“Euskal Herria Bildu sabe que los consensos que pueda tener con el PNV para hacer país son muy escasos” Entrevista

Joxe Iriarte Bikila

25/11/2012




Militante histórico de la izquierda vasca, inicialmente en ETA y, después, en LKI, Zutik y, actualmente, Gorripidea, es también autor de una amplia obra ensayística y literaria, en la que destaca su autobiografía (Borrokaren gorrian, Txalaparta, 1999), que, entre otras muchas aportaciones, contiene la única narración en primera persona publicada hasta la fecha de la primera parte de la importante VI Asamblea de ETA (agosto de 1970). Entre 1999 y 2003 fue electo de las Juntas Generales de Gipuzkoa por Euskal Herritarrok. Nos recibe en la sede de la asociación cultural Mikelazulo, en Errenteria (Guipúzcoa) pocos días después de las elecciones al Parlamento vasco. La entrevista fue realizada a principios de noviembre. La traducción y la edición del resumen de la entrevista las hizo para Sin Permiso Daniel Escribano.

En este mismo año, opciones políticas con un discurso contra el neoliberalismo y la llamada austeridad presupuestaria han obtenido importantes avances electorales: Syriza estuvo muy cerca de ser la candidatura más votada en las últimas elecciones griegas; las encuestas pronostican que Sinn Féin podría convertirse en la segunda fuerza en Irlanda del sur; Euskal Herria Bildu (EHB) ya lo es en el Parlamento vasco y es muy probable que lo fuera también en el de Navarra, en la nada inverosímil hipótesis de que hubiera elecciones anticipadas. Parece que toma cuerpo una alternativa política al neoliberalismo.

Yo distinguiría entre la situación europea general y la de algunos países. A mi juicio, desafortunadamente, la izquierda europea no se encuentra en una buena situación para hacer frente al desafío histórico. Tanto los movimientos sociales como los planteamientos de izquierda están demasiado débiles como para ser una alternativa al neoliberalismo o a la derecha. En los últimos treinta años ha predominado el neoliberalismo, no sólo ideológicamente, sino también económica y políticamente y, tras esa victoria, subyace un tremendo fracaso tanto del movimiento obrero como de los movimientos restantes y no digamos de la izquierda política. Y a eso todavía no le hemos dado la vuelta y condiciona mucho. Y además se ve que las medidas de la troika salen adelante en la mayoría de países. Huelga decir que eso no significa que no haya resistencias.

