Uralitas en las entrañas de la ciudad

Paco Puche

15/09/2018

“¿Ha pensado alguna vez en la maravilla que supone
el sencillo acto de abrir un grifo y que salga agua?
A través de kilómetros y kilómetros,
atravesando campos y montañas, ese vaso
 de agua que usted bebe viaja por
TUBERÍAS A PRESIÓN URALITA O ETERNIT,
desde los manantiales hasta su hogar”.
Anuncio de Uralita en la Vanguardia
el 18 de julio de 1955
 

Esta maravilla, según los datos que conocemos, se inició en Lucena (Córdoba) en 1928 (1) y, desde esa fecha hasta finales del siglo XX, se continuó con este denodado esfuerzo hasta llegar a instalar unos 370.000 km de todo tipo de tuberías conducentes de aguas (potables, residuales, pluviales y de riego), la misma distancia que hay de la Tierra a la Luna. Para centrarnos a lo que nos interesa, en el agua de abastecimiento a poblaciones, la del vaso de agua, en gran parte sigue hoy transportada por tuberías que alcanzan una longitud de unos 40.000 km.

Además de atravesar campos y montañas, han de recorrer todas las geografías urbanas para poder llegar a todos los domicilios. Por eso, pinchar en una calle cualquiera de la ciudad que queramos es ver asomar tuberías grises de fibrocemento, es decir de amianto mezclado con cemento. El nombre de las tuberías hace honor a la empresa Uralita que monopolizó el sector durante el siglo XX. Uralitas, amianto, fibrocemento, todo viene a ser lo mismo a los efectos que de este trabajo.

Alarma social

El amianto es un reconocido cancerígeno de la peor especie, de tipo I, que es así como lo calificó la IARC (Agencia Internacional de Investigación del Cáncer) en 1977, es decir hace ya más de 40 años. Por saber que no quede.

Hablar de amianto o de esos otros nombres como lo conocemos, sería crear una razonable alarma social. Por el hecho en sí, porque la situación es de un peligro permanente para la salud pública.

Pero esto no ha sido así durante muchos años por la formidable conspiración del silencio llevada a cabo por empresas monopólicas, administraciones y muchos profesionales que han preferido callarse. Era muy arriesgado dar la cara. Había mucho poder detrás del amianto y de Uralita: en este caso nada más y nada menos que el franquismo, a quién la familia March había prestado notables servicios en el “Glorioso y Católico Alzamiento” (2). Silencios unidos a las invisibilidades de las fibras letales del amianto que inhaladas e ingeridas producían esos efectos mortales, y al alto periodo de latencia (tiempo en que aparece la enfermedad de después de la primera exposición). Todo junto, ha hecho que hasta hace unos pocos años la conciencia social no haya emergido con intensidad ante este envenenamiento por amianto que es calificado por muchos como genocidio. ¿Y los sindicatos? Ahora lo podemos entender con las bombas de los niños de Yemen: atrapados en el dilema entre el puesto de trabajo y la salud propia o ajena. Comprensible pero corresponsables.

¿Genocidio? Los órdenes de magnitud que ahora conocemos cada vez con más precisión, son, para España, cada año una media de 2.951 personas, solo hablamos de muertes, y para el mundo, por año, una media de unas 217.000 personas. Es genocidio porque se sabía de la letalidad del amianto desde los años 50 del pasado siglo y porque ha sido aplicado sistemáticamente sobre trabajadores/as familiares y ciudadanos/as; son los tres efectos: laborales (3), domésticos y ambientales

¿Es lo mismo respirado que ingerido?

Sobre el amianto inhalado no cabe ninguna sombra de duda: aún dosis pequeñas son inseguras (4). Dice el INSHT que “No hay ninguna exposición al amianto, por pequeña que sea, que pueda considerarse segura”. La retirada segura de todo el amianto instalado y que emite fibras cancerígenas con frecuencia es a todas luces una prioridad de salud pública.

