Italia: ¿Cómo evaluar un gobierno M5S-Liga?

Alessandro Pascale

23/05/2018

La formación de un Gobierno apoyado por la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas (M5S) es un acontecimiento deseable que todos los progresistas genuinos deben aplaudir. ¿Por qué? ¿Tal vez porque se crea que una alianza así podría ayudar a resolver los problemas de Italia? ¡En absoluto! La pregunta está por lo menos mal formulada: decir "Italia" no significa nada cuando no se aclara si los intereses del "país" coinciden con los de la "nación" en su conjunto o de una clase social particular y específica. Es cierto que incluso se puede pensar en términos de territorialidad -de hecho, varios comentaristas lo han hecho así-, identificando a la Liga como defensora del "Norte" y al M5S como representante del "Sur". Esta distinción, basada en parte en razones históricas y políticas (pero especialmente en el apoyo electoral recibido) no tiene ya mucho sentido, y se corre el riesgo de equivocarse a la hora de entender los bloques sociales reales, los programas de referencia y las ideologías de los dos partidos en cuestión.

Limpiemos el terreno rápidamente de otro error: la salvación de Italia, en tanto que estructura socioeconómica capitalista, puede interesarle hoy solo al Presidente de la República Mattarella y a los representantes del gran capital italiano e internacional. En concreto a aquellos sectores de la burguesía financiera ahora indistinguibles de la élite de la burguesía industrial rica, dedicada no sólo al sector productivo, sino también a la especulación. Para explicar esta afirmación basta recordar como Italia, gracias a las políticas implementadas en los últimos años por el Partido Demócrata y una serie de gobiernos "técnicos", ha sido capaz de repartir el objetivo del crecimiento del PIB. El problema es que este crecimiento no beneficia prácticamente a nadie, cómo explica mejor que con palabras el siguiente gráfico.

Como se puede ver, la Italia del período 2006-2016, gobernada de forma bipartidista por el centro-derecha y el centro-izquierda, no ha producido resultados socialmente relevantes, a excepción de para el 5% más rico de la población. Parecería entonces que el M5S tenía razón al afirmar que es la solución del problema, denunciando a la “casta” precedente. En realidad, cualquier persona con un mínimo de conocimiento y competencia en el área económica y financiera sabe que la causa de la gravísima situación social de este período se debe principalmente a las políticas económicas neoliberales, que han compartido todos los gobiernos políticos y técnicos que se sucedieron no sólo en en la última década, sino al menos desde el gran giro de finales de los años 70, cuando con la aprobación del PCI de Berlinguer, se comenzó a introducir incluso entre los comunistas la idea de que la austeridad era un concepto utilizable por la 'izquierda' pero, sobre todo, que la salvación del "sistema" (es decir, el país definido por las relaciones capitalistas de producción) tenía prioridad sobre los intereses de las clases trabajadoras. A partir de entonces, aunque el último Berlinguer (1980-1984) comprendió la trampa, el mundo del trabajo se sintió abrumado por la gran contraofensiva del capital, que pudo recuperar todo el terreno perdido en la "década roja" (1969-1979) de intensas movilizaciones de los trabajadores y sociales.

La dominación del capital ha sido restaurada con la consigna de fortalecer las estructuras y superestructuras imperialistas, gracias a la crisis política organizativa y cultural de los comunistas, de acuerdo con la línea dominante no sólo en Italia, sino en todo Occidente (no, tómese nota, en “Oriente”). Algo sobre lo que no sé si se ha puesto demasiado énfasis, lo que confirma la crisis cultural del marxismo occidental, es la pérdida de soberanía por parte de Italia. Se puede decir, sin temor a equivicarse, que Italia ha sido sustancialmente desde 1943 una semicolonia, sin que recuperase su soberanía en 1945. La ocupación militar y el comienzo de la desestabilización de Estados Unidos han marcado toda la Primera República, con la “aprobación" de la Confindustria local, que estaba encantada de financiar a la DC y a los partidos cercanos que gobernaron el país ininterrumpidamente hasta 1994. Fue un periodo en Italia en el que, a pesar de estar sometida a la OTAN, pudo crecer a nivel económico y comercial y jugar incluso un papel independiente en la política exterior, incluso en el contexto de su subordinación al Tratado del Atlántico Norte en su función antisoviética y anticomunista. Las circunstancias más sorprendentes e inusuales que pusieron en riesgo este marco cada vez menos "manejable" (los Mattei, Moro y Craxi, que tampoco tenían intención alguna de cuestionar el sistema capitalista), fueron mágicamente "normalizados" para evitar excesivos problemas.

