El nuevo PS holandés. Una máquina diseñada para crecer en tiempos de hegemonía de la derecha

Luca Tomassini

18/03/2007

 

“La nuestra es una máquina perfectamente adaptada para crecer en un período de hegemonía de la derecha"

Los  protagonistas «hemos construido una organización de activistas, con una fuerte raigambre local. Y lo hemos hecho en una de las sociedades más ricas del mundo». Viaje al SP. A izquierda, la revelación política de las últimas elecciones holandesas. Votos triplicados, afiliados en continuo aumento y muchas ganas de vencer a los socialdemócratas. Escribe Luca Tomassini, enviado especial de Il Manifesto a Ámsterdam.

Enviado a Amsterdam, la cita con Hans van Heiningen es a las nueve de la mañana, en su habitación en Amsterdam sur. No lejos se halla una de las principales mezquitas de la ciudad, al centro de las polémicas suscitadas el año pasado por la expulsión de un imán de Holanda.

Cincuenta y cuatro años, de los cuales ocho fueron vividos con su mujer médica en la Nicaragua sandinista, durante mucho tiempo activo en aquel movimiento que, a partir de los años '80, transformó el centro de su ciudad en una caleidoscópica jungla de casas ocupadas, ha estado entre los principales animadores de la oposición a la guerra en Irak.

En 2002 el gran salto: se inscribe en el Partido socialista (SP) para llegar a ser, luego de tres años, secretario nacional de organización. Una "carrera" fulgurante que no es una excepción sino la regla en una organización fundada en 1972 por un puñado de maoístas y salida de las elecciones nacionales del pasado 22 de noviembre como la verdadera revelación de la escena política holandesa, volando del 6 al 17% de los votos.

Una rápida ojeada al departamento, un café y luego en auto hacia Het land van ooit («El país de nunca jamás»), un parque de diversiones estilo fantasía-medieval en el Noord-Brabant, para sumergirse en la campaña electoral con miras al voto regional del  pasado miércoles. «De aquí precisamente nació el SP - cuenta van Heiningen mientras un muro de lluvia se abate sobre el parabrisas -. Nuestras raíces están en los pequeños centros del sur católico, desde aquí se ha iniciado nuestro asedio a la ciudad».

Asedio largamente logrado, y no sólo electoralmente: el número de los militantes, caso único en Holanda, está en crecimiento vertiginoso. Y el año pasado Jan Marijnissen, presidente y líder indiscutido del partido desde más de veinte años, se presentó con un ramo de flores en la casa de la inscripta número 50 mil, una joven de origen turco residente en Ámsterdam que lo recibió con el pelo cubierto con un velo. Van Heiningen explica que «somos un espejo de la sociedad holandesa, también en lo que respecta a la presencia de los inmigrantes: somos un partido popular, de activistas, con un fuerte arraigo local. Y hemos logrado hacer todo esto en una de las sociedades más ricas del mundo, en donde el problema no es por cierto la lucha de clases: mejor denunciar la vergüenza de que el 10% de los jóvenes holandeses viva en la pobreza».

Quizás esté justamente aquí lo que ha sido definido como "el secreto de Oss", por el nombre del pequeño centro donde Marijnissen nació y que le ha dado al partido los primeros representantes electos locales en el ya lejano 1974: en el enfoque práctico, "postideológico", en la capacidad de dar respuesta a las necesidades cotidianas de las personas. Luchas por el derecho a la casa, por la defensa del ambiente, contra la privatización de los servicios públicos locales, el compromiso en las voedselbanken, organismos que recolectan en los supermercados productos desechados para distribuirlos entre los pobres. Y esto, de consuno con gentes muy distintas, desde el colectivo de jóvenes radicales hasta las asociaciones caritativas cristianas. «¿Qué me impactó más – dice cuando estacionamos – cuando entré en el partido? La eficacia. La nuestra es una máquina perfectamente adaptada para crecer en un período de hegemonía de la derecha". Van Heiningen muestra una copia del Volkskrant, el segundo diario del país, de tendencia socialdemócrata, en cuyas páginas el conocido articulista Henrik-Jan Scoo declara sin recato su voto: «Es hora  de que la política se haga más humana y social, en el jardín de casa, lo mismo que en la capital. Y a veces, el SP parece ser el único verdadero partido político sobreviviente: serio, concreto y capaz de movilizar».

Mas tal vez no todo radique en eso. En un país atravesado por una religiosidad profunda, que en los años '70 se enamoró del entonces líder socialdemócrata (PvdA), Joop den Uyl y de su propuesta de salarios iguales para todos, los diputados del SP, que entregan su sueldo entero al partido para recibir 2.000 euros al mes, no pueden sino despertar confianza. Otro tanto ocurre con la orgullosa reivindicación de sus orígenes obreros por parte del propio Marijnissen, el único político de cierto relieve que no se ha mudado a La Haya, la capital. Un "estilo" recomendado por un verdadero manual para uso de militantes, pergeñado hace cerca de diez años y significativamente intitulado Lokaal Actief, en donde se dedica mucho espacio al ejemplo que cada afiliado al partido está llamado a dar.
«Experimentamos en nosotros mismos qué significa vivir de manera modesta, como socialistas», explica van Heiningen mientras pasamos entre bicicletas con remolques con forma de tomate mediante los que se distribuye sopa de tomate. Jóvenes con tomates pintados en el rostro distribuyen esponjas con forma de tomate, y los mayores beben cerveza apoyando sus copas en posavasos de cartón en forma de tomate. A lo lejos, una pequeña multitud circunda el Fiat 500 rojo-tomate usado por Marijnissen en campañas electorales.

