Fe, Razón y un lapsus

Rossana Rossanda

01/10/2006

Así que fue sólo un lapsus, con un cierto significado involuntario y profundo, una voz que se le escapó del pecho: la cita sobre Mahoma y el emperador griego no era ni necesaria ni tenía función alguna para defender la tesis que Benedicto XVI desarrolló en Regensburg. Lo que defendió fue que entre fe y razón no hay contradicción alguna, que la fe llega allí donde la razón y la ciencia se frenan y que éstas son una gran conquista de la humanidad. Eso sí, una conquista realizable gracias al orden intelectual que el creador ha dado al universo. Un orden que el hombre puede interpretar gracias a la llave que ha heredado por haber sido creado a su imagen y semejanza…

La finalidad política de la lectio era la de seguir expandiendo la famosa cuestión de las raíces de Europa para hacerlas llegar hasta Grecia. A la tradición del Viejo y del Nuevo Testamento la traducción griega que se realizó en los “setenta” dio algo más que una sencilla traducción de un idioma a otro. El doble sentido de logos, palabra y razón, que aparece al principio del Evangelio de Juan, no es casual: el evangelista pretendía dar a entender, sostiene Benedicto XVI, las dos cosas. Discutible. Como Barbaglio observa: para Juan logos es palabra, mensaje. De cualquier forma, sigue Ratzinger, el helenismo es la primera y feliz incorporación que se realiza a la cultura cristiana. Que se suma al cristianismo. Una incorporación que “tres oleadas” críticas han intentado eliminar a lo largo de los siglos. Y aquí da a entender que la Constitución Europea debe reconocerlas a las tres: el hebraísmo, el helenismo y el cristianismo. Incluso nos dice que el cristianismo helenizante es una feliz síntesis de las tres.

Si su finalidad era reflexionar sobre las relaciones entre fe y razón, y si para Ratzinger era imprescindible citar el diálogo entre el Paleólogo y el persiano – por el vicio de informar sobre el último libro leído -, podría haberse limitado a informar sobre la conclusión de este diálogo. Así, se hubiese ahorrado el desatar las iras de los musulmanes. Mientras que optar por el pasaje en que se define a Mahoma como alguien que no aporta nada que no sea el fatal concepto de Guerra Santa resulta francamente insultante. 

Desde el prisma de laicos maliciosos, podríamos añadir que hace falta una notable cara dura, por parte del emperador bizantino, para acusar a Mahoma de realizar la Guerra Santa en nombre de Dios. En 1391 acababan de realizarse las ocho o nueve cruzadas contra el Islam promovidas por los papas de Roma, mientras que no se había realizado ninguna Jihad contra occidente. El Paleólogo en persona, acudió a Europa para buscar ayuda contra los turcos, y fue derrotado, él y el resto de cristianos, en Nikopolis. Es verdad que a esta guerra nadie la definió como Santa. Se limitaron a calificar lo que era: una auténtica guerra territorial; que vio el final del imperio de Bizancio y el formarse y avanzar del Imperio Otomano en las dos orillas del Mediterráneo, hasta Viena. 

¿Pero para qué se ha metido Ratzinger en este berenjenal?

Dejo a personas con más competencia que la mía otras cuestiones de la lectio en Regensburg. En el siglo I, el hebraísmo, el cristianismo y el helenismo, observa Barbaglio, eran universos en recíproca circulación. Por el contrario, creo que resulta poco demostrable que el eje principal del pensamiento griego y el hebraísmo, y después el Cristianismo, estuviesen relacionados cinco siglos antes de Cristo. En este punto Oliver Roy es persuasivo. Me urge observar que la razón crítica y la ciencia moderna no rehuyen la pregunta “¿de dónde venimos?” o “¿a dónde vamos?”, como piensa Benedicto XVI. Responden que la vida es el resultado de un proceso físico-químico que se inició hace tres mil millones de años, que la especie humana deriva del articularse de éste proceso y que probablemente se dirige a un fin, como el resto de especies vivas.  

Resulta más consolador pensar que una inteligencia fuera del tiempo y del espacio nos haya creado con un acto de voluntad y volverá a acogernos en su seno. Pero el pensamiento frío y la aceptación de la finitud es justamente aquello que distingue a creyentes y a no creyentes. Y sería útil escucharse sin intentar la conversión recíproca.

Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaban de aparecer en Italia sus muy recomendables memorias políticas: La  ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado], Einaudi, Roma 2005. El lector interesado puede escuchar una entrevista radiofónica (25 de enero de 2006) a Rossanda sobre su libro de memorias en Radio Popolare: parte 1 : siglo XX; octubre de 1917, mayo 1968, Berlinguer, el imperdonable suicidio del PCI, movimiento antiglobalización, feminismo; una generación derrotada; y parte 2 : zapatismo; clase obrera de postguerra; el discurso político de la memoria; Castro y Trotsky; estalinismo; elogio de una generación que quiso cambiar el mundo.

Traducción para www.sinpermiso.info: Luca Gervasoni

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Fuente:
Il Manifesto, 29 septiembre 2006