Superávits comerciales, empleos y estadísticas

Heiner Flassbeck

10/07/2018

Para entender el actual conflicto entre Europa y los EEUU, es importante pensar nuevo sobre la situación de la política comercial de Alemania. Lo que está ocurriendo ahora no es nada nuevo. Recuerdo vivamente a Larry Summers, entonces secretario del tesoro de EEUU, diciéndome en una reunión del G7 de hace veinte años que desde los años ochenta la administración americana había abandonado cualquier esperanza de poder tener una seria discusión con la administración alemana en asuntos de política internacional, como los de reducir el superávit comercial o estimular la economía mundial. La situación no ha cambiado desde entonces, tal y como demuestran los innumerables intentos realizados por parte de la administración Obama en el marco del G20.

Alemania, junto con su medios de comunicación principales y la mayoría de “expertos” obedientes, tiene una larga tradición de defender su posición con todo tipo de posibles e imposibles argumentos, independientemente del actual presidente de los EEUU Donal Trump. Así que retratar al Señor Trump como un completo idiota y ridiculizar los argumentos puestos sobre la mesa por todos los presidentes de América durante muchos, años es estúpido y puede tener graves consecuencias.

No sé lo que estos tipos quieren realmente defender. Si quisieran justificar a escala mundial la posición económica y política defendida por el gobierno–y es de esto de lo que se trata- todos los países (o todo los países europeos, que viene a ser lo mismo) tendrían que aumentar su competitividad para poder librarse de un periodo de debilidad económica.

Estrechamente relacionado con ello está el indisputable hecho de que simplemente no hay ni una buena idea sobre cómo crear más empleo en Alemania. No solo en los últimos veinte años, si no en los últimos casi cuarenta años, no ha habido en Alemania ideas sobre cómo superar crisis económicas. Con el lema del canciller Helmut Kohl “cambio intelectual y moral” en 1982, la política económica alemana se comprometió a la microeconomía, mientras que se apartó a todo el pensamiento macroeconómico ya que se consideraba de izquierdas. Hoy en día es simplemente imposible colocar a una economía en una trayectoria de crecimiento. Se depende –como se dependía bajo la cancillería de Kohl- de azarosos sucesos y factores históricos, donde uno hace cosas en contra de sus propios prejuicios, como nunca antes uno hubiera hecho.

El mercantilismo realmente existente bajo el euro

El verdadero mercantilismo pudo solo emerger de todo esto cuando, con el paso a la unión monetaria europea, se acabó con la posibilidad de una apreciación del tipo de cambio que había anteriormente protegido a los otros países de las peores consecuencias de la manía exportadora alemana. Esto se combinó en 1998 con la total ignorancia del nuevo gobierno Socialdemócrata-Verde que en su desesperación por mejor la economía alemana confió en una masiva restricción salarial y debilitó decididamente a los sindicatos obreros. Esta política prospero únicamente gracias a las exportaciones. Una verdadera mejora económica de la demanda doméstica nunca llegó a materializarse.

Las verdaderas víctimas del mercantilismo alemán no son los EEUU si no las naciones atrapadas junto a Alemania en la eurozona. Han sufrido enormemente bajo la política proteccionista alemana [beggar-thy-neighbour] en Europa pero también en el resto de mercados del mundo, como puede ser fácilmente probado. Si el Señor Trump fuese solamente un poquito más listo y un poco menos vanidoso usaría el dólar de los EEUU como arma en esta lucha entre naciones, porque una significativa devaluación del dólar resolvería multilateralmente el problema que está atacando con sus tarifas bilaterales y pequeños pasos. ¿Quién podría probar que un dólar significativamente más barato es injustificado?

Es Alemania, no Europa

Alemania está doblemente infravalorada [en término de tipo de cambio] y parece difícil que la administración americana lo pueda solucionar. Primero, Alemania está infravalorada en términos reales en la eurozona debido a su dumping salarial y segundo, está infravalorada internacionalmente porque el euro ha permanecido a niveles muy bajos durante años. Después de todo, el euro refleja dos cosas a la vez: una débil Europa, debilitada por Alemania, y una fuerte Alemania. Cuando Trump habla sobre Europa y el injusto comercio, se refiere a Alemania. Pero él solo se puede referir a Europa ya que el comercio con Alemania es parte del comercio con la Unión Europea y Alemania no tiene ni si quiera su propio representante de comercio exterior. Incluso si Trump devaluase el dólar, esto afectaría negativamente a todos los europeos, lo cual es injusto, claro.

Así que, porque Trump está pegándole a la alforja y no al burro –por usar una expresión alemana- tiene que confiar que el resto de europeos vayan también en contra de Alemania ya que ellos sufren también la subida de tarifas (o la devaluación del dólar) sin que sea su culpa. De momento, sin embargo, esto no ha ocurrido porque los demás países europeos no quieren desafiar abiertamente a Alemania, prefiriendo quejarse de Trump.