En lo tocante al País Vasco, describiría la situación como una discordancia entre realidades y tiempos sociopolíticos en un mismo espacio. Por ejemplo, aquí estamos a punto de salir del conflicto violento que hemos soportado desde la época de la dictadura y, desde ese punto de vista, la situación es esperanzadora. En ese conflicto, en mi opinión, ETA, como organización armada, ha sido vencida (o por lo menos neutralizada), pero el movimiento político formado a su alrededor ha salido vencedor. A menudo ocurren este tipo de paradojas: una determinada estrategia fracasa, pero, con un cambio de dirección y adecuándose a la situación, el movimiento consigue una victoria tremenda. Y la acumulación de fuerzas surgida en torno a EHB es resultado de ello. También ha contribuido la represión estatal —uno de los muchos componentes de este conflicto— y una ofensiva muy violenta del españolismo, cuyo último resultado ha sido el gobierno dirigido por Patxi López, el gobierno del PSE apoyado por el PP, que hemos tenido durante los últimos cuatro años y que ha generado una reavivación del soberanismo. Si consideramos los resultados electorales y la perspectiva política que se está creando en el país, en este momento, la reivindicación nacional, el soberanismo, la capacidad de autodeterminarnos o como se le quiera llamar, ha aumentado. La expresión más patente sería el nuevo parlamento. Es cierto que durante los primeros años de la transición, el Parlamento vasco, mediante el PNV y Herri Batasuna (HB), representaban una mayoría abertzale, pero, como consecuencia de la escisión del PNV, los negativos efectos de la lucha armada, que trajo un debilitamiento de fuerza de la izquierda abertzale, y el resurgimiento de la derecha española dura, en los últimos años hemos tenido un Parlamento vasco partido en dos. En cada espacio a veces avanzaban unos; otras veces, otros. En el abertzale, a veces subía el PNV; otras veces, la izquierda abertzale. En el otro lado, a veces subía el PP; otras, el PSOE, pero eran movimientos que se daban en un mismo espacio. La contraposición entre el constitucionalismo españolista y el abertzalismo dividía el Parlamento vasco casi a partes iguales. Ahora eso ha cambiado totalmente y, como vemos, esa mayoría abertzale es muy clara. Y no sólo en las instituciones de ámbito superior, sino también en los ayuntamientos y demás instituciones y diría que también entre la ciudadanía. Pero la situación política no la podemos medir sólo con los elementos superestructurales o relativos al aspecto nacional. La sociedad es mucho más compleja y, sobre todo, tiene una gran importancia el impacto de esta crisis económica sistémica que estamos sufriendo. En efecto, en el ámbito social, desdichadamente, la situación es mucho más oscura. La ofensiva de la patronal y, de un modo u otro, de las instituciones políticas ha tenido un impacto terrible: las tasas de paro y pobreza han aumentado mucho y eso, en muchas fábricas y movimientos sociales, ha implicado una cierta desmoralización y mucha incertidumbre. Es cierto que aquí, de vez en cuando, hacemos una huelga general, pero el formato de huelga general se ha ritualizado: se hace un plante, la gente sale a la calle a mostrar su indignación, pero, luego, cuando entras fábrica a fábrica, ves que en esas fábricas los trabajadores y los propios sindicatos que han convocado esas huelgas generales, con algunas excepciones, están bastante debilitados y amedrentados. En este momento, en Catelsa, una empresa de esta misma comarca [Oarsoaldea, Guipúzcoa] adquirida por la multinacional Hutchinson, que no estaba en crisis, la dirección ha decidido cerrarla y trasladar la producción de aquí a Rumanía. Y esa empresa era muy combativa, no era una de esas que se quedan atrás, pero, ante esa decisión, se han quedado sin fuerza. Y hoy habrá una manifestación y se harán cosas, pero la perspectiva está bastante clara: seguramente cerrarán y no habrá ninguna posibilidad de evitarlo. Y lo mismo en muchos sitios. Es decir, se hacen huelgas generales, pero, al mismo tiempo, se aprueban expedientes de regulación de empleo (ERE) y el movimiento obrero se va debilitando. Y también la mayoría de movimientos. El movimiento contra el TAV sigue ahí, hace muchas acciones, pero me temo que son sus últimos coletazos. Desafortunadamente, aquí no sucede lo mismo que en Grecia, es decir, una simbiosis entre la calle y las elecciones, donde la lucha de la calle tuvo un reflejo mediante Syriza. Aquí hemos logrado unos resultados mucho mejores con esa fuerza que se ha acumulado en torno a EHB de lo que se refleja en la calle. Por eso, en este momento mi preocupación es y pienso que la de toda la izquierda debe ser cómo reavivar y fortalecer el movimiento obrero y los movimientos sociales, que aquí, durante muchos años, fue tan amplio y rico.

¿Cómo ves actualmente la situación sindical vasca?

