Reino de España: Aullemos, hermanas

Sara Bonmati

03/05/2018

La larga espera para conocer el fallo del denominado caso de «La Manada» no presagiaba nada bueno, pero tras conocer las 371 páginas de la sentencia, el escenario resultante es ‒si cabe‒ aún más atroz: si eres mujer no esperes Justicia.

Aunque sobre esta sentencia caben varios recursos, el mensaje que este fallo ha trasladado al conjunto de la sociedad es sencilla y absolutamente inaceptable.

No soy ajena a las dificultades que encierra el Derecho, ni a la complejidad, minuciosidad y rigor que exige el ámbito penal por lo trascendental de lo que ambas partes se juegan en el proceso, pero la acción de la Justicia no se agota con su pronunciamiento de acuerdo a Derecho, sino que además dicho pronunciamiento debe ser justo y entendible. Y esta sentencia pese a que está ampliamente motivada resulta incomprensible. Así, de acuerdo a ella:

Cinco hombres te rodean en un habitáculo de apenas tres metros cuadrados. Te penetran sin condón por vía vaginal, anal y bucal. Lo hacen de forma repetida y simultánea, obligándote además a realizar otras prácticas sexuales especialmente vejatorias. Sacan sus móviles y graban la escena mientras tú mantienes los ojos cerrados deseando que todo acabe cuanto antes. Posan. Saludan a cámara. Filman entre carcajadas el momento más aterrador de tu vida. Se turnan. Se fotografían señalándote cual cabeza de ciervo en la pared. Jalean y cuando se cansan, te quitan el móvil para dejarte incomunicada y aumentar así tu situación de vulnerabilidad antes de salir «de modo fraccionado, cuando terminan de eyacular».

Te recompones, te vistes y buscas desesperadamente el móvil en tu riñonera. Te das cuenta de que te lo han quitado y te derrumbas. No puedes contactar con nadie y estás en una ciudad que no es la tuya. Sales a la calle, te sientas en un banco y te echas a llorar. Pasa una pareja a tu lado y cuando consiguen entender tus balbuceos llaman a la policía.

Mientras tú estás en el Hospital pasando por el calvario del reconocimiento ginecológico y recibiendo tratamiento anticonceptivo de emergencia y profiláctico, tus agresores estarán jactándose de su hazaña. Se apresurarán por compartir vía chat la nueva pieza de caza, ansiosos por recibir el reconocimiento grupal que conlleva todo trofeo: «follándonos a una los cinco, vaya desfase», «todo lo que cuente es poco», «puta pasada de viaje», «hay video».

Si penetrarte grupalmente y eyacular dentro de ti sin tu consentimiento no fuera suficiente intromisión en tu intimidad, tus agresores contratarán a un par de detectives para que buceen de forma miserable en tu dolor. En tu manera de enfrentarte al dolor. Se anotará para su posterior exhibición y examen público el número de lágrimas que derrames en contraposición a las fotos que compartas en tus redes sociales.

Tus violadores dirán en el juicio que les denunciaste porque se negaron a continuar la noche de fiesta contigo. Que «estás despechada» por su negativa y porque se fueron sin despedirse de ti. Y que en aquel sórdido habitáculo tú disfrutaste más que ellos.

El Tribunal se pronunciará: dirá que sí, que te cree (al menos la mayoría de los Magistrados). Que escucharon tus quejidos de dolor antes de que el video se cortara abruptamente, pero que no fue agresión sino abuso. Que no emplearon violencia ni intimidación cuando estabas «agazapada, acorralada contra la pared por dos de los procesados y gritando (…) atemorizada y sometida de esta forma a la voluntad de los procesados». Que sí, que también les escucharon jaleando al grito de «Todos, todos»; y que pese a que el ataque duró casi 20 minutos y los videos sólo recogen 96 segundos, en ese breve espacio de poco más de minuto y medio se podían contar cinco felaciones y cuatro penetraciones. Sería diferente si te hubieran golpeado o te hubieran amenazado con producirte un mal futuro, determinado y posible… Por tanto no se identifica la violencia y/o intimidación específica que exige la agresión sexual.

