Dos notas sobre Afganistán

Fatima Bhutto

Haroun Dada

21/08/2021

Afganistán: La derrota era inevitable

Fatima Bhutto

En la primavera de 1996, Owais Tohid, un periodista paquistaní muy conocido, viajó por Afganistán hablando con combatientes y comandantes talibán. Occidente no les entendía, le dijeron una y otra vez. “Los relojes los tienen los norteamericano”, le oyó a un joven talib que citaba al Mulá Omar, “pero el tiempo lo tenemos nosotros”.

Los Estados Unidos y sus asociados de lo OTAN tenían tecnología y armas, pero los talibán luchaban por su país. Pese a toda su sofistería, Occidente carecía de persistencia. La arrogancia de Occidente no ha cambiado gran cosa: no importa el caso, imagina que puede aterrizar con su potencia militar sobre un territorio político y transformarlo para siempre. Pero la violencia no ha funcionado, ni una sola vez, en todas las desventuras de los Estados Unidos: no funcionó en Vietnam, Laos, Corea, Irak, Siria, Libia o Afganistán.

Lo mismo creían los vietnamitas durante su guerra con los Estados Unidos: mientras sigamos persistiendo, ganaremos. Lo dijo Ho Chi Minh: “Podéis matar a diez de mis hombre por cada uno que matamos de los vuestros. Pero incluso en esas circunstancias, perderéis vosotros y ganaré yo”. Persistencia. Los vietnamitas y los talibán controlaban el tiempo, y en última instancia, la victoria, porque la idea de país siempre será una fuerza mayor que el poder militar, la tecnología o la violencia.

Los ocupantes sólo pueden mantener un poder temporal, al final tienen que marcharse. Tienen que regresar a algún sitio. Pero no se puede derrotar a los hombres que luchan por su país. No les das alternativa, tienen que combatirte. No tienen adonde ir, adonde retirarse.

Se trata de una lección que los enfebrecidos colonizadores de Occidente no parecen aprender: Con el concepto de país, no de violencia, es cómo se ganan las guerras. La profunda incomprensión del Islam por parte de Occidente, y su petulante negativa a aprender algo acerca del mismo conforme lanzaban guerras por todo el mundo musulmán en las últimas décadas, sumada a esta ignorancia, es lo que hizo inevitable la derrota en Afganistán.

Haroun Dada: ‘La vida de la élite de Kabul no era la misma de los afganos del medio rural’

Haroun Dada

Antes de que los occidentales caigan una vez más en tildar de retrógrados a los afganos del medio rural por su indiferencia o apoyo a los talibán, debemos darnos cuenta de qué modo la falta de respeto al carácter sagrado de la vida a lo largo y ancho del campo de Afganistán ha contribuido a generar este sentimiento.

Cuando se analizan los fracasos de los Estados Unidos y del gobierno de Ghani, así como el éxito de los talibán, es crucial que entendamos la victimización de los afganos del medio rural a manos de las fuerzas norteamericanas y de la OTAN. Esas fuerzas mutilaron, torturaron y mataron afganos del campo, coleccionaban sus miembros por deporte. Llegaron a definir a muchachos adolescentes e inocentes como “combatientes enemigos” para justificar sus crímenes y falsificar sus estadísticas.

Pero además de entender los crímenes de guerra de las fuerzas norteamericanas y de la OTAN, tenemos que entender por qué los procesos de la capital y la democracia rara vez llegaban a los afganos del campo. Esto nos permitirá entender por qué se pudo socavar tan fácilmente la legitimidad del gobierno de Ghani.

Ghani no representaba a Afganistán: le votaron 923,592 afganos, es decir, un 2,5% de la población. Sólo un 4,75% de la población se sintió comprometida y/o segura como para llegar siquiera a votar en las últimas elecciones.

Por añadidura, ni Kabul ni otras ciudades afganas son representativas de donde viven los afganos: 28 millones del total de 38 millones de afganos viven en zonas rurales. La élite urbana no es representativa de los afganos: el 80% de los afganos depende de la agricultura de secano y del pastoreo de ganado para disponer de ingresos.

Persisten espantosos niveles de desigualdad económica, social y política entre los afganos del medio urbano y el medio rural. Esta desigualdad constituye un hecho conocido; los talibán no tuvieron más que explotarla, de manera semejante a los comunistas en los años 70, y derrocar al gobierno de Ghani.

Conforme reflexionamos sobre la guerra en Afganistán, es de crucial importancia que incorporemos la división entre lo urbano y lo rural, que toma en consideración la clase, la etnia y otros factores socieconómicos, a nuestra comprensión y valoración del actual estado de Afghanistan: los talibán ya lo hacen.

 

escritora paquistani nacida en Kabul, conocida por sus novelas y ensayos. Sobrina de Benazir Bhutto y nieta de Ali Bhutto, su libro “Songs of Blood and Sword” trata en detalle de su familia, la más célebre y controvertida dinastía política de Pakistán.
norteamericano de origen afgano radicado en Chicago, trabaja como consultor de gestión.
Fuente:
The Guardian, 18 de agosto de 2021
Temática: 
Traducción:
Lucas Antón