Manuel Valls se prepara para conquistar Barcelona apoyado por la derecha

Ludovic Lamant

18/08/2018

El ex primer ministro francés, Manuel Valls, se ha rodeado de una quincena de concejales y multiplica sus cenas en Barcelona. El objetivo: preparar las elecciones municipales que tendrán lugar el próximo mes de mayo. Frente a los independentistas, Valls quiere ser el «candidato del orden». Sin embargo, el ex jefe del Ejecutivo galo continúa retrasando su decisión, consciente del riesgo de fracaso. Fruto de la derecha dura, uno de sus principales asesores suscita ya polémica.

Repite que aún no ha tomado una decisión. «Me doy todavía unas semanas de reflexión», hacía saber Manuel Valls al diario El País el pasado 19 de julio. El ex primer ministro francés ha previsto anunciar, en septiembre u octubre, si se lanzará o no a la carrera para hacerse con la alcaldía de Barcelona, a la vista de las elecciones municipales que tendrán lugar el 26 de mayo de 2019.

En todo caso, Valls parece muy «motivado», según las palabras de Inés Arrimadas, la figura política en ascenso de Ciudadanos en Cataluña. El partido liberal de derechas, aliado de LREM en Francia, ha propuesto al ex primer ministro ser su candidato en Barcelona. «Debe tomar la decisión, que no sólo es política, sino personal, de lanzarse en una aventura que sería fantástica e inédita», se entusiasmaba Arrimadas a mediados de julio.

Durante el verano, Valls consulta a diestro y siniestro. El ex socialista amontona cenas en la capital catalana, se reúne con jefes de partido, patrones de prensa y empresarios. Con un grupo de unos quince asesores que militan por su candidatura, Valls trata de diseñar una estrategia para hacerse con la alcaldía de la segunda ciudad de España, donde nació en 1962 antes de instalarse, muy joven, en Francia.

Tan pronto como se lanzó la hipótesis de la candidatura de Valls, las figuras políticas locales comenzaron a prepararse para la batalla. « Parece que algunos están desesperados buscando nombres famosos », ironizaba la actual alcaldesa de Barcelona Ada Colau. También ha criticado las posiciones « reaccionarias » de Manuel Valls sobre la cuestión migratoria, añadiendo: « Llama la atención que Manuel Valls no viva en Barcelona ». Por su parte, el candidato socialista, Jaume Collboni, apuntaba: « La Alcandía no puede ser un premio para carreras frustradas ».

Por parte de la esfera independentista, el tono es más severo frente a lo que algunos consideran, en términos futbolísticos, un « fichaje galáctico »« una transferencia fenomenal ». Para el conservador Xavier Trias, alcalde de la ciudad catalana entre 2011 y 2015, Valls es simplemente « un facho », en referencia a su férrea defensa de « la unidad de España ». Por su parte, Alfred Bosch, candidato local de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), izquierda republicana independentista, estima que «Barcelona no es un pista de aterrizaje para paracaidistas».

Esta fría bienvenida no parece desalentar al franco-español. Citando fuentes internas de Ciudadanos, La Vanguardia, el diario más influyente de Barcelona, aseguraba que Valls tenía el « 96% » de posibilidades de convertirse en el candidato local de la formación. En la sede de los partidos catalanes, que ya se están preparando para la campaña del próximo año, las especulaciones no cesan. «Tengo la impresión que será candidato, ha multiplicado sus tomas de contacto con personas de primer rango, en numerosos sectores, su agenda está muy estudiada», asegura a Mediapart Ramón Luque, un líder ecologista-comunista que trabaja en la reelección de Ada Colau.

« Ha superado una serie de etapas precisas que me dejan pensar que va a presentarse », agrega Carlos Prieto, directo de campaña del Partido Socialista Catalán (PSC). «El pasado mes de mayo, tenía el 80% de posibilidades de ganar. Ahora, con la llegada de los socialistas al Gobierno, la situación se anuncia más difícil», atempera, bajo el sello del anonimato, un político catalán que ha propuesto sus servicios a Manuel Valls. «Hace tres meses parecía más probable que hoy», evalúa el editorialista de La Vanguardia, Enric Juliana.