En general, aquí también se ha debilitado mucho el sindicalismo, en la medida en que se ha debilitado el movimiento obrero. No obstante, en el ámbito social, el sector sindical que llamamos mayoría sindical vasca tiene un carácter más radical que el sindicalismo español, tanto desde el punto de vista discursivo (con un discurso antineoliberal claro) como en la práctica, con cinco huelgas generales en los últimos cuatro años y con grandes movilizaciones. Comparado con el sindicalismo de gestión y acuerdo que ha habido en España, ha dado una imagen muy distinta. Pero no sé hasta qué punto esa imagen oculta una debilidad vinculada a la situación en las fábricas antes mencionada. Ha habido y sigue habiendo algunas luchas muy duras y muy ejemplares, que ELA ha logrado mantener mediante su caja de resistencia, pero, en general, ha habido pocas luchas y esas luchas han tenido una tendencia descendente en los últimos años y se han aprobado ERE y se han cerrado muchas empresas. El sector sindical vinculado a las centrales españolas (CCOO y UGT) ha aplicado aquí la misma política que éstas aplican en España y, además, en Navarra ha sido terrible, sobre todo UGT, que ha desarrollado una política de colaboración con el gobierno de la Unión del Pueblo Navarro (UPN).[1] En la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), han tratado de concertar acuerdos con Patxi López y la patronal, pero no han avanzado mucho, porque el propio gobierno no tenía gran capacidad, la patronal tampoco les daba gran cosa (la patronal vasca es como la de cualquier otra parte) y con ELA y LAB fuera de esos espacios, no tenían mucha legitimidad. El problema es que esos dos tipos distintos de sindicalismo tampoco se ponen de acuerdo en los momentos en que podría haber un vínculo para la lucha y la prueba la tenemos en la convocatoria de huelga general del día 14. En mi opinión, es claro que UGT y CCOO tienen la responsabilidad principal de eso, pero a veces no veo muy adecuada la actitud de ELA y LAB. Tácticamente, han actuado de modo algo tosco, convocando huelgas generales por su cuenta. Seguramente no había otra posibilidad y, al final, se habrían visto abocados a ir en solitario, porque los demás no habrían querido convocar, pero el modo de plantearlas, sin emplazamiento previo, sin cumplir algunos trámites, sobre todo sin hacer el trabajo para llegar a las bases de ese sector, no ha sido muy hábil. Eso se vio en la huelga general del 29 de marzo, que se hizo en toda España y que empezó aquí. Fue una huelga tremenda, tanto en la calle como en los centros de trabajo. En cambio, la del pasado 26 de septiembre ha sido hermosa, pero no ha sido como la anterior y ha tenido mucho más éxito en la calle que en las fábricas.

Gorripidea es el nombre del último proyecto militante en que participas. ¿Qué es y cómo surgió Gorripidea?

Nuestro grupo anterior era Zutik, que surgió hace veinte años de la fusión de EMK y LKI, que tenían organizaciones hermanas en el Estado español: MC y LCR. Éramos una organización de izquierda algo especial y destacábamos por el nivel de militancia y por el ingenio de nuestra propaganda, que todavía hoy se recuerda. En muchas cuestiones nos movíamos en el entorno de la izquierda abertzale, luchábamos juntos, pero, sobre todo, fuimos capaces de abrir nuevos espacios, en el feminismo, en el ecologismo, en el antimilitarismo y fuimos precursores en muchos ámbitos. Pero llegó un momento en que nuestra capacidad como grupo se fue agotando y, en ese contexto, llegamos a la época de Euskal Herritarrok (EH).[2] Algunos optamos por entrar en esta candidatura; Zutik no dijo nada, pero no toda la organización se sintió cómoda con esa opción y, cuando el proceso de paz se hundió, una parte dejó EH de forma inmediata y otros continuamos hasta acabar la legislatura, pero todo ello nos dividió profundamente. Zutik entró en una dinámica disolvente, donde tanto desde el punto de vista ideológico como desde la práctica, un sector se fue alejando poco a poco de los fundamentos de la izquierda revolucionaria hacia otra cosa. Cuando Zutik se disolvió, algunos nos organizamos como Gorripidea. Gorripidea se considera como una organización anticapitalista, internacionalista y, al mismo tiempo, soberanista, en un sentido amplio. Hay quienes tomamos una opción clara por la independencia; otros, actualmente, no ven eso claro o necesario, pero sí la reivindicación de la soberanía. Nuestra práctica político-social se mueve en el llamado sindicalismo vasco, sobre todo en ESK[3], en los movimientos contra el TAV y en el ámbito cultural, el feminismo, la memoria histórica o la lucha contra los desahucios. En este momento, nuestras fuerzas se han centrado en la reconstrucción del grupo, ideológicamente, políticamente y en la recuperación de militancia. Y, afortunadamente, ya estamos concluyendo esa fase, ya llevamos un año sacando carteles, apareciendo, no sólo en los movimientos sociales, sino también haciendo alguna aparición política. Lo que nos falta es plantearnos proyectos de mayor enjundia. ¿Cuáles son esos proyectos? Pues los viejos rockeros que ya hemos llegado a una cierta edad y algunos jóvenes que están con nosotros tenemos que decidir si queremos seguir así, en las luchas político-sociales, como puros resistentes, o fusionarnos con otros grupos semejantes, como Antikapitalistak. O si queremos desbrozar otros caminos y, sin dejar de lado esa afición movimentista nuestra, ubicarnos también en ese amplio espacio de la izquierda soberanista. Sabemos que existen algunos debates en Bildu, en torno a organizar algo que vaya más allá del ámbito institucional, un punto de encuentro amplio, donde puedan tener su lugar otras gentes.