El fin de la URSS y la explosión masiva de la globalización imperialista convenció a la burguesía italiana, esencia del neoliberalismo como reducción de la salsa craxiana, de que podría hacer mejores negocios en estrecha colaboración con las burguesías europeas, mediante la construcción de un gran centro internacional que pudiese competir con otras potencias mundiales. Poco importó al comienzo, a ojos de la burguesía y de casi todas las fuerzas políticas italianas, que el país perdiese más soberanía con los Tratados de Maastricht, con Lisboa, con la introducción del euro, etc. Mientras se continuase haciendo buenos negocios poco importaba que los perdedores fuesen las clases trabajadoras, algunas de las cuales todavía podían disfrutar de las migajas del expansionismo imperialista italiano, que creían que podrían mejorar su condición persiguiendo la opulencia de las maravillas de la sociedad de consumo. Mientras que los italianos compraban teléfonos móviles y ordenadores, se prestó poca atención a las condiciones sociales y laborales de las generaciones más jóvenes, que eran mucho peores que las de sus padres.

La pequeña burguesía, a través de sus propios intelectuales orgánicos, sin embargo comenzó a plantear algunas objeciones a un sistema que solo favorecía a la gran burguesía y, a nivel internacional en particular, a la burguesía alemana. En este contexto llegó desde los Estados Unidos la gran crisis capitalista de 2007-08, que tuvo un efecto catastrófico. En una década en toda Europa la crisis capitalista, empeorada por las consecuencias sociales de las políticas neoliberales de austeridad tan similares a las que en los años 30 llevaron a Hitler al poder, comenzaron a fortalecer la oposición radical al sistema. Las "izquierdas" han identificado los problemas de las distorsiones estructurales de la Unión Europea y las políticas neoliberales; la “derecha”, por el contrario, se ha concentrado sólo en el primero de ellos, estando históricamente y orgánicamente al servicio de las clases dominantes. Sin embargo, se trataba de las alas extremas, dado que las fuerzas agrupadas a nivel europeo en el PSE (Partido de los Socialistas Europeos, hoy en Italia el PD) y el PPE (Partido Popular Europeo, hoy en Italia Forza Italia) mantuvieron su apoyo completo al sistema, iniciando un descenso electoral incesante y progresivo. Paralelamente surgieron las fuerzas "populistas", es decir, aquellos que se atrevieron a cuestionar los aspectos ideológicos del sistema y defendieron, con diferentes matices, la necesidad de recuperar la centralidad de la burguesía industrial nacional.

La Liga Norte, desde este punto de vista, es en realidad el representante más cercano del modelo construido por Le Pen [1], un partido que recoge su consenso de masas no sólo agitando los temores irracionales y xenófobos y desviando astutamente la atención hacia temas como la inmigración, sino también proponiendo un programa político para dar aliento a la pequeña y mediana burguesía industrial, por un lado, con el impuesto único, y por el otro con la promesa de recuperar soberanía para el país, desarrollando una política exterior independiente (por ejemplo, las posiciones críticas de la Liga frente a las guerras en Libia y Siria) y poniendo en cuestión el marco institucional europeo, que beneficia por completo a la burguesía alemana y a las grandes empresas.