Legalmente, el decreto de prohibición procedente de una Directiva europea, admite el amianto instalado solo hasta el fin de su vida útil (5). ¿Cuánta es la vida útil del fibrocemento? Lo sabemos ya a ciencia cierta: es de 35 años como máximo si no se ha deteriorado antes. Así lo dice nuestro Centro Nacional de Nuevas Tecnología (CNNT) (6), adscrito al INSHT del Ministerio de Empleo y S. Social. Esta norma no distingue que entre el amianto instalado pueda ser inhalado o ingerido. Se refiere a todo el amianto instalado. Los 40.000 km de tuberías, por ejemplo. De acuerdo con las fechas de instalación, la mayor parte del fibrocemento de las tuberías son ilegales.

En el caso del agua bebida y la salud pública, el escenario es el siguiente:

Las tuberías de fibrocemento que conducen el agua, con el tiempo se van desprendiendo de parte de la matriz de cemento a un ritmo de hasta 8 mm de sección en 40 años de servicio. Luego vamos ingiriendo amianto cancerígeno en el agua de boca.

La Resolución del Parlamento Europeo de 14 de marzo de 2014, aprobada por más del 90% de los diputados presentes, admite “que hay distintos tipos de cáncer provocados no solo por la inhalación de fibras en suspensión sino también por la ingestión de agua procedente de tuberías de amianto y contaminada con dichas fibras, (que) han sido reconocidas como un riesgo para la salud y pueden tardar varios decenios, en algunos casos más de cuarenta años, en manifestarse” (Apartado 37 de Peticiones). Pero la propia OMS (a través de la IARC) se debate entre el sí y el no de la segura cancerigenicidad.

La  IARC, en su  Monografía 100 C de 2012 (7), expone que hay una evidencia suficiente en humanos del potencial carcinógeno del amianto en todas sus formas; que el amianto causa mesotelioma, cáncer de pulmón, laringe y ovarios (p. 294); que las vías de exposición primarias al amianto son la inhalación y la ingestión (p.225); que la exposición de la población en general por vía digestiva puede producirse por la ingestión de agua de bebida, que ha sido Contaminada por amianto, a través de la erosión de depósitos minerales, por la erosión de depósitos de residuos con amianto, o la corrosión de conductos de fibrocemento con amianto; que también existe una asociación positiva entre la exposición al amianto y en cáncer de faringe, estómago y colorrectal (p.257,258 y 294); para este último, el grupo de trabajo del IARC estaba dividido en cuanto establecer que dicha asociación era o no clasificada como evidencia suficiente. Alarmante… ¿no les parece?

Estas dudas hacen que en la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) diga que “los estudios epidemiológicos disponibles no apoyan la hipótesis de que un incremento en el riesgo de cáncer esté asociado con la ingesta de fibras de amianto en el agua potable”. Por eso en su última revisión de las Guías para la “calidad del agua potable”, que se basa en el documento de referencia de la OMS “Asbestos in drinking-water”, cuya última edición es de 2003, por tanto, de hace casi 15 años, afirmen que “se puede concluir que no es necesario establecer un valor de referencia basado en efectos sobre la salud por el amianto en aguas de consumo”.

La OMS no tiene el valor de hacer la afirmación contraria ante las dudas que la asaltan. Pero los ciudadanos tenemos un argumento supremo en estos casos de dudas que afectan tan seriamente a la salud pública: se llama el principio de precaución. Dicho principio se puede enunciar de manera correcta como sigue: “Cuando una actividad amenace con daños para la salud humana o el medio ambiente, deben tomarse medidas precautorias aun cuando no haya sido científicamente determinada en su totalidad la posible relación de causa y efecto; es necesario aplicar el principio de precaución. En este contexto, a quien propone una actividad le corresponde la carga de la prueba, y no a la gente” (8).

Una barriada de Málaga se levanta en “armas” ante la incuria de su ayuntamiento con el amianto: el Distrito de Campanillas con 18.000 habitantes

El pasado día 10 de septiembre, la Radio Televisión Pública de Andalucía, Canal Sur, acudía presurosa a cubrir el citado levantamiento vecinal de las barriadas de Santa Rosalía y Maqueda del distrito de Campanillas de Málaga, pertenecientes al ayuntamiento de la capital.