¿Qué es lo bueno de tener un superávit comercial?

Tal y como he escrito en numerosas ocasiones, los superávits en el comercio exterior traen una ganancia neta de empleos e ingresos para el país. Esto es indisputable. Cualquiera que venda más bienes de los que compra logra, como cualquier empresa en esta situación, un beneficio que inmediatamente mejora la situación económica. Cualquiera que venda menos bienes de los que compra debe pedir un préstamo para financiar el déficit.

Este hecho no es generalmente algo perjudicial para la contraparte perdedora. Existen, claro está, situaciones en las que la persona que toma dinero prestado y lo invierte está al final en una mejor situación. Pero las cosas son diferentes si, detrás del dinero que toma prestado, hay un permanente deterioro de la competitividad ante sus competidores. Para un país el problema no es el déficit comercial en sí, si no los déficits en la cuenta corriente que emergen de la depreciación real, i.e. por el deterioro de su competitividad.

La aparición de un superávit en la cuenta corriente de un país (o su incremento) queda registrado en la contabilidad nacional como un incremento en el PIB, i.e. el ingreso económico total: más bienes y servicios han sido vendidos por este país que los que ha recibido de otros países. El país se abstuvo de consumir su propia producción (la cual habría también aumentado el PIB), pero ha creado empleos a través de su “éxito exportador”. Lo opuesto ocurre en el país deficitario donde, por el contrario, el empleo se ha reducido. Esto no se puede negar siempre que tu argumento esté lógicamente sustentado. Superávits y déficits comerciales son un juego de suma cero. Aun así, esto no significa que el comercio internacional sea un juego de suma cero tal y como se dice repetidamente.

Lo que ocurre en el caso de un superávit en la cuenta corriente también puede interpretarse en términos de balances macroeconómicos (acreedor/deudor): parte de la demanda del país con superávit viene del país deficitario que disminuye el ahorro de ese país/sector (en este caso los ahorros del sector exterior del país con superávit). Para poder prevenir una caída económica y un aumento del desempleo en el país deficitario (deudor), ese déficit debe ser compensado por otros sectores (si es necesario por el déficit fiscal de este país) con una mayor demanda financiada con crédito.

Está claro que un superávit en el comercio exterior gracias al aumento de la competitividad ofrece una ventaja por la cual los países deficitarios deben pagar. Siendo esto así, siempre ha existido la idea, correcta por otra parte, en la historia de la teoría del libre comercio de que ningún país debe conseguir de manera permanente ese tipo de ventajas causadas por una devaluación real. El mecanismo más importante pare revertir estos beneficios es el tipo de cambio, el cual disminuye en el país con superávit haciendo que hace que los productos del país exportador sean más caros para el país importador, reduciendo así su demanda. Con el sinsentido de su política comercial, Alemania está poniendo en cuestión este consenso que ha sido valido durante siglos.

¿Qué significan los flujos de capital y una alta renta primaria?

En Alemania se inventan los más oscuros argumentos para alejar la crítica internacional y demostrar que son los demás los que están equivocados. Esto es más que asombroso ya que en Alemania la gente está increíblemente orgullosa de su eficiencia y ven esto confirmado gracias a su superávit. ¿Pero será que esta eficiencia no existe? ¿No tienen los alemanes ninguna ventaja en el comercio internacional? ¿Entonces por qué Alemania se ha apretado el cinturón durante años y no ha dejado que los salarios incrementen? ¿Era toda esta política comercial un completo sin sentido ya que Alemania no tiene ninguna ventaja competitiva? ¿Por qué los países de la eurozona, y en particular esos que han subido sus salarios, se han metido en este lío?

No existen respuestas demasiado sensatas a todas estas preguntas cuando de hecho Alemania está bastante débil. Este es exactamente en lo que el Instituto de Economía Mundial de Kiel insiste, reivindicando seriamente que Alemania estimula el crecimiento exterior gracias a sus exportaciones de capitales, que es en las estadísticas la contraparte del superávit de la cuenta corriente. Esta es la tesis que se aplica a otros países, según la cual un ahorro elevado estimula el crecimiento porque automáticamente conlleva una mayor inversión. Sin embargo, tal y como hemos escrito muchas veces, esa tesis es simplemente equivocada, ya que la causalidad se deriva de una identidad (S=I) en la que no existe tal causalidad. No hay ningún proceso nunca inventado que transforme automáticamente unos ahorros más altos en una mayor inversión.

Recientemente, se dice que Europa no tiene un superávit comercial con los EEUU, por lo que Trump no tendría ninguna razón por la que atacar a Europa con sus tarifas. Como ha quedado dicho más arriba: Trump no está atacando a Europa sino a Alemania ya que el superávit de la cuenta corriente es indiscutible. Sin embargo, el Instituto IfO (utilizando las estadísticas americanas!) arguye que el superávit de la cuenta corriente de Europa es mucho menor (o incluso deficitario) debido a las rentas primarias (de la que se benefician las compañías de EEUU, ver más abajo) lo que haría que el déficit comercial de los EEUU fuera considerado de otro modo. En servicios, los EEUU también tienen un superávit vis-à-vis Europa, aunque es cuantitativamente menos significativo que el de las rentas primarias. En las estadísticas europeas (i.e. Eurostat) esta diferencia no es de una magnitud comparable.

