Begoña Zabala
11/01/2019
Las filas de la derecha y la ultraderecha pretenden dejar atrás el lenguaje liberal de lo políticamente correcto, tantas veces reaccionario y conservador, para pasar a una terminología más atrevida y explícita contra los derechos de las mujeres, específicamente, y los derechos humanos en general. El estilo pasa a ser Trumpista, en un ambiente, todo hay que decirlo, donde la osadía derechista y el insulto en tertulias y foros políticos, empieza a ser moneda de cambio habitual. Parece que el estilo improvisado y directo, sin encomendarse ni “a dios ni a los santos”, está traspasando las redes sociales de comunicación, y aparece de forma muy frecuente en los debates y comunicaciones en directo. Esta vez la crítica a la corrección política y al cinismo oculto que a veces conlleva, pasa por la ultraderecha a velocidad de vértigo.
Lo que se trata de ver es que no sólo se quedan en las palabras y el lenguaje agresivo, sino que, en la concreción de las medidas, como se está viendo, van a por todas. O sea, que lo del feminismo no les gusta; del género, como concepto, no son partidarios; y de las personas migrantes, las prefieren expulsadas o más bien eliminadas. Esto entre otras cosas. Y para ello se encuentran con un terreno bastante abonado por los partidos de la derecha, Ciudadanos y PP. Exactamente este partido proviene del PP, que se separa de las tibias, a su juicio, políticas de la época Rajoy y engarzan directamente con las posturas de Aznar.
Dentro de la gente que se ha apuntado a este caballo que parece tener algo de ganador, pongo un ejemplo que me pareció esclarecedor a la vez que muy doloroso. Son las declaraciones del padre de Marta del Castillo, que, cuando se une a ellos declara que “está cansado de tantas tonterías, del lenguaje políticamente correcto de los candidatos, que no dicen las cosas claras”. Y a la par señala que lo que admira de Vox es su “defensa de las Fuerzas de Seguridad del Estado y la forma de combatir el nacionalismo”.
Hasta estos momentos Del Castillo estaba en el PP y ha llevado una batalla muy beligerante a favor de la prisión permanente revisable, con argumentos que sirven para defender la cadena perpetua.
Se puede señalar claramente que lo que plantea este señor en esas declaraciones no está nada lejos, -sino que más bien es lo mismo-, de lo que defienden desde el PP y Ciudadanos: políticas carcelarias y penitenciarias absolutamente crueles, vengativas y negadoras del mínimum internacional de los derechos humanos; nacionalismo español arrasador de todas las otras naciones y pueblos del Estado; y, finalmente una concepción de las Fuerzas de Seguridad del Estado basadas en la represión y en la impunidad. Casualmente son tres de los grandes debates y de los grandes cambios que dejó en la cuneta la llamada transición. Después de 40 años, estamos en parecidos parámetros. También estamos, y queremos estar más, en las calles defendiendo nuestros derechos, como ciudadanas, como pertenecientes a una nación que no es España, como personas represaliadas y encarceladas. Todas con derechos y con respeto a la integridad y dignidad humanas.
Las mujeres y sus derechos en el punto de mira
Aunque el pensamiento único, o lo que sea, de la extrema derecha es coherente en su negación de derechos y conquistas de los sectores oprimidos, me voy a fijar, por lo espectacular y reiterativo, en el tema feminista. Es también en el que ya se ponen sobre la mesa y se acuerdan, medidas muy concretas, para conformar el gobierno tripartito en Andalucía, con pretensiones de que abarque todo el Estado. Para gobernar allí el PP ha firmado acuerdos que nos afectan a todo el ámbito estatal.
También ha entrado a trompicones en los grandes temas semánticos y de significación. Se niega de entrada la acepción calificativa de la violencia machista como de género, para hablar de violencia (ya sabemos, violencia condenable, venga de donde venga, menos la legitimada y legitimadora del Estado). Se refleja esto en las palabras de Ruth Beitia, propuesta candidata por el PP en las elecciones de Cantabria, cuando dice (si bien ya se ha retractado) “Se debe tratar por igual a un animal, a un hombre o a una mujer si son maltratados. Son todos seres humanos”. Obviamente las sociedades de cazadores y los organizadores de corridas de toros, le han explicado de forma apresurada eso de que los toros no son seres humanos, y sí se les puede maltratar, e incluso llegar a matar. Mal empieza la carrera política la conocida atleta. Eso sí, sigue justificando que se derogue la ley de violencia de género.
Ha circulado bastante en estos últimos días la siguiente cita de Simone de Beauvoir, “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa, para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”.
Seguramente estamos enfrente de una gran crisis, que conjuga los tres elementos señalados, e incluso hay una crisis ideológica profunda. Y, efectivamente, los derechos de las mujeres son cuestionados, de forma salvaje. Parcialmente nunca han dejado de estar cuestionados, o menoscabados, o limitados, o recortados. Ahora la apuesta es para negar la mayor. No existe la violencia de género.
