¿La doctrina del shock en la Moncloa?

Albino Prada

07/07/2023

Corría el año 2015 cuando un destacado economista de un emergente partido en el Reino de España -Ciudadanos- acababa de publicar un ensayo titulado "Recuperar el futuro, doce propuestas que cambiarán España" (Ediciones Península). Ocho años después su autor acaba de fichar para el equipo económico con el que el PP de Alberto Núñez Feijoo quiere gobernar España.

En ese ensayo se definía el núcleo de una Gran Coalición al estilo alemán. Centrismo neoliberal con el que ya entonces se lograría un pacto PSOE-Ciudadanos. Y que ahora podría hacer que el PP pueda circular por Europa como si un clon Feijoo-Macron (nucleares sí, por supuesto) hubiera aterrizado en la Moncloa. Para así simular nada tener que ver con la derecha extrema.

Los autores de ese libro (Luis Garicano y Antonio Roldán) ofrecían por entonces una hoja de ruta con un poderoso tirón mediático y electoral porque se alineaban plenamente con los intereses económicos más poderosos del país. Para ellos la enfermedad de fondo de la economía española se centra en un déficit exterior crónico que sólo puede mantenerse a costa del endeudamiento del país.

*

La causa de tal enfermedad pareciera ser sólo interna: la combinación de una baja productividad con desempleo crónico. Por lo que no hacen ninguna referencia a cómo se infló la burbuja de la deuda española (primero de empresas y familias, luego del Estado que sale al rescate). Tampoco dicen nada de cómo, desde la entrada en el euro, unos tipos de interés muy bajos, acompañados de un superávit gigantesco del ahorro alemán, cebaron nuestra bomba de deuda.

De esta restricción externa -lo que es enigmático y revelador- nada se dice en ese libro. Tampoco se cita ningún documento relativo al asunto del BCE, la Comisión y el Eurogrupo. Silencio. No se dice nada sobre el modelo de gestión alemán de la eurozona ni sobre el modelo del BCE. La razón de este silencio es muy clara: forma parte de su empeño por no suscitar dudas entre los acreedores internacionales (p. 129) y de garantizar el compromiso del artículo 135 de la reforma exprés de la Constitución (p. 89). Centrismo neoliberal. Nada de negociar o mutualizar deuda o primas de riesgo, nada de revisar al alza los objetivos de inflación, el tipo de cambio del euro o el calendario de déficit.

De manera que, sin estas herramientas externas y sin una moneda nacional que devaluar, los neoliberales autores de este libro se aplican exclusivamente a allanar el camino para un ajuste competitivo interno (forma elegante de concretar la doctrina del shock) que tiene tres patas: contención del gasto público, recortes de impuestos y reforma laboral. Que Feijoo les comprará ahora ocho años después. Supuestamente con este ajuste competitivo interno se intentaría lograr una reducción de la tasa de desempleo y reducir la presión fiscal. Siendo así, el consumo tiraría de la economía. El cuento de la lechera. Comencemos con el segundo asunto.

*

Prometen reducir los tipos de todos los impuestos (IRPF, IVA, IS...) porque no quieren ingresar  más, sino mejor (pág. 96). En consecuencia, para cumplir con los compromisos con los acreedores, se hace inevitable la contención del gasto público. Haciéndolo en partidas de gasto que todavía hoy son muy insuficientes (pensiones, sanidad, dependencia, pobreza, etc.), partidas sobre las que el lector buscará en vano cualquier referencia concreta de futuro en su libro. Como se supone que muchas más personas pagarán impuestos, se ampliarán las bases imponibles y bajarán los tipos (página 107). El Estado del Bienestar seguirá siendo anoréxico, pero habrá mucho más consumo.

Para los autores de ese ensayo, el Estado no tiene un rol económico empresarial que cumplir (a esto lo llaman el pecado de un modelo dirigista -página 25- que niegan). Ni siquiera para crear mercados competitivos o sectores innovadores. O una regulación inteligente (página 76) de los sectores oligopólicos y del capitalismo de amiguetes que no especifican. Tanto para las telecomunicaciones como en el sector eléctrico (o en el sector bancario y de combustibles que, de forma muy significativa, ni siquiera se mencionan).

