Venezuela: el escenario de las negociaciones. Dossier

Carlos Carcione

Michael Penfold

Jorge Altamira

13/11/2016

Desenlace en pleno desarrollo, Toma II: de la mano de Shannon y Francisco

Carlos Carcione

Después de cerrar de golpe la última ventana democrática por donde el pueblo venezolano podría hacer escuchar su voz con la suspensión del procedimiento de activación del Referendo Revocatorio (RR), Maduro llamó a dialogar a la oposición organizada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), con el auspicio del Vaticano y el espaldarazo de cuerpo presente, del jefe de política de Estados Unidos para el continente.

Hubo un cambio abrupto de escenografía entre la suspensión del RR, la ocupación violenta de la Asamblea Nacional de mayoría opositora por parte de los llamados “colectivos”, y el más actual y “cálido” apretón de manos entre Maduro y Chuo Torrealba secretario ejecutivo de la MUD, en un museo de Caracas donde se inició el “Dialogo” que auspician Francisco y Shannon.

Sin embargo son escenografías intercambiables, parte de la trama de la obra que estamos presenciando: El desenlace de la tremenda crisis política que junto con la económica y social, le da contexto al colapso integral al que Maduro y la cúpula del PSUV está llevando al proyecto bolivariano heredado de Chávez.

Como previmos los días finales de octubre fueron tormentosos. El intento, por ahora exitoso, de supresión del Revocatorio y de postergación hasta una fecha indeterminada y de cumplimiento incierto, de las elecciones a gobernadores para el segundo semestre del año próximo, se hizo desde la cúpula del PSUV-Gobierno al altísimo costo de eliminar todo procedimiento democrático y constitucional, en una acción que se podría nombrar con la voz popular “quemar las naves”. Imagen que la escenografía bucólica y amable de la instalación del “Dialogo” intenta anestesiar.

Lo que espera a la salida de la actual situación es la alternativa que planteamos luego de la suspensión del Revocatorio entre democracia o dictadura2. Cuál de estos caminos finalmente se imponga, con todos sus grados, matices y mediaciones, depende únicamente de la actitud del pueblo venezolano, en especial del sector de este que vive de su trabajo, y de su disposición a convertir el extremo malhumor actual, en acción independiente.

El rumbo elegido por el PSUV y el gobierno Maduro es quedarse “como sea” en el gobierno y para ello apela a todo tipo de maniobras represivas y violatorias de garantías y libertades. Pero también queda a la vista que la cúpula de la MUD no busca una salida democrática, es decir, abierta a la participación popular o incluso de otros actores políticos y sociales. Por eso inmediatamente conocida la suspensión del revocatorio lo dio por muerto y enterrado como antes había aceptado sin replica la postergación sine die, de las elecciones de gobernadores.

Este desprecio por la participación popular muestra, para el que quiera ver, que detrás de la pelea entre las cúpulas subyace un punto de acuerdo de dos rostros, uno económico y otro político. Con diferencia de matices, sectores a incluir y discursos, grosso modo ambos coinciden como muestra la realidad, en adaptar el país a las características depredadoras que exige el capital financiero internacional en la actualidad.

Mientras que desde el punto de vista del sistema político, ambos se manejan más cómodos en una “democracia” vigilada o lo que es lo mismo una dictadura con fachada “electorera”. La contradicción irresoluble, por ahora, que explica la disputa, radica en que el modelo que podrían pactar, no tiene espacio para todas las partes de cada una de las cúpulas. Por lo que la condición para el pacto es la traición al interior de los bloques.

Por otra parte, la presencia de esos actores internacionales, a veces visibles y otras veces ocultos, es como garantes de que el precio de la adaptación del país a la contraofensiva que está desarrollando el capital financiero en la región, se haga al menor costo posible.

En este marco, el “Dialogo”, sino se modifica como está planteado y no se incorpora el principal actor hasta hoy ausente de la escena: el pueblo humilde y sus necesidades, es apenas la Toma II del Desenlace Tormentoso que facilitara la consolidación del autoritarismo y la entrega.

