Brasil: Dos años de mal gobierno - política de la cueva

Ricardo Antunes

05/03/2021

“La hez de la sociedad burguesa forma por fin la sagrada falange del orden y el héroe Crapulinski se instala en las Tullerías como el salvador de la sociedad” 

(Karl Marx, El 18 de Brumario)

1.

Bolsonaro se presentó, durante la campaña electoral de octubre de 2018, como un crítico “radical” del “sistema”, aunque es su auténtica creación, donde nació y proliferó. El mismo “sistema”, es decir, que fue responsable del golpe parlamentario de 2016.

Aprovechando una coyuntura internacional favorable, así como contingencias internas que lo beneficiaron mucho en el período inmediatamente anterior a las elecciones presidenciales, lo inesperado terminó por suceder. La “contrarrevolución preventiva”, para recordar a Florestan Fernandes,[1] que estaba en curso desde el golpe de Estado que llevó a Temer al poder, terminó abriendo el camino para el trágico desenlace de las elecciones de 2018.

¿Cómo intentar caracterizar, al menos de forma preliminar, al gobierno de Bolsonaro?

Pienso que el ex capitán es expresión de una variante del semi-bonapartismo, es decir, se trata de una figura política que, no proveniente directamente de las clases burguesas, las representa fielmente, aunque para ello trata de asumir la apariencia de independencia y autonomía, aunque, de hecho, es un pequeño gendarme de la clase dominante.

Las características personales del “líder” son, como muchos han señalado, claramente neofascistas, oscilando su acción política entre la preservación de una raquítica formalidad “democrática”, pero cargando siempre con el inquebrantable sueño de dar el golpe e implantar una dictadura. En tanto no se puede dar el bote, actúa como un autócrata de la orden, respaldado en la enorme militarización que viene realizándose cotidiana y sistemáticamente en su gobierno.

La fórmula que se encontró para estructurarlo – visto  que su candidatura resultó ser la única capaz de ganar al PT en las elecciones de 2018 -  fue combinar la autocracia militarizada con la implementación de una política económica ultra neoliberal, depredadora, que era la exigencia del gran capital para que su candidatura fuera efectivamente apoyada.  El empresariado, consciente del desequilibrio que caracteriza al candidato, temía  por algún arrebato nacionalista (de derecha), que había sido ampliamente defendido por el ex capitán en su pasado parlamentario.

En una síntesis directa: Bolsonaro es una especie de Trump dos grotões.[2]

2.

Sus dos primeros años fueron, como era de esperar, la mayor tragedia económica, social y política del país en todo el período republicano. No hay, en ningún otro momento de la historia más que secular en nuestra República, nada que se aproxime a la devastación tan profunda y tan agudamente destructiva como la que estamos presenciando hoy.

El escenario ya señalaba un período muy duro, ya que, desde principios de la década de 1970, hemos entrado en un largo período de crisis estructural en el sistema de metabolismo antisocial del capital, para recordar a István Mészáros,[3] que generó el ideal y la pragmática neoliberal, bajo una fuerte hegemonía financiera. Esta tendencia se ha profundizado significativamente desde el bienio 2008/9, creando las condiciones para que se forje una contrarrevolución burguesa de amplitud global,  especialmente después de la elección de Trump en Estados Unidos.

Fue en este contexto que nuestra clase dominante, abandonando completamente cualquier rastro de apoyo formal a la institucionalidad “democrática” (que en realidad nunca estuvo en su horizonte, ni político ni ideológico) asumió abiertamente su desafío colonial, esclavista y casi prusiano. , lo que le permitió saltar rápidamente al bando (o a la  banda) del ex capitán, contribuyendo así a forjar un monstruo políticamente autocrático, militarizado e ideológicamente primitivo y negacionista, siempre que esté económicamente anclado en la variante más rudimentaria del neoliberalismo, que es decir, el que quiere reducir todo a polvo. No es casualidad, una de las tantas inspiraciones de Paulo Guedes y Bolsonaro, que encontramos en la política económica del espantoso gobierno de Pinochet, tan corrosivamente neoliberal como indigentemente dictatorial.

