Gorman, el imperio y el ‘escarabajo’ de Wittgenstein

Àngel Ferrero

14/04/2021

La publicación de la traducción al alemán de The Hill We Climb, el poema que Amanda Gorman leyó en la toma de posesión de Joseph Biden como presidente de EEUU, ha sido recibida con numerosas críticas negativas en los medios. En Europa, la traducción del poema se ha visto repetidamente envuelta en polémica desde que el pasado mes de marzo Marieke Lucas Rijneveld, la persona –pues se define como “no binaria”– encargada de traducirla en Holanda y seleccionada personalmente por Gorman, renunciase después de que algunos activistas criticasen que la editorial que ha adquirido los derechos no optase por una traductora de descendencia africana. Poco después se conocía que el traductor al catalán, Víctor Obiols, era sustituido por el mismo motivo una vez había finalizado su trabajo, lo que ha generado una intensa polémica en los círculos culturales de Cataluña y España. La editorial alemana, Hoffman und Campe, ha optado por trasladar el encargo a tres mujeres: Uda Strätling, Kübra Gümüsay y Hadija Haruna-Oelker.

Por desgracia, la controversia fue rápidamente contextualizada en el debate de la “cultura de la cancelación” (cancel culture) y reducida al habitual intercambio de golpes entre posiciones polarizadas e irreconciliables en los medios de comunicación y las redes sociales. Una batalla más en otra “guerra cultural” (cultural war) en la que, paradójicamente, los traductores del poema de Gorman son los primeros perjudicados, ya que su traducción dejará de ser juzgada por criterios estrictamente literarios, y los críticos inmediatamente después de los traductores exactamente por las mismas razones, ya que su juicio pasará a estar automáticamente bajo sospecha. Más allá de las caricaturas que hemos visto estos últimos días, sobre todo desde medios conservadores, la decisión de Gorman y sus editores es problemática y antropológicamente pesimista.

Las raíces filosóficas del razonamiento –más allá de la política de discriminación positiva– detrás de la decisión de Gorman y sus editores han sido analizadas con suficiente anterioridad: Helen Pluckrose, por ejemplo, ha trazado su origen hasta la obra seminal del posestructuralismo, La condición posmoderna (1979) de Jean-François Lyotard, en la que Pluckrose ha visto “un relativismo epistemológico explícito” y “la defensa del privilegiar ‘la experiencia vivida’ por encima de la evidencia empírica”, además de “la promoción de una versión del pluralismo en la que se privilegian los puntos de vista de los colectivos de minorías por encima del consenso general de los científicos o la ética democrática liberal, que son presentadas como autoritarias y dogmáticas”. No habiendo ni valores universales ni hechos establecidos, se infiere en este caso que sólo puede comprender a una persona que ha padecido exclusión y empatizar con ella otra persona que también la ha sufrido. Ahora bien, si se quiere ser consecuente, ¿cómo puede cuantificarse el sufrimiento de la segunda persona para garantizar si no una comprensión plena de la primera, sí al menos una comprensión suficiente? Nos encontraríamos ante una cuestión irresoluble, pues en última instancia toda experiencia personal es siempre intransferible, y, en consecuencia, no podría ser nunca comprendida del todo por otros.

 

El ‘escarabajo’ de Wittgenstein

 

“¿Podría entender la palabra ‘dolor’ quien nunca hubiese sentido dolor? ¿Debe la experiencia enseñarme si es o no es así?” se preguntaba Ludwig Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas. Algunos parece que se quedaron aquí, porque el filósofo continuaba su argumentación como sigue: “Y si decimos ‘No se puede imaginar el dolor sin haberlo sentido alguna vez’, ¿de dónde lo sabemos? ¿Cómo puede decidirse si eso es cierto?”

Para dilucidar esta cuestión, Wittgenstein propuso el siguiente experimento mental:

“Supongamos que cada uno tuviera una caja y dentro hubiera algo que llamamos ‘escarabajo’. Nadie puede mirar en la caja de otro; y cada uno dice que él sabe lo que es un escarabajo sólo por la vista de su escarabajo.—Aquí podría muy bien ser que cada uno tuviese una cosa distinta en su caja. Sí, se podría imaginar que una cosa así cambiase continuamente.—¿Pero y si ahora la palabra «escarabajo» de estas personas tuviese un uso?—Entonces no sería el de la designación de una cosa. La cosa que hay en la caja no pertenece en absoluto al juego de lenguaje; ni siquiera como un algo: pues la caja podría incluso estar vacía.—No se puede ‘cortar por lo sano’ la cosa que hay en la caja; se neutraliza, sea lo que fuere.

