Política “lib-pop”: Por qué el nuevo gobierno italiano es más neoliberal que populista

Mario Pianta

24/05/2018

Se está formando un nuevo gobierno italiano, con una alianza sin precedentes entre el Movimiento Cinco Estrellas (33% de los votos en las elecciones de marzo de 2018, 36% de escaños en la Cámara de Diputados) y la Lega (17% de votos, 20% de escaños). La visión según la cual ‘los bárbaros populistas han conquistador Roma’ constituye un craso malentendido. La Lega ya gobernó durante nueve años en un los gobiernos de Berlusconi apoyando todas las medidas políticas neoliberales que favorecían a las finanzas, los empresarios y la integración europea que ahora critican. Los Cinco Estrellas están dispuestos a encontrar un compromiso sobre cualquier cosa con cualquiera – Washington, Bruselas, los empresarios, las finanzas, los militares – para tener su turno en el poder, a sabiendas de que su extendido apoyo es, en el mejor de los casos, temporal. El resultado es que – retórica aparte – las políticas neoliberales favorables a los ricos y las empresas dominan el orden del día del nuevo gobierno, teñidas de un barniz de populismo con modestas acciones en favor de los pobres y duras medidas en contra de los inmigrantes. Política lib-pop es cómo podemos denominar el nuevo experimento político de Italia. 

La creciente hegemonía política de la Liga 

El vencedor político de esta fase es el líder de la Lega, Matteo Salvini, que ha convertido la Lega Nord ‘separatista’ y septentrional en un partido nacionalista, reaccionario, presente en todo el país, y que se mira en el espejo del Front National de Francia. Ha cuadruplicado los votos de la Lega (en 2013 eran un 4%); en muchas provincias de Lombardía y Véneto, la Lega ha alcanzado entre el 33 y el 38% de los votos, y con la coalición del centro-derecha por encima del 50%. Salvini gestiona una coalición de centro-derecha en la que aparece como líder claro, y en la que la Lega ha obtenido más votos que Forza Italia (14%) de Berlusconi y los post-fascistas de Fratelli d´Italia, atascados en un 4%.

Matteo Salvini ha conseguido luz verde de sus socios de coalición para una alianza de gobierno con los Cinco Estrellas, manteniendo así unida – pese a los rifirrafes – a una coalición que el pasado marzo disponía del 37% de los votos y está cerca de conseguir en unas futuras elecciones una mayoría en conjunto de escaños (a su alcance si consiguen cerca del 42% de los votos con la actual normativa electoral). Sus aliados del centro-derecha prometieron una oposición suave y apoyo parlamentario para las (muchas) medidas políticas que serán de su gusto. Salvini se encuentra en una posición única al dirigir desde la extrema derecho una coalición amplia de centro-derecha que incluye a los moderados y a grupos de las élites; en ningún otro país europeo existe una alianza así. 

El impulso político de Salvini se ha reforzado con las elecciones en dos regiones celebradas en abril de 2018. La Lega ganó en la región de Friuli-Venezia Giulia, en el noroeste, donde la coalición de centro-derecha obtuvo el 63% de los votos, y sólo la Lega consiguió el 35% y poner a uno de los suyos al frente de la presidencia de la Región, mientras que los Cinco Estrellas resbalaron hasta un 7%. En la pequeña región meridional de Molise, la coalición del centro-derecha ganó con un candidato de Forza Italia con el 49% de los votos (la Lega obtuvo un 8%), mientras que la lista del Cinco Estrellas consiguió el 32%. Los actuales sondeos reflejan esta tendencia de una Lega en crecimiento; cuando el apoyo del Cinco Estrellas se debilita – como ha sucedido en las periferias de Roma y Turín, gestionadas por débiles administraciones de los Cinco Estrellas –, Salvini se dispone a hacerse con una buena parte de esos votantes decepcionados. Así pues, el pronóstico político sugiere a Salvini como probable ganador de una mayoría absoluta de escaños para el centro-derecha para cuando se celebren nuevas elecciones, lo que le otorga ventaja en las conversaciones para un nuevo gobierno, y la alternativa consiste en unas elecciones tempranas en otoño o en mayo de 2019, que podrían celebrarse conjuntamente con las europeas. Por último, el poder hegemónico de la Lega se ve marcado también por su capacidad para combinar poder y protesta; estuvo mucho tiempo en el poder en todos los gobiernos de Berlusconi, pero no se es percibida como responsable de la actual crisis. Al mismo tiempo, la Lega capitaliza las protestas generalizadas con su desafío retórico a las reglas europeas, su severo tratamiento de los inmigrantes y su agenda antifiscal y antiburocrática. 

La desorientación de los Cinco Estrellas

Entre los Cinco Estrellas del movimiento fundado por Beppe Grillo no ha aparecido ninguna ‘estrella polar’ para su proyecto político; la única prioridad es hoy la reclamación del poder, independientemente del tipo de alianza y programa. La anticorrupción y la democracia desde abajo sigue siendo poco más que ruido de fondo; el 94% de los partidarios del Cinco Estrellas aprobó el programa de gobierno en una votación electrónica de una tarde; las decisiones de arriba abajo sobre prioridades políticas alejadas de las tradicionales demandas de los Cinco Estrellas no han sido puestas en tela de juicio por las bases; y sólo un posible candidato ministro de Trabajo de izquierdas, Pasquale Tridico, dimitió después de que se anunciara el programa.  La difícil búsqueda de un primer ministro diferente del líder del Cinco Estrellas, Luigi Di Maio, reflejaba la fragilidad política de un modelo de arriba abajo que impide el surgimiento de un liderazgo político más amplio. 