Las rentas primarias son los ingresos de las compañías americanas que son transferidos como beneficios de vuelta a los EEUU; además, también existen rentas secundarias, que son principalmente dinero transferido por trabajadores extranjeros a su país de origen. Estos dos tipos de transferencias reducen el superávit de la cuenta corriente europeo porque las estadísticas asumen, con acierto, que esos pagos no son compensados por una contraparte financiera en forma de préstamos, que es la regla en el superávit de bienes y servicios.

Que pueda ser concluido que entonces no hay efectos negativos debido al comercio internacional entre estas dos regiones es más que cuestionable. La queja por parte de los americanos de que la relación comercial es algo injusta, probablemente sea justificada si, por ejemplo, el efecto de las rentas primaria y secundaria hubiera existido durante mucho tiempo (de lo que no hay seguramente estadísticas americanas). Pero el déficit comercial de los EEUU solo se ha incrementado en los últimos 15 años. Esto es debido a que Alemania disfruta de una ventaja absoluta en EEUU y en otros países bajo el paraguas del euro. Y esto no tiene nada que ver con que el balance global de un año (el IfO dice que solo se basa en el año 2017) muestra un déficit o superávit americano vis-à-vis Europa.

El tipo de cambio real es crucial

Las acciones americanas también estarían justificadas incluso si no estuvieran para nada justificadas en el estado de la balanza por cuenta corriente, y solo lo estuvieran en el tipo de cambio, que para el euro se está depreciando constantemente. Si los americanos tuvieran superávits en la cuenta corriente y al mismo tiempo tuvieran que aceptar una constante apreciación del dólar, que erosionaría su industria exportadora a largo plazo, en un sistema racional de comercio mundial se les tendría que permitir tomar medidas contra esta apreciación.

Hace algún tiempo, Friederike Spiercker y yo también hemos señalado que las estadísticas alemanas hay que cogerlas con pinzas. La prensa alemana claro que no se mete en esto. Mientras, el superávit real para 2017 provisto por el Bundesbank alemán ha incrementado muy significativamente una vez más, superando el de 2016 por casi 100 mil millones de euros y no solo 80 mil como se había asumido. Como en las estadísticas el valor de las importaciones no se ha corregido, es justo decir que, haciendo referencia a esas estadísticas, que lo que afirman los alemanes de haber estimulado el crecimiento económico de su país gracias a la demanda doméstica de 2017 es falso. Todo impulso para el crecimiento real del PIB tuvo que haber venido del comercio exterior. La administración americana debería ser consciente de estas estadísticas.

Y, ¿ahora qué?

Todo intento de justificar las severas implicaciones del mercantilismo alemán, ya sea con la ayuda de las estadísticas o las oscuras teorías, no pueden cambiar el hecho de que Alemania ha abusado del comercio internacional y dañados a sus socios comerciales durante años. Se veía venir, y de largo, que un presidente americano tomaría medidas contra esto y cualquier sorpresa entre los políticos alemanes es puro teatro. Las acusaciones americanas han estado ahí durante décadas, pero han sido ignoradas una y otra vez. Resulta que los políticos alemanes actúan de manera cobarde contra Washington en lo que se refiere a los supuestos intereses nacionales de la economía alemana.

El verdadero problema del mercantilismo alemán son las consecuencias que conlleva para Europa y especialmente para la unión monetaria. Con la presión sobre los salarios, los políticos alemanas han minado las condiciones necesarias de funcionalidad dentro de la unión monetaria europea desde su creación y han precipitado la crisis que dura ya diez años. Haber negado esto desde el principio y, además, haber castigado a sus socios de la zona euro con posiciones totalmente inadecuadas y arrogantes, ha sido a todas luces el gran error de los políticos alemanes desde el comienzo del singular experimento llamado la Unión Económica y Monetaria Europea. Los resultantes nacionalismos y movimientos nacionales en Alemania y en muchos países de la Unión Europea pueden ser directamente atribuidos a esta inanición alemana para reconocer y corregir sus propios errores.

Fue jefe de el departamento de macroeconomía del Instituto de Investigación Economíca alemán (DIW) y Secretario de Estado del Ministerio de Finanzas bajo la dirección de Oskar Lafontaine entre 1998 y 1999. Durante 2003 y 2012 trabajó en la UNCTAD como director de la División de Globalización y Estrategias de Desarrollo. Dirige www.flassbeck-economics.de
Fuente:
http://www.flassbeck-economics.com/current-account-surpluses-jobs-and-statistics/
Traducción:
Ayoze Alfageme