Es decir: si se construye la gramática de la expresión de la sensación según el modelo de ‘objeto y designación’, entonces el objeto cae fuera de consideración por irrelevante.”

En otras palabras, no poder experimentar las sensaciones subjetivas de otro e incluso el contenido mismo de nuestra experiencia es “irrelevante” si no podemos comunicar nuestra experiencia subjetiva a los demás, y eso únicamente puede hacerse a través del lenguaje, que, cabe añadir, es socialmente construido. Un poeta no tiene por qué conocer Wittgenstein, pero debería al menos intuir esto.

Además, como ha observado el escritor Gonzalo Torné, de llevar este razonamiento a sus últimas consecuencias, debería aplicarse, también, al potencial lector: “Quizás sería conveniente y coherente”, escribía Torné hace unos días, “que el libro se vendiese con una faja (o una pegatina) donde se nos informe de que la autora considera complicados de entender sus poemas por lectores que no sean ‘mujeres, negras y activistas’, como la propia Gorman se define.” Finalmente, de mantener inalterado el criterio de Gorman cabe preguntarse cómo podría cumplirse en países étnicamente mucho más homogéneos como Polonia, Corea del Sur o China, cuyas poblaciones, además, lejos de haber oprimido a otras minorías como lo ha hecho EEUU, han sufrido ellas mismas el flagelo de la guerra a manos de otras potencias. Irónicamente, esto último demostraría que Gorman y sus editores están extrapolando las condiciones y estructura social de EEUU a otros países sin tener en cuenta ni su trayectoria histórica ni su cultura. Quizá todas estas inconsistencias no hagan más que revelar este casting de traductores como lo que probablemente ha sido: un recurso publicitario. Que, además, tiene la capacidad de crear polémicas que atraen la atención del público sobre su obra y que, como muchas de las polémicas que le precedieron, se cierran el falso.

 

No hay imperio sin su poeta

 

No hay imperio sin su poeta. Éste cumple con la función ideológica de legitimar su política a ojos de la población y, quizá lo que es más importante, de su élite intelectual. Sobre todo hoy, cuando la poesía es considerada un género arcano cuya comprensión y goce está al alcance de muy pocos, pero que por ese mismo motivo sus viejos y venerables laureles aportan ‘distinción’ y ‘prestigio’. Que Gorman se haya convertido en la figura del mundo de la cultura más destacada de la toma de posesión de Biden, por encima incluso de una estrella del pop como Lady Gaga, no es ninguna casualidad: el suyo es un perfil que se ajusta bien a la política de gestos ‘performativos’ del Partido Demócrata, el único que ha incluido una lectura de poesía en seis ceremonias de toma de posesión: la de John F. Kennedy en 1961, las dos de Bill Clinton, en 1993 y 1997, las dos de Barack Obama, en 2009 y 2013, y la de Joe Biden, en 2021. En particular, el uso de reivindicaciones históricas de movimientos sociales para, consciente o involuntariamente, encubrir sus verdaderas políticas, que con frecuencia no se corresponden en absoluto a los objetivos que aquéllos perseguían y que llegan incluso a ser hostiles a los sectores más militantes de esos mismos movimientos: greenwashing, pinkwashing, purplewashing, y así sucesivamente.

