Yousef Munayyer
14/03/2010
[Boceto artístico de la nueva ciudad propuesta, Rawabi, a seis millas al norte de Ramala, que espera atraer a jóvenes profesionales. Cuenta con bloques de apartamentos, olivos y zonas de paseo situadas a la sombra. Fotografía: Public Domain]
Hace poco recibí un folleto a todo color impreso en papel caro que hacía publicidad de un proyecto de desarrollo. Ese ambicioso plan consiste en erigir una nueva ciudad palestina, "Rawabi", en Cisjordania.
Las brillantes imágenes no son las de la Palestina que yo conozco. Las excavadoras no se dedican a demoler viviendas sino que limpian el terreno para dejar espacio a la nueva ciudad. Las élites palestinas apropiadas apartecen en suntuosas salas de juntas con socios extranjeros. Los edificios blancos, simétricos, típicos de los asentamientos israelíes en lo alto de las colinas, forman parte en cambio de la maqueta del futuro proyecto de urbanización.
Está diseñado para inversores laicos, occidentales. Las mujeres que aparecen no llevan en la cabeza el tradicional pañuelo común entre la mayoría de las mujeres palestinas y la barba más larga pertenece a un sacerdote cristiano ortodoxo. El folleto también retrata una Palestina sin ocupación: independiente y capaz de asegurarse inversiones.
La realidad es radicalmente diferente; Israel ocupa Cisjordania y bloquea Gaza por medio de puestos de control y controles de carretera que a menudo cierran arbitrariamente. El agua la controla desproporcionadamente una clase formada por colonos que disponen de carreteras sólo para judíos.
Puede que Rawabi ni siquiera tenga éxito. El solar está rodeado por asentamientos israelíes y las carreteras que la conectarían a otras ciudades no han sido aprobadas por la autoridad última sobre el territorio: el gobierno israelí. Rawabi, en si misma, no es problemática. Más que el discurso extravagante y cada vez más oido en el que se inserta, es causa de mayor alarma el discurso que recalca un desarrollo previo a la independencia. Así se evidencia en un nuevo documento de la Autoridad Palestina (AP) titulado Palestina: Avanzar, [1] sobre las enormes instituciones que la AP intenta desarrollar para "establecer el estado de Palestina en dos años". (Hussein Ibish debatía ayer esto aquí mismo). [2]
Pero dadas las realidades de la ocupación, las mismas realidades ignoradas en el reluciente folleto de Rawabi, uno ha de preguntarse: "¿Avanzando hacia qué, exactamente?". Con escasos cambios en el frente político, agravado por la expansión de los asentamientos, la demolición de viviendas en el Jerusalén oriental árabe y las declaraciones israelíes que hablan de conservar los asentamientos en lo más profundo de Cisjordania [3] y controlar el Valle del Jordán, es difícil imaginar que estas condiciones fomenten en absoluto algún avance. Por el contrario, las iniciativas de desarrollo en el contexto político actual impulsan a los palestinos en tres direcciones, y ninguna de ellas está encaminada a liberarse de la ocupación:
1. Sedación El cuento del desarrollo aplaca de modo temporal a los palestinos que han vivido durante largo tiempo bajo la ocupación. Las historias de éxito sobre crecimiento, mayores salarios, descenso del desempleo, así como la visión de nuevos edificios construidos en el centro de las ciudades alivia la desesperación de la gente. Israel ha facilitado esto en la medida en que convenía a su seguridad, permitiendo un espacio limitado de desarrollo y crecimiento palestino en las ciudades palestinas de Cisjordania. El magro éxito económico hace que los palestinos alberguen la esperanza de un futuro más brillante pese a la ocupación. Las masas han sido pulverizadas hasta el punto de que han comenzado a aceptar la falsa elección entre moderada calidad de vida y libertad/autodeterminación política.
2. Dependencia Mientras la mayoría de los estados desean poder escapar de la maldición de la dependencia, las iniciativas de construcción de instituciones delineadas por la AP parecen no poner en peligro la futura economía de la perpetua dependencia. La economía de Cisjordania es ya enormemente dependiente de Israel. Amputada antinaturalmente de lo que era históricamente una sola economía, Cisjordania dependerá de Israel para el futuro. Sin un Estado alcanzable a la vista que pueda apoyar la independencia de una economía palestina mediante medidas políticas, el desarrollo palestino va inevitablemente a chocar con el techo de cristal estructurado por los intereses israelíes.
Por añadidura, el documento indica que ejecutar estos planes exige una exorbitante inversión internacional. Sólo el 25% de los costes tienen ya financiación, mientras que el 51% espera donantes internacionales y fondos para la inversión. El dinero internacional llega con condiciones internacionales. Para una nación que trata de alcanzar su liberación, una independencia económica que se vea comprometida traerá sin duda una independencia política comprometida, haciendo más difícil la lucha por una resolución justa de la cuestión palestina. Cualquier estado que acepta una ayuda exterior de consideración para la construcción de instituciones domésticas debería preocuparse de su independencia en el futuro, y para una Palestina sin estado la preocupación debería ser mayor.
3. División El plan incluye una nota a pie de página importante, pero que no llama la atención, relativa a Gaza. Los planes para el desarrollo de Gaza se aplicarán "una vez que la Autoridad Nacional Palestina disponga de capacidad para realizarlos". Hasta que no se llegue a una solución política a la división palestina, los planes de desarrollo continuarán en Cisjordania, pero no en Gaza. Puesto que ese acuerdo parece remoto, y la continuación de la división palestina conviene a los intereses de Israel, la potencia dominante, es improbable que esté más cerca el cambio de Gaza. Así pues, se lleva a cabo el trabajo preliminar de base para abrir una brecha cada vez mayor entre la calidad de la vida de los palestinos de Gaza y la de los de Cisjordania, y también entre una reducida clase, una élite de negocios que espera beneficiarse de algunos proyectos, y la mayoría de la población palestina que no. Las diferencias económicas impregnarán el diálogo político y cultural, conforme los palestinos de Cisjordania intentan vivir, mientras los palestinos de Gaza intentan sobrevivir.
Desarrollo no es mala palabra. Toda nación aspira a desarrollar y construir sus instituciones políticas, económicas y culturales. Sin embargo, una estrategia nacional palestina de desarrollo que ignore el contexto de la ocupación y la divorcie de la lucha por la independencia no sólo es ingenua e irresponsable sino que puede tener peligrosas implicaciones para el futuro de Palestina y su pueblo.
NOTAS T: [1] Palestine: Moving Forward. Priority Interventions for 2010. Ministry of Planning and Administrative Development, Ministry of Finance, Palestinian Authority. [2] Hussein Ibish, "A Real Plan to Build Palestine", The Guardian, 2 de febrero de 2010. [3] "PM: Ariel is the capital of Samaria", The Jerusalem Post, 29 de enero de 2010.
Yousef Munayyer es director ejecutivo del Palestine Center y del Jerusalem Fund for Education and Community Development.
Traducción parawww.sinpermiso.info: Lucas Antón