«Hay una cierta expectativa por parte del mundo empresarial y del establishment. Estos sectores son los huérfanos del antiguo partido Convergència [la formación de Jordi Pujol, durante mucho tiempo mayoritaria – ndlr], que se ha radicalizado estos últimos años en su defensa de la independencia. Hay un electorado decepcionado a conquistar y Valls tiene los medios para ocupar ese espacio político del orden –analiza el periodista Roger Palà, en la web de investigación Crític-. Aquí, nos gustan las cosas pintorescas. Que un francés, ex primer ministro, que además habla catalán, desembarque, nos llama la atención. Otra cosa es saber si esto funcionará…»

¿Valls, candidato del «orden», frente a la «izquierda populista» de Ada Colau? El diputado francés se impuso en el debate público español en medio de la tormenta independentista. Se convirtió, en diciembre de 2017, en una de las voces más fuertes en contra del «Procès» de Carles Puigdemont y de sus aliados. Sus vigorosas intervenciones en defensa de « la unidad de España » marcaron los espíritus, en el programa de televisión Espejo Público de Susanna Griso; en conferencias con diputados, de izquierda y derecha; o en reuniones organizadas por la Societat Civil Catalana (SCC), una plataforma que reúne a los opositores de la independencia catalana. 

Punto culminante de este Blitzkrieg contra los partidos independentistas –y que no funcionó en las urnas-, Valls intervino en una sala repleta, el 16 de diciembre, al lado de Albert Rivera, líder de Ciudadanos o incluso de Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura con posiciones políticas muy conservadores (ver el siguiente vídeo). Según un artículo del diario El Mundo, responsables de la SCC se acercan a Valls desde aquel 16 de diciembre para hablarle de una eventual candidatura al ayuntamiento. Por aquel entonces, «les mira con la boca abierta y rechaza la oferta».

En marzo de 2018, su posición ha evolucionado. Al margen de una «marcha municipal» en las calles de Barcelona –en defensa de la Constitución española-, Valls se dejaba cortejar por Albert Rivera, que se encontraba en aquel entonces en lo más alto de los sondeos. Rivera sabe que su partido necesita personalidades de primera línea. 

Su aliada, Inés Arrimadas es la jefa de filas de Ciudadanos en Cataluña. Pero en lo que concierne a la ciudad catalana, sólo cuenta con segundas opciones –en la ocurrencia, una ex diputada regional del Partido Popular (PP), Carina Mejías- para las próximas elecciones municipales. «El banquillo de Ciudadanos es tan pobre que ni siquiera tiene un candidato en el terreno», ironiza Ramón Luque, en el bando de Colau.

Desde entonces, Valls duda a la hora de manifestarse sobre su decisión. Discreto en la escena política francesa, eclipsado por el ascenso de Emmanuel Macron, el ex alcalde de Évry sabe que Barcelona, ciudad mundial, sería una ocasión formidable para relanzar su carrera. A sus ojos, sería «un compromiso en otro país, en nombre del ideal europeo», en resumen, una manera de «simbolizar Europa por la evidencia». Pero también es consciente de que un fracaso en España, tras su disputada victoria –y también polémica- en la circunscripción de Évry en las legislativas de 2017, complicaría aún más el futuro de su carrera política.

En el camino hacia la alcaldía, aparecen dos obstáculos nada desdeñables. En primer lugar, Valls aparece identificado en el debate por su defensa de «la unidad de España». Pero el escrutinio de 2019, podría jugarse también sobre otros asuntos. «En Barcelona, las municipales siempre se han centrado en debates locales. ¿Qué obras hay que poner en marcha? ¿Cuál será la próxima línea de metro? Así, las próximas elecciones no estarán marcadas necesariamente por el Procès. En todo caso, nada deja pensar en estos momentos que será un tema decisivo. Y dudo de la competencia de Valls en este contexto», analiza el periodista Roger Palà.

Valls ha tropezado ya con una primera trampa. Durante una entrevista concedida a la radio catalana –realizada por un periodista que no esconde sus convicciones independentistas-, el ex primer ministro francés no supo decir cuántos barrios conforman Barcelona, ni qué barrios registran la renta per cápita más baja. Desde entonces, representa el estereotipo de un francés que desconoce completamente la ciudad. En una parodia difundida en TV3 en la emisión Polònia, aparece en el interior de un coche descubriendo la existencia del mar en Barcelona… (ver el siguiente vídeo).

