Venezuela: primeros análisis post-electorales. Dossier

Pablo Stefanoni

Ociel Alí López

Giordana García Sojo

26/05/2018

Tres elementos sobre Venezuela

Pablo Stefanoni

Creo que hay que incluir tres elementos en el análisis sobre Venezuela:

1.una economía política de la ilegalidad/informalidad . No basta ya con decir que la hiper inflación es de miles de millones por ciento o que el PBI cayó como si hubiera habido una guerra o que el salario es de tres dólares al cambio paralelo (no basta no significa no decirlo). Como escribió Fabrice Andreani, el régimen venezolano es una mezcla de autoritarismo y laissez faire. Habría que indagar más sobre sus dinámicas, incluyendo grandes y pequeñas ilegalidades.

2. Dejar de pensar que va a explotar y pensar que, en todo caso, la situación ya es "post-apocalíptica". Es decir, el gobierno opera con una economía política del caos y logra gestionarlo con altísimos costos pero lo consigue. En esa situación, el Estado rentista que sigue recibiendo un flujo de ingresos petroleros, más bajo pero lo recibe, parece el único elemento realmente activo de la sociedad. Hay efectos paradójicos como la bancarización por falta de efectivo.

3. El sistema de gratuidades en los sectores populares (luz, agua, Internet, subte/metro, etc.. todo es más o menos gratis) más los claps, bonos, pequeños negocios con los bienes regulados -que comentaba M. Sutherland-. No digo que estén bien, solo pienso por qué no hay una rebelión social. Todo esto no es algo sistemático pero creo que hay que sumarlo a la cuestión militar y a una oposición que se anula a sí misma. Hablar de una "dictadura" normal explica poco, menos aún de un sistema a la cubana. Cuba controla muy bien sus cárceles y su seguridad por ejemplo, Venezuela no. Y en Cuba no se escapan los presos políticos en baúles de autos.

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Todos ganan y aceleran

Ociel Alí López

Los resultados de las elecciones del pasado domingo hacen esperar que las tácticas preestablecidas de cada tendencia política se afiancen. En su lectura, todos los actores políticos podrán encontrar motivos para concluir: “Venimos bien, sigamos así”.
 
Las elecciones presidenciales del domingo pasado en Venezuela concluyeron con varios resultados pronosticados, pero a la vez sorpresivos. Todos vaticinaban que Nicolás Maduro sería reelecto, pero nunca con el 67 por ciento de los votos. También se esperaba que la abstención fuera importante, pero no que alcanzara el 54 por ciento, cuando en presidenciales anteriores se colocaba entre 20 y 21 por ciento. Los pronósticos no preveían que ganara el candidato opositor Henri Falcón, pero en ningún caso que perdiera con una diferencia tan grande (de 46 puntos porcentuales) contra Maduro.
 
Con estos resultados es de esperar que las tácticas preestablecidas de cada tendencia política se afiancen. Todos los actores políticos podrán encontrar motivos en su lectura para concluir: “Venimos bien, sigamos así”.
 
Para Maduro, su estrategia política de sacar del cuadro electoral a la oposición radical, y con ella a sus votos duros, resultó exitosa, pero los números del domingo demuestran a la vez que el actual presidente es un candidato débil y derrotable electoralmente. Con 6.190.612 votos, bajaron considerablemente sus electores respecto de las presidenciales de 2013. En aquella elección Maduro logró 7.505.338 votos, frente a los 7.270.403 de Henrique Capriles Radonski. Desde entonces el padrón electoral aumentó en casi dos millones de inscritos y Maduro perdió 1,3 millones de votos, aproximadamente. Sin embargo, hoy es ganador de unas presidenciales cuando desde su asunción en 2013 hasta hace pocos meses ningún analista o político predecía que pudiera ser reelecto. Maduro remontó a punta de política, consolidó su liderazgo interno en la maquinaria oficial y empujó a sus más acérrimos adversarios fuera de los límites legales, lo que ellos aceptaron y demostraron en los hechos en las guarimbas de 2014 y 2017. Estos dos hechos fueron elementos clave de la política estratégica de Maduro para ganar las presidenciales de 2018.
 
