lo dicho incluye la formación del denominado “moviment socialista”, con quién muchas esperamos compartir trinchera en la lucha por nuestras casas. Lucha que no es patrimonio de nadie, o lo que es lo mismo, nos pertenece a todas. A este movimiento se le ha de reconocer el mérito en impulsar el interés por el marxismo entre la juventud y su enunciación desacomplejada de la revolución. La formación periódica que ha de acompañar a cualquier práctica política es tarea indispensable de la militancia revolucionaria. Quién realiza sólo según la práctica, actúa por rutina y, quién piensa sólo por la teoría, a menudo concibe cuestiones imposibles de realizar.
No obstante, en segundo lugar, este artículo no es una respuesta a las tesis socialistas sobre el movimiento por la vivienda, porque no existe tal cosa como una única visión socialista, sino que es una respuesta a las posiciones publicadas en la revista Horitzó Socialista. El socialismo es una familia de corrientes políticas para la emancipación con una larga tradición histórica y heredera de multitud de luchas y reflexiones, muchas de ellas previas a la aparición del modo capitalista o la formación del proletariado moderno. Como tal, la pluralidad es un hecho constitutivo innegable del socialismo y, la gestión fraternal de su pluralidad, un deber revolucionario.
En coherencia, hay que mostrar preocupación por el hecho que la formación del “moviment socialista” se esté produciendo de manera monolítica y con gran ausencia de pluralidad socialista. Más que un movimiento, la forma parece corresponder a la de una corriente política en constitución que, mientras tanto, opera informalmente. Que el socialismo se despliegue democráticamente no es solo un compromiso interno, sino una condición necesaria para que podamos establecer una relación entre iguales. En consecuencia y en términos generales, este artículo es también una enmienda desde el marxismo al “moviment socialista” e interpela a quien se acerca a este espacio, para que participe con la necesaria perspectiva crítica en el propio proceso de formación. Una advertencia hecha desde el marxismo heterodoxo.
En tercer lugar y por último, el artículo de los militantes del “moviment socialista” se presenta como respuesta al artículo “La Ley de Vivienda y el tamborilero del Bruc”. De forma implícita, sin embargo, es una crítica al Sindicat de Llogateres. Por lo tanto, aquí elaboro una respuesta que es también una defensa de la organización y de su propuesta. Lo haré, además, desde la convicción que las inquilinas catalanas, tanto aquellas preocupadas por la salud de sus condiciones inmediatas de existencia como las que desean trabajar por la revolución, no tienen hoy en día mejor espacio en el que militar que el Sindicat de Llogateres.
Una crítica de la crítica
Para ser coherentes con la invitación al debate que hacen los firmantes del artículo, comenzaremos sometiendo a crítica sus propias tesis.
Su artículo abre afirmando que el movimiento por la vivienda se encuentra en un estado de reflujo, hecho vinculado con un reflujo de las luchas en el contexto general. Hay que ser respetuosos con esta afirmación, en tanto que expresa la realidad de muchos colectivos (muchos de los cuales a pesar de todas las dificultades continúan operando semanalmente) pero a la vez hay que sopesarla, señalando que en el pasado curso 2022-2023 también hemos vivido importantes luchas colectivas de base en torno a la vivienda en Catalunya. Luchas sostenidas por los colectivos con más capacidad organizativa y eficiencia operativa, entre ellas la del Sindicat de Llogateres y especialmente en Barcelona.
El problema del reflujo se puede confrontar con organización. También con el mantenimiento de espacios permanentes de análisis para escoger conflictos estratégicos y orientaciones claras. Es así como el Sindicato ha dirigido esfuerzos al conflicto directo con inmobiliarias (para enfrentar la organización económica en la gestión del alquiler, que es fundamentalmente el instrumento de pequeños y medianos rentistas para subir el precio), y es así como ha abierto el frente sindical de la VPO (para oponernos a su privatización desde una perspectiva crítica y anticipándonos a la posibilidad de un nuevo ciclo de construcción a través de la colaboración público-privada, como ha expresado la patronal inmobiliaria y rentista y hasta cierto punto reconoce la Ley por el Derecho a la Vivienda). Ambas líneas de trabajo habían estado discutidas y diseñadas colectivamente en la quinta y sexta Asamblea de Afiliados del Sindicat. Por tanto, se impone en primer lugar relativizar esta visión derrotista antes de tomarla como un axioma para validar toda una propuesta. Hay que defender que, en un año de poca lucha social, el movimiento por la vivienda catalán ha dado la cara.