Gorripidea pidió el voto para EHB. ¿Qué diferencia a EHB del resto de candidaturas de izquierda, además de su mucho mayor apoyo popular?

Nosotros no nos hemos atrevido a presentarnos, porque no lo hemos considerado necesario y porque tampoco nos corresponde luchar en ese ámbito, al menos en este momento. Por eso, la cuestión era ¿vale la pena que, además de emitir nuestra opinión, pidamos el voto para alguien? Realizamos un debate interno y salió claramente que sí. Por una parte, siempre surge un debate planteado en algunos sectores de la izquierda: ¿para qué participar en las elecciones? ¿Vale la pena colaborar en un sistema corrupto como éste, aunque sea a través de gente de izquierda? Ahí tuvimos que aclarar por qué votar en la situación actual. En situaciones muy especiales, con un alto conflicto político-social que pone al sistema contra las cuerdas y desde dentro del pueblo surgen movimientos de contrapoder, puedes decir que no vale la pena votar y que hay que actuar sólo desde el contrapoder. Pero esos momentos son muy especiales y hace tiempo que no se dan en Europa. Antes bien, lo que hemos visto en Europa es que, normalmente, todas las luchas sociales, de un modo u otro, han pedido tener un reflejo en el ámbito institucional. Y, si se puede, llevarlas al gobierno y cambiar las cosas desde allí. Eso se ha visto muy claramente en Grecia y, cuando Syriza no logró el gobierno, hubo una cierta decepción. Ahí se podía luchar contra la troika desde el gobierno y el pueblo. Aquí pensamos lo mismo. Y aquí hemos visto que la única opción era EHB. Había otras opciones de izquierda como Ezker Batua (EB) y Ezker Anitza. Pero esos dos grupos están escindidos. Y no sólo eso: su planteamiento nacional federalista no nos satisface; pensamos que aquí la izquierda debe ser al mismo tiempo soberanista. Y, por otro lado, todavía está muy presente el papel que tuvieron en el gobierno de Ibarretxe, fueron compañeros del PNV y, si bien es cierto que, después de la escisión, Ezker Anitza ha tenido una tendencia más combativa, todavía no es claro hasta qué punto ha cambiado. Sabiendo también cómo es Izquierda Unida en el conjunto de España (por ejemplo su entrada en el gobierno andaluz), pues la cosa nos resulta todavía más oscura. Por el contrario, la reavivación del soberanismo y el papel que ha desempeñado para unir a la gente y su repercusión en las instituciones es muy importante, ya que, desde hace muchos años, la izquierda ha estado muy dividida y debilitada. Y esa acumulación de fuerzas se está logrando en torno a EHB. Es cierto que una parte de EHB procede de Eusko Alkartasuna (EA) y eso tiene su historia. Otra parte ha surgido de una escisión de EB: Alternatiba, sector al que vemos con interés creciente. Y el rasgo característico del tronco principal de la izquierda abertzale ha sido, hasta ahora, su carácter combativo. ¿De aquí en adelante? Yo no quiero hacer política en función de la sospecha de lo que pueda pasar de aquí en adelante. La izquierda abertzale, a diferencia de otros grupos, ha sabido arriesgarse, sufriendo ilegalización, pérdida de bienes, etc. Y, además, aunque no estábamos de acuerdo en muchas cosas, como la lucha armada, ha demostrado que no son unos poltroneros. Es verdad que en este momento le queda un debate pendiente de aclaración: si hasta ahora el debate era entre lucha política y lucha militar, ahora el debate será cómo fijar su posición respecto al sistema político desde una perspectiva movilizadora, esto es, si se adapta a los límites del sistema, aunque sea desde posiciones de izquierda, o si, en la medida y en la velocidad que pueda, quiere ir más allá. Entre nosotros hay gente que dice que el programa electoral de EHB no es verdaderamente anticapitalista. Y sí, es cierto; el programa de Syriza tampoco era anticapitalista puro, pero tenía algunos elementos para hacer frente al capitalismo y se concentraba en ellos. Y yo creo que, actualmente, para dar la vuelta a la situación necesitamos un espacio así. Yo pienso que EHB puede hacer eso, si detrás se consigue formar un movimiento social potente que le presione, porque 21 o 24 parlamentarios, si no obtienen el gobierno, no tienen mucha importancia. Lo importante es la fuerza social que sea capaz de movilizar tras sus objetivos y que exista un movimiento social autónomo que plantee sus reivindicaciones con fuerza y claridad. Las presiones, a la Diputación Foral de Gipuzkoa y al Ayuntamiento de San Sebastián [gobernados ambos en minoría por Bildu], siempre les vienen de un mismo lugar, los poderes fácticos. La cuestión no es sólo lo que Bildu pueda hacer por sí mismo, sino también qué capacidad tienen el movimiento popular y los sindicatos para impulsar sus propuestas.