De tácticas y cálculos

Los resultados de la oposición en las últimas elecciones legislativas, en las que ganó la mayoría con 7,7 millones de votos, permiten suponer que Maduro podría haber sido derrotado el pasado domingo si la oposición hubiese mantenido la misma estrategia electoral. Pero su decisión de optar por el boicot (y en algunos casos también las salidas violentas), el abstencionismo, y por quedar a la espera de acciones de parte de Estados Unidos, le restó apoyo. Algo que no se explica únicamente con las políticas exteriores de Trump con respecto a Venezuela, sino también con el juego político que diseñó Maduro y que la oposición no supo superar, especialmente después de ser abatida en los levantamientos de calle el año pasado.
 
Por otro lado, también se puede afirmar que la oposición radical y la derecha mundial han triunfado, ya que la abstención general de 54 por ciento pudo dejar al desnudo la institucionalidad que Maduro invoca para defenderse políticamente. La oposición radical logró convencer a sectores mayoritarios –no sólo a sus votantes más fieles‒ de no votar, y con este resultado espera precipitar el escenario de la intervención internacional o las salidas extraconstitucionales.
 
Un presidente es un presidente
 
Curiosamente, Maduro también se vio favorecido por la abstención. Sin ella no hubiera podido ganar la presidencia, lo que ha llevado a muchos observadores venezolanos a señalar que su victoria se explica por la condición particular de que sus adversarios no participaron. No obstante, para él este resultado es suficiente y le permitirá mantener y reiterar en sus discursos que es el presidente electo con mayor porcentaje en la historia del país. La alta abstención no es un problema jurídico y no dispara ley o reglamento alguno que debilite su triunfo. Y es en este sentido que el oficialismo se siente vencedor; logró empujar a la oposición de tal manera que ésta se colocara a sí misma fuera del ámbito electoral. La campaña de Nicolás Maduro estuvo dirigida especialmente a sus votantes más fieles, que siempre se estimaron en torno al resultado alcanzado, por eso el resultado no lo sorprendió. Lo que sí lo sorprendió fue la alta abstención, que dejó por el suelo los resultados de los otros candidatos y debilita simbólicamente su triunfo.
 
Se puede decir entonces que el pasado domingo ganaron tanto Maduro como la oposición radical. El candidato opositor, Henri Falcón, resultó derrotado por la abstención, con apenas 21 por ciento de los votos, y expresó su “desconocimiento” de los resultados. Exige nuevas elecciones para octubre y hasta entonces espera poder arrastrar más apoyo dentro de los sectores opositores (abstencionistas y no), mientras el resto del liderazgo opositor se encuentra fuera del país. En este sentido, Falcón también ganó algo, se posiciona como la principal ficha de la oposición electoral, el personaje que podría abrir el camino político que tarde o temprano precisará la oposición.
 
Con este panorama, donde todos ganan y nadie pone, cada quien pisará el acelerador.
 
Adivinar el futuro
 
El gobierno cuenta ahora con una carta contundente para evaluar qué rol darle a la Asamblea Nacional Constituyente conformada en julio de 2017 en elecciones controvertidas. O bien el oficialismo opta por atornillar las instituciones existentes, creando condiciones jurídicas para la perpetuación en el poder, o bien considera que la alta abstención da cuenta de un descrédito de esa institucionalidad y decide proponer soluciones a tal situación. Maduro tendrá que tomar decisiones que abrirán corrientes y tendencias en la interna del chavismo, pero seguramente intente utilizar ese 67 por ciento para blindar aun más el andamiaje oficial.
 
La oposición radical que se encuentra fuera del país obtuvo con la alta abstención el argumento para seguir fomentando sanciones, bloqueos, embargos y hasta una intervención militar. Va a seguir presionando por ello. Especialmente bajo el gobierno de Donald Trump, que, a diferencia del de Barack Obama, puede apostar con mayor facilidad a este tipo de reacciones. Un día después de la reelección de Maduro, Trump firmó un decreto para aplicar nuevas sanciones contra Venezuela, sanciones que limitan la posibilidad del presidente venezolano de vender activos estatales, incluidos bonos, en Estados Unidos. El embargo petrolero ha sido materia de debate de congresistas republicanos y demócratas. Basta recordar que el mismo Trump ha mencionado la posibilidad de una intervención militar.
 