Una vez han afirmado que el movimiento esta débil y desorientado, los dos autores del artículo explican las causas. La debilidad del movimiento por la vivienda se explica en última instancia por la “agudización actual de la crisis capitalista, a causa de la caída sostenida en la tasa de ganancia”. De este hecho se deduce tanto que no es posible la redistribución de la riqueza y la reforma para garantizar el derecho a la vivienda como el aumento de la represión policial y judicial. Si el movimiento se encuentra hoy en una situación de debilidad es que, comparativamente, en algún momento se encontró en una situación de fortaleza. Pongamos por caso el curso 2012-2013. ¿Defenderían los compañeros que en aquel momento no se vivía una “agudización de la crisis capitalista”?
Si el movimiento ha estado fuerte y débil en dos situaciones temporales distintas, ambas parte de un mismo ciclo largo de crisis, deberíamos aceptar que no se puede explicar la salud de un movimiento por la situación de crisis. Aún más, ¿realmente se encuentra el capitalismo en una “agudización de la crisis” respecto el curso 2012-2013? De hecho, la respuesta de las instituciones ha sido diferente a las políticas de austeridad. Las razones de este hecho y hasta cuándo durará es una pregunta políticamente interesante para hacerse. Lo que sucede es que aquí no nos encontramos ante una explicación, sino ante un relato grandilocuente, lineal y contrario a la dialéctica. Un buen ejemplo de cómo el “moviment socialista” acostumbra a deducir las coyunturas políticas de forma mecánica y a partir de una interpretación bastante cuestionable del modo de producción capitalista. A nadie debería sorprender que se cualificase este tipo de razonamiento de determinismo económico. La mejor conclusión política y estratégica de la crisis de valorización en el circuito de producción capitalista es la conveniencia de organizar la clase también en los conflictos que este fenómeno produce en, entre otros sectores, el de la vivienda.
Sirva esta observación como preámbulo para presentar el problema evidente en el “moviment socialista” de desarrollo del marxismo en tanto que método. Es difícil leer pausadamente sus reflexiones e ignorar el uso arbitrario y a conveniencia que se hace del marxismo. Una constante sumisión del análisis al ideario político.
En primer lugar, nos encontramos con un problema en el método, causado por la incapacidad de observar la particularidad. Es cierto que vivimos en progresivas (y también contradictorias) consecuencias de la larga oleada de desmantelamiento del pacto social antifascista y de la emergencia de un capitalismo neoliberal. Pero, aunque su artículo es supuestamente una reflexión sobre la vivienda, no se analiza específicamente el ciclo de luchas asociado a la economía política de la vivienda en Catalunya o el Estado español, y así se pierden de vista cuestiones obvias.
Si queremos hablar de la descomposición de la socialdemocracia y del Estado del bienestar, en nuestro terreno concreto, tenemos que elevar una consideración de primer orden. Ni en Catalunya ni en el Estado Español se ha aplicado nunca un programa socialdemócrata antifascista en materia de vivienda o patrimonio/rentas inmobiliarias. Y aunque la lucha por la vivienda de las décadas de los 70-80 realizase ciertas conquistas operando a través del movimiento vecinal, las inquilinas no fueron directamente incorporadas un pacto de clases en el Estado español que permitiese su inserción en el régimen del 78. El “sujeto inquilino” ha sido, y es, un sujeto material y políticamente excluido, en lo que respecta al reconocimiento de derechos civiles específicos o a la existencia de un mínimo de institucionalización de concertación en la relación inquilinas-propiedad.
El ciclo rentista que abrió la reconfiguración política y económica del capital inmobiliario a partir del 2013 traslada el problema de la propiedad al alquiler (hecho que deberíamos repensar en relación con el crecimiento del precio de la hipoteca), y ha convertido en inquilina a gente que tenía otras aspiraciones. No obstante, el conflicto ya existía antes. El hecho es que estaba poco organizado y no tenía visibilidad pública, y ahora, en términos relativos, sí lo está. La cuestión central es que la población inquilina crece y, como una de las tareas estratégicas del movimiento, hay que articularla contra los sectores rentistas de la clase capitalista. Esta enmienda permite comenzar con buen pie la discusión.
En segundo lugar, existe un problema con el método, porque se asumen demasiados riesgos en el uso de las leyes históricas generales y se confunden diferentes niveles de comprensión de la realidad. La categoría modo de producción capitalista que genera la crítica a la economía política es un modelo de análisis de la realidad social del tipo ideal, una abstracción, es decir, una destilación de las leyes nucleares del capitalismo. Por ello, estas leyes no se pueden aplicar con ligereza para comprender la realidad y debemos movernos con precaución para deducir líneas estratégicas de trabajo político.