Por estas razones entre otras, es que la Plataforma en Defensa de la Constitución de la que hace parte Marea Socialista, se ha puesto en la tarea de estimular la lucha popular por la reactivación del cronograma del Referendo Revocatorio y de todas las formas posibles de participación democrática. Porque estamos seguros que la crisis sólo se resolverá con más democracia y nunca con menos.

https://www.aporrea.org/actualidad/a236506.html

 

La escalada

Michael Penfold

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El bloqueo del Referendo Revocatorio es un punto de quiebre tanto para el gobierno como para la oposición. El chavismo ha provocado una ruptura constitucional que lo lleva ineludiblemente a la profundización de un sistema autoritario, pero además borra cualquier salida electoral a la crisis venezolana, al menos en el corto plazo. Así se plantea un problema de gobernabilidad muy serio para el chavismo en su conjunto, y no sólo para Nicolás Maduro, pues el gobierno ha roto incluso con las propias reglas bajo las cuales funcionaba la revolución. Al parecer sólo les queda el apoyo de los militares para mantenerse en el poder.

Al negar la salida electoral, el chavismo también negó su origen popular. Ya la revolución no es cívico-militar, sino un asunto estrictamente castrense, por lo que también deja de ser estrictamente chavista. Si el chavismo más radical pensó que el Referendo Revocatorio podía poner en riesgo el legado revolucionario, entonces también es cierto que la decisión de frenar su realización fulminó ese mismo legado que lo justifica.

Y no será sencillo para el chavismo convivir con esta decisión: la procesión va por dentro y semejante acontecimiento debe haber producido enormes fisuras.

2

La oposición también ha entrado en otro juego político, uno que es sustancialmente diferente a la visión bajo la cual venían operando: han pasado de un camino electoral donde ya es mayoría aunque sus poderes públicos sean sistemáticamente vaciados de contenido, a un camino de rebelión ciudadana orientando a aumentar la protesta social para forzar el restablecimiento del hilo constitucional.

La movilización de calle a nivel nacional, la presión internacional y la necesidad de cuestionar el ejercicio de la presidencia a través de un juicio de responsabilidad política pasan a ser ahora esfuerzos que buscan precipitar una crisis interna dentro de la coalición oficialista, todo con miras a resquebrajar el sistema actual o al menos obligar a una posible negociación que asegure la restauración de la gobernabilidad democrática del país.

La estrategia de la oposición se conoce como blitzkrieg, con miras a hacer tan alto el costo de la represión a la movilización popular que obligue al gobierno a considerar la posibilidad de retractarse de la suspensión del referendo, adelante unas elecciones generales o acepte un colapso final del sistema.

El alto rechazo popular del gobierno como consecuencia de la crisis económica, el amplio triunfo de la oposición en las elecciones legislativas y haber cumplido con los requisitos iniciales para activar el referendo les permite hacer esa apuesta.

El gobierno, por su parte, redobla su dependencia del estamento militar y su control sobre las instituciones del Estado como mecanismo disuasivo ante la ofensiva opositora. Un sendero que implica el endurecimiento de la represión (sobre todo la represión selectiva) de una sociedad que se va a mostrar rebelde, pues permanece frustrada ante su incapacidad de producir un cambio político y económico por medio del uso de su propia Constitución.

3

El sustrato de esta dinámica es una escalada del conflicto venezolano que supone, ineludiblemente, una nueva espiral de violencia. Muchos argumentarán que era previsible, dada la naturaleza intransigente del chavismo. Sin embargo, lo triste es que no sabemos si podremos salir de este proceso pues esta lógica sólo termina cuando alguna de las partes logre imponerse, bien sea a través de la presión popular o a través de la violencia.

Lo cierto es que el CNE, al bloquear la activación del único derecho constitucional que permitía promover un cambio democrático en el corto plazo, (incluso luego de condicionarlo con todo tipo de reglamentaciones) pasó a exacerbar la tragedia venezolana: al acatar la decisión de una instancia penal estadal sobre una competencia electoral nacional, mostró su lado más oscuro y complaciente del ejercicio del poder y abdicó sus funciones.

En medio de este contexto aparece El Vaticano como facilitador de una mesa de diálogo y negociación, pero cuya agenda va a tener que cambiar debido a la abrupta suspensión del revocatorio. Y aunque ambas partes reconocen a este actor internacional como un facilitador legítimo, todos ven este proceso con suspicacia. La mesa se convierte por lo tanto en un factor que divide a todo el espectro político del país.

