Paul Krugman
07/10/2007En 1960, John F. Kennedy, a quien impresionó el hambre que había visto en el oeste de Virginia, hizo de la lucha contra el hambre tema de su campaña presidencial. Tras su elección, creó el moderno programa de cartillas de alimento que hoy ayuda a millones de norteamericanos a conseguir comida suficiente.
Pero Ronald Reagan pensaba que el asunto del hambre en la nación más rica de la tierra no era sino pura broma. He aquí lo que dijo en el famoso discurso de 1964 ("Tiempo de elegir"), que le convirtió en una figura política nacional: "Se nos dijo hace cuatro años que cada noche 17 millones de personas se iban hambrientas a la cama. Está bien; probablemente es verdad. Estaban todos de dieta."
Los dirigentes conservadores de nuestros días descienden de Reagan. Si eres pobre, si no tienes seguro de salud, si estás enfermo: está bien; no creen que sea como para preocuparse. De hecho, piensan que es hasta divertido. El miércoles pasado, el presidente Bush vetó la legislación que habría ampliado el Programa Estatal de Seguros de Salud Infantil (SCHIP, por sus siglas en inglés), proporcionando asistencia a unos 3,8 millones de niños que ahora carecen de cobertura.
Anticipándose al veto, William Kristol, el editor de The Weekly Standard, tuvo esta ocurrencia: "Para empezar, cada vez que oigo hablar de que algo es un asalto desalmado a nuestros niños, tiendo a pensar que debe tratarse de una buena idea. Me encanta que el presidente se proponga hacerles algo malo a los pequeñines". Ja, ja, ja.
La mayoría de conservadores se andan con más cautelas que el señor Kristol. Tratan de mantener la apariencia de que realmente se preocupan de la suerte de quienes son menos afortunados que ellos. Pero la verdad es que les importa un higo que cerca de nueve millones de norteamericanos carezcan de seguro de salud. No creen que sea un problema.
"Yo pienso que la gente tiene acceso a la asistencia sanitaria en América", dijo el señor Bush en julio. "Después de todo, acabas yendo a una sala de urgencias".
Y el día del veto, el señor Bush quitó todo hierro al asunto de los niños sin cobertura sanitaria hablando de mito mediático. Aludiendo a los gastos de Medicaid que no consigue cubrir a muchos niños, declaró esto: "cuando dicen, bien, pobres niños, que están sin cobertura en América... si oyen eso en sus pantallas de TV, yo les digo que hay 35 mil quinientos millones de razones respaldas en dólares para no creerlo".
El ninguneo y la rechifla no toca sólo a los pobres. Los enfermos reciben el mismo trato.
Antes de la última elección, el actor Michael J. Fox, que sufre de Parkinson y se ha convertido en un defensor de la investigación con células madre que abre esperanzas de curación, hizo publicidad a favor de Claire McCaskill, la candidata Demócrata al Senado por Misuri. Publicidad muy efectiva, en parte porque la enfermedad del señor Fox resultaba obvia.
Y Rush Limbaugh desplegando el mismo estilo exhibido en su reciente afirmación de que los militares que se oponen a la guerra de Irak son "soldados de pega", culminada con la comparación del veterano que le afeaba esa afirmación con un hombre-bomba suicida acusó sin tardanza al señor Fox de hacer teatro:
"En ese comercial, aparece exagerando los efectos de la enfermedad. No para de moverse y de temblar. No es más que una actuación". Ja, ja, ja.
Está claro: minimizar y mofarse de los sufrimientos ajenos es una estrategia que se compadece bien con figuras políticas que abogan por impuestos más bajos para los ricos y menos ayudas para los pobres y los desdichados. Pero yo creo que la falta de empatía revelada por el señor Limbaugh, el señor Kristol, y, sí, el señor Bush es genuina, no fingida.
Mark Crispin Miller, el autor de The Bush Dyslexicon, hizo una vez una observación llamativa: ninguno de los célebres malapropismos del señor Bush "sé lo duro que le resulta a usted plantarse a la hora de alimentar a su familia", etc //1//. se ha producido en situaciones corrientes: en todos los casos se trataba de momentos en que el señor Bush buscaba sonar solícito y compasivo.
En cambio, Bush es articulado, y aun gramatical, cuando habla de castigar a la gente; entonces habla con el corazón. El único momento de animación que mostró Bush durante la inundación de Nueva Orléans fue cuando declaró "tolerancia cero con la gente que quebrante la ley", lo que incluía, claro está, a quienes penetraban en almacenes abandonados en busca de comida y de agua que no les proporcionaba la administración.
Lo que probablemente está ocurriendo es que el moderno movimiento conservador atrae a cierto tipo de personalidad. Si os identificáis con los caídos, aunque solo sea un poco, no sois de los nuestros. Si pensáis que la ridiculización es una respuesta adecuada a las cuitas de las otras personas, estáis en plena forma.
Y el desencanto Republicano con el señor Bush no parece señal de un cambio a este respecto. Al contrario, los más destacados candidatos a la nominación Republicana no han desperdiciado ocasión de condenar el "socialismo", que, en la lengua republicanesa del G.O.P. [Great Old Party], significa cualquier intento de ayudar a los menos afortunados.
Así pues, en resolución, si eres pobre o estás enfermo o no tienes cobertura sanitaria, recuerda esto: esa gente cree que tus problemas son la mar de divertidos.
NOTA T.: //1// "I know how hard it is for you to put food on your family", dijo Bush. No es idiomático en inglés hablar así para referirse a poner el plato en la mesa o alimentar (que es lo que quería decir Bush): pero "to put food" [literalmente, "poner comida"] suena exactamente igual que "to put foot", que sí es idiomático, y quiere decir "ser firme", "plantarse" ante las exigencias de alguien.
Paul Krugman es uno de los economistas más reconocidos académicamente del mundo, y uno de los más célebres gracias a su intensa actividad publicística y divulgativa desde las páginas del New York Times. Colaboró en su día con el grupo de asesores de economía del Presidente Clinton, pero la dinámica de la vida económica, social y política de los EEUU en el último lustro le ha llevado a diagnósticos tan drásticos como lúcidos del mundo contemporáneo.
Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro

