7-N: Las mujeres juntas hacemos camino y elaboramos nuevas estrategías

Montserrat Vilà Planas

01/11/2015

Este verano la indignación y la rabia salieron a la calle por las 30 mujeres y los 6 hijas e hijos asesinados por sus padres maltratadores, en dos meses y medio.

 

El 7 de noviembre será la primera “marcha estatal contra las violencias machistas”

 

El tren de la libertad contra la ley Gallardón fue una demostración de la fuerza que tenemos juntas. Ahora llenaremos las calles contra el estado. Un estado que incluso da marcha atrás en los logros conseguidos a base de grandes esfuerzos de mujeres que han plantado cara al patriarcado y a las violencias de género.

 

Se oirán muchas consignas desde las distintas estrategias de las mujeres que luchamos para acabar con el patriarcado y erradicar la violencia machista.

 

¡No más agresiones contra las mujeres! ¡Basta de feminicidios! ¡Los gobiernos y el conjunto de la sociedad deben responder ante estas violencias!

 

Será la mejor preparación para el 25 de noviembre, Día internacional de la eliminación de de la violencia contra las mujeres.

 

La respuesta del gobierno, ante tantas protestas y con unas elecciones generales encima, ha sido discursos huecos de contenido y vacíos de medidas efectivas. Rajoy y el ministro de Sanidad Alfonso Alonso dicen defender la “fuerte posición de nuestro Gobierno contra la violencia de género”, declarando que en los presupuestos generales del Estado prevén aumentar un 6,3% los recursos destinados a los programas contra la violencia de género.

 

Es cuanto menos irónico que argumenten este aumento de los presupuestos cuando en 2016 sólo se destinarán 25,2 millones de euros frente a los 34,3 millones de 2010, un 26% menos. No sólo no avanzamos, sino que hay una clara involución.

 

Hablan de la educación de la juventud, pero la LOMCE no contempla la coeducación y permite financiar con fondos públicos colegios que segregan por sexo. Eliminan la asignatura de Educación para la ciudadanía y vuelven a introducir en los planes de estudio la doctrina católica, misógina y sexista.

 

Se dice que las Asociaciones de mujeres participan en los diversos Consejos de la Mujer, pero se recortan las subvenciones y recursos para que puedan funcionar y alcanzar sus objetivos

 

Hablan de paridad o implicación y participación de las mujeres en los lugares de dirección y toma de decisiones, pero continúan ocupándolos los hombres.

 

Afirman que protegen a las mujeres, pero exigen la denuncia formal para luego no dar crédito a su relato. Acrecientan la desconfianza en la justicia, consecuencia de un aumento de los sobreseimientos de las denuncias y un crecimiento lamentable de las órdenes de protección denegadas.

 

La situación económica de crisis sistémica, provocada por el sistema capitalista, ha repercutido de lleno en el aumento de la pobreza femenina que ya denunciábamos antes del 2008 en numerosos estudios e informes con perspectiva de género. El aumento del paro hasta cifras impensables, junto con los recortes en la ley de dependencia, en servicios sociales, en vivienda social, en sanidad y educación, inciden de manera directa contra las mujeres que soportan las tareas de cuidados de las familias en varios puntos por encima de los hombres. Ahora el recorte del 22% en la prestación de desempleo afecta a las mujeres, incrementando el nivel de pobreza en general y la feminización de la pobreza si tenemos en cuenta las altas tasas de paro femenino y la brecha salarial, que se sitúa por encima del 19%.

Con el comienzo de la crisis, ya en 2010-2011, además de los recortes generales en los sectores enumerados, se han producido otros que afectan directamente a los fondos destinados a la Igualdad de oportunidades y la atención y prevención de la violencia de género. Incluso aún con el PSOE en el gobierno, se cerró el Ministerio de Igualdad que, con dos años escasos de funcionamiento, empezaba a dar sus primeros frutos y ha situar en el primer plano de la agenda política la libertad de las mujeres y su derecho a vivir sin discriminación y sin violencia. 

 

A partir de entonces, y ya con el PP en el gobierno, se ha desmantelado una gran parte de los recursos de atención y casi todos los de prevención y sensibilización contra la violencia de género. En esta legislatura la disminución del presupuesto para la igualdad ha sido del 20,9%, y del 47,6% respecto a 2009. En 2016 las partidas para igualdad y lucha contra la violencia solo suponen el 0,0103% del total presupuestado.

 

La reforma de la Ley de Bases de Régimen Local por la Ley 27/2013, que elimina la competencia municipal en políticas de igualdad, ha hecho retroceder los recursos municipales para servicios sociales, la promoción de la igualdad de oportunidades y la prevención de la violencia contra la mujer. Como consecuencia, cierran centros de atención a las mujeres y casas de acogida.

 

La realidad de las cifras es machacona. La violencia machista se ha cobrado durante la última década más de 700 vidas de mujeres y es la primera causa de muerte intencionada. Le podemos llamar feminicidio, porqué es un asesinato por razón de sexo, por ser mujer.

 

La ONU suspende al estado español en igualdad de género

 

En el mes de julio Naciones Unidas emitió un demoledor informe a través del “Grupo de trabajo sobre la cuestión de la discriminación contra la mujer en la legislación y en la práctica”, instando al Estado español a que cumpla sus compromisos internacionales en materia de igualdad de género ante los alarmantes retrocesos producidos en los últimos años.

 

Esto explican las ONG’s de la Plataforma CEDAW. Han trabajado durante dos años para elaborar un informe realizado por 50 organizaciones de mujeres de todo el estado y entregado al Comité, donde se denuncian los recortes y retrocesos en los derechos humanos de las mujeres.

 

La CEDAW (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer), aprobada en 1999 por NNUU -firmada y ratificada por España junto a 187 países del mundo-, se dota de este comité para analizar los informes que emiten los países sobre este tema.

 

El informe de NN UU recuerda al Estado la obligación de aplicar todas las disposiciones de la Convención de manera sistemática y continúa y que, por tanto, preste atención prioritaria a las observaciones formuladas por el Comité.

 

En concreto sobre la violencia de género, muestra su alarma por la prevalencia de la violencia contra la mujer e insta al estado a revisar la legislación a fin de incluir,  además de la violencia en la relación afectiva, otras formas de violencia de género: la policial, de los cuidadores y la violencia en los espacios públicos. A formar específicamente a jueces, fiscales y policía sobre la Convención y sobre las leyes que protegen a las víctimas de violencia. A una protección adecuada con suficientes centros de acogida.

 

En julio del año pasado, la CEDAW aprobó un dictamen en el caso del asesinato de Andrea, hija de Ángeles González Carreño. En éste, se determinaban fallos en el sistema judicial y policial al ser el asesino su padre, condenado por maltrato, utilizando un régimen de visitas que la madre había denunciado y al que se había opuesto repetidamente. La CEDAW recomendaba al Estado español reconocer estos fallos para no repetirlos en el futuro e indemnizar y reparar el mal causado a Ángeles González.

 

Pero Rajoy, el ministro de justicia y el Consejo de Estado continúan sin aplicar las recomendaciones, sin reconocer un dictamen que es vinculante. Y en este año ya han sido asesinados por sus padres seis niñas y niños en situaciones similares. Esto es un claro ejemplo de violencia institucional: al no reconocer que hay una responsabilidad directa del Estado, se da un mensaje de desprotección judicial a las mujeres y madres que pasan por estos procesos.

 

Las políticas públicas versus la ideología patriarcal imperante. La violencia institucional.

 

El concepto definido por la ONU en 1993 de violencia institucional se refiere a la forma en que los estados y las instituciones no ponen fin a la violencia y ayudan a mantenerla. Vemos como en nuestro día a día esta resistencia a la aplicación de la ley y los cambios que supone produce una violencia institucional y, por tanto, una segunda victimización de las mujeres que deciden salir del círculo de la violencia que sufren y piden apoyo a la sociedad.