En consecuencia les condenan a todos a 9 años de prisión por abuso sexual con prevalimiento, 5 años de libertad vigilada (que se ejecutará con posterioridad a la pena privativa de libertad), al pago de 50.000 euros de manera solidaria en concepto de indemnización, así como al pago de las costas y los gastos generados por la asistencia sanitaria. A Antonio Manuel Guerrero, guardia civil de profesión que te quitó el móvil aprovechándose de su especial formación en la investigación de delitos, se le considera culpable de un delito leve de hurto (y no de robo con intimidación) y le condenan al pago de una cuota diaria de 15 euros en concepto de multa por un tiempo de dos meses, quedando los demás absueltos. Debido a un error en la presentación de cargos por el delito contra la intimidad también se les absuelve. Igualmente, todos los acusados quedan absueltos del delito de agresión sexual por no mediar violencia ni intimidación.

Señalemos en este punto algunos datos de los integrantes de la autodenominada «Manada»: José Ángel Prenda (26 años), con antecedentes penales por un delito de robo con fuerza. En el momento de la violación pesaba más de 100 kilogramos. Alfonso Jesús Cabezuelo (27 años), soldado integrante de la Unidad Militar de Emergencias (UME) con antecedentes penales por un delito de lesiones, riña tumultuaria y desorden público. Entre sus tatuajes destacan las fauces de un lobo y el lema «El poder del lobo reside en la Manada». Jesús Escudero (26 años), sin antecedentes penales. Tatuado con una huella de lobo. Antonio Manuel Guerrero (27 años), guardia civil, sin antecedentes penales. Y Ángel Boza (24 años) candidato a «La Manada»; el viaje a las Fiestas de San Fermín era su prueba de iniciación. Posee antecedentes por conducción bajo los efectos de alcohol y drogas y robo con fuerza. Además, los dos primeros son miembros de una peña ultra del Sevilla Club de Fútbol. ¿Son a estos hombres a los que una joven de 19 años debía enfrentarse u oponer mayor resistencia? ¿Sola?

Aunque no fueron admitidas como prueba en el juicio, hemos tenido conocimiento a través de los medios de comunicación de diferentes conversaciones de «La Manada» en las que hacían referencia a la planificación de violaciones con mensajes como « ¿Llevamos burundanga? Tengo reinoles tiraditas de precio. Para las violaciones» o «Hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas... para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos».

Igualmente, en el transcurso de la investigación se descubre en el móvil de uno de ellos un nuevo vídeo en el que se observa a una joven en aparente estado de inconsciencia en la parte de atrás de un coche mientras se le realizan tocamientos por encima y por debajo de la ropa. En este nuevo episodio participan cuatro de los cinco condenados por los hechos acontecidos en San Fermín. Tras las labores de investigación de la Policía, se identificó a esta mujer en Pozoblanco y el caso se encuentra pendiente de juicio.

Pero volviendo a la criticada sentencia, mención propia merece el voto particular del Magistrado Don Ricardo Javier González, cuyas expresiones y redactado se encuentran ausentes de tal mínimo de sensibilidad, respeto y empatía que en mi opinión le incapacita para resolver sobre cuestiones penales, y más aún, en una Audiencia Provincial. Resulta cuanto menos perturbador acompañarle a lo largo de las 237 páginas plagadas de aseveraciones como que «no es descartable que durante una relación sexual no consentida pueda llegar a sentirse y expresarse una excitación sexual meramente física». Llegados a este punto, permítame la lectora o lector no reproducir más fragmentos de un voto particular que levanta el estómago a cualquiera y, sobre todo, que destila un desprecio manifiesto hacia la víctima.

Sí diré que la rigurosa valoración sobre la declaración de la denunciante (persistencia, verosimilitud y ausencia de contradicciones) no puede servir de excusa para trasladar ese juicio de su declaración a su propia persona. Resulta repugnante conocer extremos como que la defensa argumentara que la denunciante tiene «una personalidad con preferencia a los proyectos colectivos» y que «evidencia un escaso control de impulsos, prioriza sus necesidades actuando a fin de cubrirlas y sin tener en cuenta las reglas sociales establecidas». O establecer como un dato relevante la edad a la que la joven pierde libremente la virginidad para considerar si esa misma mujer sufre o no una brutal agresión sexual con posterioridad.

