Reino Unido: Para ganar las elecciones, el laborismo ha de ganarse corazones y mentes en nuestras ciudades más abandonadas

Larry Elliott

07/07/2018

Preston, Worksop, Rochdale, Morecambe. Las banderas desplegadas el martes por todo Moscú [por los seguidores en el Mundial de la selección inglesa de fútbol] eran como un directorio geográfico de un trozo especial de Inglaterra. No de Londres, Manchester, Liverpool, sino de centros urbanos más pequeños. Si se miran las filmaciones del único triunfo en un Mundial en 1966, uno de los rasgos que llaman la atención es que la bandera que hacían ondear los entusiastas seguidores era la Unión Jack. Con el paso de las décadas se ha visto substituida por banderas que llevan la cruz de San Jorge y una designación geográfica, con frecuencia de partes del país que quedan muy lejos – tanto física como culturalmente  – de la capital.

En términos deportivos, esto no significa gran cosa. Políticamente, sin embargo, resulta fascinante, pues las ciudades, más pequeñas, menos de moda, de Gran Bretaña van a ser cruciales para decidir quién gane las próximas elecciones generales. Jeremy Corbyn no puede ganar a menos que venza en esa clase de lugares representados en Moscú. Y estas son precisamente las partes de Inglaterra en las que al laborismo le está yendo mal.

Las encuestas de opinión sugieren que los conservadores gozan de una pequeña ventaja sobre los laboristas, lo cual resulta notable, considerando que Theresa May preside un gobierno caótico, lo está poniendo todo perdido con las negociaciones del Brexit y, tal como van las cosas, acabará pasando a la Historia como la peor primera ministra de la era de postguerra. 

Dicho con sencillez, el laborismo debería ir calles por delante en las encuestas de opinión, y ese sería el caso si la única gente que pudiera votar fuesen los licenciados jóvenes que viven en ciudades universitarias y grandes urbes. Pero el laborismo necesita una coalición más amplia para ganar las elecciones y está siendo progresivamente abandonado por una parte de la coalición que ha conseguido históricamente mayorías parlamentarias: los votantes de clase trabajadora que viven en las partes menos lustrosas del país. Esto no ha sucedido de la noche a la mañana. Ha habido señales de alejamiento del laborismo entre los votantes de clase trabajadora desde mediados de la última década, pero la gravedad del problema sólo se volvió verdaderamente evidente en las elecciones de 2017, cuando la sólida ejecutoria de Corbyn se vio arruinada por la pérdida de escaños en lugares que antaño habrían sido considerados sólidos como una roca: Middlesbrough, Stoke-on-Trent, Mansfield. 

Tal como mostraba un informe del grupo de expertos de Policy Network, no se trata simplemente de una cuestión de pobreza. Con Corbyn al laborismo le ha ido bien entre las rentas más bajas y en las partes más desfavorecidas del país, que tienden a tener su asiento en barrios pobres del centro de las ciudades. Le ha ido bastante menos bien en las zonas que sufren de carencias y en las que a la vez ha sido más pronunciado el declive económico. “La foruna del laborismo ha decaído más en las zonas – de forma típica, en ciudades post-industriales – que no han experimentado recuperación desde el desplome de 2008, y que en algunos casos nunca se han recuperado verdaderamente desde el declive de los años 70 y 80, sin lograr proporcionar nuevas oportunidades laborales y empleos de calidad. Donde más ha mejorado es en los centros pobres de las ciudades que, pese a mostrar elevados niveles de pobreza, privación y desigualdad, están de remontada y vinculados a la economía global”.

El control laborista sobre las grandes ciudades fuera de Escocia significa que para las siguientes elecciones tiene que buscar dónde ganar en otro lado. De los cien principales escaños que figuran como objetivo de  Corbyn, 63 están en Inglaterra, y de ellos 49 son distritos electorales de “ciudad” en los que el reciente desempeño – tanto en las elecciones generales de 2017 como en las elecciones municipales de 2018 – ha sido malo. Combatir esta tendencia política no va a ser fácil, y es algo que solamente puede empezar a hacerse una vez que el laborismo acepte que no puede ganar si los votantes blancos de clase trabajadora desertan del Partido. Algunos diputados laboristas – sobre todo los que representan escaños del norte – han entendido esto. En un reciente folleto suyo, Rachel Reeves, diputada por Leeds Oeste, afirma que los partidarios de permanecer en la UE (de lo que ella forma parte) tienen que comprender que un tercio de los votantes laboristas que respaldaron el Brexit lo hicieron como “expresión de una profunda ira por la forma en que la clase gobernante les había ignorado y había menospreciado sus inquietudes acerca de su cultura e identidad nacionales”.

En esto da en el blanco. El ala próspera, liberal, de clase media de los laboristas tiende a encontrar inquietantes las manifestaciones de patriotismo durante el Mundial, y hasta una pizca repelentes. Como buenos ciudadanos globales y ardientes opositores del nacionalismo, jamás soñarían con andar por ahí con la bandera inglesa en el coche o cubriendo la ventana del dormitorio. Aprecian otros países, pero no el suyo.

Pero, como dijo una vez George Orwell, se puede ser patriota sin ser nacionalista. Los patriotas creen que el país en que viven es el mejor del mundo, pero no desean imponérselo a los demás. El nacionalismo, afirmaba, es inseparable del ansia de poder. Orwell escribía en una época en la que en el laborismo formaba parte de la coalición gubernamental de guerra, y los votantes que finalmente convertirían a Clement Attlee en primer ministro vestían de uniforme o ponían de su parte en la retaguardia, Eran radicales patriotas que se veían combatiendo en dos frentes: para ganar la guerra y para provocar un cambio estructural en la forma en la que se dirigía Gran Bretaña.             

Corbyn tiene también una agenda radical, pero no tendrá oportunidad de llevarla a la práctica mientras los votantes de circunscripciones disputadas se sientan despreciados por amar a su país. Con eso se genera simplemente desconfianza, y se fomenta la creencia de que el ala de clase media y cuello blanco del laborismo está más interesada en reformar modos de vida que desaprueba que en reformar el capitalismo. Decirle a alguien con empleo inseguro y mal pagado en una ciudad desahuciada por la globalización que la respuesta sus problemas consiste en una tasa al azúcar, en clases obligatorias sobre paternidad y en beber menos tiene sus limitaciones como estrategia para ganar votos. 

Resulta bastante notable, considerando el papel desempeñado por el thatcherismo al cerrar minas y fábricas de las Midlands y del norte, que May esté ganando apoyos en ciudades tales como Mansfield. Eso refleja, sin embargo, el hecho de que la  desindustrialización continuó con el laborismo entre 1997 y 2010. Refleja asimismo una sensación de abandono por parte de  muchos votantes de antaño en aquellas partes de Gran Bretaña que están en aprietos. La misión histórica del laborismo consistía en utilizar el poder del Estado para dar poder a la población trabajadora, no en utilizar el poder del Estado para controlar sus vidas. Haría bien el Partido en recordarlo antes de perder millones de votos para siempre.

columnista del diario británico The Guardian, cuya sección de economía dirigió durante buen número de años recientes.
Fuente:
The Guardian, 4 de julio de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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