Por esta razón en el marxismo hay dos herramientas complementarias más para comprender la realidad y afinar análisis y propuestas: la formación social históricamente determinada y la coyuntura política. En la formación social es dónde tenemos que situar el programa de análisis de clase, que incluye cuestiones tales como la ya mencionada inserción de las inquilinas en el régimen o una discusión seria sobre la clase media. Textos como El desarrollo del capitalismo en Rusia o las Tesis de Lyon son buenos ejemplos de este tipo de análisis orientado a la estrategia política. Por otro lado, es en la coyuntura donde debemos situar el estado del movimiento y sus expresiones organizativas. Deberíamos ser cuidadosos en el intento de deducir futuribles como la estructura social o determinados escenarios históricos de la “ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”.
Tenemos argumentos históricos para hacerlo. Como por ejemplo el propio Crac del 29. ¿Quién habría podido predecir el surgimiento de la “edad de oro del capitalismo” tan sólo dos décadas después del mayor colapso del modo capitalista? La ley de la tasa de ganancia no substituye ni ha de mezclarse en el análisis del fenómeno de la crisis capitalista con sus particularidades: qué sector concreto entra en crisis y cómo arrastra al conjunto del modo y qué políticas se desarrollan para superar la situación desde los sectores dominantes. La crisis (también cuestiones cercanas a nosotras como los desahucios) no es una etapa terminal, es una señal de recomposición dinámica. Es así como se entiende bien la coyuntura del movimiento por la vivienda como ciclo rentista de una forma sencilla.
Es difícil elaborar propuestas estratégicas si se parte de una perspectiva tan conflictiva con la creatividad que ofrece la familia de pensamiento marxista. Podemos observar que en la reflexión del “moviment socialista” en el movimiento por la vivienda cada vez hay menos propuesta y cada vez hay más ideario político en forma de consignas. Un camino mucho más interesante se abriría si los compañeros se tomasen en serio su propio prefacio, cuando hablan de la “incapacidad para implicar en la lucha (por la vivienda) a otros sectores sociales”, y no tanto desde la voluntad de construir un colectivo dedicado a la difusión del ideario comunista en el seno del movimiento por la vivienda.
La más recurrente de todas las consignas políticas del “moviment socialista”, ideas-fuerza poco desarrolladas, es “la independencia del proletariado”. Esta se utilizar para todo, pero en particular también como una crítica a la cuestión de la reforma legislativa y la relación (de subalternidad) con las instituciones públicas y el Estado. Hay que aclarar si con consignas como esta o la de “autodefensa socialista” se está proponiendo, en una coyuntura dónde supuestamente no es posible ninguna relación con la institución, rechazar el uso de aquella legislación que formalmente reconozca derechos para resolver los casos que acoge el movimiento por la vivienda. Esta conclusión sería una irresponsabilidad para el movimiento en su conjunto y abriría claramente el espacio a la aparición de organizaciones del tipo caritativo desvinculadas de cualquier proyecto de lucha colectiva. O si, en cambio, lo que se está proponiendo es mantener este tipo de relación con la institución, puede que se requiera un ejercicio doble. Por un lado, contextualizar las posibilidades de “la independencia del proletariado” y, por otro, concretar qué aporta de nuevo a las prácticas sindicales, las estructuras populares, las tácticas contra los desahucios o las propuestas de recuperación de vivienda vacía. Y si tampoco hay nada de esto, porque no estamos en un plano “táctico”, deberemos pues entender que se están difundiendo ideas sin pensar en su realización material. “La escisión entre medios y fines” me parece un pecado menos grave que la incapacidad de hacer lo que se dice y decir lo que se hace, es decir, “difundir palabras al viento”.