El M5S se basa también en una propuesta política dirigida, por un lado, a las masas (la Renta Básica de Ciudadanía), pero de otro a toda la pequeño-mediana burguesía industrial que no acepta el predominio de las finanzas y reclama el retorno a formas moderadas de keynesianismo para que funcione mejor el "sistema". El objetivo proclamado por el alma de “izquierdas" de Di Battista es llevar a cabo una "revolución liberal”, sin duda interpretada en un sentido más progresista, pero no estructuralmente diferente en comparación con el modelo de Berlusconi. Que esta posición es difícilmente compatible con las instituciones europeas existentes es obvio, pero el deseo de tranquilizar a las "grandes potencias" parece predominante. En comparación con la Liga Norte, que tiene un modelo de organización del partido clásica, casi “leninista" (sólo en lo organizativo, evidentemente, no en lo político), el M5S presenta los ambigüedad de ser un partido no democrático, o serlo solo aparentemente, porque de hecho es gobernado por un sistema informático (la plataforma Rousseau) y unos gurús (el clan de "iluminados" Casaleggio) con olor a masonería. Este toque de color no debe causar sorpresa, ya que los masones, como demuestra la historia de la logia P2 (pero si queremos mirar atrás en el tiempo, incluso en la época de la monarquía y el fascismo), siempre ha estado presente en la vida política italiana. Hay logias masónicas más reaccionarias y otras más "liberales" y progresistas, pero el dato a tener en consideración (por ejemplo, para entender cómo es posible que el programa electoral del M5S se reescriba de la noche a la mañana sin consultar a las "bases"), es que no debe ser considerada una vulgar "conspiración", sino como una simple constatación del hecho que el pensamiento de la dirección del nuevo partido liberal italiano es más complejo, articulado y amplio de lo que probablemente muchos pensaban, considerando ingenuamente que una fuerza política capaz de ganar el 30% del país estaba poco preparada y era ignorante.

No es casualidad que las fuerzas que llevan a acabo esa campaña sean las mas leales e integradas en el “Atlantismo” (el PD y Forza Italia), que diferentes matices tienen miedo desde lados políticos opuestos al Gobierno más a la derecha y más incompetente de la historia republicana. La posición del Partido Demócrata es particularmente embarazosa, ya que en el contexto de la nueva "guerra fría" entre los EE.UU. y Rusia defiende la necesidad de obedecer ciegamente a Washington, apoyando cualquier maniobra, incluso la más belicista. Mucho más matizado desde este punto de vista es la posición de Berlusconi, muy consciente del daño causado a la industria italiana (de la que es el autoproclamado representante) en sus relaciones comerciales con Moscú. No es casualidad que Berlusconi haya salido del gobierno mediante un auténtico golpe de estado financiero del que han sido corresponsables Washington, Bruselas y las grandes finanzas.

¿Qué cabe esperar del gobierno Liga-M5S? Los bloques sociales que apoyaron ambas fuerzas esperan que se pongan en práctica políticas que pueden dar aliento al mundo industrial. Al mismo tiempo, incluso las clases trabajadoras que les votaron esperan mejoras materiales. La dificultad de aliar a estas dos fuerzas reside en que sus recetas son antitéticas: liberales las de la Liga, keynesianas (simplificando mucho) las del M5S. Pero en ambas fuerzas hay elementos críticos con la UE y la OTAN. Es probable que al final, sigan siendo minorítarios y que el futuro gobierno sea reconducido a la obediencia de las instituciones citadas. Digo esto dando por supuesto que las élites dirigentes de estas organizaciones conocen bien el poder coercitivo y la capacidad de desestabilización que han desplegado en el pasado los Estados Unidos (véase, por ejemplo, la estrategia de la tensión, operación Gladio, etc.) [2] y en tiempos recientes la troika (como demuestra lo ocurrido a la Grecia rebelde de Tsipras, pronto reducida a la obediencia). Es cierto que Italia tiene otro peso, pero no es menos cierto que la conciencia ideológica sobre estos aspectos, tanto dentro de estas organizaciones como en sus sus bases militantes, no está tan extendida, como tampoco lo estaba en el caso de Tsipras, que en última instancia ha demostrado al mundo lo que implica no tener una doctrina revolucionaria clara y verse afectado por un revisionismo profundamente arraigado. No creo que ni Salvini ni Di Maio apretarán el acelerador hasta el punto de poner en práctica maniobras precipitadas, más careciendo de una mayoría parlamentaria sólida y no confiando demasiado el uno  en el otro.

Por último, no hay que subestimar el nuevo escenario internacional, que ante la crisis del imperio estadounidense, plantea una posible redefinición de las relaciones internacionales, con una nueva centralidad europea alrededor del eje París-Berlín. El distanciamiento de Europa de los Estados Unidos en relación a las sanciones contra Irán es en este sentido una señal clara, además de la condena casi total de los líderes europeos del traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Esta óptica moderada y posibilista puede ser más prudente para Roma fortalecer este eje europeo y distanciarse del belicismo de Estados Unidos sin tener que poner en tela de juicio la OTAN, pero tratando de acumular fuerzas para redefinir sus políticas, incluso si es difícilmente compatible con la estrategia a largo plazo de los Estados Unidos.

