Barcelona: la ciudadanía toma las calles por las personas refugiadas y migradas

David Companyon

19/02/2017

Las crónicas dirán que en Barcelona se ha realizado la mayor manifestación en Europa, en favor de las personas refugiadas y migrantes, que Barcelona se ha teñido de pancartas azules (el color del mar) para defender el derecho al asilo. La plataforma Casa Nostra, Casa Vostra (Nuestra casa, vuestra casa), que agrupa más de 700 entidades de todo tipo, culmina así una campaña que ha recogido más de 90.000 adhesiones al manifiesto, llenando el Palau Sant Jordi y, sin duda, situando la manifestación en ese “top ten” de manifestaciones históricas que desde 1977 sacuden las diversas conciencias de la sociedad catalana.

Las “manifestaciones históricas” en Catalunya pueden dividirse en dos tipos: aquellas a las que los padres llevan a sus hijos y las que son los hijos los que llevan a los padres. Ayer fue una de estas y en eso tenía muchas similitudes con la manifestación del 2003 contra la guerra de Irak, que retumbó en todo mundo y proclamando que “otro mundo era posible”.

El lema “Prou excuses, volem acollir ara” (Basta de excusas, queremos acoger ahora) ha presidido la manifestación, medio millón según los organizadores, pero en todo caso una marea humana que durante horas recorrió el centro de Barcelona hasta la mar Mediterránea, dónde tantos miles han encontrado su tumba, ante la indiferencia de la Unión Europea y los Estados que la componen.

La ciudadanía movilizada ha sido la protagonista, gente de todas las edades que ha salido a la calle a exigir a sus gobernantes que actúen ya y aquí, a exigir pasar de las palabras de solidaridad a los hechos. Movilizada con pancartas hechas en casa, que han dejado mudas a las de los partidos.

Quienes han querido o pretendido “arrimar el agua a su molino” se han encontrado a una ciudadanía dispuesta a denunciar a los Trump y Rajoy del mundo, a clamar vergüenza contra la Unión Europea y sus políticas que institucionalizan el racismo y que fomentan el miedo como semilla de la xenofobia o la islamofobia, a denunciar el incumplimiento en la acogida de refugiados por parte de Rajoy, pero también a exigir a las instituciones catalanas que no dejen “para la independencia” lo que pueden y deben hacer hoy. Que si hay que desobedecer a un Estado demofóbico para defender los derechos humanos, la acogida de refugiados y personas migrantes es tan buena causa  como la mejor.

La manifestación sirvió también para señalar a “nuestros” culpables y reclamar los derechos de migrantes y refugiados que ya están aquí y tienen todas las dificultades del mundo para sobrevivir, que se les niegan permisos y son víctimas de redadas policiales o para exigir el cierre de los CIE o en recuerdo de los muertos de la playa del Tarajal o las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla.  

La campaña y la manifestación han interpelado, con cierta incomodidad para el gobierno de JuntsxSI (especialmente para los convergentes, que durante tanto tiempo han votado con el PP y PSOE la ley de extranjería o callan en Europa ante sus socios conservadores), pero también a todas las instituciones catalanas, para que hagan  efectiva la acogida y el derecho de asilo. ¿Cómo? ¿Cómo hacerlo ante la hostilidad y rechazo tanto del Estado Español como de la Unión Europea? Multitud de voces anónimas o reconocidas han apelado a la colaborando y la acción de las entidades y ONG que ya desobedecen rescatando personas, ayudando a crear vías seguras, coordinándose con otras regiones o Estados dispuestos a no seguir mirando por la televisión como decenas de miles de personas son tratadas peor que ganado, como son doblemente víctimas, primero en sus países y ahora encerradas en campos de concentración.

La manifestación ha sido un clamor por las más de 4.500 personas ahogadas en el Mediterráneo. La expresión de una ciudadanía que no quiere ser cómplice de políticas criminales que tienen su origen en un capitalismo capaz de generar guerras imperialistas para apropiarse de las materias primas y someter a gobiernos y pueblos a los intereses de oligopolios y multinacionales.

Un clamor de una ciudadanía que no quiere ser cómplice de un Estado y un gobierno españoles que son un ejemplo de esas políticas racistas y clasistas que premian con la nacionalidad si eres un migrante rico y compras una casa por 500.000 € (sea cual sea ​​el origen del dinero), pero que son capaces de disparar balas de goma si eres un migrante pobre y has tenido que marchar de tu tierra por una guerra que no has provocado, por tus ideas o condición sexual o simplemente porque, como todo ser humano y tal como reconoce el artículo 13 de la declaración de los Derechos Humanos, tienes derecho a la libre circulación.

Cómo apuntábamos, la gran proliferación de carteles caseros, muchos llevados por la chiquillada, hechos a rotulador encima de un cartón… eran el mejor acompañamiento a las cuatro pancartas que presidían la manifestación: Prou excuses, acollim ara! No més morts, obrim fronteres! Catalunya, terra d’acollida! Cap persona no és il·legal! (¡Basta excusas, acojamos ahora! ¡No más muertos, abramos las fronteras! ¡Catalunya, tierra de acogida! ¡Ninguna persona es ilegal!).

La manifestación acabó cuatro horas después de empezar, frente al mar, con la “simulación” de un rescate de la ONG Proactiva Open Arms y la intervención de dos personas refugiadas: Dara Ljubojevic, refugiada en Catalunya durante la guerra de los Balcanes, y Meera Zaroor, que llegó de Siria hace tres años.

¿Y los políticos? También, muchos, casi todos excepto –naturalmente- el PP. Con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, al frente. Pero ayer todos sabían quién era la protagonista: la ciudadanía, cansada y harta de tanta ignominia, pero a su vez digna y esperanzada, que alzó su voz para decir alto y claro qué mundo quiere: uno dónde la solidaridad se transforme en hechos, pero, sobre todo, que no sea necesaria porque “otro mundo es posible”.

ex diputado en el Parlament de Catalunya. Miembro del Consell Nacional d’Esquerra Unida i Alternativa y de la Asamblea Político Social de IU.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 19 de febrero 2017