Seguirán los embates internacionales contra Venezuela. Se profundizará el aislamiento. Guyana y la Exxon Mobil intentarán apoderarse del Esequibo (zona reclamada por Guyana y Venezuela), donde en 2015 se descubrió petróleo. Se afianzarán los problemas para comprar comida y medicinas.
 
Hasta ahora la oposición radical no ha hecho un llamado a la violencia de calle como en 2017, lo cual es una muestra de que los actores políticos de la derecha no han concluido que el resultado exija llamar a manifestaciones y radicalizar el discurso de calle. Aunque cuentan con fuerzas importantes, por el momento no parecen ser suficientes y tienen fresco el recuerdo de las derrotas de 2014 y 2017.
 
“Puntos rojos”
 
En cuanto a Falcón, su desconocimiento de los resultados electorales tiene un carácter político. Las pruebas de fraude están relacionadas con factores externos ‒considerados delitos‒ al proceso comicial y que el Consejo Nacional Electoral ha reconocido, pero que no afectan el voto de manera directa. Se ha comenzado a hablar de los “puntos rojos” (por el color del toldo de los puestos oficialistas) de compra de votos a través del “carné de la patria” y una aplicación telefónica de identificación con código QR con la que se otorgan beneficios directos. Falcón denunció una práctica que se aplica comúnmente, al igual que el uso excesivo de publicidad estatal de manera ilegal. Pero esta denuncia no es nueva. Los puntos rojos funcionan desde hace 15 años, tanto cuando ha ganado o perdido el chavismo. En este sentido, los candidatos opositores que participaron en las elecciones del domingo ya conocían el ventajismo oficial. Pero resulta razonable concluir que su derrota se debe más al abstencionismo que a estas prácticas.
 
En conclusión, los resultados electorales del domingo no parecen arrojar mucha más información de lo que se sabía antes de las elecciones. Venezuela sigue viviendo dos situaciones en parte opuestas. En una de ellas aumenta el acecho de la soberanía por parte de Estados Unidos y Colombia. En la otra, la dirigencia política venezolana se atornilla al poder. Ambas tienen efectos económicos que devastan al país. Las elecciones del domingo no pudieron disipar esa tensión.

Brecha, 25 de mayo 2018



Elecciones en Venezuela (Informe post-electoral)

Giordana Gacía Sojo

El segundo boletín oficial del Centro Nacional Electoral (CNE) venezolano anunció que, con 98,78 % de los votos escrutados y un nivel de participación del 46,02 %, el candidato y actual presidente Nicolás Maduro resultó ganador de las elecciones presidenciales (con 6.190.612 votos, seguido de lejos por Henri Falcón con 1.917.036 y Javier Bertucci con 988.761).[1]

Los resultados se emitieron durante la noche del 20 de mayo; sin embargo, horas antes los gobiernos de Argentina, Perú y Estados Unidos declararon no reconocerlos, en consonancia con el discurso que han mantenido desde la instalación del Grupo de Lima, en agosto de 2017. Por su parte, el principal candidato opositor, Henri Falcón, desconoció la contienda electoral minutos antes de que el CNE anunciara el primer boletín.[2]

La deslegitimación como estrategia

La deslegitimación de las elecciones presidenciales venezolanas por parte de la autodenominada “comunidad internacional” (el Grupo de Lima y la Unión Europea, dirigidos por Estados Unidos), ha sido una constante desde que se anunciara su realización. A nivel interno, una oposición con serias dificultades para acordar un proyecto de país que sirva para disputar con el chavismo en el terreno político se jugó las cartas del intervencionismo internacional y del llamado a la abstención por fraude y “falta de condiciones electorales”. Finalmente, las elecciones se dieron entre continuas sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea en el orden económico, ataques mediáticos y diplomáticos para instar al desconocimiento del árbitro electoral venezolano (con especial protagonismo del secretario de la OEA, Luis Almagro) y un llamado permanente a la abstención entre las filas opositoras lideradas por la coalición de partidos que fuera la Mesa de la Unidad Democrática, ahora Frente Amplio Venezuela Libre.