Obvio es decirlo, pero repitámoslo aquí una vez más: resulta cuanto menos chocante que alguien con unos estándares morales tan exigentes a la hora de seleccionar a sus traductores participe en la toma de posesión de la presidencia de la nación con la mayor maquinaria militar del mundo, utilizada, como es sabido, para dominar, por la intimidación o por la fuerza de las armas, a otros pueblos. Biden no ha dado hasta la fecha –tampoco en campaña– ninguna indicación de querer poner fin a esta política, más bien al contrario: ha prolongado la ‘guerra fría’ contra Rusia y China e impuesto nuevas sanciones a Irán. Nada parece sugerir que las políticas económicas y sociales de su administración vayan a corregir de manera decisiva la desigualdad y la discriminación que padecen desde hace décadas la población afroamericana, además de la latinoamericana y la asiático-americana. Los versos del poema de Gorman apelando a dejar de tener en cuenta lo que nos separa (“and so we lift our gazes not to what stands between us / but what stands before us / We close the divide because we know, to put / our future first, / we must first put our differences aside”) adquieren otro sentido muy diferente al que su autora seguramente se imaginó.

Otros críticos han recordado que en febrero de 2020 Gorman colaboró con Nike durante el Black History Month con un poema sobre los atletas afroamericanos, eludiendo la espinosa cuestión del historial de una empresa sobradamente conocida por sus escándalos relacionados con las condiciones laborales en las que se fabrican sus artículos. Un año antes de su colaboración con Nike, Gorman trabajó como “reportera de Prada” para promocionar su línea de productos reciclados. La compañía italiana necesitaba urgentemente mejorar su imagen después de que en 2016 un estudio de KnowTheChain revelase que se trata una de las empresas de lujo que menos recursos destina a supervisar que sus productos no están realizados por mano de obra esclava. Dos años después, en 2018, Prada fue de nuevo una de las compañías peor valoradas en el informe de KnowTheChain. Prada fue la marca que eligió Gorman para la diadema y el abrigo amarillo que vistió (precio original: 2.777,28 dólares) en la toma de posesión, de acuerdo con algunos medios, por sus campañas en defensa del feminismo. La poeta estadounidense había declaro con anterioridad que Miucca Prada le motivaba a ser mejor poeta y llegó incluso a dedicar una de sus composiciones a la marca, A Poet’s Prada (“Style is statement, style is creative power revitalized / And never compromised. It is then in no way a surprise / That it’s also ‘uniforms for the slightly disenfranchised’. / This is no cloth on my arm / It’s the uniform of an armada / A poet’s sonata pulsing in Prada”).

La distancia entre el discurso oficial y la práctica real no es ciertamente ninguna novedad en EEUU, “un imperio anti-imperialista”, según el oxímoron acuñado por el marxista ruso Borís Kagarlitsky para definir al país desde el período de expansión de su influencia a partir del llamado corolario de Roosevelt. Desde hace décadas el establishment del Partido Demócrata se ha especializado en ello. El resultado es una amalgama ideológica que Nancy Fraser ha denominado “neoliberalismo progresista”. En un artículo para la revista Harpers en 2014 Adolph Reed describió cómo EEUU se había convertido en un paisaje de “hologramas políticos” en el que “la narrativa biográfica y la identidad” de Obama “sirven para suplir el vacío de política vagamente transformadora”. “Por supuesto, la percepción de la diferencia entre Obama y los Clinton y otros contendientes Demócratas pasados y presentes estaba ligada al hecho de ser el primer presidente negro, el significado simbólico de lo cual superaba de lejos la política real del candidato”, observaba Reed. Aunque Biden se aleja de Obama en muchos aspectos, ésa es la ideología que está intentando revitalizar. De esa ideología y no de otra forma parte el fenómeno Gorman. Las polémicas sobre la elección de sus traductores no deberían impedirnos verlo.

Sin duda, seguiremos oyendo hablar durante una temporada de Gorman. Aunque Den Hügel hinauf sólo incluye el poema del título, el libro alcanza las 64 páginas debido a que cada estrofa ocupa una doble página. El formato elegido es toda una declaración de intenciones sobre a quién va destinado este libro: GenZers y dos generaciones precedentes que lo adquirirán para dejarlo cuidadosamente sobre la mesilla de café, para que no pase desapercibido a los invitados su buen gusto literario y su compromiso social. Tal es el destino de la mayoría de la poesía que se publica en nuestros días. Los buenos tiempos para la lírica tienen un aspecto muy diferente a éste.

es miembro del comité de redacción de 'Sin Permiso'
Fuente:
https://www.buchkomplizen.de/blog/thema-der-woche/gorman-das-imperium-und-der-kaefer-von-wittgenstein/
Traducción:
Àngel Ferrero
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