La Familia Real, el Colegio Electoral y otros dinosaurios

Harold Meyerson

12/03/2021

Una vez cada veinte o treinta años me da por pensar en la monarquía británica. Principalmente, me pregunto por qué, contrariamente a todo buen sentido, sigue existiendo. Las noticias sobre la entrevista de Oprah Winfrey a Meghan Markle y Harry Cómo-se-llame me han devuelto, por supuesto, a la pregunta.

Supongo que una de las razones por las que la gente de la realeza hechiza todavía la Tierra es porque dan espectáculo, tanto bueno como malo, a los británicos y a los turistas de visita. Por qué han de subvencionar este espectáculo los contribuyentes británicos es cosa que nunca me ha quedado clara. Es como si los norteamericanos se vieran obligados a hacerse cargo de toda la clasificación de luchadores profesionales de primer nivel, sin tener voz sobre qué luchadores actuarían.

Una segunda razón posible es que los personajes de la realeza proporcionan cada vez más carnaza a los dramaturgos de diversos medios para contar historias que muestren que son como nosotros, sólo que más tontos. Eso puede tener un efecto consolador, a veces.

Por último, la realeza subsiste porque evoca tradiciones nacionales. Si bien perdieron su derecho a gobernar a principios del siglo XVIII, todavía evocan multitud de recuerdos, algunos de los cuales pueden ser agradables. A buen seguro, nos recuerdan cuántos aristócratas británicos han sido unos absolutos mentecatos, antisemitas, racistas y cosas por el estilo: nos recuerdan que algunos de ellos lo siguen siendo.

Pero para que los norteamericanos no nos andemos con risitas con estos supervivientes del Paleolítico, tenemos que recordar que sufrimos con dinosaurios antidemocráticos propios, algunos de los cuales, a diferencia de la realeza, en realidad todavía nos gobiernan. El Colegio Electoral data del mismo siglo en que los británicos dejaron de lado a la monarquía en asuntos de gobierno. Nosotros, por otro lado, todavía elegimos a nuestros presidentes mediante un sistema a lo Rube Goldberg [personaje semejante al Dr. Franz de Copenhague, el de “Los grandes inventos del TBO”, que inventaba máquinas complicadísimas para tareas sencillas), introducido en la Constitución en parte porque la gente de los estados esclavistas del Sur temía que en un voto popular directo (de hombres blancos solventes, por supuesto), la gente del Norte que pudiera sentir antipatía por la esclavitud llegara a dominar el electorado. Hoy, la esclavitud ha desaparecido, pero el Colegio Electoral subsiste.

Así pues, ignoren los primeros cuatro párrafos. Yo cambiaría el Colegio Electoral por la realeza en cualquier momento.  

ha sido columnista del diario The Washington Post y editor general de la revista The American Prospect. Considerado por la revista The Atlantic Monthly como uno de los cincuenta columnistas más influyentes de Norteamérica, Meyerson es además vicepresidente del Comité Político Nacional de los Democratic Socialists of America.
Fuente:
The American Prospect, 9 de marzo de 2021
Traducción:
Lucas Antón
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