Nicaragua: De la resignación a la esperanza. Dossier

Alejandro Bendaña

Carlos F Chamorro

Dolly Mora Ubago

Partido Socialista Centroamericano

29/04/2018

“Ortega perdió al pueblo y el pueblo perdió el miedo”. Entrevista

Alejandro Bendaña

Todo indica que el recorte de las jubilaciones y el aumento de los aportes de la seguridad social fue tan sólo la chispa que encendió la espontánea revuelta popular que lleva semana y media sacudiendo a Nicaragua. Cuando el gobierno de Daniel Ortega respondió con censura y sangrienta represión –con un saldo de al menos 32 muertos, decenas de desaparecidos, cientos de heridos y muchos testimonios de torturas de detenidos en las manifestaciones– la resistencia popular se extendió, en el tiempo, en el territorio y en la población, culminando en la pacífica movilización de decenas de miles en Managua el pasado lunes 23, incluso luego de que el presidente anunciara la posibilidad de modificar la reforma. Los ciudadanos ya no cuestionaban sólo la reforma sino todo el modelo orteguista.
 
Alejandro Bendaña es doctor en historia por la Universidad de Harvard y autor, entre varias obras, del voluminoso Sandino, patria y libertad, título clave para entender la herencia simbólica e intelectual de Augusto César Sandino. Ex militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), fue secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores y embajador de Nicaragua ante la Onu durante los años ochenta. Conversó con Brecha sobre la nueva etapa que se abre en Nicaragua. Le entrevisto para Brecha Alejandro Ferrari.
 
—¿Cómo interpreta el fenómeno de movilización popular que hemos visto en Nicaragua en los últimos días? ¿Era algo previsible?
 
En el fondo es la culminación lógica del modelo orteguista, que ha estado caracterizado por el autoritarismo y la concentración de poder y de control: en los poderes del Estado, las municipalidades, las universidades, en buena parte de los medios, incidiendo también en organizaciones sociales.
 
El Fsln dejó de existir. Si buscas una estructura –asamblea, consejo constitutivo– no la encontrarás, no existe en la forma en que las conocemos. Y ese modelo se mantiene. Se inauguró en 2007 y está cumpliendo otro período de diez años en el poder, proyectándose a otros cinco o seis más.
 
Muchos de los que están hoy en las calles en Nicaragua no conocieron los años ochenta. Nacieron después de 1990. Y casi el único gobierno que han conocido ha sido el de Daniel Ortega. Para contextualizar la situación actual es necesario señalar que la mayor parte de los nicaragüenses hoy en día son jóvenes.
 
En América Latina estamos viendo la culminación de un modelo que pudo sostenerse, en gran medida –como los ciclos de los gobiernos progresistas–, por los buenos precios de los commodities. Pero en el caso de Nicaragua –un país pequeño y dependiente– se sostuvo por los subsidios pasivos que llegaron de Venezuela y que, providencialmente, coincidieron con la llegada de Ortega al poder. Esto le permitió mantener el esquema neoliberal de la economía, complaciendo tanto al capital como a Estados Unidos, y también le permitió tener la suficiente capacidad financiera para acumular capital alrededor de nuevos empresarios sandinistas, para sustentar los programas sociales y para subsidiar al sector privado, que se benefició mediante exoneraciones y subsidios que, si se suman, equivalen prácticamente a lo que le ingresaba al régimen por la renta petrolera.
 
—¿Qué provocó la debacle del modelo?
 
Se desvaneció por la crisis de los precios del petróleo. Comprar barato o a crédito era el esquema de (la alianza petrolera con Venezuela) Petrocaribe, y quedarse con la mitad.
 
Se terminó eso y comenzó el tiempo de las vacas flacas, provocando, entre otras cosas, la crisis del seguro social, que fue el detonante inmediato, pero que es, como dice el proverbio, “la paja que quebró el lomo del camello”. Esto se sumó a otras situaciones que venían siendo una burla y un insulto a la inteligencia de la población, y que tenían que ver con la arrogancia del poder, el despilfarro, las arbitrariedades del Estado, la falta de transparencia y de rendición de cuentas.
 
Esto sólo necesitaba una chispa para estallar. Y la chispa fue el tema del seguro social, que, hoy en día, parece historia antigua porque esa ya no es la cuestión que se debate.
 
Ortega intenta decir “bueno, vamos a resolver este problema que surgió”, y quiere hacer creer eso, pero no: se dividieron las aguas porque se dieron las protestas y el régimen las reprimió brutalmente. Y tras la represión y el encarcelamiento de cantidad de jóvenes, cada vez más otros sectores entran en el juego y la confrontación se prolonga.
 
—¿Qué ocurrirá con el orteguismo?
 
Es difícil vaticinarlo. Lo que sí podemos decir es que Ortega perdió al pueblo y el pueblo perdió el miedo. En esta disyuntiva podrán pasar días, semanas, o incluso meses, pero no hay vuelta a la situación anterior. La correlación de fuerzas sociales y políticas, incluso en términos organizativos, ha cambiado drásticamente; hace apenas diez días no pensábamos que pudiera ocurrir lo que vemos ahora.
 
