Israel: Alabanza de Netanyahu

Gideon Levy

18/11/2018

En Israel, evitar la guerra es percibido como derrotismo. Pero eso es lo que ha hecho Netanyahu, mientras que el líder de Yesh Atid, Yair Lapid, habla de emplear la fuerza como los otros demagogos de la izquierda y la derecha sionistas.

Imagínese al líder de Yesh Atid, Yair Lapid, como primer ministro. El ejército ya estaría en las afueras de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza. Los pilotos bombardearían y la artillería estaría machacando hasta dejar Gaza en ruinas. Del lado palestino, cientos habrían muerto en el primer ataque, algunos de ellos cadetes de la policía de tráfico al igual que en esa otra guerra maravillosa, la Operación Plomo Fundido de 2008-09.

En su chaqueta de cuero negra, el Mariscal Lapid daría instrucciones a sus fuerzas: matar, destruir, exterminar, demoler. La nación aplaude y los medios de comunicación de la “izquierda” sionista entran en éxtasis: el coro unido de la guerra. Cincuenta días de euforia, de matanza horrible en Gaza y de ansiedad y cohetes contra Israel, que no llevan a ninguna parte. Esto es lo que quería decir Lapid esta semana cuando afirmó que “este es el momento adecuado de emplear la fuerza.”

Imagínese al líder de la Unión Sionista, Avi Gabbay, como primer ministro. “Las tranquilidad se compra con disuasión, no con dinero”, escribió esta semana, como hubiera podido hacerlo cualquier derechista del montón. Imagínese a la líder de la oposición, Tzipi Livni, que arremetió de manera similar: “La disuasión se crea a través de ataques militares,” y “hay que cambiar a los líderes de Hamas por personas que cooperen con nosotros”. Imagínese a Ehud Barak, que bromeó que el líder de Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, estaba “humillando a Netanyahu”.

Imagine al ex jefe del Estado Mayor, Benny Gantz, que guardó silencio; imagínese a Avigdor Lieberman, que dimitió , o a Naftali Bennett, que amenazó con hacerlo. Imagínese una pesadilla. Ni uno solo de los demagogos de la izquierda o de la derecha sionistas (como si hubiera diferencias) se le ocurrió otra cosa que más muerte y destrucción. Solo querían aplacar a los medios de comunicación, que se han vuelto más sanguinarios y belicosos que nunca, y al público, que sólo quería ver a los habitantes de Gaza muertos, cuantos más mejor, con tantas casas destruidas como fuera posible.

Sólo una persona se irguió sin vacilar ante esta oscura marea; debemos decirlo honestamente y alabarlo: el primer ministro de Israel  impidió personalmente otra guerra. Se ha demostrado una vez más que Benjamin Netanyahu es el enemigo mas decidido de la guerra entre los líderes del país. Debemos reiterar que, cualesquiera que sean sus motivos, el resultado es suficiente para exigir un respeto. Gracias a él no se ha derramado sangre. No podemos ignorarlo, no podemos dejar de alabarle por ello.

Esta vez incluso explicó su política -  el domingo en París y ante la tumba de David Ben Gurion, el miércoles. Habló de la futilidad de la guerra y la impopularidad de evitarla - el epítome de la declaración de un líder. Si un político que no se llamase Netanyahu hablase de esa manera, nos fundiríamos de placer. Habló y actuó. Nadie lo alabó, y va a pagar por ello.

En Israel, evitar la guerra es percibido como derrotismo. Alabarlo, incluso cuando es merecido, se percibe como una traición. No se puede hablar bien del diablo, hay que tratar a quién evita la guerra de la misma manera que a un supuesto criminal. Esta semana hemos tenido una prueba más de que no tiene sustituto. La oposición no tiene nada original que ofrecer.

Hay una línea directa que une a Lapid y a Lieberman, un populismo belicoso. Los cobardes de la izquierda sionista no se atreven a hablar lo que tienen la obligación de decir desde hace mucho tiempo: sólo un levantamiento completo del bloqueo de Gaza resolverá el problema de Gaza, que es también el problema de Israel, y sólo un diálogo directo con Hamas puede conseguirlo.

Netanyahu no lo dijo, ni lo piensa. Él es también responsable de la aventura encubierta, audaz e innecesaria cuyo fracaso provocó la última ronda de violencia.

Por lo tanto Netanyahu es el consuelo de un mal menor, pero un consuelo, no obstante. Un primer ministro que impidió una guerra, que entendía que, en vez de calmar a un público indignado, todo intento era inútil. Un primer ministro que deja entrar combustible y dinero en Gaza para que pueda respirar, aunque sólo sea por un momento, es preferible que cualquiera de los belicistas en la coalición de gobierno o en la oposición. Las fotos de Gaza disfrutando de un poco más de la electricidad deben alegrarnos el corazón. Pero no es así en Israel.

El miércoles, llegó un premio inesperado: la renuncia de Lieberman, especialmente si termina la carrera de uno de los políticos más cínicos y repulsivas que hemos tenido nunca en Israel. También hay que agradecérselo a Netanyahu.

Ahora imagine Lapid. Imagínese una guerra.

es un reconocido comentarista político israelí, corresponsal del diario Haaretz.
Fuente:
https://www.haaretz.com/opinion/.premium-we-must-give-credit-to-netanyahu-he-blocked-another-war-with-his-body-1.6655158
Traducción:
Enrique García