En el mercado laboral, tras la gran labor de devaluación de los salarios, según ellos, realizada por el PP en aquellos años (pág. 118), proponen avanzar con medidas que, en el mejor de los casos, convertirán millones de desempleados en miniempleos al estilo alemán. Empleos que no serán válidos para sectores exportadores de tecnología punta, sino solo para servicios y turismo.

Esta sería, en resumen, su hoja de ruta económica neoliberal (entonces con el PSOE en 2016, y ahora para el PP de 2023). Pura ideología bisagra. Según ellos, debemos agarrarnos como a un clavo a cualquier trabajo en condiciones ultraliberales, trabajos que garanticen buenos márgenes de ganancia para los empleadores internos y seguridad fiscal para los acreedores externos. Así no habrá fuga de capitales (pág. 130), aunque siga produciéndose una emigración masiva de los más cualificados. Y como el consumo interno -con tantos minijobs- no nos va a dar muchas alegrías, al final no nos queda más remedio que, con suerte, apoyarnos en los turistas alemanes e ingleses, en unos combustibles fósiles baratos y en la caída de las importaciones para lograr un equilibrio anoréxico. del saldo exterior.

*

¿Disponíamos ya en 2016 de una hoja de ruta alternativa para que en vez de optar por la ideología neoliberal, lo fuese de izquierdas? Sin duda, pues en abril de 2015, tres fundaciones progresistas (1º de Mayo, Largo Caballero y Alternativas) publicaron un documento de 173 páginas titulado “Otro modelo económico y social para España. Una propuesta progresista para salir de la crisis".

Para todos y cada uno de los temas abordados con la ideología neoliberal ese documento ya ofrecía alternativas progresistas (resumidas en las páginas 162-171) que fueron ignoradas o devaluadas en el “Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso” (24.2.2016) que el 4 de marzo de 2016 apoyarían con 131 votos en el Congreso de los Diputados el PSOE de Sánchez y el Ciudadanos de Garicano & Rivera. Consciente y premeditadamente optaron por un enfoque neoliberal de Gran Coalición al estilo alemán, inspirado en el ensayo que estamos resumiendo. Aunque en aquél momento la operación quedaría en nada, dentro de muy poco no tengo ninguna duda de que desde el PP que asesora Garicano volverán, si son la fuerza más votada, a reclamar el apoyo de un PSOE no "sanchista" para su agenda de centrismo neoliberal.

Y es por tal motivo que en 2023 este jarabe mágico neoliberal lo compra Alberto Núñez Feijoo para su PP. Y no es cosa secundaria que, tanto en 2016 con Ciudadanos como ahora con Vox, se siga utilizando un camuflaje patriótico español para vender esta agenda neoliberal: airear el riesgo de la ruptura de España. Para desmantelar todas las medidas (pensiones, laborales, SMI, fiscales, sanitarias, etc.) aprobadas en los últimos años gracias al apoyo de los nacionalismos periféricos del Reino de España. Medidas que son (des)calificadas como social-comunismo por una minoría muy influyente, aunque sean imprescindibles para que la mayoría de los ciudadanos vivamos en una sociedad decente.

Basta con leer con mucha calma, y entre líneas, como en apenas diez de las 365 propuestas de su programa electoral (me refiero a las 25, 26, 27, 42, 44, 49, 90, 116, 118) se abre un espacio de confort para realizar esa terapia de shock: hacia un capitalismo que  vampiriza a su servicio el Estado y, al tiempo, fuerza su anorexia para las necesidades colectivas.

*

En esta encrucijada ideológica que acabo de resumir la gran novedad[1] electoral en 2023 es sin duda el programa de Sumar y sus setenta propuestas bajo el título de “Economía para una vida mejor” (1.1.). Cierto que en Sumar no parecen contemplar un sistema capitalista monopolista a superar, aunque sí persiguen embridar conductas oligopólicas de un capital insaciable en sus ambiciones. Civilizar el capitalismo salvaje en definitiva. No es poca cosa, visto lo visto. Y si bien se queda corto en relación a aquél documento ya citado de las tres Fundaciones no es menos cierto que ofrecen numerosas propuestas novedosas y viables de sumo interés.