Ortega tiene que buscar una salida. O sale como salió Somoza en 1979, con violencia, o sale como lo hizo el mismo Ortega en 1990, con una transición electoral. Siempre y cuando se den unos comicios medianamente limpios; ya sabemos que es imposible concebir que pueda ganar la próxima elección.
 
A corto plazo se puede vislumbrar algún tipo de negociación, no ya a nivel de sociedad política, y ciertamente no a nivel de partidos, que han quedado desprestigiados, sino con la masa autoconvocada, liderada por diversos órdenes estudiantiles. Ésta opera con gran horizontalidad, es descentralizada, pero sin embargo capaz de trazar estrategias, de defenderse y de convocar.
 
La marcha del día lunes 23 fue extraordinaria. El orteguismo tendrá que hacer un enorme esfuerzo para incitar a la gente a igualar eso. Tendrá que usar todos los buses del transporte público, todos los empleados públicos, montarlos a la fuerza so pena de ser destituidos.
 
Ortega perdió el poder de convocatoria.
 
—¿Qué de sandinistas tienen este momento y esta lucha en la calle?
 
Aunque no se articula de esta manera, el verdadero sandinismo está en las calles, porque el sandinismo de Ortega no existe.
 
La figura de Sandino resulta subversiva para el orteguismo. El orteguismo no tiene nada que ver con Sandino ni con los fundadores del Frente Sandinista.
 
Este es un régimen personalista, familiar, autocrático, antidemocrático y contrapuesto a lo que simbolizaba Sandino, que era la defensa de la soberanía. Es un gobierno que entrega centenares de quilómetros cuadrados a una empresa china, que está al lado de las compañías mineras y que ha concesionado buena parte del país, en contradicción con el Sandino que luchó contra la minería extranjera.
 
La esencia de Sandino es la libertad. La esencia de la lucha hoy en Nicaragua es la libertad, así como la pueden interpretar hoy, en distintos sentidos. Comienza con el cese de la represión, la libertad de movilización, de poder ejercer libremente su voto, porque hubo un enorme fraude en las últimas dos elecciones municipales y nacionales, algo fácilmente comprobable. Y eso es lo más triste, porque de comprobable termina insultando la dignidad y el respeto propio de los nicaragüenses.
 
Es un fenómeno nuevo también. Se habla del sector privado, del gran capital, etcétera, que están ahí como enviados por la embajada estadounidense a negociar con el régimen. Pero, recordando las lecciones del 78 y del 79, del sandinismo insurreccional, los hijos de esos grandes capitalistas están en las calles, los hijos de los ministros están en las calles, los hijos de los generales, del comisionado de la policía.
 
Y que no se descarte que una buena parte de los partidarios y de los que trabajan en empresas estatales también están haciendo su aparición en las calles.
 
De manera que regresamos al punto de que se perdió el control y se perdió el miedo.
 
—¿Qué interpretaciones del orteguismo hace la izquierda?
 
La izquierda ortodoxa, estatista, burocrática, y sus aparatos, están queriendo distorsionar lo que pasa en Nicaragua porque para eso son pagados y subsidiados sus representantes. La argumentación que éstos repiten es que se trata de una de las llamadas “revoluciones de colores” que tienen una agenda derechista en esencia, como las primaveras árabes que luego desembocan en un otoño dictatorial. Que esto es como lo que han querido hacer en Venezuela y que estas son las derechas y ultraderechas estadounidenses que no pueden tolerar a un Castro, ni a un Maduro, ni a un Ortega.
 
La mayor estupidez es poner a Ortega en esta lista. El de Ortega es un régimen neoliberal, netamente capitalista entregado a la empresa privada y a una religiosidad que en Uruguay les parecería medieval. Esa es la contradicción, que Ortega y su régimen puedan ser catalogados de izquierda y que ameriten ser defendidos en un imaginario tablero geopolítico e ideológico. Eso es lo que da tristeza.
 
Hay un discurso de la izquierda, de exportación, que es minoritario, que ya no atrae a la gente, que anda en la línea de un supuesto complot derechista d­esestabilizador que se aplicó en Brasil, en Argentina, etcétera, y que quieren aplicar en Cuba.
 
Y paralelo a eso está el discurso de Ortega, que dice que toda esa gente en la calle son maras, como las salvadoreñas, son bandas criminales.
 
En Nicaragua el fenómeno de la banda criminal juvenil nunca tuvo arraigo. Ahora Ortega lo inventa, probablemente como mensaje interno, pero también para Estados Unidos.
 
—¿Cómo reaccionará Ortega a este probable fin de su proceso?
 
No hay que descartar que, al igual que Somoza, este señor destruya el país antes de entregar el poder. Y el indicio de esto es que cuando los empresarios del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) se negaron a dialogar, por la presión popular, Ortega dio la orden de que saquearan los comercios.
 
Está jugando con el capital, diciéndoles: ¿qué es lo que quieren ustedes?, ¿una desestabilización y que se hundan sus negocios? ¿Estabilidad o caos? Y él está dispuesto a provocar el caos y la represión en nombre de la estabilidad.
 
