Chile: 50º Aniversario de la fundación del MIR

Pedro Alfonso Valdés Navarro

23/08/2015

"Y si la continuidad del MIR estuvo amenazada, si Contreras dijo en aquel fatídico 5 de octubre de 1974, “el MIR está muerto”, nosotros hoy respondemos: míranos Contreras, Pinochet, acá estamos presentes; los enemigos que matasteis están vivos. Y porque estamos vivos es que no habrá olvido y sí estamos vivos nuestra lucha fue justa y calamos en lo más hondo de nuestro pueblo”."

Jécar Neghme (1989)

Desde el 13 de agosto están teniendo lugar en Chile las conmemoraciones del 50º aniversario de la fundación en Concepción del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile. En una serie de actos en Santiago, Valparaíso, Arica, Concepción y Temuco se ha recordado una de las experiencias más interesantes, con sus errores y aciertos, de una organización revolucionaria en América Latina. Los actos pueden seguirse desde la página del MIR, que también recoge, a través del Instituto Bautista Van Schouwen, numerosos documentos históricos de la organización y la época.

El MIR nació en el ascenso de los años 60 que llevaría a Salvador Allende y a la Unidad Popular chilena al gobierno, fue capaz de resistir heroicamente al golpe de estado de Pinochet y a la larga dictadura militar y participar desde los movimientos sociales y sindicales a la reconstrucción del movimiento obrero y socialista chileno.

Pero el momento de su fundación, a mitad de los años 60 del siglo pasado, comienza a desdibujarse en la memoria y con la desaparición física de aquella generación de jóvenes revolucionarios que querían “ser como el che”. Nos ha parecido que ayudaría a volver a poner las cosas en su sitio, al menos el que le corresponde en la historia, recoger la introducción y las conclusiones del que sigue siendo el mejor estudio académico del nacimiento del MIR: Elementos teóricos en la formación y desarrollo del MIR durante el periodo 1965-1970, del historiador chileno Pedro Alfonso Valdés Navarro. SP

“El MIR chileno, fundado en 1967, llegó a ser quizás el movimiento más llamativo a escala internacional (el más sexy dijeron algunos, en vista del carisma y el atractivo de los hombres y mujeres de la juventud dorada de Santiago y Concepción que formaban la mayor parte de su dirigencia). También se lo puede considerar un movimiento esencialmente urbano, aunque siempre sostuvo que abarcaba un ala campesina y marginal urbana” La cita es recogida del connotado ensayista y político mexicano, Jorge Castañeda, en su interesante y controvertido ensayo, “La utopía desarmada” (pp. 95) y nos muestra una imagen juvenil, nueva y carismática del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Esta imagen es parcialmente errónea. No sólo por el año en que el autor mexicano da como fundacional del MIR, 1967, sino también por la identificación de este grupo con una historia generacional nueva. Los sesentas.

Esto contrastado con otras investigaciones nos arrojaban un panorama diferente. Nos mostraban un MIR nacido, en 1965 y con una primera dirigencia más bien madura y no juvenil. Con un porcentaje no menor de sus militantes pertenecientes a sindicatos, prueba de ello, a los pocos días de fundado el MIR, este lleva cerca de 25 delegados sindicales al IV congreso nacional de la CUT, en Agosto de 1965. Claramente este era otro MIR, y no la juventud dorada que habla Castañeda. ¿Podemos decir que existe una imagen correcta y otra errada?. Si podemos mencionar que el MIR que conoceremos es una buena interacción de ambos dibujos. Por una parte un grupo generacionalmente identificado con los nuevos procesos de cambios sociales y políticos de la segunda mitad del siglo XX, y otro dibujo en donde están presentes cuadros sindicales y que provienen de militancias desde antes de la segunda guerra mundial. Entonces, si estas imágenes son complementadas. ¿Cómo llegarían a confluir en el MIR estas edades y visiones de la política tan diversas? Más aún, estas visiones representaban corrientes del pensamiento revolucionario, pensamiento que después de las revoluciones china y cubana, de la constante crítica del trotskismo, y de la crisis entre el Moscú y Pekín, tenía múltiples variantes.

Una de las respuestas las menciona Luis Vitale en sus distintos estudios sobre el MIR. Pero la otra respuesta todavía estaba pendiente. Los estudios sobre el MIR durante el período fundacional son escasos, y los pocos que existen citan al mismo Vitale y/o a fuentes secundarias. Nos interesaba recoger estas experiencias y formarnos un panorama que nos develara cuales eran los elementos teóricos del MIR durante el período 1965-1970. Queríamos conocer más sobre esta cohabitación ideológica durante los cuatro primeros años, y si esta se había plasmado en un ideario político propio de la organización. Volviendo a lo anterior. Debía ser interesante, poder recoger cuales eran las influencias teóricas que jugaron al interior de la colectividad y como estas se complementaron, si, lo hicieron. Éramos optimistas frente al desafío ya que cada tradición revolucionaria recogía numerosa cantidad de elementos históricos, sociales y teóricos.