Has hablado del miedo en la izquierda a adaptarse a los valores de derecha al poco de asumir tareas de gobierno, pero, viendo los resultados de las elecciones del 21 de octubre en Guipúzcoa, parece que parte de los electores de EHB está más a la derecha que sus representantes: ha pasado de rozar la mayoría absoluta en las Juntas Generales a un empate técnico con el PNV.

Éste es uno de los debates de estos días, pero yo no tengo claro cuál es el fenómeno subyacente. Por un lado, cada elección es diferente. Y, a mi juicio, para coaliciones como Bildu, las elecciones más favorables son las municipales y las forales; las peores, las estatales, tanto para ellos como para el PNV. En mi opinión, las más favorables para el PNV son las autonómicas, porque el PNV es un grupo referencial en torno al Gobierno vasco; ésa ha sido su historia. Aquí lo paradójico es que los partidos que forman EHB obtuvieron su mejor resultado en las elecciones estatales, con Amaiur. Por eso podía pensarse que seguiría subiendo. En cambio, en este momento ha tocado techo precisamente en el territorio en que estaba más avanzado, en Guipúzcoa, y en los demás acaso tenga todavía espacio antes de tocar techo. Hay también otro elemento: en estas elecciones los escindidos de EA, Hamaikabat, han pedido el voto para el PNV y todos sus antiguos cargos han hecho campaña para el PNV. Y, en Guipúzcoa, Hamaikabat era el sector mayoritario de EA, a diferencia de lo que ocurría en Álava, Navarra y Vizcaya. Y también podría ser que algunas cosas no las hayan planteado bien o que en algunas localidades les haya ido mal por lo del sistema de recogida de basuras puerta a puerta. En ese aspecto, hay que denunciar el conflicto, totalmente injustificado, que han creado en muchos pueblos tanto el PNV como el PSOE con el apoyo del Diario Vasco [diario perteneciente al grupo Vocento —propietario, entre otros, de Abc— y el más leído en Guipúzcoa]. Es aun más denunciable en el caso del PSOE, porque, inicialmente, en el Ayuntamiento de San Sebastián [gobernado anteriormente por el PSE-PSOE] estaba en esa vía; después dijo que no lo pudo llevar a la práctica, porque no tenía mayoría suficiente. Ahora se ha puesto en contra con la fuerza del converso; ha habido un debate nunca visto y se ha emprendido en contra una campaña terrible: que si los malos olores, que si no era higiénico, que si era caro, complicado, decían de todo. En Oiartzun [lugar de residencia de Bikila], cuando se puso en marcha se vio lo fácil y adecuado que era: no hay malos olores, no hay nada. Una buena cosa que tiene el puerta a puerta es que te obliga a responsabilizarte de tus propios residuos. Pero cuando te has acostumbrado, es muy fácil. No obstante, la pérdida de votos ha sido, sobre todo, en la capital; en el resto, no tanto. Para Bildu es más fácil mantener la Diputación con la fuerza del resto de la provincia que la capital.

Durante la campaña electoral, el candidato a lehendakari del PNV, Iñigo Urkullu, ha afirmado que el nuevo gobierno tendrá que hacer recortes y que el “modelo social” de EHB “no garantiza la salida de la crisis”. El candidato del PP, Antonio Basagoiti, ha declarado que “gane quien gane tendrá que hacer recortes”.