El movimiento ya asumió una forma irreversible. Esto ya no es un estallido. Y cuando se le impuso la represión, la sobrevivió. Este cuento va para largo. Si no es con la salida de Ortega a corto plazo va a ser, por lo menos, obligándolo a devolver toda una serie de libertades civiles y políticas que han sido conculcadas.
 
Termina la época del Frente Sandinista, pero no de Sandino.

Brecha, 27 de abril 2018


 
Nunca más represión, ni otra “misa negra”

Carlos F. Chamorro
 
Las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (Inss) impuestas por el presidente Daniel Ortega –aumentando sustancialmente las contribuciones patronales y laborales, e imponiendo un ilegal impuesto a las pensiones de los actuales jubilados y una disminución a las pensiones futuras– han generado una ola inesperada de protesta social.
 
Durante una década, Ortega ha impuesto una dictadura institucional, un régimen Estado-partido-familia que concentra todos los poderes del Estado, incluyendo el ejército y la policía, y promete orden social, combinando estabilidad económica con represión selectiva y cooptación social. El control absoluto del poder, que sólo comparte con su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, le ha permitido sofocar los reclamos políticos por fraudes electorales y las protestas campesinas ante el fracasado megaproyecto del canal interoceánico.
 
Uno de los pilares de sustentación del régimen es la alianza con los grandes empresarios, a los que otorga oportunidades de inversión en un esquema de cogobierno en los aspectos económicos, sin transparencia ni democracia. El otro ha sido el uso discrecional de la millonaria cooperación venezolana de más de 4 mil millones de dólares otorgados por el chavismo –el mayor y más descarado acto de corrupción de la historia nacional, que empezó a mermar hace dos años.
 
Al terminarse los años de “vacas gordas” llegó la anunciada crisis fiscal. El miércoles pasado Ortega aprobó un paquete de medidas para extraer más de 250 millones de dólares –1,5 por ciento del producto interno bruto–, para evitar la quiebra de la seguridad social, que ha sido agravada por la corrupción de su gobierno, sin calcular las consecuencias.
 
Las cámaras empresariales rechazaron las medidas advirtiendo que, al imponer el paquete económico de forma unilateral, el gobierno rompió el mecanismo de “diálogo y consenso”, con políticas contractivas que generarán desempleo, pérdida de competitividad e inestabilidad económica. El reclamo plantea nuevas interrogantes sobre el futuro de esta relación, que ha sido crucial para otorgarle legitimidad a un régimen autoritario, que eliminó todo contrapeso de la oposición política.
 
La envergadura de la reacción popular llegó sin aviso, cuando un grupo de jóvenes universitarios y decenas de adultos mayores se autoconvocaron en una protesta pacífica contra el golpe a la economía popular. La brutalidad de la represión desatada por las fuerzas de choque del gobierno, protegidas por la policía, generó un estado de indignación, alimentado por las imágenes de jóvenes y adultos heridos, y periodistas vapuleados y asaltados. A pesar de que controla la mayoría de los canales de televisión, el régimen impuso la censura y suspendió la señal en el servicio de cable del canal Cien por ciento Noticias. Un día después estallaron nuevas protestas en las universidades –que reciben fondos del Consejo Nacional de Universidades (Cnu), correspondientes al 6 por ciento del presupuesto general de la república, y que eran bastiones políticos del régimen–, que se extendieron de Managua a Masaya, Estelí, Matagalpa, León, Chinandega y otras ciudades del país.
 
La protesta sin líderes visibles ni organizaciones que la convoquen ha dejado una treintena de muertos, entre ellos un policía y decenas de heridos. Su reclamo inicial por asalto a la seguridad social se ha desbordado contra los agravios políticos acumulados por el régimen: el autoritarismo, la represión y la corrupción que simboliza la pareja presidencial. La consigna generalizada “no tenemos miedo” y el derribamiento de los omnipresentes símbolos del régimen –los “chayopalos” y megarrótulos que rinden culto a la personalidad de Ortega y Murillo– define con claridad las banderas de esta protesta en demanda de libertad, democracia y participación política para terminar con una dictadura.
 
Tras seis días de espontánea rebelión popular, el orteguismo perdió el monopolio del control de las calles, y demostró que sólo puede sostenerse en el poder a través de la represión criminal. Su sistema político de control autoritario, incluida la alianza con el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) para negociar a puertas cerradas todos los temas económicos y sociales de la vida nacional, ha sido cuestionado desde la raíz por una nueva legitimidad popular y nacional, teñida con la sangre de víctimas inocentes.
 
La convocatoria de las cámaras del sector privado –Cosep, la Cámara de Comercio de Estados Unidos (Amcham) y el Consejo Nicaragüense de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Conimipyme)– a una marcha pacífica el lunes pasado en rechazo a la violencia es un paso necesario pero insuficiente para promover una salida a la crisis nacional. Para dialogar, no a puertas cerradas, sino en un debate nacional incluyente con testigos y garantes internacionales, son necesarios al menos tres requisitos:
 
1.El cese inmediato de la represión paramilitar y policial, y el castigo a los culpables de la represión.
 
2.La separación de sus cargos de la primera comisionada, Aminta Granera, y el director de facto de la policía, comisionado general Francisco Díaz.
 