Lo que vivimos, entonces, en esta primera mitad del gobierno de Bolsonaro se puede resumir de la siguiente manera: avasallador desmantelamiento de la legislación social protectora del trabajo; destrucción de la política de seguridad social, con la aprobación de la Reforma de Pensiones Públicas -de hecho su destrucción- aprobada el 22 de octubre de 2019, en la que los asalariados más pobres fueron excluidos de una pensión pública efectiva, dejándolos a lo sumo,  en un asistencialismo vergonzoso y provocador.

 En el universo sindical, se han ampliado las medidas represivas del gobierno, encaminadas al debilitamiento de las organizaciones de clase, además de restringir aún más el alcance de la Justicia del Trabajo, empujándola cada vez más hacia los “valores de mercado” y hacia la aceptación de las imposiciones derivadas del “mundo empresarial”,  donde la legalización del ilegal  trabajo intermitente es el flagelo más evidente y aberrante.

Cabe decir que esta proposición ya estaba estampada en el programa electoral del ex capitán y de su fiel escudero. La denominada Tarjeta de Trabajo “Verde y Amarilla”, como bien sabemos, tiene el leitmotiv de implantar el sueño de las burguesías depredadoras, en el que “el contrato individual prevalecerá sobre el CLT”, derogando de una vez por todas lo que queda de la legislación del trabajo en Brasil.

En el plano de la destrucción de la naturaleza, tampoco hay paralelo en la historia reciente del país. Tuvimos una liberalización récord de pesticidas y pesticidas que adulteran los alimentos, haciéndolos aún más dañinos para la salud pública. La quema y devastación de la Amazonía y el Pantanal (entre muchas otras áreas verdes) agravó el rasgo destructivo de este gobierno, en beneficio de las burguesías vinculadas a la agroindustria, la extracción de minerales, madera, etc.

Económicamente, aunque sus devastadoras medidas neoliberales han generado catarsis en la clase dominante, el estallido de la pandemia ha destrozado el proyecto presente en su política de cavernas.[4] El culto a la ignorancia, en el peor linaje trumpiano, el desprecio y la lucha contra la ciencia, la salud pública, todo esto terminó por llevar al país al fondo, tanto en lo sanitario como en lo económico.

Fue este cuadro catastrófico el que obligó al gobierno a crear un ingreso de emergencia, sin el cual la economía entraría en una crisis depresiva aún más profunda, sin mencionar el temor de que tal situación pudiera desencadenar una ola de revueltas y rebeliones sociales.

Reformas tributarias y administrativas, nuevas privatizaciones (incluyendo Petrobras, bancos públicos, etc.) también están en la mesa de negociación de este gobierno. Este es el impulso que viene del neoliberalismo primitivo de Guedes, ¿cabe preguntarse cómo actuará el Centrão ante esta realidad? Esto se debe a que, todos sabemos, el pantano encuentra y protege su parte no solo a través de la negociación parlamentaria, sino también a través del saqueo de empresas públicas.

Y más: si la recesión económica no se detiene y no da señales de reanudación del crecimiento, ¿cómo actuarán las distintas fracciones del gran capital, temerosas de repetir, en 2021, la retracción de las ganancias y beneficios que imaginaban obtener, cuando apoyaron y eligieron a este gobierno? En 2020, las ganancias que pretendían obtener, las vieron escurrir por los dedos de las manos, no sólo como consecuencia de la pandemia, sino de la trágica conducción gubernamental ante esta brutal crisis sanitaria.

Políticamente, ya hemos señalado que Bolsonaro, ahora avanza hacia la ruptura de la institucionalidad jurídico-parlamentaria, ahora la moldea, al darse cuenta de que el asedio de su gobierno puede llevarlo a su fin (arrastrando también a toda su familia). Es sólo por eso que el ex capitán camina entre estos dos puentes. Sueña con la ruptura institucional y con el golpe dictatorial, pero teme ser fagocitado, si falla el tiro. Aquí, vale decir, tiene un papel decisivo la postura y acción de las Fuerzas Armadas, un tema difícil y que se muestra cada vez más grave, mereciendo por eso ser tratado en profundidad y por especialistas.