La ley y la jurisprudencia, así como la acción del conjunto de los profesionales dedicados al Derecho no escapan de verse contaminados por axiomas machistas, por eso la formación en perspectiva de género es inaplazable. Además se deben propiciar las reformas oportunas en nuestro ordenamiento jurídico que imposibiliten la existencia de eufemismos jurídicos como el que observamos en esta sentencia. Esta reforma, que no debe realizarse en caliente sino que debe acometerse de manera profunda y sosegada, debe abordar desde su origen y con toda su complejidad el grave problema de la violencia sobre la mujer, evitando la simplicidad que reviste el populismo punitivo.

Asimismo, cualquier pretensión por afrontar esta problemática sin la participación de las mujeres está invalidada desde el inicio. Aunque el Gobierno haya anunciado en las últimas horas su deseo de incluir a varias expertas que «colaborarán de manera temporal» en la Sección Cuarta de la Comisión General de Codificación (órgano colegiado encargado de asesorar en la preparación de textos prelegislativos y reglamentarios), no debemos olvidar que los veinte vocales permanentes son ‒¡oh, qué sorpresa!‒ exclusivamente hombres. Quien crea que el clamor de estas semanas es algo pasajero, que nos vamos a conformar con «colaborar», o que vamos a aceptar menos de aquello que nos pertenece, es que no ha entendido nada. 

Además de lo anteriormente expuesto, para enfrentar seria y efectivamente el machismo debemos ser conscientes de que éste impregna todos los ámbitos de la vida pública y privada. No hay ninguna manifestación machista que sea inofensiva. Todas y cada una de ellas sirven para la construcción y validación de las premisas patriarcales.  

Y es que a lo largo de nuestra vida el sistema de dominación patriarcal nos cuenta una historia de la que debemos extraer un aprendizaje. Es la moraleja machista; y la igualdad, libertad, integridad y vida de las mujeres depende en buena medida de ella. Esta moraleja machista invierte el reproche social criminalizando a las mujeres de ser las responsables de su propio mal, pasando a ser cuestionadas por la forma en la que iban vestidas, el lugar en el que estaban, la hora a la transitaban o la manera en la que sonrieron. Como si hacer autostop para ir a una fiesta, volver a casa de noche, viajar sola o emborracharte una noche supusiera una invitación para ser violada, torturada y asesinada.

Por otro lado, la sombra que proyecta esta sentencia excede por mucho el caso concreto que enjuiciaba. Si el Tribunal no es capaz de apreciar intimidación en un caso como este, ¿qué les decimos a aquellas mujeres víctimas de violencia de género cuando narran cómo quedan anuladas e invadidas por el pánico más absoluto con una mirada de su pareja o expareja? Y aún más cuando la violencia se desarrolla en un entorno eminentemente más íntimo y familiar.

Lo reseñable de este caso, y quizá por eso haya despertado una ola de indignación sin antecedentes es que en él se pueden observar las diferentes formas en las que se manifiesta el machismo estructural: la violencia verbal, física, psíquica, sexual, mediática e institucional; elevadas a su vez a la máxima potencia.

Por todo ello, la Justicia no puede asumir ‒no digamos ya contribuir‒ a la dicotomía según la cual las mujeres tenemos que elegir entre acabar asesinadas y con la credibilidad intacta, o salvajemente violadas y desacreditadas. No puede. O al menos, no puede hacerlo y seguir llamándose Justicia.

BASTA.

Estamos cansadas de tener que enviar mensajes diciendo que hemos llegado sanas y salvas a casa. Estamos hartas de tener que aguantar improperios por la calle, de que nos desnuden con la mirada, de tener que sopesar la ropa que nos ponemos. Estamos hartas de ser estereotipadas, de ser catalogadas de putas o puritanas. Estamos hartas de ser cuestionadas.  

Hemos perdido el miedo, hemos sido interpeladas.

Así que aullemos, hermanas.

Graduada en Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Militante de Juventudes Socialistas de España (JSE) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Fuente:
www.sinpermiso.info, 6 de mayo 2018