3.La separación del doctor Roberto López de su cargo como presidente ejecutivo del Inss.
 
Solamente después de cumplir estos requisitos mínimos habrá condiciones para la instalación de un diálogo nacional, nunca más una “misa negra” o negociación a puertas cerradas con el Cosep, para devolverle el derecho a todos los actores de la sociedad a participar en un debate nacional, que empieza con la reforma integral del Inss y la restitución de su autonomía, y termina con la reforma política y la reforma electoral.

Brecha, 27 de abril 2018


“Creían que la juventud se chupaba el dedo”. Entrevista

Dolly Mora Ubago

“Activista feminista y participante del movimiento Pueblo Autoconvocado”, asi se presenta esta militante de 26 años es una de las líderes de los miles de jóvenes que han tomado las calles en Nicaragua. Con el fin de relatarnos con precisión el proceso nacido en este abril nicaragüense, interrumpe por momentos la conversación con Brecha para consultar a sus compañeros acerca de algún dato. De paso les comenta, con risas, que un medio de izquierda, al fin, va a contar sus luchas. “Por fin la izquierda nos está viendo”, dice. La entrevistó Alejandro Ferrari.
 
—¿Cómo surgió este movimiento de jóvenes?
 
El contexto próximo fue la quema de más de 2 mil hectáreas de la reserva mundial de biósfera Indio Maíz, a comienzos de abril. Varios chavalos y chavalas se fueron autoconvocando porque el gobierno no daba respuesta a la situación que estaba ocurriendo en Indio Maíz. Se estaba quemando e iban cinco días y el gobierno no hacía nada. Al gobierno no le gustó esa protesta y comenzó a haber represión, por entonces de la misma Juventud Sandinista, que es un movimiento juvenil organizado del gobierno. Chavalos fueron mandados a reprimir a otros que protestaban. Y por esos días el gobierno aprobó una reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (Inss). Esto potenció la protesta, porque con esta reforma la población se iba a ver afectada, la clase trabajadora y pensionada iba a ser la más perjudicada.
 
—¿Qué ocurrió desde entonces?
 
El jueves pasado, 19 de abril, la gente se reunió, la mayoría jóvenes, en la calle Camino de Oriente (en Managua) y comenzó una represión fuerte del gobierno.
 
Al día siguiente comenzaron los brotes en las universidades. Los chavalos universitarios de la Universidad Centroamericana (Uca), de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Unan), de la Universidad Nacional Agraria (Una), de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) empezaron a sostener sus planteamientos sobre esa reforma, sobre que el gobierno no da respuesta a las demandas de la gente, y un montón de otras demandas que se comenzaron a articular.
 
Empezaron las protestas en todas partes del país, y los estudiantes a resguardar sus universidades. Cayeron la Unan, la Uca, pero el bastión se ha sostenido en la Upoli –además de la protesta social en la calle–, porque la Upoli ha tenido el respaldo de los barrios aledaños, que han hecho trincheras para que cuando los antimotines atacaban a los estudiantes y a los jóvenes de los barrios no pudieran llegar a la universidad. Por eso la universidad no ha caído.
 
Mientras, Daniel Ortega convocó a un diálogo para evaluar la reforma, pero sólo con los empresarios, dejando por fuera a los trabajadores. La población dijo que no se sentía representada.
 
Luego el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) convocó a una marcha para este lunes, pero la gente, el pueblo, los movimientos sociales se opusieron, y en lugar de marchar hacia donde era la convocatoria original marcharon hacia la Upoli, ya un símbolo de resistencia de los estudiantes de todas las universidades pero, además, de la lucha del pueblo.
 
—¿Cuál es la situación actualmente?
 
La Upoli sigue en pie de lucha. Los barrios siguen resistiendo. No ha habido represión policial en los últimos días porque ahora el gobierno tiene un discurso de paz y de diálogo, lo que no quiere decir que en cualquier momento pueda aplicarla. Pero los chavalos dicen que no quieren hablar con el gobierno mientras no haya garantías de restitución de derechos, y hay un llamado muy fuerte, de toda la sociedad, a que el régimen renuncie.
 
La renuncia de este gobierno no es negociable. Y es lo que la gente está sosteniendo.
 
Había treinta estudiantes fallecidos, y Daniel Ortega ni los nombró en su discurso.
 
La gente está mucho más indignada y hay protestas en todos los departamentos del país. En este nodo colectivo los estudiantes y los jóvenes derriban y queman los “árboles de la vida”,(1) como forma de abatir simbólicamente el poder y la represión de este gobierno.
 
La propuesta de los estudiantes y de la sociedad es un diálogo integrador y multisectorial. No pueden estar incluidos sólo el Estado y el Cosep, y mucho menos el Estado, la Iglesia y la empresa privada. Ese es un diálogo tripartito que la gente no está aceptando.
 
—¿Qué estrategias de comunicación sostienen al movimiento?
 