Esto no es nada extraño. Hechos así se vienen produciendo cada día por la piel de toro porque la gente ya sabe y no aguanta que su salud pública esté sometida al peligro del amianto en las casas, los colegios o en el agua.

La gente sabe que tienen las tuberías de amianto, que portan el agua que beben, en sus entrañas. Basta con abrir la calle por el lugar apropiado para ver aparecer las tuberías malditas a las que ya tanto se les teme. Tuberías grises de fibrocemento que son muy reconocibles.

Y las barriadas tiene la reciente experiencia de que las luchas en los colegios para la retirada del amianto dieron sus frutos hace dos años, y ya existe un plan regional andaluz de desamiantado seguro para antes de 2022, que se está llevando a cabo.

Por tanto, la lucha contra el amianto es imparable. A nivel municipal los grupos de la oposición habían presentado mociones para llevar a cabo un plan de retirada segura. Fue el caso del PSOE que en 2012 y 2013 presentó un plan para retirar los 750 km de tuberías de abastecimiento de agua potable que quedan aún en la ciudad. Y fue el caso de la moción, aprobada en noviembre de 2015, de un texto presentado por Málaga Ahora y mejorado por IU que propone “la realización y publicación de un inventario de conducciones de la red de fibrocemento de agua potable, antes del 31 de marzo de 2016, y un plan para su sustitución a medio plazo”.

¿Qué ocurre en la práctica? El caso de Campanillas que nos ocupa es relevante: se hace un plan para mejorar las aceras de determinadas calles de la barriada, de momento empezando por Santa Rosalía, consistente en un mero lavado de cara de las citadas aceras. Pero como las tuberías están por todas partes, durante la obra se encuentran con los tubos de fibrocemento a menos de un metro de profundo y por la noche tapan la obra comenzada. Esto no obsta para que algunos vecinos atentos saquen fotos de las tuberías y, por medio de sus asociaciones, levanten al barrio en modo de protesta, con los consiguientes avisos a las redes sociales y a los medios.

El pasado 10 como hemos dicho se produce la concentración, un centenar de mujeres y algunos hombres se personan a las 6 de la tarde en la calle y formulan sus protestas: no admiten que tuberías que llevan allí cerca de 50 años sean de nuevo enterradas y no se aproveche el levantamiento del asfalto para proceder a la parte de retirada de amianto que corresponda.

Ya saben que esas tuberías son peligrosas, ilegales y que el ayuntamiento ha contraído varios compromisos por medio de mociones para proceder a la limpieza del amianto.

Uno de nosotros, que iba por la asociación Málaga Amianto Cero, tuvo un soponcio y mientras era tendido en un lugar con sombra y a medida que pasaba la bajada de tensión pidió seguir en la reivindicación para no aguar la fiesta, tal como vemos en la foto adjunta.



(Foto de Sergio Brenes)


La lucha continúa.

Referencias

1 URALITA (1956-57): Manuel General. Madrid. Editorial Dossat. P. 615
2 Si el sentido del humor cupiese aquí, se le podría haber llamado “Alzamianto”.
3 Se calcula que, de todos los cánceres procedentes del trabajo, el manejo del amianto produce o ha producido el 60% de los mismos. El mayor de los cancerígenos en el trabajo.
4 Instituto nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), Guía Técnica del RD 396/2006. 2008, pag.2
5 BOE: ORDEN de 7 de diciembre de 2001
6 Núm. de referencia: 2412.16 de Fecha: 02/01/2017. Respuesta a una consulta del grupo Podemos de Castro Urdiales.
7 IARC (2012): MONOGRAPHS ON THE EVALUATION OF CARCINOGENIC RISKS TO HUMANS. Volumen 100C. Asbestos (Chrysotile, Amosite, Crocidolite, Tremolite, Actinolite and Anthophyllite).Páginas citadas en el texto.
8El principio de precaución se formuló en una reunión de expertos en medio ambiente en Wingspread (EEUU), enero de 1998.

Ingeniero, economista y librero jubilado. Ecologista.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 15 de septiembre 2018