La independencia de clase es una idea-fuerza con la que se puede estar de acuerdo. Ciertamente no es absoluta, porque durante todo este proceso de constitución de clase para ganar independencia política el proletariado ha de resolver las alianzas con otros sectores de la sociedad. No obstante, no deberíamos confundir “independencia del proletariado” con una única asociación u organización política concreta, sino más bien pensar en el conjunto de instituciones que se desarrollan alrededor de la necesidad de disputar la inmediatez y la aspiración de transformar la realidad. Una respuesta, de hecho, nos la da el propio Sindicat de Llogateres. La condición inquilina es una de las condiciones de proletarización, en tanto que excluidas de la propiedad vivienda, es decir, de un medio de reproducción de vida fundamental y, por lo tanto, sin autonomía material. El Sindicat nace expresando esta realidad, en una coyuntura particular en que ser inquilina deviene algo dramático, compartiendo desde el primer momento todo principio de independencia. Así el Sindicat de Llogateres es una organización políticamente soberana en la discusión y elaboración de su propuesta (más adelante abordaremos la cuestión de la reforma). A la vez, es una organización económicamente independiente, sostenida por cuotas de afiliación. Ambas características son propias de las mejores organizaciones del proletariado. El Sindicat de Llogateres es una institución de las clases trabajadoras catalanas, realmente existente y no simplemente en el plano discursivo, porque está conformado por inquilinas, es decir, personas que han de pedir permiso para vivir.
Lo mismo nos encontramos al analizar la consigna “control obrero de la vivienda” o “control del fondo salarial y apropiación de la producción social”. Cabe pedir concreción si lo que se pretende es que empecemos un debate serio en torno a una propuesta que suponga una aportación al movimiento (o sindicalismo) por la vivienda en Catalunya. Si la propuesta es hacer efectiva la retirada de vivienda del mercado se debe indicar cómo. ¿Estamos ante una propuesta de recuperación de vivienda vacía y construcción de comunidades como han desarrollado más y mejor que nadie los sectores vinculados al anarquismo y la Obra Social la PAH? ¿Estamos ante una propuesta del cooperativismo en la vivienda? ¿Se está proponiendo como eje estratégico “recuperar centenares de viviendas para ponerlas bajo control obrero (del sindicato socialista)”? En definitiva, ¿se está proponiendo alguna cosa más que, en el mejor de los casos, seguir haciendo algo similar a lo que hacíamos hasta ahora y sumarle a ello la difusión del ideario comunista?
En cualquier caso, no niego la capacidad que Horitzó Socialista ha mostrado en levantar y socializar ciertas consignas políticas, incluso la conveniencia de hacerlo siempre que no se confunda con una táctica de acoso a otras expresiones del movimiento. Muestro nada más la contradicción entre exigir claridad y orientación sin ofrecer nada más que un conjunto de ideas abstractas.
El sindicalismo y la emancipación
Hace unos años elabore una serie de reflexiones sobre el Sindicat de Llogateres (aquí y también aquí), que aunque podrían ser actualizadas, suscribo en esencia. No es necesario reproducirlas ahora. Se trata de una cuestión más básica: presentar de forma sintética pero justa el núcleo de la propuesta del Sindicat, para combatir una deformación interesada de nosotros que se está promoviendo desde hace tiempo. Aprovecho también para tratar algunas cuestiones más en este diálogo abierto.
La hipótesis de fondo del Sindicat es sencilla. La población inquilina crece en los grandes núcleos urbanos (primera cuestión a atender para cualquiera familiarizada con la historia del proletariado) y lo continuará haciendo. Ya se ha argumentado que la condición inquilina es una (de las posibles) condición proletaria. A su vez, la propiedad de vivienda para alquilar tiende, en ausencia de oposición, a una progresiva concentración (segunda cuestión a atender para cualquiera familiarizada con la historia del capitalismo), aunque este proceso presenta complejidades. El hecho de que esta población inquilina no sea un sujeto puro y homogéneo no implica que no pueda existir políticamente si encuentra maneras de organizarse a través del conflicto colectivo. El Sindicat de Llogateres, como expresión de este sujeto, en tanto que organización concreta, es una contingencia. Nuestra contribución fundamental es desarrollar un nuevo sindicalismo social en torno a la relación social de la renta. Es a través de esta estrategia de fondo que podemos aportar en la cuestión de la reconfiguración política de las (nuevas) clases trabajadoras del país, incorporando un conflicto inequívocamente proletario al campo de luchas populares catalán.
Nuestro modelo sindical se puede entender como "la autoorganización independiente de las inquilinas para hacer autotutela de sus derechos" o un "sindicalismo democrático, de base y de masas". Nuestra praxis no es ningún secreto: una propuesta de desobediencia civil previa al desahucio, la combinación de asambleas territorializadas con asambleas de bloque, la negociación colectiva mediante la movilización, los métodos radicalmente democráticos para elegir delegadas y cerrar las decisiones de las inquilinas afectadas en la lucha, la huelga, el boicot, la afiliación, la base de datos y las nuevas formas de investigar a la propiedad, la sección sindical, el sistema de liberadas, la caja de resistencia, el grupo legal y la denuncia inquilina, los protocolos y dispositivos antirrepresivos, la prensa propia, etc. Nos encontramos frente a una caja de herramientas para organizar el conflicto que es constantemente mejorada y que, con toda probabilidad, se transformará. Esta construcción sindical es un proceso que el Sindicato quiere realizar en diálogo permanente con otras organizaciones.