La convocatoria y la articulación se han dado fundamentalmente gracias a las redes sociales. La gente se autoconvoca y sale. Gente que nunca había salido a las calles, porque había una apatía política frente a lo que estaba sucediendo en el país. El contexto de Nicaragua es más heavy, porque el gobierno es el dueño de casi todos los medios de comunicación, de todos los canales, de todas las radios. Acá las redes sociales son nuestro mayor recurso de comunicación, desde trasmitir por Facebook Live las agresiones, hasta grupos de Whatsapp en los que se convoca y comparten noticias. Y la gente llega.
 
—¿Qué impronta política tienen estos movimientos?
 
Hay un montón de movimientos: Movimiento de Autoconvocados, Pueblo Autoconvocado, Jóvenes 19 de Abril… No hay ningún partido político que nos represente, la gente no se siente representada. Una de las consignas de los chavalos y las chavalas cuando van a las calles es esa. La gente no se siente representada por la clase política actual de este país. Ningún partido de oposición es respuesta para nada. Es un colapso. La clase política ya no representa los intereses del pueblo. Ni de la clase obrera, ni de las mujeres, ni de nadie. Ni a los universitarios.
 
—¿Quiénes integran este movimiento articulado?
 
La mayoría son una generación posrevolucionaria. Una generación que es catalogada como de jóvenes apáticos a la política. Y estamos dando una lección. No era una cuestión de apatía. Tuvo que acontecer algo que despertara, como el caso de Indio Maíz, que tiene que ver con la política, porque por ahí pasa el canal interoceánico que este gobierno vende y que está diciendo que va a construir. Tiene que ver con un proyecto político que vende al país. Una ley de soberanía que vendió el país a los capitales chinos. Se les da concesión sobre tierras indígenas, sobre reservas. La gente ya despertó. Y son demandas que tienen mucho tiempo. Es el despertar de la generación posrevolución y millennial, porque hay un montón de chavalos que nacieron desde el año 2000 hasta ahora. Y este gobierno tuvo un discurso muy de la juventud. Creía que la juventud se chupaba el dedo.
 
Es un gobierno que se dice de izquierda y que ha traicionado a la revolución, a la clase obrera. Son dueños de empresas y se han aliado con el capital, y lo más grave es que han traicionado la memoria histórica, se la han metido –con perdón de la expresión– en el culo.
 
—¿Cuál es el futuro de este movimiento? ¿Se plantean constituirse como un grupo político?
 
De eso, casualmente, estábamos hablando recién. El reto es articular todas las demandas. Por ejemplo, una de las más claras para todo el mundo es que en este país tiene que haber un referéndum. Y después del referéndum, una constituyente.
 
Un cambio real tiene que ser estructural, si no, no hay nada. El pueblo está sosteniendo y no queremos aflojar.

Brecha, 27 de abril 2018


Tras la victoria estudiantil y popular: ¿ahora qué?

Partido Socialista Centroamericano

Desde el 17 hasta el domingo 22 de abril, Nicaragua vivió una intensa jornada de lucha, cuya vanguardia fueron los estudiantes universitarios que se oponían a las reformas inconsultas a la seguridad social, aprobada unilateralmente por el gobierno sandinista. Las jornadas de lucha acapararon la atención de la prensa internacional. La olvidada Nicaragua volvió a ser noticia.

Renacen las tradiciones revolucionarias

Después de varios años de reacción, impuestos por la derrota de la revolución en 1990, y específicamente por el régimen bonapartista de Daniel Ortega a partir del año 2007, que prohíbe cualquier tipo de movilización o manifestación independientes, las tradiciones revolucionarias de la época de lucha contra la dictadura somocista volvieron a resurgir en una generación de jóvenes que nació y se desarrolló en el periodo posterior a 1990.

La lucha contra las reformas a la seguridad social comenzó con un intento de manifestación de protesta por parte de los estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA), la que fue brutalmente reprimida por las fuerzas de choque paramilitares de la llamada Juventud Sandinista (JS-19). Inmediatamente, se generó una ola de solidaridad y de movilizaciones en contra de los agresores.

Debido a que el gobierno sandinista siempre ha impedido las marchas de protesta y las luchas sociales, el derecho a manifestarse se convirtió rápidamente en un enfrentamiento violento en las calles. En esta pelea, la nueva vanguardia estudiantil retomó los métodos de lucha que el sandinismo utilizó en la época de lucha contra el somocismo. Con pañuelos y capuchas en el rostro, piedras en mano, montando barricadas y utilizando morteros, no solo enfrentaron la embestida de los grupos para militares del gobierno (jefeados por la JS-19 y los alcaldes de cada municipio) sino a las tropas antimotines de la Policía Nacional.

Una de las consignas que renació, y que viene de la época heroica del FSLN, es aquella famosa pronunciado por Leonel Rugama en 1970 (“que se rinda tu madre”) al morir solo, en combate contra 300 guardias somocistas. Esa misma consigna resonaba en todas las barricadas y recintos universitarios. Se volvieron a escuchar canciones e himnos revolucionarios de la época de la lucha contra el somocismo. Los estudiantes y un sector importante de las masas populares recuperaron la memoria y las tradiciones que habían sido sistemáticamente borradas después de 1990. Los estudiantes comienzan a discutir la necesidad de una nueva revolución.

