Para después de la real boda: diez argumentos republicanos contra la monarquía británica

Republic

27/05/2018

Republic, la principal organización política británica que tiene como meta la supresión de la monarquía, celebró en Londres la Convención Republicana Internacional el pasado 19 de mayo, el mismo día de la boda de Meghan Markle y Henry Windsor. A ella (la Convención, no la boda) acudieron parlamentarios, activistas y especialistas académicos, así como representantes de otros países de la Commonwealth que aún tienen a la Reina como jefa de Estado y miembros de movimientos antimonárquicos de Suecia, Dinamarca, Noruega y el Reino de España que forman parte de la Alianza de Movimientos Republicanos Europeos. 

En el argumentario de su página en la Red, Republic da sobrados motivos en detalle para disipar diez falacias corrientes sobre la monarquía británica, los cuales sirven, a la inversa, como razones en favor de un jefe del Estado electivo. SP 

Diez falacias sobre la monarquía británica:

1-No cuesta mucho. Y se aprovecha mucho para lo que cuesta.

Nuestra oposición a la monarquía no es cuestión de dinero, es cuestión de principios. Aunque la monarquía no costara nada, seguiríamos haciendo campaña a favor de elegir al jefe del Estado, pues los cargos públicos hereditarios no tienen sentido en una democracia.

No obstante, la monarquía británica es cara...muy cara. Con una factura anual que se estima en 300 millones de libras esterlinas anuales que paga el contribuyente, la Reina y su familia cuestan más de cien veces lo que el presidente de la República de Irlanda. 

2-Carece de poder. No es más que un adorno

La Reina desde luego que tiene poder, incluido el poder de firmar tratados internacionales y desplegar tropas británicas en el exterior. Es cierto que la mayoría de estos "poderes por prerrogativa real" los ejerce hoy el gobierno, pero eso en sí mismo es un serio problema. Esos poderes se le han transferido directamente del monarca al primer ministro y no precisan de la aprobación del Parlamento, excluyendo de modo efectivo al pueblo británico de importantes decisiones. Eso es algo fundamentalmente anti-democrático y sólo puede suceder porque tenemos una monarquía.

La Reina y el Príncipe Carlos tienen también el poder de vetar anteproyectos de ley que afecten a sus intereses particulares. Las recomendaciones legales oficiales dejan claro que el Consentimiento (como se conoce oficialmente el “veto real”) no es  una mera formalidad. El proceso por el que obtiene ese consenso proporciona a la Reina y al Príncipe de Gales una clara oportunidad de influir sobre la configuración y el contenido de un anteproyecto antes de que llegue al Parlamento.

Tenemos luego el problema de la soberanía parlamentaria. En un momento dado, todo el poder del país se concentraba en el rey o la reina. Con el tiempo, ese poder se desplazó al Parlamento y hoy lo ostentan colectivamente los 650 diputados. Sin embargo, la naturaleza fundamental de ese poder no ha cambiado, el Parlamento puede hacer o desechar leyes como guste, igual que el monarca en el pasado. Esto significa que nuestras libertades nunca están verdaderamente garantizadas porque el Parlamento puede decidir eliminarlas. Una vez más, esto es consecuencia directa de tener una monarquía,

3-Hace de Gran Bretaña algo único

Gran Bretaña será siempre única. Eso guarda relación con los logros del pueblo británico, con nuestra historia y cultura, hasta con nuestra ubicación geográfica.

Nada de eso cambiaría si tuviéramos un jefe de Estado electo: de hecho, deshacernos de la monarquía y escoger un nuevo sistema político excepcionalmente británico sería una cosa más que nos distinguiría del resto del mundo.

4-Impide la existencia de un dictador actuando como “garante constitucional”

La idea de que la Reina puede actuar como control de los políticos resulta confortadora, pero es una fantasía. La verdad es lo contrario: la monarquía confiere un gran poder a los políticos, aunque la Reina hace sólo lo que dicen. Esa es la razón por la que los republicanos queremos un jefe de estado que sea a la vez elegido y efectivo, alguien independiente de los políticos que pueda actuar como árbitro imparcial del sistema político.

Sencillamente, no hay mecanismo constitucional por el cual pueda parar la Reina a un dictador potencial, como no sea que ella misma se convierta en uno. La mayor salvaguardia contra una tiranía es una cultura de ciudadanía activa y un sistema político con reglas claras basado en iguales derechos , transparencia y rendición de cuentas…valores a los que la monarquía directamente se opone.  

5-Une al país

Sólo hay que echar un vistazo alrededor para darse cuenta de que Gran Bretaña no está más unificada que muchas repúblicas; de hecho, probablemente lo esté menos.

A menudo se dice que las bodas reales y los aniversarios [de la Coronación] han unido al país, pero la inmensa mayoría no participa en actos de la realeza, que no tienen otra repercusión duradera que la de la factura para el contribuyente.

La realidad es que la monarquía no tiene ninguna relevancia en cómo de unido o dividido esté un país. De hecho, los tres países europeos con los movimientos separatistas más activos son España, Bélgica y el Reino Unido, todos ellos monarquías. 

