Italia: Zingaretti hace estallar el PD

Norma Rangeri

07/03/2021

Las reverberaciones del aterrizaje de Mario Draghi en el Palazzo Chigi [sede del Consejo de Ministros italiano] se abaten de manera ruidosa sobre la mayoría que apoyaba al gobierno de Conte y, tras la implosion del M5E, están golpeando el corazón del PD con el golpe de efecto de la dimisión de Zingaretti.

Si en apariencia su gesto su gesto podría pasar por un trueno en un cielo nublado, las palabras utilizadas por el secretario para justificar ese paso atrás ofrecen la descripción más cruda y elocuente de lo que es hoy el grupo dirigente del Nazareno [la dirección del PD]. Pero también de la distancia sideral que lo separa de la dramática y trágica situación del país, de las clases populares a las que en teoría debería representar.

Zingaretti no esquiva los problemas y utiliza conceptos y términos muy claros: “guerra de guerrillas cotidiana”, “vergonzosas polémicas sobre sillones”. Descubriendo así lo que se esconde bajo la alfombra de una unanimidad de fachada. Y no solamente: si este “me quedo fuera” no es más que un movimiento táctico para poner a sus adversarios contra la pared y relanzar su candidatura a secretario en la próxima asamblea nacional, el precio de este desvelamiento es todavía más elevado.

Resulta un espectáculo humillante para el pobre votante del PD, ya reducido a los confines de las ZTL, las zonas restringidas al tráfico del centro de las grandes ciudades. Y lo es especialmente en este momento, cuando el gobierno Draghi ha tenido el efecto de rejuvenecer a las derechas, adiestradas en el doble juego de gobierno-oposición.

Y de modo más general, como representación objetiva del desplazamiento a la derecha del eje politico: pues ha dado un nuevo soplo de aire a las velas de Salvini, Meloni y Berlusconi, así como a su distintiva naturaleza tecnocrática, convirtiéndose en perfecto portador de agua para el molino de quien hace de la política todo un haz [un “fascio”].

Por debajo del “texto” dirigido a la opinion pública, queda claro en el subtexto el mensaje de Draghi: ¿veis en qué condiciones están los partidos? No os preocupéis, ya estamos aquí nosotros, los mejores servidores del Estado, los más preparados y más fieles. Por supuesto, adheridos al infame lema de “ni de derechas ni de izquierdas”.

El atolladero del PD es el verdadero fruto de lo que ha sido capaz de sembrar en años recientes, producto de la larga crisis precipitada tras la derrota electoral de 2018, cuando el Partido Democrático logró la hazaña de reducirse a un mínimo histórico.

Pero el secretariado de Zingaretti ha funcionado, más que como arquitrabe para la reconstrucción, como paraguas bajo el cual refugiarse de los escombros que iba dejando Renzi. Uno de esos paraguas que se dan la vuelta a cada ráfaga de viento: del “con el M5E, jamás” al gobierno con el Cinco Estrellas; del “nunca en un gobierno sin elecciones” a una coalición de emergencia nacional, a un flotador lanzado directamente al país desde la catapulta del Quirinal [la presidencia de la República].

Incierto, vacilante e incapacitado inmediatamente por la escisión programada por el mercenario de Riad [Renzi], que controlaba también los grupos parlamentarios. Y, por si eso no fuera suficiente, hay que habérselas con la degeneración estructural de las corrientes de los caciques locales, un desafío que se vuelve más difícil con la new entry de Stefano Bonaccini, el “liguista” democrático que ya hincha el pecho, olvidando el hecho de que, de no haber estado las “sardinas” para hacerle ganar la batalla contra Salvini, hoy sería uno de sus diversos consejeros regionales.

Zingaretti hizo bien en dimitir, si bien de modo cuestionable, anunciando en Facebook una decision tan importante.

Pero acaso habría hecho mejor en aceptar el desafío del congreso poniendo de frente y por derecho la vexata quaestio, la enojosa cuestión de la identidad del PD. Una identidad socavada de raíz desde su nacimiento, pero que salió claramente a la superficie con el plebiscito tributado a Renzi con las primarias de 2013, y luego con el exploit [la hazaña] de las elecciones europeas de 2014.

Por el contrario, habiéndose echado atrás en su redde rationem, su ajuste de cuentas, postponiéndolo hasta después de las elecciones locales, dio impulso a a una infernal babel interna, que le ha obligado a defenderse de una indecorosa guerra de guerrillas cotidiana, que denuncia justamente como “vergonzosa”.

Debido también a que, de haber desafiado a sus adversarios a un debate congresual, habría dejado al descubierto a los renzianos, hoy rebautizados como “reformistas”, y habría tenido así —se puede especular — que contraponer una clara y decidida ubicación en la izquierda, con los consiguientes efectos colaterales sobre las alianzas. Esto habría supuesto dejar un flanco expuesto a sus detractores, los cuales, ahora que se ha dejado de hablar de las tonterías de la vocación mayoritaria del Partido y del bipartidismo imaginario, siguen sin tener claro qué alternativa van a ofrecer respecto a la mayoría construida con el gobierno de Conte.

El hecho es que, con la desintegración vertical y horizontal grillina y el choque en la cumbre del PD, podemos decir con buenas razones que es grande el desorden bajo los cielos del centroizquierda y la situación no es excelente.

Para nada.

Directora del diario italiano “il manifesto” desde 2010, en el que lleva trabajando desde 1974, primero como crítica de televisión, experiencia recogida en su libro “Chi l´ha vista? Tutto il peggio della tv da Berlusconi a Prodi' (o viceversa)”, Milán, Rizzoli, 2007.
Fuente:
il manifesto, 5 de marzo de 2021
Traducción:
Lucas Antón