La otra dificultad es más bien estructural. En algunos meses, el paisaje político español ha cambiado totalmente. El socialista Pedro Sánchez, ahora a la cabeza del Ejecutivo, hace gala de una política más conciliadora que su antecesor, Mariano Rajoy, frente a la cuestión catalana. Por frágiles que sean, los sondeos, escrutados minuciosamente por los equipos políticos, esbozan un colapso de Ciudadanos en Cataluña, en beneficio del PSC.

En lo que concierne al PP, Pablo Pasado, nuevo presidente de la formación conservadora, mantiene una posición intransigente, comparable a la de su adversario Albert Rivera, respecto a la cuestión catalana. En definitiva, los días felices de Ciudadanos, que se situaba a la cabeza de los sondeos la pasada primavera, tras su engañosa victoria en las elecciones regionales de diciembre de 2017, parecen ahora cosa del pasado. «El escenario actual no tiene nada que ver con el de hace tres meses –resume Enric Juliana-. El PSOE está en el Gobierno, el PP trata de revitalizarse como fuerza de oposición con un perfil joven. Para Ciudadanos, el escenario ha cambiado totalmente».

Consciente de esta doble dificultad, Valls ha puesto en marcha, junto a su entorno, una estrategia inesperada. Quiere parecer menos incisivo sobre la cuestión de la independencia, integrando entre sus apoyos a los llamados «catalanistas». Ciudadanos que, sin ser independentistas, reconocen las especificidades de una historia y de una identidad catalanas. « Tendré el apoyo de Ciudadanos [si soy candidato], pero no quiero ser el candidato de un solo partido »ha explicado ya el ex primer ministro francés.

Dicho de otro modo, Valls sueña con una plataforma transversal que abarque desde la derecha dura «españolista» (PP incluido) al centro-izquierda «catalanista» protagonizado, en especial, por los socialistas del PSC. «Si solo es el candidato de los anti-indepe, no podrá ganar en Barcelona. Debe hacer campaña alabando a la gran metrópolis europea», resume este político catalán citado anteriormente.

Por este motivo, la pasada primavera, Valls se apresuró a conocer al jefe del PSC, Miquel Iceta, y a su candidato para 2019, Jaume Collboni. Sin sorpresas, rechazaron la oferta de crear una alianza antes de las elecciones, convencidos de que el PSC cuenta con los medios suficientes para hacerse con la alcaldía de Ada Colau.

«Nosotros queremos una campaña que hable de los problemas de los ciudadanos, del alojamiento, de la limpieza de las calles, de la convivencia en los vecindarios», avanza Carlos Prieto. El director de campaña insiste: «Tenemos la impresión de que Valls no conoce tan bien la ciudad, su introducción en la política local nos deja pensar que no hablará de Barcelona, sino de otras cosas. Es legítimo, pero no es nuestra posición ».

Josep Ramon Bosch, el controvertido consejero 

Tras este fracaso, Valls busca ahora seducir a los partidos catalanistas, como Lliures («Libres»). Hasta ahora, con pocos resultados. Más allá de los vínculos con el mundo económico, Valls también busca estas últimas semanas ganarse el apoyo del mundo cultural. Ha cenado con los escritores Nuria Amat y Javier Cercas, o el arquitecto Óscar Tusquets.

Pero estas tomas de contacto no deben esconder lo esencial: Valls se apoya especialmente en las redes de derechas –incluso de la derecha más dura- para construir su plan. «Valls va a construir una narración en torno a una Barcelona neoliberal, contra la “populista” de Ada Colau… Va a personificar la batalla, como si fuera el único capaz de acabar con Ada Colau. Lo que volverá a polarizar los problemas en torno al eje derecha-izquierda más tradicional, lejos de los debates sobre la independencia: serán los neoliberales con Valls contra la izquierda de Colau», prevé el eco-comunista Ramón Luque, que se frota las manos con anticipación.

Manuel Valls se ha acercado a un grupo de empresarios en la treintena, Twenty50, donde aparece Xavier Cima, un ex diputado de Convergència, ahora en el sector privado, conocido en Barcelona por ser el marido de Inés Arrimadas, de Ciudadanos. Valls trabaja también con las redes del Partido Popular, incluso si el PP catalán no obtuvo más que un 4% en las elecciones de 2017.