En esta situación, ¿qué pueden esperar los trabajadores y las trabajadoras que viven en Italia? Es difícil decir, ya que será necesario entender cómo podrá hacerse la difícil síntesis económicas de las posiciones tan distintas de la Liga Norte y el M5S. Es probable que los más beneficiados sean sobre todo la pequeña y media burguesía y tal vez algunos grupos proletarios, en el caso de que adopten algunas medidas populares de compromiso que tendrían que negociar con Bruselas. Creo que puede ser explicado con estas palabras “la desconfianza y la preocupación con que las grandes potencias euro-atlánticas esperan la posible formación de un gobierno “soberanista” de este tipo, como ha indicado agudamente Fausto Sorini. En el mejor de los casos imaginables, la esclavitud de millones de italianos y de extranjeros reducidos a condiciones de pobreza extrema o relativa no cambiará significativamente. No habrá ninguna revolución, a menos que se entienda gramscianamente como "pasiva", una tendencia cada vez más probable.

El nuevo escenario es el mejor de los posibles para los comunistas, en presencia de una dialéctica de nuevo tipo que le permite desplazar el eje de la lucha política a un nivel más avanzado. Sólo en este sentido, el eje M5S-Liga tiene un carácter progresivo, respondiendo así a la provocación inicial: los comunistas tienen la oportunidad de avanzar inmediatamente una propuesta de acción para exigir los aspectos más progresistas y hasta ahora propagandísticos del M5S-Liga y, en definitiva, exponiendo así sus contradicciones. Adquieren una gran importancia la necesidad de reiterar constantemente que un resultado progresista no puede venir de una "democratización de Europa", como afirma un reciente manifiesto firmado por algunas fuerzas de la izquierda europea, sino de la salida unilateral de Italia de las estructuras y superestructuras imperialistas de la OTAN, la UE y, por tanto, del euro. Sólo tejiendo dialécticamente la recuperación de la soberanía nacional y popular, en torno a un programa mínimo basado en la introducción de elementos de socialismo, se puede reconstruir un nuevo bloque social, que incluya a las clases trabajadoras (italianas o no), pero también a aquellos sectores más progresistas (y temerosos de la "proletarización") de la pequeña y media burguesía.

Para qué un plan de este tipo pueda tener éxito, sin embargo, se requieren condiciones subjetivas que actualmente están latentes o incompletas. Las condiciones objetivas están de hecho ahí: después de más de 10 años en los que el espacio de la protesta ha estado dominado por el M5S, su fracaso político, incluso parcial, favorecerá la separación de las franjas sociales más radicales, abriendo a la "izquierda" la posibilidad de recuperar finalmente un consenso popular. Evidentemente, no es un proceso automático, pero sólo puede funcionar si existe una organización marxista-leninista bien preparada. Esta organización actualmente no existe, aunque si las semillas dispersas que hay que hacer crecer y madurar. Hoy más que nunca lo fundamental es la cuestión de la unidad de los comunistas como consecuencia de un intercambio de análisis y cultural preciso. No es un proceso que puede tener lugar de un día para otro, y es probable que el tiempo perdido durante estos años persiguiendo a los políticos socialdemócratas y social-liberales se pagará caro por parte de las organizaciones comunistas italianas y las clases trabajadoras de Italia. A estas hay que convocarlas no solo a la lucha, sino también a la reflexión, al diálogo y la discusión política sobre la respuesta formal a dar al Llamamiento a la batalla cultural contra el revisionismo histórico[3].

Notas:

1 En este sentido, recomiendo el análisis del 6 de mayo de 2017 sobre el choque Le Pen-Macron como una lucha interna de la burguesía francesa: http://www.marx21.it/index.php/internazionale/europa/28005-qmacron- -dos caras-la-misma-medagliaq e-le-pen- .

2 Recomiendo la lectura del capítulo 21 (dedicado a la historia de la Primera República italiana) de mi libro "En defensa del Socialismo Real", que se puede descargar de forma gratuita en http://intellettualecollettivo.it/ .

http://intellettualecollettivo.it/appello-alla-battaglia-culturale-contro-il-revisionismo-storico/.

Es miembro del Comité Político Nacional del Partido de la Refundación Comunista.
Fuente:
https://www.sinistrainrete.info/politica-italiana/12366-alessandro-pascale-su-che-basi-valutare-un-governo-m5s-lega.html
Traducción:
G. Buster