Un semi insurrección popular

Al no existir en Nicaragua los mecanismos por medio de los cuales las masas pueden expresar o disipar su descontento, el resultado fue que se produjo un estallido social --por un aspecto tan elemental como el derecho a marchar y protestar--, que tuvo como conducción a los jóvenes universitarios.

Esta vanguardia estudiantil no peleaba sola, era apoyada por la población cercana a los diferentes recintos universitarios. La lucha comenzó en la UCA, una universidad privada, con estudiantes provenientes de la clase media, pero rápidamente se generalizó a las universidades públicas, con estudiantes de origen plebeyo y popular, que abarcó incluso y también aquellas universidades privadas que reciben recursos del 6%, como es el caso de la UPOLI.

La generalización de la lucha a casi todos los departamentos, dispersó y debilitó a las fuerzas de la Policía Nacional, la que concentró sus ataques en puntos neurálgicos como la Catedral de Managua, la Universidad Nacional de Ingeniera (UNI), la Universidad Nacional Agraria (UNA) y la UPOLI. En los hechos se produjo paralización casi total de la administración pública. Muchos pequeños y medianos negocios cerraron sus puertas por temor a la inseguridad en las calles.

Las movilizaciones de solidaridad estallaron en casi todas las cabeceras departamentales y hasta en los municipios mas alejados, reflejando un vuelco de las masas en contra de la represión del gobierno sandinista.

En una semana, la represión selectiva de la Policía Nacional y de francotiradores del Ejercito Nacional (EN), produjo mas de 30 muertos. Los estudiantes eran asesinados a balazos, cuando la vanguardia estudiantil solo estaba armada del coraje y la voluntad de lucha.

El gobierno bloqueó la señal de cable de cuatro canales de televisión, pero los estudiantes y la población se informaban por las redes sociales, donde se podía ver las movilizaciones, escuchar los disparos y ver con dolor e impotencia el momento en que muchos compañeros morían por las balas asesinas.

Si algo caracterizó las recientes jornadas de lucha fue la dispersión en los planteamientos y demandas, así como la descentralización organizativa. Como era de esperarse, los centros de lucha estaban descoordinados unos de otros. La lucha en un departamento no tenía conexión con los otros. Lo único que mantenía cierto grado de unidad y centralización era la información y contrainformación que circulaba por las redes sociales, las que se convirtieron en un escenario de lucha mediática entre el gobierno sandinista y las masas en lucha.

Incendios, violencia de masas y saqueos

Al no haber espacio para las protestas pacíficas, el descontento acumulado generó, de igual manera, una repuesta violenta contra quienes agredían y disparaban contra los estudiantes en lucha. La repuesta airada de las masas en las calles se centró contra los “arboles de la vida”, una espantosa estructura metálica, adornada con luces led, que están sembrados en Managua, y que se convirtieron en símbolos de la nueva ideología imperante (paz, amor, buen gobierno cristiano, socialista y solidario, etc), cuya máxima exponente teórica es Rosario Murillo.

Muchos “arboles de la vida” fueron quemados y derribados. El descontento de las masas también se centró contra ciertas alcaldías, porque los alcaldes eran quienes jefeaban las fuerzas de choque, que agredían y disparaban contra los manifestantes. Hubo conato de incendio en la alcaldía de Granada, fue quemada la sede del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN) en León, en otros casos los incendios fueron abortados.

En su discurso del domingo 22 de abril, Daniel Ortega, culpó de las muertes y la violencia a las pandillas, pero esta afirmación se contradice con discursos anteriores donde afirmaba que en Nicaragua no existen maras o pandillas, porque es el país más seguro de Centroamérica”. Sin lugar a dudas, dentro de la movilización de estudiantes y pobladores se mezclaron elementos lúmpenes, que quieren sacar provecho de la crisis.

En términos generales, en la lucha prevaleció el orden y el respeto entre los miembros de las comunidades. Los saqueos comenzaron el día domingo 22 de abril por la mañana, cuando la Policía Nacional se retiró de ciertos lugares. Todo indica que eran sectores orientados por el sandinismo, con el objetivo de desacreditar las protestas y de atemorizar a la clase media que se rebelaba contra el gobierno sandinista. La amenaza de saqueos generalizados obligó a comerciantes del Mercado Oriental y Mercado de Mayoreo a montar grupos de vigilancia armada, para evitar la destrucción de sus negocios. Incluso, se llegó al extremo que los mismos pobladores detenían a los saqueadores, requisaban las mercaderías, y las devolvían a los supermercados y negocios.

¿Un “golpe blando” del imperialismo?

Algunos medios de comunicación en manos del FSLN, han calificado, entre dientes, en conjunto con partidos chavistas como el PSUV de Venezuela y otros corifeos, que las heroicas jornadas de lucha estudiantil y popular en Nicaragua fueron una intentona de “golpe blando”, organizado por el imperialismo norteamericano y la derecha local.

Estos tipos de afirmaciones subliminales, confirman que la dirigencia sandinista se ha alejado del pueblo y no comprende el origen de la rebelión popular. En publico se dan golpes en el pecho y fingen reconocer errores, pero en realidad mantienen la misma posición de aplastar cualquier intento de movilización independiente. Es una reafirmación del reiterado desprecio al descontento de las masas populares.

