"La razón de nuestra continuidad en la Historia"

Antonio Machado

24/02/2019

Seis semanas antes de su muerte en Collioure, Antonio Machado publicó en La Vanguardia de Barcelona el último artículo de su serie “Desde el mirador de la guerra”. Había llegado a la ciudad desde Madrid, como refugiado, en marzo de 1938, y tendría que volver a partir el 22 de enero en “la Retirada” hacia Port Bou, donde llegó el día 27, después de todo tipo de peripecias. Diversas obras (1) han recreado sus últimos días en Colliure, su muerte, entierro y sepultura final en el lugar donde hoy descansan sus restos y los de su madre. Poco hay que añadir a ellos, si no el agradecimiento a la “Asociación de Amigos de Antonio Machado” de Colliure, guardiana de la tumba con una dedicación digna de todo elogio. Pero si conviene subrayar que, lejos de ser un poeta ingenuo, encerrado en la burbuja de su poética, Antonio Machado fue hasta el último momento un republicano comprometido, políticamente informado, que siguió hasta su último aliento los avatares de la Guerra de España, su contexto geopolítico -haciéndose eco de la crítica, tan devastadora como inefectiva, de la “política de no intervención” de Álvarez del Vayo-, los retos del presente y sus consecuencias futuras en el estallido inevitable de la Segunda Guerra Mundial. En este 80 aniversario de su muerte, queremos rendir un sentido homenaje no ya al poeta -probablemente el más importante español del siglo XX- sino al ejemplo de virtud republicana que hizo de él un “hombre bueno”. SP

 

Desde el mirador de la guerra

La política de Chamberlain se caracteriza por su incansable pertinencia para navegar en aguas turbias, por la ocultación constante de sus motivos y por la gran ceguera para el porvenir de Europa y, en primer término, para el porvenir de Inglaterra. Lo menos malo que puede pensarse de Chamberlain es que, convencido de la fatalidad de la guerra, considera el tiempo empleado en la fabricación de armamentos como una ventaja mayor para Inglaterra que la suma de sus claudicaciones puede serlo para sus adversarios. En este caso sólo podría acusársele de un cálculo que parece implicar un error monstruoso. Por muy abundantes que sean los elementos bélicos que Inglaterra y Francia puedan acumular en el plazo que sus adversarios les consientan, es evidente que una España totalmente sometida a Italia y a Alemania, la ocupación de Mallorca, el emplazamiento de las fuerzas enemigas en el norte de África y en el contorno de Gibraltar, de una línea ofensiva a lo largo del Pirineo y la existencia de todo un ejército en la Península perfectamente aguerrido y con hondas raíces en nuestro territorio, dueño de todas las posiciones estratégicas (todo esto supone el nuevo Munich a que parece encaminarse la política filofascista de Inglaterra y de Francia), son desventajas enormes de compensación imposible. A esto hay que añadir que la política de claudicación ante el fascio, aunque solo sea temporal, restará a Inglaterra y a Francia el apoyo de las dos grandes democracias del mundo.

Es evidente que el viaje de Chamberlain a Roma, si llega a realizarse, abrigará el propósito de entregar España a la codicia italiana, como fue en Munich entregada Checoslovaquia a los manejos imperialistas de Alemania. Y el hecho es doblemente monstruoso, porque no hay la más leve razón, ni aun la más mínima apariencia de razón, para que sea mermada la independencia española. Pero el hecho es también infinitamente más grave para el porvenir de Inglaterra y de Francia. La sola concesión de la beligerancia a Franco, sin la retirada total de las fuerzas italianas invasoras de España, es, a todas luces, la aquiescencia a los propósitos del fascio y a su total dominio en el Mediterráneo occidental, la entrega definitiva de la más importante llave de un Imperio y de las rutas marítimas de otro. Cuesta trabajo pensar que nadie, de buena fe, pueda en Inglaterra y en Francia amparar esta política.