Este tipo de sindicalismo puede llamarse de muchas maneras, pero en ningún caso “de concertación”. Éste, al menos en España y en el ámbito laboral, funciona de forma sustancialmente diferente en lo que se refiere a la práctica sindical. Cualquiera que haya participado en el movimiento obrero catalán podrá apreciar las diferencias. La cuestión de la concertación nos llevaría a una discusión extensa, por ahora deberemos conformarnos con una mínima definición. Entendamos por concertado no aquel sindicalismo jurídicamente reconocido como derecho (ni siquiera esto existe en la relación renta), sino aquél que está integrado en el régimen político y dotado de una serie de mecanismos para desarticular movilización y garantizar estabilidad social. Exponemos ahora la tesis como la querrían expresar, pero no se han atrevido, los dos autores del artículo: el Sindicat de Llogateres toma la forma de "sindicalismo de concertación" en el movimiento por la vivienda por ser la concreción del ala izquierda (socialdemócrata) del partido de la burguesía.
Recapitulemos: a) las inquilinas son parte del proletariado; b) carecen de reconocimiento en ningún marco institucional de concertación; c) la praxis sindical cotidiana del Sindicat de Llogateres no tiene ningún rasgo en común con la de la concertación; y, d) el Sindicat, el mismo año en que se ha aprobado la Ley por el Derecho a la Vivienda, ha organizado importantes conflictos colectivos. Caracterizar todo esto de “proyectos que sólo entienden su relación con las instituciones” es, cuanto menos, faltar a la verdad. El epíteto propagandístico de “concertación” cae así por su propio peso.
Pero la propuesta que hacemos tiene un riesgo. Depende de nuestra política de alianzas por no ser un sindicalismo gremial. Por un lado, depende de la existencia de un movimiento por la vivienda más amplio que represente otras propuestas en el conflicto de clases en torno a la vivienda y que permita que existamos junto a otros sujetos que tienen otros modos de acceso a este recurso, pero que comparten con nosotros la condición proletaria en calidad de no propietarios. Pienso que nosotros hemos propuesto la confederación democrática del movimiento por la necesidad de preservar y desarrollar la lucha por la vivienda como expresión de un proletariado diverso (en cuanto a su relación con la vivienda) y con capacidad de interpelación amplia. Por otro lado, nuestra propuesta depende también de que el movimiento por la vivienda comparta trincheras con las luchas laborales, feministas, ecologistas, antirracistas, etc. Es así un planteamiento insuficiente que requiere también de la existencia de organizaciones políticas, y de que éstas sepan establecer una relación democrática con los movimientos en los que participan. A fin de cuentas, la clase es el denso conjunto de instituciones populares que podamos construir, reconocer y entretejer.
Así puede entenderse el papel del Sindicat, humilde por lo que se refiere a la revolución, pero en ningún caso desorientado. El Sindicat, ni como organización ni como sujeto, no aspira a representar a la totalidad de la clase trabajadora, sino a hacer una contribución necesaria. La revolución es algo que va más allá de las luchas materiales, pero ninguna revolución se ha hecho históricamente sin haber acumulado un buen número de luchas sociales parciales que permitan poner en marcha el proceso de formación de clase.
Cuestión distinta es si el Sindicat de Llogateres está trabajando para desarrollar un (o quizás “unos” en plural) pensamiento radical que cuestione, niegue y exija la emancipación de todas las inquilinas, así como el peso que decidirá que tenga en su discurso público. Valgan unas líneas de explicación.
El Sindicat tiene un grupo de trabajo teórico que a través de la Teoría de la Renta ha desarrollado un programa de preguntas críticas al alquiler en torno a cuatro puntos: a) los tipos de renta que existen; b) el origen y desarrollo histórico de la renta; c) las funciones de la renta en el modo de producción capitalista; y, d) la renta como relación social. Asimismo, ha compartido y sometido a debate entre la militancia del Sindicat los contenidos que se desarrollaban. El potencial emancipador del trabajo está claro, por ejemplo, en el cuestionamiento actualizado de la renta del suelo como ganancia extraordinaria ligada a la propiedad privada. Es imprescindible considerar la renta como un fenómeno social y económico relevante para entender el dominio de clases, las formas de explotación económica, la reproducción de las relaciones sociales capitalistas y el andamiaje ideológico de la sociedad. Para la militancia socialista puede ser interesante buscar el primer punto del programa que se dejó escrito en el Manifiesto Comunista o adentrarse en los últimos capítulos del tercer volumen de El Capital.