En Nicaragua la cúpula militar y policial está conformada por cuadros sandinistas que son, por el momento, fieles al presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos, el pasado 22 de abril, a través de un comunicado, reflejó una posición cautelosa por parte de la administración de Trump, al afirmar: “(…) Condenamos la violencia y el uso excesivo de la fuerza por la Policía y otros contra civiles que ejercitan su derecho constitucional a la libertad de expresión y de asamblea (…) Estados Unidos llama a un diálogo amplio que involucre a todos los sectores de la sociedad para resolver el conflicto actual, restaurar el respeto a los derechos humanos y lograr un mejor futuro más democrático para todos los nicaragüenses".

Posteriormente, por si quedaban dudas sobre cuál es la política de Estados Unidos hacia Nicaragua, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, declaró que Trump "condena la violencia y la represión propagada por el gobierno de Nicaragua", dijo la Casa Blanca (…) y se suma a los llamados de la comunidad internacional a favor de un diálogo amplio y apoya al pueblo de Nicaragua, que anhela la libertad de expresión política y verdaderas reformas democráticas que tanto se merece"

Entonces, ¿a que “golpe blando” se refieren? Coincidencia o no, Daniel Ortega reafirmó su posición de convocar a un dialogo amplio con los empresarios del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y la Iglesia Católica, para discutir la crisis del seguro social. ¿Acaso el “golpe blando” lo esta dando el propio Daniel Ortega, aplicando la política del Departamento de Estado y de la Casa Blanca?

Una importante victoria de las masas

El anuncio de Daniel Ortega, el pasado domingo 22 de abril, de que el Consejo Directivo del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) había revertido la Resolución 1317, que dio origen al Decreto Ejecutivo No 03-2018, constituyó, sin lugar a dudas, un gran triunfo de la lucha estudiantil y popular. Pero este triunfo tuvo un alto costo: más de 30 compañeros asesinados, 121 heridos, centenares de detenidos que ya fueron liberados, pequeños negocios saqueados, etc.
Los grandes ausentes de estas jornadas de lucha han sido los trabajadores organizados, han peleado como individuos, no como clase organizada, lo que representa una enorme debilidad, y da un amplio margen de maniobra al gobierno sandinista. Si los trabajadores no avanzan en su organización sindical, y si los jóvenes universitarios no crean nuevas y poderosas organizaciones estudiantiles democráticas, esta victoria obtenida puede ser revertida en cualquier momento, porque el régimen bonapartista de Daniel Ortega, aunque debilitado, todavía permanece intacto.

El dialogo que ya se esta convocando, no es para discutir los problemas de la seguridad social con los estudiantes en lucha, sino para negociar con los empresarios, con la bendición de la Iglesia Católica. Con justa razón, un sector de la vanguardia estudiantil ha criticado la convocatoria de esa mesa de negociaciones, auspiciada por Estados Unidos, la ONU, la OEA y la Unión Europea

Programa y consignas de lucha

Inicialmente, la lucha comenzó contra las reformas inconsultas a la seguridad social y la solidaridad con los estudiantes de la UCA, pero al calor del enfrentamiento surgieron nuevas consignas, como el cese a la represión, el castigo a los culpables, y consignas más políticas como la depuración del Consejo Supremo Electoral (CSE), planteando incluso la renuncia inmediata de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Después del triunfo obtenido, un beligerante sector ha convertido la consigna de la renuncia del matrimonio presidencial en la más importante, incluso por encima de las reivindicaciones propiamente estudiantiles.

El COSEP y la Iglesia Católica pescan en rio revuelto

La marcha del día 23 de abril, realizada en Managua, convocada por el COSEP para llamar a la paz y el dialogo, salió de la rotonda de Metrocentro y terminó frente a la UPOLI, donde se encontraba un combativo sector de estudiantes en pie de lucha. Fue una marcha de decena de miles de personas, muchos de ellos trabajadores de las empresas privadas que dieron la tarde libre. El peso dirigente de la clase media era notorio, pero también muchos sectores populares se sumaron a la convocatoria. Los ausentes fueron los estudiantes en lucha, quienes estaban repeliendo las agresiones de la Policía Nacional.

Las jornadas de lucha se dieron por fuera la conducción e incidencia del COSEP. Estos oportunistas carroñeros lo que hicieron fue montarse en el descontento popular, y utilizar el mismo en la mesa de negociaciones con el gobierno. No debemos olvidar que, en torno al tema de la reforma a la seguridad social, la posición del COSEP es mucho mas dura que el plan que el gobierno sandinista pretendió imponer de manera gradual y unilateral. El COSEP ha convocado a movilizaciones para detener los efectos de la reforma tributaria que el Fondo Monetario Internacional (FMI) exige que se aplique y que implica el fin de las exoneraciones fiscales para un importante sector de la burguesía parasitaria.

La crisis ha obligado al gobierno sandinista a reconciliarse con los obispos de la Iglesia Católica, la que ha sido nombrada por Daniel Ortega como mediadora en el futuro dialogo. El COSEP ha aceptado a la Iglesia Católica como “garante”.