Más no exageremos nuestra extrañeza. Gran parte de la Prensa, a cuyo cargo está la labor de formar la opinión, sirve a intereses de clase sin patria, cuando no a intereses fascistas, literalmente vendida al adversario. En Francia no es un secreto para nadie la cantidad que invierte Alemania en la compra de plumas mercenarias. Pero no es esto todo, ni seria suficiente. En las esferas del gobierno y de la plutocracia anglo-francesa imperante reina el terror a un despertar verdadero de la conciencia de los pueblos. El error monstruoso, o la iniquidad sin ejemplo, que supone la llamada no intervención en España, enderezada toda ella a hacer creer que la lucha en nuestra península es una mera guerra civil promovida por Rusia, una lucha de opiniones encontradas, cuya repercusión más allá de nuestras fronteras, sólo podría contribuir a precipitar la revolución social; la ocultación del hecho verdadero que es, a todas luces, la invasión constante, sistemática y progresiva de nuestro territorio por quienes aspiran a un nuevo reparto del mundo en detrimento de los dos Imperios democráticos del occidente europeo, es algo que no admite el total desenmascaramiento, sin una repulsa de fondo, ajena a todo juego polémico de partido, que llevaría a los pueblos de Inglaterra y de Francia, despiertos, a pedir cuentas demasiado estrechas, a imponer las más terribles sanciones a los culpables. Cierto que en Inglaterra y en Francia han sonado ya voces acusadoras, que suponen conciencias vigilantes; más todo ello no ha roto la espesa costra del engaño. Para muchos, los más, estas voces cantan de falsete, responden a intereses políticos y sociales no siempre legítimos, simulan peligros inexistentes. Se ignora que, aun en el caso de que las voces apocalípticas no fueran enteramente sinceras, coinciden con la realidad de los hechos, que en política se miente muchas veces con la verdad y que no falta quién señale peligros verdaderos sin creer en ellos.

La turbia política de Chamberlain aprovecha el equívoco y lo cultiva. Contra lo que se cree, la opinión en Inglaterra esta menos adormilada que en Francia, sin duda -también contra lo que se cree- porque el problema de Inglaterra es mucho más grave que el de Francia. Francia podría sobrevivir a su imperio colonial; Inglaterra, no. Se dice, además, que el inglés es más tardo de comprensión que el francés, y esto solo es cierto con una limitación, que suele omitirse: de cuanto pasa fuera de Francia, suele ser el francés el último en enterarse, porque su política y su diplomacia suelen estar en manos de hombres mediocres; las de Inglaterra -en cambio- han venido siendo hasta hace poco el patrimonio de una élite. Con todo, aun en la misma Francia la opinión despierta en el momento preciso en que los gobiernos filofascistas meditan la suprema iniquidad contra España y la suprema traición al porvenir de estos pueblos.

Si, contra lo que nosotros creemos, ambas se realizan, el naufragio moral de las llamadas democracias del occidente europeo serían un hecho irremediable; Inglaterra y Francia habrían perdido no sólo sus posiciones estratégicas para la inevitable contienda futura, sino su razón de ser en la Historia. Ni dignidad ni precios; ni honra ni provecho. Les quedaría una fuerza disminuida y degradada y una retórica manida, sin valor ideal, que no podría convencer a nadie. Porque entre el deshonor y la guerra -recordemos las palabras de Churchill- habrían elegido el deshonor y tendrían la guerra, una guerra sin honor -añadimos nosotros- y que de ningún modo merecería la victoria.

España, por fortuna, la España leal a nuestra gloriosa República, cuantos combaten la invasión extranjera, sin miedo a lo abrumador de la fuerza bruta, habrán salvado, con el honor de la Europa occidental, la razón de nuestra continuidad en la Historia.

La Vanguardia, 6 de enero de 1939

 

Notas:

(1) Entre otras Últimos días en Collioure, 1939 y otros estudios breves sobre Antonio Machado, de Jacques Issorel (Renacimiento, Sevilla, 2016), Los últimos caminos de Antonio Machado, de Ian Gibson (Espasa 2019) y Poética Machadiana en tiempos convulsos, de Francisco Morales Lomas (Comares 2017).

(1875-1939) poeta, dramaturgo, ensayista, catedrático de instituto y republicano español.
Fuente:
http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1939/01/06/pagina-3/33119945/pdf.html