Lo fundamental en nuestra propuesta es el método, que percibo diferente al del “moviment socialista”, que deduce el problema de la vivienda (incluso las soluciones) de la “totalidad capitalista”. Nuestro método ofrece una vía inductiva para realizar un ejercicio genuino: luchamos contra una serie de problemáticas particulares, como es el aumento drástico del precio del alquiler, que son la superficie del problema (“el tal y como se muestra” el conflicto en un momento determinado), trabajamos en un marco interpretativo radical de este conflicto, elaboramos una teoría sectorial y ponemos esta teoría sectorial en diálogo con otras aportaciones revolucionarias. Todo este camino ya ha permitido al Sindicat abrir nuevos debates programáticos que superen la sectorialidad y la inmediatez. Y no sólo diferimos en el método, también en los fines. Nuestra aproximación a la creación de pensamiento radical, desde la condición inquilina, parte de una relación con la teoría como herramienta para fomentar el debate crítico y la conciencia formada, y no tanto la difusión de una doctrina que genere cohesión ideológica.
De hecho, sería deseable que en el seno del Sindicat se desarrolle más pensamiento crítico en torno al alquiler desde otras ópticas impugnatorias y radicales. Por ejemplo, las relaciones arrendador-arrendatario pueden pensarse como relaciones de dominación y contrarias a la garantía de autonomía vital, en el sentido en que entiende la libertad el pensamiento republicano-democrático radical. Vista la mirada hostil del ”moviment socialista” a estas aproximaciones, valga la coincidencia para reivindicar una vez más la lectura republicana del marxismo.
En conclusión, el Sindicat de Llogateres, en la medida de sus limitadas posibilidades, trabaja en la dirección de desarrollar un sindicalismo que permita a las inquilinas organizarse para disputar ante la propiedad sus condiciones materiales de existencia y que puedan concienciarse de las posibilidades de superar esta realidad. Asimismo, apuesta por la reforma institucional.
El Estado y la reforma
Para abrir una discusión sobre este tema es necesario reconocer de entrada que el Sindicat de Llogateres no ha tenido un debate colectivo sobre qué es el Estado o sobre la relación institución-partido-movimiento. Quizás debe concederse que esta discusión-formación es importante para no actuar por inercia. En cualquier caso, estaremos de acuerdo en que no es sencillo adherirse a una única caracterización del Estado de las diversas que ha hecho el marxismo históricamente. Es este uno de los debates más complejos del pensamiento emancipatorio y el “moviment socialista” cometería un error si lo piensa como resuelto.
Por lo que respecta al tipo de propuesta del Sindicat, primero, es útil entender al Estado como “el capitalista colectivo”: a) se levantan luchas materiales concretas mediante la acción sindical; y, b) aquellas en que sea estratégico trascender el caso particular (sea individual o colectivo) se convierten en acción institucional ante el Estado. Podríamos formular otras hipótesis, como la presión directo a patronales inmobiliarias, cámaras de la propiedad, colegio de APIs, etc., pero ninguna ostenta mejor la representación de toda la clase rentista que el Estado.
En este sentido, la lucha sindical e institucional característica del Sindicat ha sido la de regular el mercado del alquiler, a través de la acción directa o de la norma, contra los intereses del rentismo y en defensa de la función social de la vivienda. Es una forma de oponerse al proceso de desposesión popular que nutre las cuentas del capitalismo no productivo. Es interesante subrayar la lógica política que sustenta el sentido en el que el Sindicat ha desarrollado su acción. Una forma de entender el control de precios es como un tipo de lucha contra la carestía de la vida. Este tipo de luchas han sido importantes (aunque a menudo invisibilizadas por la construcción machista de la identidad de clase trabajadora) en la constitución de sujetos en lucha y clase a lo largo de la historia de las causas emancipatorias. Para dialogar con esta perspectiva es útil acercarse a las nociones de “economía política popular” o de “economía moral de la multitud” o a la propia historia del anarquismo catalán, en especial de las mujeres, de finales del siglo XIX y primer tercio del XX.