 

Ni la ley 1/2004 de “Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”, con competencias judiciales en todo el Estado, ni las leyes autonómicas, como la catalana 5/2008 “Ley del derecho de las mujeres a la erradicación de la violencia machista”, incluyen un artículo contra la violencia institucional que reclamábamos las asociaciones de mujeres. En la catalana, sí se recoge la definición de victimización secundaria y la necesidad de indemnizar a las mujeres que sufren violencias machistas, reconociendo de alguna manera la responsabilidad del estado.

 

Estas leyes están en clara contradicción con los tratados internacionales firmados por el Estado español, como recientemente el “Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica”, que en su artículo 5 indica: “ 1. Las Partes se abstendrán de cometer cualquier acto de violencia contra las mujeres y se asegurarán de que las autoridades, los funcionarios, los agentes y las instituciones estatales, así como los demás sujetos que actúan en nombre del estado se comporten de acuerdo con esta obligación. 2. Las partes tomarán las medidas legislativas y otras necesarias para actuar con la diligencia debida para prevenir, investigar, castigar y conceder una indemnización por los actos de violencia incluidos en el ámbito de aplicación del presente Convenio cometidos por actores no estatales”.

 

Uno de los factores que pueden cambiar esta situación, y una  de las principales reivindicaciones del movimiento de mujeres, recogido por varias convenciones internacionales firmadas por el Estado español, es la formación de los profesionales que deben atender a las mujeres en procesos de violencia machista, así como del profesorado que tiene una responsabilidad importante en la socialización de la juventud. En definitiva, lo que estamos exigiendo, es una especialización en el tema, del todo necesaria. Pero no cualquier formación técnica sino sobre todo la que conlleva un cambio de la ideología patriarcal imperante, reconociendo las causas estructurales de ésta violencia.

 

La propuesta de esta formación específica para los profesionales no ha tenido éxito hasta el momento. En la judicatura, jueces/zas, abogados/as, forenses, a las personas en particular, y a las instituciones en general, no les interesa. A unas les parece que ya están suficientemente formadas y se atreven a juzgar o defender mujeres sin tener noción de los procesos de violencia machista que están sufriendo. Otras piensan que las mujeres exageramos y que no serían necesarias leyes específicas que, al final, discriminan a los hombres.
 

El problema no es sólo la poca formación. Es la ideología imperante. La ideología patriarcal. Todavía nos regimos en el ambito del derecho romano, cuando el patriarca de la familia tenía todo el derecho a juzgar y escarmentar a su mujer y sus hijos e hijas.

 

Otro de los desafíos más importantes para el movimiento de mujeres es desmontar la trampa de las leyes que se presentan como una mejora de la situación de las mujeres, pero que en el fondo no lo son. Un ejemplo claro son las leyes de conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
 

Estas leyes establecen derechos indistintos o transferibles al hombre o a la mujer. Pero como la situación de partida de las mujeres es desigual (discriminación salarial, segregación por sectores y categorías, presión social, resistencia de muchos hombres a corresponsabilizarse en las tareas domésticas, etc.), el resultado es que las mujeres son las candidatas apropiadas para pedir los permisos y excedencias, con el consiguiente refuerzo de la concepción tradicional del reparto de las tareas de cuidado. De nuevo, una aparente medida de igualdad hace que los derechos de las mujeres desaparezcan bajo el paraguas de los derechos de la familia.
 

Aunque estamos en un momento de retroceso de las políticas públicas, pienso que no hay retorno a las cavernas para los derechos y libertad de las mujeres. Ya no hay vuelta atrás en los derechos y libertades ganados. Pero debemos seguir y no bajar la guardia en ningún momento, porque el machismo aún impregna nuestras instituciones y es el principal factor de la crisis de las políticas públicas dirigidas a la violencia machista.
 