Es decir: el diálogo y la negociación están comprometidos porque nadie los quiere, pero ambas partes lo necesitan.

El gobierno no quiere negociar, pero dialogar le permite ganar tiempo. Y la oposición quiere negociar sin dialogar para poder obtener las concesiones que reclama.

Y si bien algunos creen que los tiempos de Dios son perfectos, los de la Iglesia podrían ser diferentes.

4

El país está entrampado.

La posibilidad real de que surjan unas elecciones generales adelantadas como resultado de acuerdos alcanzados en esta mesa es una opción realista, al menos en la medida en que la situación sea socialmente tan efervescente que obligue a los militares a imponer un acuerdo y una salida democrática.

Del diálogo mediado por El Vaticano puede resucitar también el revocatorio, pero esta vez con un mapa que contenga un potencial gobierno interino y la liberación de los presos políticos, a cambio de algunas garantías para el chavismo. Es lo que buscaría precipitar la oposición con las acciones que ha anunciado y es lo que una parte del chavismo aceptaría.

¿Y si la mesa se convierte en otro fracaso, como los que ya hemos experimentado en el pasado? Ante la magnitud del conflicto político venezolano, la intransigencia de las partes y el apoyo del sector militar al gobierno a la hora de contener a la sociedad sin la necesidad de convocar a elecciones, eso sería un triunfo para el gobierno, aunque igualmente tendrán que pagar un costo muy alto a nivel internacional.

Si eso pasa, Venezuela puede quedar aislada regionalmente.

Es cierto que Venezuela ya entró en una nueva coyuntura histórica. Incierta. Volátil. Riesgosa. Incluso marcada por la escalada de un conflicto que determinará, sin duda alguna, la relación futura entre el Estado y la Sociedad.

Es seguro que este país no volverá a ser el mismo.

http://prodavinci.com/ 27 de octubre 2016

 

Una ‘mediación’ tardía y reaccionaria

Jorge Altamira 

Contra lo que sostiene una opinión difundida, ni el Vaticano ni Bergoglio han sido muy afortunados en sus ‘mediaciones’ internacionales. El último fiasco lo constituyó el rechazo, por medio de un referendo, al ‘plan de paz’ en Colombia, que habían avalado nada menos que Obama, Raúl Castro, el Vaticano y hasta Nicolás Maduro. Las ‘mediaciones’, en el caso de Venezuela, han fracasado en varios formatos, unas tras otras. Tampoco dio resultado la injerencia del Papa en el conflicto entre Israel y la Autoridad Palestina. Sin pretensiones supersticiosas, habría que tocar madera en lo relativo a la reanudación de relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba, donde se adjudica a Francisco un papel eminente, porque el bloqueo aún no ha sido levantado, ni hay señales de que ocurra en lo inmediato, mientras la prensa internacional está ventilando un negociación en curso de Cuba con China y por sobre todo con Rusia para instalar bases militares en la Isla Grande del Caribe. Después que el presidente de Filipinas anunciara una ‘separación’ de su país de EEUU, el tablero diplomático es proclive a cambiar en cualquier dirección. Que lo digan, si no, Rusia-Turquía-EEUU, con sus blancos móviles en el Medio Oriente.

Con estos antecedentes precarios, Bergoglio se ha lanzado a una mediación final en la crisis de Venezuela, aunque no haya puesto la cara para sellar el trámite. Lo que para Página 12 culminaría una gestión de un par de días, para The Wall Street Journal fue un anuncio improvisado en un par de horas. Lo fundamental no lo ha dicho nadie, a saber, si es una mediación para contener un desenlace inminente del enfrentamiento político en Venezuela - o para precipitarlo. Por de pronto, la nueva negociación tendrá lugar lejos de Caracas, aunque tampoco la Isla Margarita asegura un ambiente sosegado. La mayoría de los representantes de peso de la oposición de derecha ha calificado al intento de tardío y carente de contenido, pues parte de una decisión del gobierno de anular cualquier posibilidad de ejercicio de referendo revocatorio del mandato de Maduro, que ha incluido, en los últimos días, el desconocimiento de la Asamblea Nacional controlada por la oposición. Maduro acaba de aprobar el Presupuesto 2017 por decreto. La llamada ‘ala dura’ del chavismo tampoco lo bendice - simplemente porque no tiene contemplada ninguna concesión a los reclamos de esa oposición, y recela de los conciliábulos entre los mediadores a sus espaldas . Si la división del oficialismo se ratifica, la ‘mediación’ podría acabar pariendo un cambio de gobierno. El aislamiento del chavismo es completo en todos los planos - político, social y financiero.