Comisión de Investigación independiente

La brutal represión de las fuerzas de choque de la JS-19 y de las tropas antimotines de la Policía Nacional y las tropas especiales del Ejército Nacional, así como el asesinato de más de 30 compañeros caídos por balas asesinas, debe ser investigado por una Comisión de Investigación Independiente formada por delegados de las organizaciones defensoras de derechos humanos, sindicatos independientes, delegaciones de los estudiantes en lucha, así como familiares de los afectados, con la finalidad de levantar un informe sobre la violación a derechos humanos.

Los responsables de estas violaciones deben ser enjuiciados y castigados, y los familiares de las victimas deben ser indemnizados por el gobierno sandinista. Lo anterior debe llevar a una depuración de los oficiales involucrados en asesinatos y violación a los derechos humanos.

Que el pueblo decida sobre si Daniel Ortega termina su periodo o no

La demanda de un sector beligerante de estudiantes que exigen la renuncia inmediata de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, es justa y comprensible. Sin embargo, el diario La Prensa aprovecha la oportunidad para exigir lo mismo: “Por primera vez desde el triunfo de la revolución sandinista de 1979, Daniel Ortega y el FSLN han perdido el control de las calles. Esto es un hecho trascendental que modifica el rumbo de la historia nacional. A partir de aquí, Nicaragua ya no podrá ser la misma (..) Los empresarios también deben convocar a un paro nacional. Daniel Ortega ya no tiene capacidad política ni autoridad moral para seguir gobernando. Ortega tiene que salir pacíficamente del poder o tendrá que irse como se fue Somoza (…) En el diálogo nacional, que debería ser mediado y garantizado por la comunidad internacional, al menos por la OEA, se tiene que acordar la salida de Ortega, las garantías de una transición ordenada y pacífica a la democracia y, primordialmente, la convocatoria a elecciones libres y transparentes” (Editorial de La Prensa, 23/04/2018).

La salida que propone La Prensa es profundamente antidemocrática, y refleja intereses diferentes a la exigencia sincera de un sector estudiantil. Como en el pasado, un sector de la burguesía clama por una intervención imperialista que los libere del régimen bonapartista de Daniel Ortega, y nuevamente solicitan la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA), a pesar que enero del 2017 esta firmó con Daniel Ortega un acuerdo para democratizar gradualmente el régimen político.

Incluso, algunos sectores ya están planteando adelantar las elecciones como en 1990. Mientras no se produzca un paro nacional o una rebelión masiva y generalizada capaz de tumbar al actual gobierno, cualquier salida a la crisis actual, debe ser democrática y sin injerencia del imperialismo norteamericano. La rebelión estudiantil y popular muestra, efectivamente, un deterioro político del gobierno sandinista, pero éste conserva todavía una parte de su base social. Una salida democrática implicaría que el pueblo decida a través de elecciones democráticas, por medio de un plebiscito o referéndum, si Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo permanecen el poder o si tienen que irse.

Pero, para que el pueblo opine, sin riesgo a nuevos fraudes electorales, deben reestructurarse el CSE, y se debe aprobar a lo inmediato una nueva Ley Electoral, que garantice la participación de todas las fuerzas política en igualdad de condiciones.

Por una Coordinadora Nacional Estudiantil

El Partido Socialista Centroamericano (PSOCA), que ha participado hombro a hombro con los miles de estudiantes en rebeldía contra el gobierno de Ortega, llama a la vanguardia estudiantil y de los sectores populares, a aprovechar el receso de la lucha, para iniciar un proceso de discusión democrática, haciendo en balance de las jornadas de lucha, discutiendo en el programa de lucha que debemos enarbolar para democratizar a Nicaragua.

De manera muy especial llamamos a los estudiantes a construir una coordinadora de los comités y brigadas que participaron, para crear una dirigencia nacional que permita coordinar las futuras luchas, que inevitablemente vendrán.

Es hora de luchar por una Asamblea Nacional Constituyente

La rebelión estudiantil y popular se debió, no a una “conspiración imperialista”, sino a los constantes atropellos del régimen bonapartista, al hecho que son la clase media y los sectores populares los mas duramente golpeados por la política económica neoliberal que aplica que el gobierno sandinista, en beneficio de una reducida cúpula de empresarios.

Es hora de democratizar Nicaragua en beneficio de los mas pobres, y esto solo se puede lograr a través de la decisión democrática y mayoritaria del pueblo, reflejada en la convocatoria inmediata de una Asamblea Nacional Constituyente, que elija un gobierno provisional y que redacte una nueva Constitución.

Centroamérica, 24 de abril del 2018

Doctor en historia por la Universidad de Harvard y autor, entre varias obras, del voluminoso Sandino, patria y libertad, título clave para entender la herencia simbólica e intelectual de Augusto César Sandino. Ex militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), fue secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores y embajador de Nicaragua ante la Onu durante los años ochenta.
Periodista nicaraguense.
activista feminista nicaraguense y participante del movimiento Pueblo Autoconvocado.
organización socialista revolucionaria que defiende la reunificación centroamericana.
Fuente:
Varias