Ante esta afirmación debemos analizar si se trata de que el término no es el apropiado, o no es la conceptualización de la violencia machista que se hace en la Ley la adecuada, (LO 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección integral contra la Violencia de Género), o estamos yendo más allá de un tema de acepciones para pasar a negar un asunto de realidades a las que no se quiere dar sustantividad, ni visibilizar, ni consignar, como tales y como específicas. Es decir, si lo que se pretende es negar la dolorosa y extenuante realidad de que las mujeres en nuestra sociedad son agredidas física, psicológica y sexualmente por los hombres, en una mayoría abrumadora. Y frente a ello, y cuando ya se produce la agresión, no encuentran protección, sino impunidad. Y, además, se produce, al lado de las secuelas evidentes fruto de la agresión, la revictimización de la agredida, por acudir a un sistema de justicia y protección, que además de no ser eficaz, no es en absoluto justo ni reparador. Sobre todo por el relato judicial que hacen los muy subjetivos jueces y juezas, cuando interpretan las normas y asientan los hechos, que se denominan probados.
Como se puede observar son temas distintos, pues el término o la expresión “violencia de género” ha sido y sigue siendo polémica y ha presentado desacuerdos, desde la Real Academia de la Lengua, hasta sectores feministas que se encuentran más cómodas con términos como violencia sexista o machista o de dominación masculina. También ha sido cuestionada y lo sigue siendo la reducción conceptual que hace la propia Ley del concepto de violencia de género al ámbito de parejas o ex-parejas, eliminando otras violencias fuera de la pareja o la familia o ex-familia. (Tantas veces se ha señalado el caso de Nagore Lafagge, asesinada por negarse a mantener relaciones sexuales por un conocido, no pareja, el 7 de julio de 2008, en las fiestas de Sanfermines en Iruñea, o los asesinatos del llamado falso Xaolin que asesinó en Bilbao, a dos mujeres que ejercían la prostitución, después de agredirlas sexualmente). Estos son debates terminológicos y de conceptualización jurídica.
Otro tema es, y para Vox y sus acólitos de la derecha PP y Ciudadanos lo es sin duda, el rechazo a la realidad que hay en las agresiones a las mujeres, cuando se niegan las mismas como específicas y particulares, de hombres contra las mujeres, y en todos los ámbitos donde se produce la dominación masculina y la discriminación y opresión sexista.
Esta extrema derecha que es Vox, el PP, y también Ciudadanos, lleva años teorizando en contra de lo que denomina feminismo de género o cultura de género, o, simplemente, género. Como muestra de ello, y acudiendo a su “sancta sanctorum”, que es la universidad del Opus Dei de Navarra, reseño un libro de título revelador, aparecido ya en el año 2011: Persona y género (2011), Coordinadora Angela Aparisi Miralles (de la Universidad Privada de Navarra), Editorial Aranzadi. Dentro de una pretendida transversalidad académica edita artículos de dieciocho autoras y autores, muy vinculados al mundo académico y a la derecha pensadora, que echa por tierra cualquier intento de plantear o cartografiar cualquier aventura de dominación patriarcal o análisis de género de la opresión de las mujeres. Simplemente se muestran partidarias de la complementariedad del binomio hombre-mujer, cada cual en su papel (y dios en el de todos). Ello sin rechazar un reparto igualitario de tareas domésticas y de presencias en los ámbitos públicos y privados. Tampoco son tontas.
Esto que parece un ejercicio teórico, y lo es, de conjugar la diversidad sexual –varón/mujer- y genérica –masculino/femenino-, les sirve de base para concretar sus ansiadas demandas:
Derogación de las leyes, autonómicas y estatales, que regulan como específica la violencia contra las mujeres, y lo que consideran privilegios para las mujeres que de ello se derivan.
No consideración del sujeto mujer como específico, y por tanto, negación de su especificidad como víctima y como sujeto de especial protección y tratamiento.
Afirmación de la prioridad de la familia nuclear y de sus intereses, frente a la mujer como sujeto víctima de agresión.
Custodia compartida acordada o impuesta por el juzgado, sobre todo después de la separación y divorcio, aun cuando haya agresiones a las mujeres madres de las criaturas.
Penalización de la retirada de las demandas, como si se tratase de denuncias falsas, realizadas con dolo.
Eliminación de todas las medidas preventivas y cautelares que no sean denunciadas en los juzgados o policías, y sólo aceptadas si son acordadas por instancias judiciales.
Estas y otras más, son las medidas que tratan de implementar dentro de un abanico amplio de medidas de protección a la familia, que es en realidad el sujeto digno de protección. Para ello sí que requieren de una terminología que acabe con términos acuñados por la lucha del feminismo radical y por instancias importantes de la academia y de la práctica administrativa y judicial, que suponen ni más ni menos que la defensa de los derechos de las mujeres. De todas las mujeres, incluso de las mujeres inmigrantes, que no tienen papeles y a quienes, como medida preventiva, pretenden expulsar del territorio.
Frente a esto quedan claros los términos de la lucha y del debate: Detrás, y delante, de los términos de que explicitan la situación de las mujeres, está la realidad de opresión y discriminación que sufren. El lenguaje, las palabras y la acción feminista solidaria, nos encaminan a un mundo en el que todas seremos libres.