No era menos simbólico tampoco, que el lugar en donde se reunirían cerca de un centenar de delegados, fuera la sede del sindicato del cuero y calzado, dirigido por el anarquista Ernesto Miranda. Que uno de los convocantes fuera Clotario Blest, cristiano revolucionario. Y que el Secretario General haya sido Enrique Sepúlveda, quien recogió entre otros la influencia de Abelardo Ramos. La historia y la historia política esta plagada de imágenes simbólicas que nos hablan de representaciones, ideas y tradiciones. Estas estarían presentes en los primeros años de vida de la organización. Por contrapartida, su crecimiento fue pobre y su influencia social también.

Dentro de este análisis, identificaremos tres momentos en los cuales las concepciones políticas, tradiciones o corrientes del pensamiento revolucionario, van a marcar el devenir de la organización.

El primer abarca el período inicial donde la dirigencia recae en Enrique Sepúlveda, antiguo trotskista, y vinculado a las tesis nacionalistas revolucionarias. Desde Septiembre de 1965 hasta Diciembre de 1967.

El segundo instante lo comprende desde la dirigencia de Miguel Enríquez, joven revolucionario, educado bajo la tradición trotskista y cercano a posiciones armamentistas. Hasta el quiebre interno. Desde Diciembre de 1967 hasta Junio de 1969.

El tercer momento comienza con la división de parte importante de la dirigencia y un buen porcentaje de la militancia, lo que provoca la marginación de una de las tradiciones revolucionarias que se mantenía aun en el MIR.

Estos momentos deben estar explicados bajo un profundo análisis de cuales fueron estas tradiciones. Porque nacieron y cuales eran sus postulados. Relevante es entonces conocer las líneas estratégicas implementada por el PC y el PS, para poder entender las criticas de estas corrientes, y porque en numerosos casos, algunos militantes deciden separarse del PC o PS, o son expulsados, e integran una de las tantas experiencias y orgánicas revolucionaria de fines de los cincuentas.

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“El MIR surge desde un accionar práctico completamente audaz”. Esta frase pareciera condensar lo que generalmente se conoce de esta organización, o por lo menos lo que el resto de la sociedad comenzaba a entender de este puñado de jóvenes bien parecidos, que comenzaba a realizar a fines de 1968 con propósitos altruistas.

Este accionar se estructuró primero en base a una gran asamblea ideológica. Similar a como funcionaria la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM), y con una amplia posibilidad de divergir en torno al carácter de la revolución. Finalmente será este punto el que separe aguas a viejos camaradas que pretendieron iniciar un camino unificado de lucha, en circunstancias de que mas tarde este anhelo de inclusión terminara por mermar la disciplina y la cohesión política. Así llegaban a formar partido, llegaban a reunirse en un encuentro los verdaderos revolucionarios, viejos conocidos de militancia juvenil, de conversación y discusión política. Treinta años después volvían a converger Enrique Sepúlveda y Oscar Waiss. Esta idea de partido, una organización amplia y con poca rigurosidad en el control, se complementaba con el escaso trabajo que esta misma permitía en torno a la captación de nuevos militantes. Mas bien el ingreso de nuevos adherentes del MIR de 1965-1967, se produciría por los contactos que tenían en sindicatos, centros de alumnos, y localidades rurales, los primeros 500 a1000 militantes de los dos primeros años. Este laisse faire organizativo, tenía como ventaja la posibilidad de discusión interna, pero también la de debate con interminables conversaciones y discusiones que no permitían muchas veces el generar decisiones políticas inmediatas. Estos elementos causaron, o fueron una suma de lo mismo, que se reunieran una gran cantidad de visiones, experiencias, corrientes de la izquierda revolucionaria, que llegarían los primeros años a concluir en el MIR. Maoístas, diversos tipos de trotskistas y filo trotskistas, castro-guevaristas, anarcosindicalistas y revolucionarios varios. Esta fue una de las características más sobresalientes de este MIR, la instancia de reunión revolucionaria más variada y convergente de la segunda mitad del siglo XX. Atrás había quedado el sectarismo y los individualismos políticos. La lección de la derrota del FRAP, había dado como resultado la unidad revolucionaria, lograda con el auspicio de conocidos dirigentes como Clotario Blest, Enrique Sepúlveda, Humberto Valenzuela y Oscar Waiss.

A medida que fue cambiando la dirección, la estructura partidaria así lo hizo también. El escaso crecimiento y poco nivel de influencia en distintos frentes de masas, provocó la autocrítica y la reflexión interna en torno a qué modificación era relevante realizar. El período revolucionario vivía uno de sus momentos cruciales y decisivos con la muerte del che Guevara, y por lo tanto, todas las lecciones que de aquí se podrían desprender para el futuro de los revolucionarios. Con la muerte del che no solo que daban huérfanos los revolucionarios latinoamericanos, sino también las ideas en torno a seguir por la revolución continental. La muerte de Guevara, debía repercutir y así hacer notar que a partir de 1967, el proceso revolucionario ya no podía ser el mismo.