Inútil decirlo, el «tomate» es el símbolo del partido desde 1994. En aquel año, Marijnissen ingresaba en el Parlamento después de una agresiva campaña contra el PvdA di Wim Kok, que propugnaba una coalición "púrpura" con los liberales (Vvd) y se aprestaba a empezar una etapa de derechos civiles y liberalismo. El eslogan era «Vota contra, vota SP», sobre un manifiesto con el dibujo de un hombre en el acto de lanzar, justamente, un tomate contra el palacio del gobierno.

Dentro del parque hay de todo, espectáculos para los niños y conciertos estilo roaring sixties para los más grandes, en espera de los comicios finales. Mikie, 19 años, pechera roja, diploma técnico e inscripta en una carrera breve, viene de Tilburg, en el Sur: "En el SP aprendo qué es la política. Conocí mucha gente y también aprendí algo más sobre mí misma. Es importante encontrar personas diferentes de uno mismo". ¿Pero por qué precisamente el SP? «Son los únicos que hacen verdaderamente algo por los jóvenes: centros sociales, actividades recreativas, iniciativas culturales. Y además, la casa». A Ton, estudiante universitario en Amsterdam, le gusta «su poder de concreción». Dice querer una sociedad más humana y solidaria y también él insiste en el hecho de que con el SP aprende «a conocer la política».

¿Y Pim Fortuyn, Theo van Ghog y las tensiones desencadenadas después del 11
de septiembre de 2001? «Es verdad, hay un racismo extendido. Las personas están solas, asustadas y por esto se parapetan en sus casas. Mientras los políticos no hacen otra cosa que inducirlas a tener cada vez más miedo».

Tras recibir un premio al mejor programa electoral, es la hora de los comicios, comienza a decir el senador Tiny Cox. Cuando dice a voz en grito que no tardará el SP a superar al PvdA, los aplausos son atronadores, y cuando pregunta cuántos, entre los presentes, son antiguos votantes de los socialdemócratas, al menos la mitad de la sala alza la mano. Llega el turno de Marijnissen, que salta sobre el palco morralito en mano, y saluda casi como un juglar: no descuida la ocasión de arrojar sobre el PvdA las responsabilidades por la fallida formación de una coalición de izquierda. Ahora la consigna del momento: «Vota para, vota SP»: «El problema ya no es si llegaremos al gobierno, sino cuándo». Más aplausos.

El objetivo es claro y los cuatro años de oposición que probablemente le esperen al partido de Marijnissen servirán para consolidar la organización. «Me he dado este tiempo para transformar la cantidad en calidad –explica van Heiningen, camino de regreso–, por eso
estamos intensificando los esfuerzos en la formación de los cuadros».

Un argumento caro a Ronald van Raak, 37 años, senador antes, y ahora diputado a la cabeza del "departamento cultural". No se define marxista pero acaba de publicar el volumen Una vida plena y roja, en donde, junto a otros autores, se comenta varios textos de la tradición socialista. Vive en Ámsterdam y lo encontramos en el muy céntrico café de Balie, a dos pasos de la universidad. «Somos un partido popular –repite también él–, pero los intelectuales comienzan a acercarse. Hay dos problemas, uno ligado a la su edad, el otro que definiría más acertadamente como de clase. Los más viejos están con nosotros pero permanecen ligados al PvdA. Y además, los intelectuales son individualistas, les cuesta encontrar su puesto en un partido de militantes. Pero para los jóvenes el discurso es diferente, se acercan a nosotros y buscan más que un simple sueldo».

Habla del curso Marx for dummies [Marx para tontitos], organizado el verano pasado, y
anuncia uno sobre la historia del movimiento socialista: «Pero no nos identificamos con ninguna corriente de pensamiento», precisa. Quizás, para comprender, es preciso recordar que en Holanda, dejando de lado a Spinoza, no han existido teóricos políticos de relieve. Pero Van Raak sugiere también ir a Rotterdam a ver una lección de Actievoering, activismo organizado.

Allí, en la  espartana dirección nacional del partido, nos espera Leo de Kleijn, consejero comunal, afiliado en el 2002 después de años en Socialist International, una pequeña organización de inspiración trotskista que el año pasado entró en la SP pero fue rápidamente expulsada: «Se comportaron de una manera demasiado grosera se presentaban a las reuniones con sus propias banderas". Es el único caso de sanciones disciplinarias del que hemos tenido conocimiento en un partido que, sin embargo, ha conocido momentos de intenso debate interno. Por ejemplo, cuando "reconoció" a la OTAN y muchos militantes "temieron ver al SP terminar de la misma manera que el PvdA".

Las lecciones de Actievoering se desarrollan en un centro social, y una veintena de personas siguen a Mark, armado de un ordenador y un proyector. Entre las máximas en la pantalla: «No hay derecho de palabra sin investigación», además de una larga lista de indicaciones prácticas, centradas en la relación con las personas, con sus necesidades, y un rotundo «servir al pueblo». Finalmente llega el momento de las propuestas de los "estudiantes": los rubios coinciden en la ocupación de casas; los inmigrantes y sus hijos confluyen más bien en iniciativas contra la derecha racista. Iniciativa rechazada, porque, como explica Mark, «así se desencadenan emociones que impiden  razonar, convencer. Mejor llevar a aquellas personas con nosotros a tomar posesión de un apartamento».

Luca Tomassini es un periodista italiano que colabora regularmente con el cotidiano comunista Il Manifesto.

Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo González-Bertomeu

Fuente:
Il Manifesto, 11 marzo 2007