Intentaré hacer un resumen representativo de la posición del Sindicat de Llogateres en torno a la cuestión de la reforma. En primer lugar, aunque no se diga explícitamente, se llega a la conclusión de que la reforma legislativa puede contribuir a conformar el sujeto inquilino (es el viejo debate sobre cómo se construye la clase). El Sindicat se pregunta si es necesario universalizar victorias más allá de las luchas particulares, y responde que sí: organizar una lucha, no ya por una misma o por quien está al lado, sino por el conjunto de las inquilinas es un mensaje politizador fuerte, y éste es un recurso habitual del Sindicat hacia quienes entra en contacto con nosotros. Además, contra la opinión de que las victorias parciales desmovilizan, puede sostenerse que en un mundo individualista, escéptico y atemorizado, vencer (en los márgenes que permite el poder de negociación que podamos acumular) contribuye a extender la lucha. Es decir, para el Sindicat se trata de un argumento fuerte en favor de la reforma el hecho de que ésta pueda permitir ampliar la lucha, y no lo son en cambio “la defensa de los políticos profesionales de la socialdemocracia” o el “paliar la degeneración de un bloque político y social de clase media” del que nunca ha formado parte.
Hay otro argumento fuerte. La disputa ideológica de primer orden que se realiza a través de algunas luchas reformistas. La ley en manos del Estado no es sólo herramienta de dominio, también expresa consensos fuertes, como por ejemplo la propiedad privada. Las reformas en los aparatos legales son para una amplia mayoría una forma de legitimidad y amplían nuestras posibilidades de lucha cultural más allá de la agitación y la propaganda. En este sentido, no sólo hemos buscado dignificar las condiciones de existencia de las arrendatarias, sino también enfrentar la noción de libertad capitalista ilimitada en el uso mercantil de la propiedad vivienda (rápidamente restaurada después del momento de desposesión masiva de trabajadoras hipotecadas). Hasta qué punto se han logrado ambas cuestiones (dignificación material y disputa ideológica) no expresa más que las capacidades relativas que hemos sabido movilizar en el terreno de la lucha social, la opinión pública y la presión directa en las instituciones.
Este tipo de razonamiento sobre "qué posibilidad ofrece luchar por reformas" es complementario a las aproximaciones sobre "qué es el Estado y qué posición práctica deberíamos alcanzar hoy las revolucionarias" y muestra que la abstracción teórica no cierra el debate.
Si bien se puede considerar al Estado como el “capitalista colectivo”, se comete un error cuando se considera que, en situación parlamentaria y en condiciones de sufragio universal libre, el Estado es un cuerpo rígido completamente impermeable y por tanto no existe en él una representación del conflicto que se desarrolla en la sociedad. Por tanto, entendiendo que la lucha por reformas abría posibilidades, el Sindicat se ha adaptado al ciclo político general en el que ha surgido y que en nuestro caso ha estado marcado por las consecuencias institucionales del proceso soberanista en Cataluña y el “post 15-M” en el Estado. El rasgo característico que ha guiado al Sindicat, respecto al anterior ciclo de luchas por la vivienda, ha sido una búsqueda por la "universalidad" en las reformas impulsadas, a fin de descentrar la cuestión de la vulnerabilidad, que en general consideramos que opera contra la constitución de sujetos políticos amplios de transformación.
La explicación se ha dado tantas veces que incluso sorprende que ninguna crítica discuta (también) en los propios términos, más sencillos, en los que nosotros presentamos la cuestión. Así, se afirma que no se está en contra de las reformas por sí, sino que éstas no se pueden "desligar del objetivo general del socialismo". De acuerdo. ¿Entonces el “moviment socialista” coincide en la dirección en que el Sindicat de Llogateres u otras organizaciones han impulsado las reformas que han considerado convenientes y el problema es que lo han hecho sin difundir “el programa comunista”? ¿O es contrario a las reformas legislativas impulsadas y propondrá otras? ¿Y cuáles son? ¿O defiende el argumento de que “ninguna reforma mínimamente transformadora es posible” de acuerdo con el análisis propio y, por tanto, no impulsará ningún programa concreto o realizable al margen del que se pueda desarrollar en una revolución? O, en coherencia con sus consignas, ¿no es que haya un problema de factibilidad al impulsar “el pacto socialdemócrata”, sino que no es deseable impulsar ninguna reforma porque esto implica sacrificar la “independencia del proletariado”? La propuesta del “moviment socialista” abre, de hecho, más interrogantes que no clarifican nada, y revela la necesidad de elaborar más las posiciones propias y tomar partido sin refugios discursivos.