Anticipándose a los riesgos políticos que corría, el defensor de la “nueva política” y del “fin de la corrupción”, en evidencia flagrante de fraude electoral, recurrió al regazo del Centrão. Le dio todo lo que se le exigió y así logró arrastrar a una mayoría inestable de los diputados -el conocido pantano- en un intento por alejarse del proceso de impeachment. Es un riesgo, es decir, que aumenta cada vez más, dados los desastrosos resultados de la política genocida del gobierno en relación a la pandemia, cuya letalidad sigue creciendo de forma alarmante. Y, una vez más, la mayoría del Parlamento brasileño se inclinó ante las monedas reales, aniquilando de una vez el menguante vestigio de respeto que quizás aún pudiera encontrar entre la población, para recordar la aguda crítica de Marx.

Por todos estos motivos, una vez más el desenlace de este cuadro agudamente crítico parece remitirnos a la anatomía de la sociedad civil, ya que la crisis tiende a exacerbarse en esta segunda mitad del mandato de Bolsonaro. Pero atención, porque aquí no solo estamos hablando de economía y no solo de política, sino de algo un poco más profundo: economía política.

3.

Por todas estas razones, el escenario que se desarrolla para el bienio 2021/2 es aún más impredecible. Los niveles de desempleo se han disparado y continúan creciendo, hasta el punto que la informalidad ya no puede absorber los bolsones de los desempleados/as. Un ejemplo de esto lo vemos en los datos del IBGE, de mayo de 2020, que indicaron una reducción en los niveles de informalidad, ya que también en este universo el desempleo estaba aumentando. Fue así que, entre las muchas “conquistas” de este gobierno de  tipo lumpen (una figura que, creo, no hace falta explicar) un nuevo personaje de la tragedia social brasileña fue creado: el informal desempleado, agregando aún más brutalidad al contingente monumental de desempleados/as  que amplían los bolsones de pobreza en Brasil. En 2014, después de visitar la India, escribí que nuestro país se encaminaba a convertirse en una India latinoamericana. La provocación parece tener algún sentido.

Así, es evidente la descomposición económica, social y política del gobierno de Bolsonaro. Como consecuencia, en las clases populares, el apoyo obtenido en 2018 se retrae significativamente. Un proceso similar también se ha venido produciendo en las clases medias, que lo apoyaron mayoritariamente hasta hace poco y que parece estar colapsando, como consecuencia de la política letal de combate a la pandemia, con cientos de miles de muertos y que se repite, en versión mucho peor, como hemos visto, en Manaos, la muerte por asfixia de miles de pacientes que no encontraron atención en los hospitales públicos.

Ciertamente, el núcleo duro del Bolsonarismo, es decir, los que gritan como debiluchos trotando en manada, parece que seguirán con su “Mito” hasta el final, incluso cuando él practique las acciones más indigentes.

Por todo lo que hemos señalado anteriormente, entonces, la lucha por el derrocamiento del gobierno de Bolsonaro no resultará de una iniciativa parlamentaria, sino que solo podrá darse como resultado de amplias manifestaciones populares, capaces de empujar a los diputados a abandonar el barco bolsonarista.

En este escenario, es posible que seamos testigos de un doble movimiento, que puede desarrollarse tanto “desde arriba”, bajo el comando de las clases burguesas, como “desde la base”, es decir, en el universo de las clases populares.

Es posible imaginar, por un lado, que la oposición burguesa pueda desencadenar un proceso de distanciamiento en relación al gobierno autocrático y semi bonapartista que eligió, lo que podría ocurrir si la crisis económica se intensifica y profundiza aún más el cuadro recesivo a lo largo de esta segunda parte del mandato.