6-Es un vínculo vivo con nuestra historia

Por supuesto, la monarquía forma parte de nuestra historia – ningún republicano negaría eso – pero no la ocupa toda entera.

La historia de Gran Bretaña y sus naciones constituyentes es una historia de individuos que han llevado a cabo grandes avances científicos y descubrimientos médicos, que han ofrecido un liderazgo sólido en tiempos de crisis y que han realizado aportaciones destacadas al arte y la literatura. Es también la historia de gran número de personas que se ha unido para luchar por una mayor representación, mejores condiciones e iguales derechos.  

Elegir un sistema político más democrático no desharía todos estos grandes logros, la mayoría de los cuales nada tienen que ver con la monarquía. En cierto modo, todos somos vínculos, pero no tenemos que sentirnos atrapados por ello.    

7-Es buena para el turismo

Esta afirmación es falaz e irrelevante. Ni siquiera VisitBritain, nuestra agencia nacional de turismo, puede hallar pruebas de ello.

El Zoo de Chester, Stonehenge y las Termas Romanas [de Bath] son atractivos turísticos todavía más exitosos que el Castillo de Windsor, que es la única residencia real ocupada que atrae visitantes en gran número. Si el Castillo de Windsor se incluyera en la lista de mayores atracciones de la ALVA (Association of Leading Visitor Attractions - Asociación de Atracciones Turísticas Más Destacadas]  aparecería en el número 24.

Los estudios muestran que los turistas vienen a nuestro país por nuestros museos de primera clase, por los hermosos paisajes, las fantásticas compras y una historia que es cautivadora, y no por ver si se cruzan por un segundo con el Príncipe Andrew. En una república, propiedades reales como el Palacio de Buckingham estarían abiertas todo el año, de modo que los visitantes que quisieran explorar nuestro patrimonio real tendrían más oportunidades para ello.

Pero, aunque fuese cierta esa afirmación, ¿de verdad queremos que sean los antojos de los turistas que nos visitan los que determinen qué clase de sistema político tenemos?

8-No es patriótico querer abolir la monarquía

Eso depende de cómo definamos patriotismo. Si se piensa que se trata de defender los intereses de una familia por encima de los británicos corrientes, entonces sí que no lo es.

Si creemos, sin embargo, que patriotismo es querer lo mejor para tu país, confiar en tus conciudadanos y poner el poder en manos de la gente, entonces no puede haber nada más patriótico que el republicanismo.

Gran Bretaña es un país fantástico, lleno de gente increíble. Sabemos que uno de ellos podría desempeñar el trabajo de jefe de Estado, como mínimo igual de bien, y probablemente mejor, que cualquier miembro de la familia Windsor escogido en nuestro lugar. 

9-La familia real lleva a cabo una gran labor benéfica 

Es cierto que la mayoría de los miembros de la familia real son “patronos” de una serie de entidades benéficas, pero muy a menudo esto sucede sólo sobre el papel: puede que sus nombres aparezcan en el membrete, pero no son embajadores activos de esa causa.

Algunos miembros de la familia real ayudan ciertamente a elevar el perfil de ciertas entidades benéficas que les interesan, pero otro tanto hacen muchos actores, cantantes y deportistas. ¿Y qué hay de los millones de británicos normales y corrientes que entregan  donativos y emplean su tiempo libre en una labor voluntaria en favor de buenas causas? Lo hacen sin nada del renombre – o los adornos de lujo – que reciben los miembros de la familia real.

Hay que hacer notar asimismo que cuando un miembro de la familia real visita una entidad benéfica, eso le puede costar al contribuyente decenas de miles de libras, lo que a menudo rebasa enormemente cualquier aumento en los donativos. Los miembros de la familia real ganan más en términos de relaciones públicas de lo que ganan en apoyo las entidades benéficas.

Pero, como en el caso del argumento del turismo, el volumen de la labor benéfica que llevan o no a cabo los miembros de la familia real no tiene relevancia en la cuestión de si deberíamos tener o no monarquía. Y por supuesto, los Windsor quedarían libres para continuar sus actividades benéficas como ciudadanos en una república.

10- ¿Quién quiere otro político insulso y ruin?

Quién se convierta en jefe de Estado en una república depende de ti. No hay ninguna razón por la tenga que ser un ex-político: la experiencia de otras repúblicas demuestra que los votantes escogen a menudo a personalidades originales que han conseguido grandes cosas. 

Podríamos contar con un eminente científico, un escritor muy querido, un deportista respetado o alguien que haya hecho una gran aportación a su comunidad. Podrías ser tú o uno de tus hijos. Y sí, bien puede ser alguien con un trasfondo político, pero sería elegido y respondería ante el pueblo británico. 

La democracia es imprevisible. A veces el resultado no es el que habríamos esperado y a veces lamentamos haber votado del modo en que lo hicimos. Pero ahora mismo no tenemos elección en absoluto; tenemos simplemente lo que nos dan.

Es un movimiento político británico que defiende la abolición de la monarquía y la instauración de la república como forma de estado.
Fuente:
Republic.org.uk, 2018
Traducción:
Lucas Antón