En mi modesta opinión, el PNV no es el PP, tampoco es el PSOE, pero hemos visto que, a pesar de que la dureza del PP sea diez veces mayor, el ataque sociopolítico que estamos sufriendo empezó con el PSOE. Desde ese punto de vista, el PNV, como CiU, irá por esa línea, son grupos de derecha. El PNV no es uno de esos neoliberales feroces, pero acepta la lógica neoliberal y, seguramente, responderá a lo que le venga de arriba del mismo modo que han respondido todos hasta ahora. Igual que hace años Anguita decía programa, programa, programa, estos dicen recorte, recorte, recorte. Y luego hay matices. ¿Dónde podrían estar esos matices? La socialdemocracia en este momento dice que no bastan los recortes y que también hay que reforzar la producción y el desarrollo. El PNV habla en términos parecidos y, además, tiene una sensibilidad social de que carece el PP. Pero, en general, el PNV, como el resto de partidos de derecha, aplicará una política de recortes que, seguramente, se notará en todos los ámbitos: en la enseñanza, la sanidad y en muchos otros. ¿Cuánto? Por una parte, habrá que ver hasta qué punto están dispuestos a desmantelar las instituciones, escuelas y sanidad que ellos mismos construyeron en su época. Lo más pernicioso de la influencia neoliberal es que ha condicionado las ideologías y el imaginario de los políticos de modo que no les resulta posible siquiera concebir otro tipo de sociedad. Yo albergo algunas dudas sobre la capacidad de EHB para levantar una auténtica alternativa de izquierdas y ni su programa ni algunos comportamientos llamados pragmáticos me las despejan. De su programa se deducen cosas interesantes, pero también demasiado genéricas como para saber qué harán en el ámbito socioeconómico. Por otra parte, empero, ha planteado medidas e instrumentos interesantes para hacer frente a la crisis. Por ejemplo, en estas elecciones ha subrayado que no aceptarán que las deudas se carguen sobre la espalda del pueblo. ¿Hasta qué punto lo llevará a la práctica? Al menos la declaración es clara. Luego habrá que ver cómo la aplica la Diputación Foral de Gipuzkoa. La segunda cuestión es que no quieren ni impulsarán las infraestructuras que provocan tanto una destrucción medioambiental como unos daños económico-sociales tremendos. Y lo que también han dicho y para mí es más importante es que trabajaron para construir una banca pública a escala del País Vasco. Una banca pública sería muy importante para obtener dinero para financiar los proyectos socialmente necesarios, tapar agujeros, etc. Por todo ello, no puedo basarme en las dudas, por razonadas y razonables que sean, para echar por la borda las esperanzas y potencialidades que suscita EHB.

De cara a concluir acuerdos de gobierno, Urkullu ha anunciado que no excluirá a ninguna fuerza. La candidata a lehendakari de EHB, Laura Mintegi, denunció en un debate electoral que el PNV y el PSE tenían un acuerdo oculto de gobierno. Sin embargo, en las Juntas Generales de Bizkaia, el PNV pactó los presupuestos directamente con el PP.

Odio dos cosas de la retórica política oficial. Una es decir eso: “Hablaremos con todos e intentaremos concluir acuerdos con todos”. Y la otra es decir: “Yo trabajaré para todo el país”. Ambas son mentiras totales; no es posible trabajar con todos y para todos, teniendo en cuenta que aquí hay ricos y pobres, opresores y oprimidos. Y con las alianzas sucede lo mismo; el señor Urkullu sabe cómo es el mapa político y qué quiere, qué pide y a qué está dispuesto cada partido. Y, por eso, a mi juicio, su hipótesis es muy clara: gobernar solos —tienen, además, la posibilidad de hacerlo— y, en función de la cuestión de que se trate, pactar con unos u otros. ¿Los presupuestos? Si el PSE no se presta, los pactarán con el PP. ¿En otras cuestiones como, por ejemplo, la autodeterminación o el euskera? En un momento determinado acaso puedan solicitar el apoyo de EHB. En la época de Ibarretxe se vieron obligados a pactar con EA y EB, pero actualmente no tienen necesidad de ello. En lo tocante a esa cuestión me parece más preocupante que EHB, en su primera comparecencia, haya dicho que está dispuesta a pactar con el PNV para hacer país. Espero que sea pura retórica, porque EHB sabe que para construir ese mencionado país los consensos que pueda tener con el PNV son muy escasos. Empezando por las infraestructuras que EHB denuncia o por los debates en torno a la enseñanza o la salud. Ahí no es posible, desde un punto de vista de izquierda, pactar con el PNV. Las líneas rojas son muy claras.

¿Cuáles son esas líneas rojas?