A pesar del llamado a la abstención como estrategia deslegitimadora, más de nueve millones de personas votaron en todo el territorio venezolano. Votaron en el marco de una grave crisis económica, con serias incidencias en la cotidianidad familiar. Por otra parte, las elecciones se efectuaron en un ambiente de paz, circunstancia que se maximiza al recordar los graves episodios de violencia (“guarimbas”) ocurridos justo un año antes.

Una vez dados los resultados, el discurso del ala radical de la oposición, abiertamente antielectoral, instala la idea de ilegitimidad con base en la participación del 46,02 % de la población. Cabe preguntarse que si el sistema electoral venezolano no es fiable, ¿cómo es que son válidos y reconocidos los cómputos acerca del número de participación y abstención?

Sin embargo, al momento de comparar los votos que sacó el candidato Nicolás Maduro con su contendiente más cercano, Henri Falcón, la brecha de 37,8 % entre uno y otro sí es explicada por los voceros de la oposición como producto del fraude electoral y de la falta de condiciones. El doble estándar para medir situaciones y postular condenas ha sido una de las formas más reiterativas de atacar el proceso político venezolano en todas sus fases.

Por otra parte, es llamativo que se reproduzca la matriz de la baja participación como argumento para declarar no legítima una elección cuando, primero, no existe ninguna ley que respalde constitucionalmente tal afirmación y, segundo, muchos de los gobiernos voceros del discurso que desconoce las elecciones venezolanas, han sido electos con igual o menor nivel de participación (como son los conocidos casos de Colombia y Chile, ambos con tasas de participación en las últimas contiendas de 40,65 % y 46,7 %, respectivamente). Sin entrar en detalles sobre lo poco directo y participativo que resulta el sistema electoral de Estados Unidos, la elección del actual presidente, Donald Trump, estuvo empañada por reiteradas denuncias de fraude y una abierta brecha numérica de, al menos, tres millones de personas que votaron a la candidata opositora. Sin embargo, estos hechos no le impidieron el triunfo a Trump[3], en una contienda donde participó el 54,4 % del electorado

En los asuntos que atañen a las elecciones venezolanas, es usual que opinen y declaren voceros de muchos países y medios, lo que no ocurre con procesos similares en otras naciones como Hungría o Bulgaria, por citar solo un par. En este sentido, ¿qué ocurriría si el llamado nacional (e internacional) a la abstención fuese una constante en las elecciones de EEUU, Francia, Colombia o Chile? Cabe la duda de si la “comunidad internacional” lo permitiría, como ha ocurrido con Venezuela y, sobre todo, de cuál sería el nivel de incidencia que un pronunciado y permanente llamado a la abstención tendría en la participación electoral, tomando en cuenta que ya, en estos países, roza o está muy por debajo del 50 %.

La oposición en pedazos

Nicolás Maduro ganó con 6.190.612 votos, una suma clave considerando las circunstancias económicas que atraviesa la nación. Henri Falcón alcanzó menos de la tercera parte -una diferencia de 37,8 puntos- lo que muestra la poca capacidad que tuvo el candidato del partido Avanzada Popular para capitalizar el voto opositor. No obstante, tomando en cuenta el boicot que le hicieran sus propios compañeros de tolda e ideología de la MUD llamando a la abstención a toda costa, lo que restó fuerza política a Falcón no fue tanto el poco caudal de votos que sacara, sino el haberse sumado a las voces deslegitimadoras, incluso antes de que se conocieran los resultados oficiales.

La perseverante defensa de la vía política que lo caracterizó durante la contienda quedó hecha trizas en minutos por su propia ambición personal.