De entrada, se sitúan en las antípodas de la hoja de ruta neoliberal de Feijoo-Garicano. Pues en vez de fijar un objetivo de máximo crecimiento alimentado por una devaluación laboral y fiscal, se centran en igualar la tasa de paro y empleo con la media europea (aquí sí, europeizar es civilizar) sin precarizar el empleo y reduciendo la jornada laboral; recuperando al mismo tiempo el poder adquisitivo de los salarios y la capacidad fiscal redistributiva del Estado. Eso: en las antípodas.

Si a ello sumamos precauciones sociales y de competencia en los mercados para desplegar tanto la transición digital como la energética, al tiempo que se asumen retos explícitos para frenar la corrosión del Estado social (pensiones, sanidad, educación, vivienda, dependencia, etc.) y del empleo público, la hoja de ruta de Sumar cumple con aquel objetivo de civilizar el capitalismo frente al neoliberal de permitirle ser cada vez más salvaje. Sobre todo para con los jóvenes y las mujeres.

Ello no quita para que anote en el debe cuestiones no anecdóticas. Así, por ejemplo, en relación con favorecer esa reducción de jornada tengo argumentado que sería más útil una Renta Básica que un Ingreso Mínimo que no se nombra, pero también que una Herencia Universal que ahora se propone.  O haciendo compatible este objetivo de menor jornada con una sostenibilidad alternativa a la neoliberal (más años cotizados, menores pensiones iniciales) del sistema público de pensiones que no descanse en diferir la edad de jubilación (algo sobre lo que apenas nada se dice por Sumar, aunque los empresarios ya hablan de los 72 años). También echo de menos un sexto bloque (la versión disponible tiene cinco) centrado en las cuestiones territoriales y de un horizonte federal para el Reino de España, que no lo veo menos relevante que el cuarto dedicado al ámbito internacional. Su ausencia es inquietante (y no puede esquivarse con el apartado 3.2.3. de apenas dos páginas).

*

En fin, la sociedad española decidirá este día 23 de julio si da vía libre a una reforzada pandemia neoliberal hacia La Moncloa (como ya se le concediera en su día a Mariano Rajoy) con sus terapias de shock en favor de unos pocos, o bien a una hoja de ruta centrada en poner al servicio de la mayoría social las enormes potencialidades tecnológicas y productivas de que disponemos, como ya se había empezado a hacer por el Gobierno que finaliza su mandato a pesar de hacerlo en circunstancias muy adversas.

Las propuestas de Sumar no las veo tanto, que también, como “mejorar la vida de las personas” como sus redactores subtitulan su programa económico, sino para “mejorar nuestra vida colectiva” hacia lo que sería una sociedad decente. Porque nunca se recordará lo bastante que, frente al individualismo neoliberal de las derechas, la sociedad sí existe. Y esta es la opción de fondo que tenemos sobre la mesa. Por más que numerosas manadas mediáticas jaleen con no poco éxito el riesgo de ruptura de España como la cuestión central para decidir quién debe gobernar en La Moncloa. Nadie debiera dejarse llevar a engaño: estamos ante una tapadera ideológica y mediática para aplicar la doctrina del shock.

Nota:

[1] Sobre las propuestas económicas del PSOE en esta ocasión me remitiré al análisis que hice en su día sobre del documento estratégico de su 40º Congreso.

 

Colaborador de Sin Permiso. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Santiago de Compostela, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo, fue miembro del Consejo Gallego de Estadística, del Consejo Económico y Social de Galicia y del Consello da Cultura Galega. Actualmente colabora, además de en Sin Permiso, en medios como Tempos Novos, Luzes o Nós diario. Es miembro de ECOBAS y del Consejo Científico de Attac España.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 9-7-2023