Esta operación de seducción también tiene sus inconvenientes. Como la cena organizada a finales de mayo en el domicilio barcelonés del empresario Marian Puig, que dirige uno de los lobbies patronales más influyentes de la ciudad, en compañía de otros empresarios como Màrius Carol, el director de La Vanguardia.

Crispado por los comentarios de ciertos invitados, que se mostraron críticos con la gestión de la crisis catalana por parte de Madrid, Valls lanzó, furioso, según explica el diario ABC: «Todo es culpa vuestra [...]. Os quejáis todo el tiempo, pero no habéis hecho nada. Sois la burguesía catalana, la élite del país, y no habéis hecho nada. Una burguesía que no lidera, que no guía, no es una burguesía: sólo es un club de petulantes y de ricos».

Además del apoyo de Ciudadanos, Valls cuenta especialmente con el soporte de la máquina de guerra de la SCC, la Societat Civil Catalana. De nuevo, se trata de una arriesgada apuesta, pues este equipo es de lo más variopinto. Bajo el pretexto de encarnar la oposición a la independencia, la SCC abarca desde la extrema derecha « españolista» y nostálgica de Franco, hasta miembros conservadores más moderados, desestabilizados por el giro independentistas de Cataluña estos últimos años.

El diario madrileño El Mundo presenta al primer presidente de la SCC, Josep Ramon Bosch, como el cerebro de la « Operación Valls ». Según el periódico, Bosch es el responsable de la construcción de la agenda de Valls en Barcelona desde abril, le presenta a empresarios y periodistas, y trata de convencerlo para que sea candidato. Pero Josep Ramon Bosch está lejos de ser un desconocido en Barcelona. Antes de presidir la SCC, Bosch, cuyo padre militó en el Frente Nacional, el principal partido de extrema derecha en España tras la muerte de Franco, cofundó en 2011 Somatemps, un colectivo de extrema derecha que defiende « la identidad hispánica de Cataluña » y, años después, se convirtió en uno de los miembros fundadores de la SCC.

«Los orígenes de la SCC, cuando era una plataforma muy minoritaria, están claramente ligados a la extrema derecha. De ahí viene Josep Ramon Bosch», resume el fotoperiodista Jordi Borràs. Conocido por sus convicciones independentistas, Borràs es el autor de una investigación contra la SCC, que pone en evidencia los lazos entre esta última y la extrema derecha (ediciones Saldonar, 2017). «Bosch encarna una versión del nacionalismo español fruto del carlismo –insiste, refiriéndose a la reaccionaria corriente política del siglo XIX en España- Es un tipo de extrema derecha, que apuesta, por razones tácticas, por un nacionalismo español transversal».

Borràs está en el origen de la dimisión de Bosch de la presidencia de la SCC en 2015. En un artículo de Borràs -publicado en plena campaña electoral en 2015-, Bosch, que también militó un tiempo en el PP, es acusado de haber insultado y difamado a varias figuras del independentismo catalán, utilizando una página falsa de Facebook. Él siempre negó estas acusaciones, pero la presentación de una denuncia -que no tuvo éxito debido a la prescripción-, le obligó a renunciar a sus funciones. ¿Valls conocía en detalle el pedigrí de su asesor antes de trabajar con él? Solicitado por Mediapart para aclarar estas cuestiones, Manuel Valls no ha respondido.

Quizás el caso de Bosch no sea el único defecto de la candidatura de Valls. El pasado mes de diciembre, la web El Nacional reveló que un lobby patronal había solicitado financiación a varias empresas del IBEX 35 para cubrir los gastos de la gira de Valls -estimada en unos 40.000 euros-, durante uno de sus viajes de campaña contra la independencia. Mientras, Manuel Valls tiene por costumbre alojarse en el lujoso hotel Alma, en el barrio de Eixample, durante sus frecuentes visitas a Barcelona -tendrá que mudarse definitivamente a la ciudad si decide ser candidato-. Así, la cuestión de la transparencia de la financiación de la pre-campaña de Valls, actualmente diputado en la Asamblea Nacional de Francia, se anuncia también sensible.

Versión y edición española para infolibre: Irene Casado Sánchez.

Corresponsal de Mediapart en el Reino de España, es autor de Squatter le pouvoir, Les mairies rebelles d'Espagne, Editions Lux, 2016.
Fuente:
https://www.mediapart.fr/tools/print/761135