Un rol de gran interés y atención a futuro lo ocupa el pastor evangélico Javier Bertucci, quien obtuvo el tercer lugar con 988.761 votos y aceptara finalmente el triunfo de Nicolás Maduro[4]. Bertucci fue el outsider de la contienda; en muy poco tiempo remontó un apoyo importante que puede significar una base de arranque para próximos eventos electorales. No es subestimable la fuerza política que han tomado las organizaciones neopentecostales en la región, con triunfos como el del actual presidente de Guatemala, Jimmy Morales, y aproximaciones importantes como la que ocurrió recientemente en Costa Rica con Fabricio Alvarado, quien estuvo muy cerca de alcanzar la presidencia.[5]

Por su parte, el Frente Amplio Venezuela Libre se atiene al discurso de la deslegitimación por abstención. En la última declaración que emitiera, horas antes de que se conocieran los resultados del CNE, el vocero de Primero Justicia, Juan Pablo Guanipa, hizo un llamado a las Fuerzas Armadas a que intervinieran por la poca participación[6]. Brillan por su ausencia en el podio los líderes más representativos de la MUD, Henry Ramos Allup de Acción Democrática y Henrique Capriles Radonsky de Primero Justicia. La fragmentación de la oposición venezolana parece haber alcanzado uno de sus momentos más graves.

Diálogo y recuperación

El discurso post resultados del presidente Nicolás Maduro fue enfático en la necesidad de alcanzar un gran diálogo nacional que ponga a trabajar en conjunto a diversos sectores de la sociedad para salir de la crisis económica y avanzar hacia la recuperación del país. De nuevo, el llamado al diálogo nace del lado del Gobierno, luego de la negativa de acuerdo por parte de la oposición en el último minuto de las mesas de diálogo llevadas a cabo en República Dominicana en 2017.

Maduro se enfrenta a un escenario difícil. La continua alza inflacionaria, la escasez de efectivo y las fallas en los servicios públicos juegan un papel protagónico en el día a día de la ciudadanía. Si bien el voto chavista le otorga un piso inédito en un país asediado económica y comunicacionalmente, el presidente electo debe administrar con precisión la victoria y lograr resistir la escalada de sanciones y bloqueos (justo un día después de las elecciones, Trump emitió otra orden ejecutiva que prohíbe operaciones de deuda entre EEUU y Venezuela)[7] y, a su vez, responder con medidas concretas que signifiquen una muestra de gobernabilidad y avance.

El chavismo ha demostrado ser una fuerza política que resiste al desgaste natural de dos décadas de gobierno y a los continuos ataques. Si la oposición radical sigue sin querer dialogar con el chavismo, en su empeño de negarlo, la fragmentación de la misma podría acentuarse. La vía del intervencionismo extranjero, si bien es un hecho, parece suspenderse en tanto el gobierno de Trump se empantana en el conflicto medioriental. El espectro internacional es mucho más amplio, y los gobiernos de Rusia[8] y China[9] reconocieron y felicitaron las elecciones venezolanas.

Notas:
[1] http://www.cne.gob.ve/web/sala_prensa/noticia_detallada.php?id=3716
[2] http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-44192913
[3] http://www.lavanguardia.com/internacional/20180104/434058302921/trump-ci...
[4] http://globovision.com/article/javier-bertucci-denuncio-la-estrategia-im...
[5] http://www.celag.org/iglesias-evangelicas-poder-conservador-latinoamerica/
[6]  http://www.el-nacional.com/noticias/politica/frente-amplio-venezuela-lib...
[7] https://actualidad.rt.com/actualidad/272367-trump-prohibir-operaciones-d...
[8] http://www.eluniversal.com/politica/9952/cancilleria-rusa-acuso-a-eeuu-d...
[9] https://www.telesurtv.net/news/china-exige-respeto-resultados-elecciones...

http://www.celag.org/elecciones-presidenciales-venezuela-informe-post-el...
 

Editor de la revista "Nueva sociedad".
es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ganador del premio municipal de Literatura por su libro Dale más Gasolina: chavismo, sifrinismo y burocracia (2015) y del premio internacional Clacso/Asdi para jóvenes investigadores (2004).
Politóloga, es investigadora del CELAG.
Fuente:
Varias