La cuestión de la deuda

Ningún comentarista especializado destaca la ausencia de la mesa de uno de los protagonistas de mayor peso en esta crisis: los acreedores internacionales de Venezuela. La negociación deberá, sin embargo, satisfacer la posición de estos acreedores - antes que nada. En las últimas semanas, la estatal de petróleo, Pdvsa, ha intentado en vano obtener un canje de deuda, que vence en noviembre - del orden de los u$s 5500 millones, sobre una deuda de conjunto con acreedores privados de u$s 45 mil millones. Ha contratado para desarrollar el canje al Crédit Suisse, sin éxito. El chavismo ha pagado escrupulosamente, hasta ahora, los vencimientos de capital e intereses a los fondos internacionales, a costa de un freno al gasto de mantenimiento y a las inversiones de Pdvsa. Algún comentarista recordó que esto ya lo había hecho Ceaucescu, en Rumania, en la década del 80 del siglo pasado: tuvo un éxito memorable, porque logró, a costa de una hambruna, reducir a cero la deuda externa, para acabar ante un pelotón de fusilamiento en medio de una revolución popular.

El pago de la deuda en Venezuela ha redundado en una caída de la producción y en un ‘defol’ con los acreedores locales. Las empresas extranjeras de servicios tecnológicos han salido del país. Las operaciones comunes con empresas extranjeras están paralizadas. Un fallo del estado de Delaware acaba de condenar a Venezuela a pagar u$s 3 mil millones por la nacionalización de la minera Cristalex, anticipando lo que ocurrirá en caso de un ´default’ de la deuda externa. La prioridad otorgada al pago de la deuda externa ha redundado en la caída de un 60% de la importación de alimentos y de componentes para la producción industrial. The Wall Street Journal ‘admite’ que una razón para rechazar el canje de deuda propuesta por el gobierno (que reconoce como muy ‘generosa’) es la expectativa de los acreedores en “un cambio de gobierno”. La suma de la deuda externa de Pdvsa y de la administración nacional es de alrededor de u$s 80 mil millones, sin considerar la deuda con China, que es pagada con exportación de crudo, y que por lo tanto no reporta ingreso de divisas. Venezuela se encuentra negociando la deuda contraída con China.

El ajuste forzado impuesto por la carga de la deuda externa es acompañado por otro más ‘clásico’. Los ‘tour’ de compras a los estados fronterizos de Colombia han dado paso a la liberalización de las importaciones en seis de esos estados, y por lo tanto a la liquidación de los controles de precios y de los precios máximos. Las góndolas han dejado de estar vacías, aunque a precios siderales respecto al salario. El propósito sería extender el proceso en forma paulatina a todo el país; el BCV intenta acompañar con un ritmo menor de emisión monetaria. Como ha ocurrido con el kirchnerismo, en Argentina, el perfil macrista del ajuste empieza a cobrar forma bajo el chavismo.

La ruta de un eventual acuerdo

Es posible describir los términos de un acuerdo hipotético en Margarita. De menor a mayor, el chavismo reconocería, por lo menos, la soberanía de la Asamblea Nacional, con la cual debería acordar el Presupuesto. Nada menos que definir la política económica de un país quebrado y una inflación del 600% anual - con los hermanos caribeños de Macri, Temer, Duarte, Santos y el ‘peruano’ Kusinsky. La viabilidad de un acuerdo que levante los ‘cepos’ dependería de la obtención de financiamiento internacional y de los condicionamientos políticos de esta financiación. La derecha concedería reportar el revocatorio al año que viene, pero a cambio de modificaciones en el poder judicial electoral. Incluso aceptaría la anulación sin más del revocatorio a cambio de un adelantamiento de elecciones presidenciales para fines de 2017. Un paquete de estas características implicaría, por lo menos, la sustitución de Maduro por su propio vice. El pacto establecería la intangibilidad de las FFAA y el alto mando chavista.