Y después del debate ideológico, ¿qué?
Como decía al inicio de este texto, no comparto la necesidad de “clarificación ideológica”, según la cual por “socialista” solo se puede entender en un sentido estrecho quien se adhiere a las tesis que se exponen desde una corriente política concreta en formación, antes de empezar (otros) debates entre las organizaciones que conforman el movimiento por la vivienda. Por lo que debemos velar es por la convivencia de diferentes hipótesis políticas a la vez que hacemos propuestas para el movimiento en torno a lo que tengamos en común. El objetivo compartido debería ser que el movimiento por la vivienda catalán exista y se desarrolle más allá de las organizaciones que lo conforman. La mirada firme hacia quien falta, no hacia quien sobra. La defensa de la pluralidad (no sólo ideológica) en el seno del movimiento como un activo a preservar. Existe una diversidad en las tácticas y formas de acción, tipos de despliegue organizativos, así como una participación efectiva en el movimiento de una pluralidad de realidades sociales que son un valor difícilmente representable desde una única propuesta. Contra las construcciones sectarias y los instintos fratricidas siempre deberemos levantar banderas de unidad.
Es una obviedad que el debate ideológico es el que interesa centrar a las compañeras que escriben en Horitzó Socialista. Se ha llegado a esta conclusión porque es el único debate que piensan que pueden sostener en el movimiento y especialmente ante una organización como el Sindicat de Llogateres, que es una razonablemente buena propuesta organizativa y de praxis sindical, aunque no se autodescriba como revolucionaria. Queda claro el esquema de conformación que ha seleccionado la dirección de esta corriente: diseminar una confrontación de poca calidad crítica a todo movimiento social como forma de propaganda y proselitismo, y utilizar la teoría como herramienta para erigirse en una posición de poder. Un arma de doble filo. En el corto plazo genera cohesión interna y rápido crecimiento. En el medio-largo puede generar rupturas importantes en forma de rechazo de ciertos sectores al marxismo y a lo(s) socialismo(s).
El “moviment socialista” debe reubicarse urgentemente en su relación con el ciclo de luchas que precede a su aparición. De lo contrario, ¿cuál es la propuesta real al movimiento por la vivienda? Una vez que se produzca el debate sobre “clarificación estratégica” y comprobemos de forma efectiva que existe una pluralidad, ¿qué escenario se nos abre? Llegados a este punto, quizás sería deseable detener la farsa de “el debate que se está produciendo en el movimiento por la vivienda sobre su desorientación y necesidad de clarificación estratégica”, presentar públicamente la nueva organización, desarrollar y concretar las hipótesis de este nuevo espacio y decidir qué tipo de política de alianzas se quiere establecer con el Sindicat u otros colectivos que no se adhieran al proceso. De hecho, esto ya debería estar hecho. No es ningún secreto que los cuadros del movimiento por la vivienda que forman "el moviment socialista" son herederos de "Una propuesta política para el movimiento por la vivienda para salir del movimentismo". De esto hace un año, tiempo más que suficiente para adaptar contenidos, hacerla pública y constituir formal y democráticamente una nueva organización en el movimiento por la vivienda. Es quizás esta la mejor manera de deshacer el entuerto en el II Congrés d’Habitatge de Catalunya.
En el seno del movimiento por la vivienda de Catalunya y hasta el día de hoy ha habido unos mínimos de colaboración muy claros: se han compartido casos y recursos, ha habido unidad de acción en torno a ciertas campañas, han existido espacios de encuentro para la discusión conjunta e, incluso, se ha dado de forma habitual rotación de militancia entre diferentes colectivos. Es “el moviment socialista” quien debe desarrollar y concretar con urgencia sus posiciones para resolver si se pretende que este mínimo compartido se preserve y desarrolle o, en cambio, considera que ningún ámbito de trabajo conjunto con la “socialdemocracia” es posible. Nosotros no estamos en la posición de “llevar el debate hasta las últimas consecuencias”. La pelota no está en el tejado del Sindicat de Llogateres. Es quien pide clarificación quien debe aclarar varias cuestiones.
Este artículo ha expresado únicamente las opiniones de quien lo firma respecto al “moviment socialista". No ocurre lo mismo con las reflexiones que se hacen en defensa del Sindicat de Llogateres. Éstas son fruto de la militancia cotidiana con multitud de compañeras que forman la organización y a las que pertenece su inteligencia colectiva. Seguramente esta obviedad no se dice lo suficiente.