Se verán en los presupuestos. Aquí seguramente EHB se verá obligada a presentar una enmienda a la totalidad. En la cuestión del TAV, primero el PNV, después el PP y ahora nuevamente el PNV están empecinados en que hay que acabar esa obra, sabiendo, por una parte, que es ecológicamente desastroso y, por la otra, que están metiendo ahí un dineral que es muy necesario para otras cuestiones. Y que, además, que una vez acabado, tendrán que seguir metiendo un dineral, porque será totalmente deficitario. Y lo mismo ocurrirá con otras muchas cuestiones.

En algunas ciudades españolas hay trenes de alta velocidad sin viajeros.

Sí, y, por el contrario, es harto necesario construir un sistema de transporte de cercanías y el dinero se va en una dirección y no en la otra. Para nosotros sería muy necesario, además, considerando la geografía vasca, que hubiera una red ferroviaria de cercanías para llegar a todas partes y que permitiera llegar en cerca de una hora de una punta a la otra.

¿Por qué están tan empecinados con el TAV?

Ahí entran muchas cuestiones. Ahí se ha invertido mucho y los empresarios del entorno del PNV han obtenido un dineral tremendo, porque la mayor parte de las concesiones se las adjudicaron, en su momento, a gente de su órbita. Pero, por otra parte, el PNV tiene una visión hiperdesarrollista; piensa que el lugar País Vasco está en el capitalismo “avanzado” y que, para ello, hay que conectar al País Vasco con el mundo mediante un medio de transporte como ése. Y luego se ve que no es necesario, pero ellos tienen eso muy asumido. Y también hay que decir que ahí ha habido otro problema político: ETA estaba en contra. A mi juicio, el compromiso del Gobierno de España con el proyecto tiene mucho que ver con eso, porque, a decir verdad, al principio Madrid no veía con muchas ganas la Y vasca, porque aquí las distancias son muy cortas para conectar con Madrid y un tren así en una distancia de cien kilómetros ¿para qué? Entre que se pone en marcha y se para, ya ha pasado el tiempo.

Y tampoco está nada claro si pasará por el País Vasco septentrional…

No está claro si se construirá más allá de Vitoria ni tampoco dónde acabará en lo tocante a Navarra. Podría ocurrir que las conexiones quedaran interrumpidas.

Con los partidos nacionalistas vascos con dos tercios de los escaños del Parlamento, ¿prevés algún paso hacia la independencia?

Aquí todavía no hay la oleada que se da en Cataluña. En Cataluña, el proceso de elaboración y aprobación del nuevo Estatuto y la humillación que sufrió el pueblo catalán —se había cumplido con todos los trámites legales y, al final, el PP lo recurrió ante el Tribunal Constitucional— levantó muchas ampollas. Y, luego, en época de crisis, como CiU es muy hábil, ha imputado su gestión neoliberal a Madrid, a la falta de financiación. Y eso es una parte de la verdad. La otra es que lo que CiU misma ha hecho. Pero todo eso se ha reflejado y ha tomado cuerpo en la reivindicación nacional, en un alejamiento de España. Aquí la cosa ha ido de modo distinto. Aquí ha habido una particularidad; en Madrid le dieron un bofetón a Ibarretxe cuando se aprobó su plan, pero por razones derivadas de la estrategia de la izquierda abertzale, por una parte, y del PNV, por la otra, no hubo ninguna respuesta. Por otra parte, durante los últimos años había habido un debilitamiento del abertzalismo, al que se ha dado la vuelta en este momento. Y es cierto que el independentismo ha crecido, pero es todavía un independentismo ideológico y militante; ese independentismo sociológico amplio y plural que se ve en Cataluña aquí aún no existe. Podría ser un paso adelante la nueva mayoría abertzale, pero, a mi juicio, la cuestión se centrará más en torno a la autodeterminación o el derecho a decidir que en la independencia pura. Actualmente, la lucha política se centrará más en el ámbito de la desobediencia, en llevar al Parlamento la reivindicación de la soberanía, fórmulas que no serán muy auténticamente independentistas. Pero tampoco hay que descartar un salto brusco. Hay un ambiente para avanzar, porque hay una reavivación del soberanismo y, además, cuestiones como las de Cataluña o Escocia se afianzan en el imaginario colectivo. El viejo imperio inglés ha pactado un referéndum con los escoceses y, aquí, mencionas cualquier cosa y te amenazan con los tanques. Eso crea desafección respecto a España.