La ideología patriarcal, que impregna todas las instituciones de la sociedad, evidencia una resistencia en todos los ámbitos por parte de los y las profesionales que intervienen en el circuito de atención y conforman las instancias institucionales. De manera más activa, se resisten no aplicando la ley y volviendo a culpabilizar a la mujer de su situación, en vez de a su verdugo. En los titulares de los asesinatos de mujeres se refleja claramente: “no había denunciado, no la podemos proteger”; y a menudo, respecto del asesino: “no lo parecía, estaba deprimido, no ha soportado la separación…”, atenuantes que no se tendrían en cuenta en ningún otro caso de asesinato. Otra manera de practicar esta resistencia es continuar con la rutina e ignorar las nuevas medidas de las que se ha dotado la sociedad para erradicar la violencia machista. Firmando protocolos que luego no se profundizan ni aplican, no dando respuesta efectiva y eficiente a las mujeres que se atienden, expresamente por ideología o por desconocimiento.

 

Se pone mucho el acento en que si la mujer no denuncia no se la puede proteger. Pero cuando denuncia no se la protege.

 

Faltan programas de sensibilización a la ciudadanía que proporcionen a las posibles víctimas la información adecuada para conocer sus derechos, para poder ser acompañadas en el proceso. Esto quiere decir que hay que potenciar y garantizar el acompañamiento emocional y jurídico para que la denuncia sea eficiente y positiva para el proceso de reparación. En este sentido no es sólo la denuncia a la policía y el consecuente inicio del proceso judicial, sino la escucha, el acompañamiento en todos los ámbitos de la salud, la asistencia social, laboral, para que realmente se consiga esta reparación que la sociedad debe a las mujeres.

 

Persiste la visión estereotipada sobre la violencia de género y sobre las mujeres que pasan por este proceso en el ámbito jurídico: jueces/zas, forenses, abogados/as, etc. Los profesionales minimizan y naturalizan la violencia que está sufriendo la mujer o no le dan credibilidad a su relato, profundizando en el mito de las denuncias falsas. Suele también influir el país de origen. O que sea una víctima asustada, cohibida: si la mujer es decidida y empoderada tiene perdido el juicio y no se la cree.

 

En el acompañamiento cotidiano todavía nos encontramos con que se tiende a culpabiizar a la mujer que quiere salir del círculo de la violencia, se la exige que demuestre que hay violencia a pesar de llegar herida y maltratada a los juicios, se encuentra con incomprensión en todas las ventanillas, que ponen en duda lo qué ha pasado. También pende sobre ella la amenaza de que al salir de los juzgados de violencia contra la mujer, lo haga con una sentencia en su contra como consecuencia de una denuncia cruzada de su agresor. Por todo ello, muchas mujeres no denuncian y algunas que lo hacen, retiran la denuncia.

 

Esta situación tan preocupante en los juzgados se repite en otros ámbitos institucionales dónde la mujer busca ayuda: Servicios sociales, salud, laboral, etc.

 

Nos encontramos a cada paso la violencia institucional en el acompañamiento a las mujeres que están en procesos de recuperación de la violencia sufrida. La impotencia ante las injusticias o la no atención debida es muy grande.
 

Estrategias de empoderamiento de las mujeres
 

Somos y queremos ser decisivas en la dirección de la humanidad. Coger confianza. Ganar autonomía. Llegar a la conclusión de que las mujeres podemos decidir por nosotras mismas. No necesitamos tutores. Queremos la libertad de poder intervenir en las políticas públicas y acabar con las desigualdades de género.

 

Tomar conciencia de nuestra fuerza y ​​nuestro lugar en la sociedad y como decíamos en la Conferencia de Beijing en 1995, "mirar al mundo con ojos de mujer". Pasar de ser víctimas a ser decisivas a la hora de hacer avanzar el mundo.

Desde tiempos ancestrales, las mujeres para superar esta violencia machista han creado entornos seguros entre ellas, círculos, dentro de todos los tipos de sociedad para poder sobrevivir. En las épocas más oscuras de la historia de la humanidad han mantenido estos lazos.

¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI las mujeres de Cataluña (y de todo el mundo) cobren menos que los hombres? La brecha salarial en Cataluña en 2011 era de 19,6% y había aumentado, a pesar del descenso de años anteriores.

 

¿O que todavía haya una clara segregación en ocupaciones tradicionalmente femeninas o masculinas?

 

¿O que las mujeres tengan un 25% de contratos a tiempo parcial frente un 8% de los hombres?

 

¿Cómo puede ser que asesinen a mujeres por el hecho de ser mujeres?

 

Otra buena estrategia: el poder y la fuerza que da el ir juntas. La organización en asociaciones ricas en experiencias y la puesta en común de todos los trabajos y logros nos hace fuertes. Nos permite abordar las desigualdades de género y la lucha por una sociedad libre de violencia hacia las mujeres.

Desde 1995 en Beijing, mujeres de todo el mundo nos organizamos para hacer frente al reto de la erradicación de la violencia machista en el siglo XXI.

Desde diferentes plataformas, como a nivel del Estado español la Plataforma CEDAW que elabora el informe sombra, para poner en evidencia esta crisis en las políticas públicas. O las redes europeas que trabajan dentro de las instituciones. O los Foros sociales donde las organizaciones de mujeres tienen un papel principal. O nuestro 15M donde quedó claro que las mujeres jóvenes tienen fuerza para coger la antorcha que les pasamos.

 

Romper con la normalización de la violencia hacia las mujeres. Romper con la trivialización de las humillaciones, desigualdades, agresiones, en la vida cotidiana. No es tarea fácil. Debemos convencer a muchas y muchos.

 

En muchos momentos de cambios sociales para un mundo mejor, se deja para más adelante el "tema de las mujeres", como si fuéramos un tema o un colectivo más. Somos la mitad de la humanidad y queremos tener voz y parte en las decisiones públicas. En los procesos de paz, en las decisiones económicas a adoptar por una sociedad más justa, en cómo salir de la crisis, en qué país queremos: en todo tenemos mucho que decir.

Organizarnos y crear herramientas eficientes para tener fuerza ante las instituciones, ante las violaciones de las medidas y leyes contra la violencia a las mujeres y ante la violencia institucional. Movilizarnos para poder cambiar las cosas. Precisamente en el momento de retroceso de las políticas públicas es cuando más necesitamos estar juntas para exigir el cumplimiento de los compromisos y el desarrollo de las leyes con recursos suficientes y eficientes tanto en prevención como en atención.

 

Tenemos marcos de participación institucional como los Consejos de Mujeres. Tenemos que estar allí. Tenemos que conseguir voz en los Observatorios contra violencia hacia las mujeres. En los circuitos contra la violencia de género. Más voz en estos espacios institucionales.

 

Son importantes. Algunas políticas feministas que están en las instituciones nos lo piden. A ellas a menudo les dicen aquello de que "ahora no toca", "ahora hay cosas más importantes que resolver": es entonces cuando tiene que haber complicidad con el movimiento de mujeres. Para movilizarnos, para poder cambiar las cosas.

 

Tenemos y debemos reforzar los marcos del movimiento de mujeres. Está bien que seamos diversas. Nos enriquece y unas influimos en las otras y constituimos un vector fuerza cuando golpeamos juntas.

 

Las iniciativas como la Marcha estatal a Madrid del 7 N, la incidencia política junto a todas las asociaciones europeas e internacionales, las diversas Plataformas y redes estatales o autonómicas, son imprescindibles para hacer frente a los desafíos de este siglo, en concreto para que sea el siglo de la erradicación de la violencia machista, y del patriarcado que la hace posible.

Participa en el XI Fòrum contra les violències de gènere

http://www.violenciadegenere.org/pcvg/

Plataforma CEDAW sombra:

https://cedawsombraesp.wordpress.com/

Plataforma Impacto de género ya!

http://impactodegeneroya.blogia.com/

 

Coordinadora de la Plataforma unitària contra les violències de gènere de Catalunya
Fuente:
www.sinpermiso.info, 1 de noviembre 2015