Como sea, incluso un acuerdo básico de estas características haría saltar las costuras tanto del chavismo como de la oposición de derecha. Colombia sirve de ejemplo, porque la derrota del Sí al plan de paz tuvo poco que ver con las críticas o rechazos a la llamada “justicia transicional” que se había concebido para las Farc, y mucho más con la disputa de poder dentro de la oligarquía de Colombia, entre los representantes del capital financiero, en la figura de Santos, de un lado, y de la maffia de acaparadores de tierras, en cabeza de Uribe, por el otro.

Es difícil asegurar si el apresuramiento mediador de la curia vaticana responde al temor de que la convocatoria de la derecha a una ‘ocupación de ciudades’, para el miércoles 25, se convierta en una rebelión popular que sea reprimida por las fuerzas armadas, pero si ello ocurre la propia mediación saltará por los aires. En Venezuela hay una crisis de poder irreversible: el destino del revocatorio, la salida al derrumbe económico, la defensa de los derechos laborales, sociales y democráticos ya no se juegan en el terreno preexistente sino que dependen de una salida de poder. El reconocimiento de una crisis de poder significa que el poder oficial del chavismo es un espectro, cuyo recurso último de defensa no es la movilización popular, que no quiere ni podría realizar, sino un golpe aventurero de las fuerzas armadas. Es, desde hace tiempo, un gobierno de facto en rápida declinación. La oposición de derecha, por su lado, ya se encuentra llamando a un golpe militar para implantar su salida ‘democrática’. Es necesario explicar este cuadro político a los trabajadores para explotar este momento de la crisis y las etapas subsiguientes de ella para desarrollar una alternativa socialista de la clase obrera. En oposición a mediaciones, regímenes de facto y salidas democráticas de derecha y golpistas, planteamos la convocatoria de una Asamblea Constituyente por parte de un gobierno de trabajadores.

La clase obrera y la izquierda

La clase obrera, las masas y la izquierda de Venezuela están pagando ahora las consecuencias de no haber sido las líderes de la oposición popular al chavismo, ni de haber intentado crear las condiciones para serlo - en resumen, de haber cedido, por esa incapacidad, el liderazgo a la derecha. Fenómeno plebiscitario por excelencia, que oponía los votos a las conspiraciones de la derecha, el chavismo acaba entregando ese recurso plebiscitario a sus enemigos y repudiando el recurso al voto popular. Hijo histórico del caracazo, el chavismo se ve amenazado ahora por un caracazo dirigido por los represores de aquél. La catástrofe del chavismo ha sido un factor de primer orden en el desprestigio político que llevó al desplazamiento de los gobiernos ‘nac & pop’ en el resto de América Latina. El seguidismo de la izquierda a los representantes del ‘mal menor’, acaba, por la misma lógica capitalista de ese ‘mal menor’, a la recuperación política y a la eventual victoria política del ala derecha del frente patronal.

En cualquier caso, sin embargo, las alternativas que se barajan en el campo de la burguesía para salir de esta catástrofe, no hacen sino abrir nuevos escenarios de crisis, seguramente más agudos. En primer lugar por un ajuste de características sociales muy violentas. En segundo lugar por la probable disgregación de los bloques capitalistas en presencia. En este cuadro, la llamada izquierda del chavismo ha entrado en un impasse irreparable al apoyar el revocatorio, o sea a respaldar la salida de la derecha, mientras el otro encabeza la salida ‘mediadora’. Es la oportunidad para que la izquierda revolucionaria de Venezuela juegue su papel histórico.

https://www.facebook.com/jorge.altamira.ok/posts/636631646517700

Economista. Coordinador del Equipo de Investigación de Marea Socialista y firmante de la Plataforma en Defensa de la Constitución.
Investigador Global del Woodrow Wilson Center, Profesor Titular del IESA en Caracas y Profesor Invitado de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Es Co-autor junto con Javier Corrales de Un Dragón en El Trópico: La Economía Política de la Revolución Bolivariana (Brookings Institution) y de Dos Tradiciones, Un Conflicto: El Futuro de la Descentralización (Mondadori). Editor del Costo Venezuela: Opciones de Política para Mejorar la Competitividad y Las Empresas Venezolanas: Estrategias en Tiempo de Turbulencia.
Dirigente del Partido Obrero de Argentina.
Fuente:
Varias