En ambas etapas aquí estudiadas, el MIR no logró estructurar un pensamiento acabado y propio. A los teóricos miristas les faltó madurez, y mayor capacidad de análisis con la valiosa cantidad de aportes que recibió la organización. Esta seria la segunda característica importante del MIR. Debido al espíritu libertario que predominó los primeros años, y a las tradiciones revolucionarias que formaban parte de la organización, el MIR se nutrió de múltiples elementos ideológicos, que estaban presentes en la época. Como criticaba desde su fundación al PC y a los partido de la izquierda tradicional, no podía actuar sesgadamente como lo hacia el primero. Se debía permitir el libre acceso y circulación de los textos clásicos del socialismo, como así también toda la literatura referente a otras temáticas sociales. Estas abarcaban no solamente el campo político sino también filosófico, literario, sociológico, antropológico y económico. Fue con este cúmulo de ingredientes, con los cuales el MIR no alcanzó a estructurar un pensamiento mirista propiamente tal, para el período estudiado. Quedaría pendiente una estructura partidaria preocupada de la educación y producción político teórico que ayudara a implementar esta plataforma.

De las tradiciones revolucionarias, la que con mayor fuerza se alzó fue el trotskismo. Este vendría a la formación del MIR mejor preparado política y organizativamente. Del trotskismo el MIR forjará el programa inicial, la declaración de principios, y una buena cantidad de miembros del comité central. Cabe recordar que la primera estructura político - militar estuvo a cargo de cuadros trotskistas. Lejana quedaría, por lo menos en esta experiencia mirista, la idea de un trotskismo sectario y divisionista, trotskistas de café. Esta imagen no se creo al interior de las relaciones entre revolucionarios.

En el plano económico, la conceptualización que tomó el MIR, provenía de la tradición trotskista y de la nueva categoría de análisis que por ese entonces comenzaba a ganar adhesión sobre todo entre los círculos universitarios. Así la teoría de la dependencia unía, intercambiaba y mezclaba elementos de ambas posiciones, el desarrollo de los países dependientes y su nexo con el desarrollo del mercado mundial, vendrían a poner en el primer plano de la discusión el carácter socialista de la revolución. Si los denominados países atrasados, eran estructuras económica y socialmente capitalistas, la construcción estratégica debía pasar por una revolución socialista y no democrática burguesa como planteaba el reformismo. Suyas también el MIR haría la óptica estructural de los dependentistas en cuanto a que el subdesarrollo es parte del mismo desarrollo de otros estados, y para terminar con la situación primera, es necesario identificar el punto que las provoca: el capitalismo. Así se abrirá paso a reformas estructurales o revoluciones armadas. El MIR optará por la segunda. Con esta categorización, el MIR pudo tener y sumar una teorización económico social del periodo. Quedaría la tarea pendiente para construir un marco propio que condense estas matrices. Esto entendiéndolo dentro de la misión leninista del partido, que concibe, que la función de este no es solamente guiar a las masas hacia la construcción del socialismo, sino también elaborar ciertas líneas teóricas que ayuden al mejor entendimiento y análisis de la realidad.

Lo último que queremos recalcar y hacer notar, es la variada y enriquecedora experiencia de construcción de partido que significó el MIR. Esta organización y a lo largo de todo el período en estudio, gozo de cuadros muy bien dotados teóricamente y políticamente, con capacidad organizativa y un alto nivel de oratoria. Militantes capaces de elaborar interesantes análisis, conocer y comprender esquemas formales y realizar interpretaciones de ellos, estudiantes avanzados en la formación de cuadros y muy eficientes en las tareas políticas, como así también experimentados militantes que se habían nutrido con lo más significativo de la militancia revolucionaria de los años cincuenta y sesentas. Interesante es analizar la entrevista que realizó un joven Miguel Enríquez en Perú a Héctor Bejar, guerrillero peruano del ELN. El contacto que estableció Luciano Cruz, con la dirigencia cubana y con Bertrand Russell. La acogida de un grupo del comité central a Michel Pablo y otros dirigentes de la IV internacional. El contacto entre Clotario Blest y Mao Tse Tung, Ho Chi Ming y el che.

Por esto y por otras razones, aún cuando el MIR durante los primeros años careciera de un nivel alto de influencia en las masas obreras, en las poblaciones de las barriadas de las principales urbes de Chile, y se acercará lentamente a un poder organizativo y dirigente en las universidades, el rol y la notoriedad de los primeros dirigentes miristas se venia gestando con anterioridad a 1965. No eran sus primeros pasos en la participación política, tampoco sus actuación en asociaciones, federaciones y orgánicas de la izquierda revolucionaria. La producción escrita venia desde antes de El Rebelde o Estrategia. Las concentraciones no se circunscribían al mundo universitario, y estaban más allá de los muros de las casas de estudios. Así era entendible quienes eran los que formaron este primer comité central, y lo más importante, quienes eran los que idearon esta reunión de las tradiciones revolucionarias chilenas, lo que fue el MIR.

Pedro Alfonso Valdés Navarro es historiador

Fuente:
http://www.socialismo-chileno.org/apsjb/2006/21562314-Valdes-Navarro-Pedro-Elementos-teoricos-en-el-desarrollo-del-MIR-durante-1965-1970-2006.pdf