La debilidad fundamental de los Cinco Estrellas reside en su misma postura post-ideológica. Con la ‘casta’ política como principal enemigo y la ilusión de moverse más allá de la divisoria izquierda-derecha, tienen todavía que aprender a utilizar el poder político para habérselas con intereses de clase en contraposición y saber de qué modo sus medidas políticas pueden sostener o destruir sus consenso electoral. Por contraste, la Lega ha fortalecido sus raíces ideológicas de derechas, proporcionando identidad a sus votantes y una visión del mundo. No sorprende, por tanto, que muchos de los italianos más pobres - clase trabajadora y desempleados en el Sur -, tras dar la bienvenida al carácter anti-establishment de los Cinco Estrellas, acaben ahora como votantes de la Lega. 

El programa de gobierno 

La asimetría entre una Lega con prioridades claras – en términos de clase y de país – y un Cinco Estrellas cuya única inquietud era cerrar un acuerdo ha tenido como resultado un programa que incluyera algunas de las preocupaciones generales de los Cinco Estrellas - anticorrupción, legalidad y renta mínima – y la mayoría de las medidas prácticas diseñadas por la Lega sobre impuestos e inmigrantes. Las demandas de renegociación de los tratados europeos y la recuperación de la soberanía nacional en ciertas áreas son suficientes para abrir un enfrentamiento retórico con Bruselas – y atraer mucha atención de los medios – pero tienen poco contenido concreto.

La medida política concreta más importante que introducirá el nuevo gobierno es la versión italiana del ‘impuesto fijo’ [‘flat tax’]. Empresas y particulares pagarán un 15 o 20% de impuestos sobre la renta, por oposición al actual 43% para el tramo más alto de renta. Queda claramente establecido que no se introducirá ninguna tasa a la riqueza (Italia ha sido criticada a menudo por la UE por haber eliminado los impuestos inmobiliarios a los propietarios de una primera vivienda). Se reducirán los controles al gran número de pequeñas empresas y autónomos, lo que básicamente equivale a legalizar la evasión fiscal para gran número de votantes de derechas de rentas medias y altas. No se introducirá ningún control o límite en las actividades de empresas financieras y bancos. Esto convertirá Italia en un paraíso empresarial neoliberal, que competirá con Irlanda en ver quién llega más lejos a la hora de rebajar el impuesto de actividades económicas, un ‘neoliberalismo de ensueño’ que, en la práctica, ofrecerá cierto margen para la supervivencia de las pequeñas empresas en una Italia dramáticamente golpeadas por una década de crisis, pero que no tiene perspectivas de desarrollo. Con este programa, la transferencia de rentas al 20% más rico de los italianos será inmensa, y serán los muy ricos los que más se beneficien. Berlusconi nunca habría podido introducir con sus pasadas mayorías una agenda tan favorable a los ricos. 

Esas medidas son las más fáciles de llevar a la práctica, pues simplemente achican la redistribución del Estado y dejan sin tocar los desiguales resultados de los procesos del mercado. Más difícil resulta la aplicación de la única medida ‘a favor de los pobres’ abanderada durante largo tiempo por los Cinco Estrellas: el llamado ‘ingreso ciudadano’. En el programa esto se reduce a un subsidio de 780 euros mensuales durante un máximo de dos años para los italianos en paro (ningún residente con nacionalidad extranjera podrá acceder a ella) dispuestos a aceptar cualquier oferta de trabajo; no se mencionan en el programa cifras de receptores potenciales ni financiación para su puesta en práctica. 

Pero el éxito más obscuro de la Lega en el programa de gobierno está en el capítulo sobre inmigración, que contempla detener el flujo de refugiados, cambios en la normativa europea de asilo y libertad de movimientos, y que propone la repatriación de los 500.000 inmigrantes con estatus de irregulares que hoy se encuentran en Italia. Combinado con severas medidas de legítima defensa, ley y orden, esta política atiende al ‘efecto del miedo’ que se encuentra detrás del crecimiento del apoyo a la Lega. En paralelo, el ascenso de los Cinco Estrellas se ha basado en un ‘efecto de pobreza’, sobre todo en el Sur. La tragedia estriba en que los italianos más pobres han votado abrumadoramente por dos fuerzas políticas que están hoy creando el gobierno más favorable a los ricos y a los empresarios de la historia de Italia. Peor todavía, la política “lib-pop” podría ser anticipación de un futuro politico de la derecha más extrema.

profesor de Economía Política en la Universidad de Urbino, ha sido miembro (2011-2014) del Centro Linceo Interdisciplinare de la Accademia Nazionale dei Lincei, la Academia de Ciencias de Italia, con un proyecto sobre 'Evolución y cambio económico', además de investigador Braudel del European University Institute, profesor visitante en la London School of Economics y en la Université de Paris 1 Panthéon-Sorbonne, como especialista en crecimiento económico, desigualdad, innovación y alternativas de política industrial y política económica para Europa.
Fuente:
Social Europe / Sbilanciamoci.info, 21 de mayo de 2018
Traducción:
Lucas Antón