Por otro lado, con el enfriamiento de la pandemia, una vez finalizada una etapa expresiva de vacunación, todo indica que veremos un creciente movimiento popular de repulsión y enfrentamiento en las calles y plazas públicas, exigiendo la destitución de este (des) gobierno. Pero hay que destacar que este segundo movimiento, de oposición social y popular, no debe hacerse ilusiones, ni siquiera con la oposición de arriba y mucho menos con el Parlamento. Tanto la primera, la  acción burguesa, como la parlamentaria, serán dirigidas a empujar la “resolución” de la crisis en las elecciones de 2022, con la esperanza de hacer la sucesión a su manera, bajo su mando y control.

La oposición social y popular, en cambio, tendrá que reinventarse, sobre todo evitando el que ha sido (recurrentemente) su principal error social y político, que es actuar como cola de la burguesía, para recordar una vez más a Florestan Fernandes. Es hora de comprender definitivamente que la política de conciliación de clases es, al mismo tiempo, un grave error político y, más aún, una imposibilidad real, ya que las fuerzas económicas del capital y las fuerzas sociales del trabajo son entificaciones sociales irreconciliables. Los gobiernos del PT, a lo largo de casi cuatro gobiernos, fueron la última y más grande evidencia de esta imposibilidad.

En otras palabras, sólo con una fuerte confrontación  social y política, extraparlamentaria en su centralidad, capaz de aglutinar a un abanico de fuerzas populares en las ciudades y en el campo, podrá ser capaz de  impulsar la destitución del gobierno de Bolsonaro y de su tropa.

Y este movimiento social y político encuentra anclaje en las luchas y resistencias de la clase obrera, con sus sindicatos y partidos de clase, que deben abandonar decididamente la prioridad de la acción institucional. Del mismo modo, encuentra densidad en el vasto y amplio conjunto de los  movimientos sociales de las periferias y en el movimiento negro antirracista. Debe incorporar decididamente también las rebeliones feministas y LGBT que luchan contra las múltiples y persistentes formas de explotación / opresión, dimensiones que están profundamente interrelacionadas.

Last, but not least, encuentra apoyo en las vitales luchas de las comunidades indígenas, en el movimiento ambientalista anticapitalista, en las revueltas de la juventud, etc., sin tener ninguna ilusión con las fuerzas burguesas, cuyas puertas cuando se abren, es para darles el papel de subordinación. Tan pronto como se alcancen sus objetivos, las puertas se cierran rápidamente. Ver la declaración de Dilma.

Solamente a través de este impulso social y popular  se podrá avanzar efectivamente en la lucha por el impeachment del gobierno de Bolsonaro. Si las plazas públicas aumentan, a través de la presencia multitudinaria de amplios contingentes sociales y políticos, sólo entonces el Parlamento se verá obligado a considerar lo que proviene del clamor popular y así, finalmente, orientar el impeachment  del gobierno de Bolsonaro.

Y si este movimiento de destitución, por alguna razón, no se materializa, al menos estaremos dando inicio a una oposición social y política que pueda pensar efectivamente qué hacer en relación a las elecciones de 2022.

Notas:


[1] Fernandes, Florestan.  La revolución burguesa en Brasil. 1975. São Paulo, Zahar.

[2] Usé esta expresión en el libro Politica della caverna: La controrivoluzione di Bolsonaro, 2019. Roma, Castelvecchi. (grotões; para referirse despectivamente Trump de los nordestinos o Trump del Norte. N. del T.).

[3] Mészáros, I. Más allá del capital. 2002. São Paulo, Boitempo.

[4] Véase Politica della caverna y también The Privilege of Servidã , p. 293/302.

 

profesor de sociología del trabajo en IFCH-Unicamp. Ha publicado "Coronavírus: o trabalho sob fogo cruzado" (electrónico, Boitempo, São Paulo, 2020) y una nueva edición actualizada de "O privilégio da servidão" (Boitempo, 2020). Publicado por Le Monde Diplomatique (Brasil).
Fuente:
aterraeredonda.com 28-02-2021
Traducción:
Carlos Abel Suárez