Urkullu ha dicho que intentará que, en esta legislatura, la CAV obtenga un status político nuevo. ¿Qué esperáis en ese ámbito? ¿Un nuevo Estatuto?

Si los catalanes salen adelante, acaso se verá obligado a hacer algo. Si Mas hace lo que ha dicho: que avanzará, legalmente o al margen de la ley, creará problemas al PNV. Si no lo hace, Urkullu estará tranquilo en ese aspecto y se dedicará más a gestionar otros ámbitos, la crisis, etc. Pero lo cierto es  que ahí tampoco tiene mucho margen de maniobra.

¿Qué valoración hacéis del primer año de gestión de Bildu en la miríada de ayuntamientos en que gobierna y, sobre todo, en la Diputación Foral de Gipuzkoa?

Diría que tengo una visión favorable, pero no exenta de crítica. Por ejemplo, no veo una dirección totalmente definida. Entre ellos mismos se ven tendencias pragmáticas, en algunos casos, y tendencias antisistémicas, en otros. No tengo claro quién vencerá y, además, todavía no han mostrado cómo quieren aplicar esa estrategia rupturista. Y eso provoca movimientos distintos. Por ejemplo, yo estoy muy de acuerdo con la decisión que han tomado de implantar en Guipúzcoa el sistema de recogida de basuras puerta a puerta. Sobre cómo lo han hecho hay debate entre ellos mismos, si lo han hecho del todo bien o no, pero estoy totalmente de acuerdo con la idea de que aquí para reciclar hay que dar un gran paso y que ese paso no se garantiza con la vía seguida hasta ahora ni con el quinto contenedor. Muy bien también la posición que ha mostrado Bildu desde el principio contra las macroinfraestructuras. En cambio, creo que se han equivocado con el acuerdo de creación de Kutxabank. No sé hasta qué punto se vieron obligados, pero, actualmente, ese proceso de bancarización es muy perjudicial y todas las supuestas garantías no servirán de nada cuando decidan, mediante la privatización, desmantelar la acción social del nuevo banco. El asunto de la reforma fiscal no lo tengo claro. Por un lado, la denuncia de ELA tiene razón en muchos aspectos, pero, por otro, los especialistas de Bildu han alegado que no plantean que ésta sea su estrategia, sino que tenían que dar un primer paso, aunque fuera mínimo, para, después, dar otros. Por tanto, habrá que ver, cuando apliquen la nueva política fiscal en su totalidad, por dónde va. En cualquier caso, es cierto que han dado algunos pasos y, en el ámbito fiscal,  se ve que Guipúzcoa es diferente a Vizcaya o Álava [cuyas diputaciones están gobernadas por el PNV y el PP, respectivamente].  

Notas: (1) Partido conservador actualmente gobernante en Navarra y partidario del mantenimiento de la separación política de Navarra del resto del País Vasco. Durante muchos años ha sido la marca del PP en Navarra, si bien tras los acuerdos de reciprocidad con el PSOE consistentes en que el PSN no se opusiera a la investidura del candidato de UPN, Miguel Sanz, para la legislatura 2007-2011 y la UPN no votara en contra de los presupuestos del PSOE en el Congreso español, el PP creó su propia marca en Navarra (PPN) y arrastró a un sector de UPN. (2) Candidatura formada por HB y sectores de Zutik y Batzarre en el contexto inmediatamente posterior a la tregua declarada por ETA en septiembre de 1998 en el marco del acuerdo en pro de la resolución del conflicto vasco-español suscrito por una miríada de organizaciones políticas, sindicales y sociales conocido como Acuerdo de Lizarra-Garazi. (3) Sindicato vasco surgido de la escisión de la corriente de Izquierda Sindical de CCOO y cuya política sindical actual se alinea, de modo crítico, con la mayoría formada por los sindicatos de clase ELA, LAB, los profesionales EILAS e Hiru y el sindicato campesino EHNE.

Joxe Iriarte “Bikila” es un histórico militante antifranquista vasco, dirigente del movimiento asambleario en Renteria en los años 70, autor entre otros libros de ¿Los obreros tienen patria? (ed. Gakoa).

Entrevista realizada y traducida para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano

Fuente:
www.sinpermiso, 25 de noviembre de 2012