Irak: sobresalto electoral

Ibrahim al-Marashi

17/05/2018

Las elecciones en Irak se suponía que iban a sellar el status quo político, pero los iraquíes votaron en contra.

Según los resultados parciales de las elecciones legislativas de Irak, la coalición Sairoon del líder chiíta Muqtada al-Sadr y el Partido Comunista de Irak (la Alianza de los revolucionarios para la reforma) ha recogido el mayor número de votos. En segundo lugar se sitúa Fatah (Conquista), coalición encabezada por Hadi al-Amiri, una lista de candidatos de las milicias chiítas. La coalición del primer ministro Haider al-Abadi, Nasr (Victoria), figura en tercer lugar.

Los observadores de proceso electoral iraquí predijeron exactamente lo contrario, asumiendo que el primer ministro al-Abadi mantendría su ventaja, obtendría el voto de la mayoría y capitalizaría la victoria contra el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS), que anunció en diciembre del año pasado y que volvió a recordar en nombre de su alianza.

Sairoon, una coalición anómala del movimiento sadrista islamista y del Partido Comunista iraquí (PCI), no se consideraba una de las favoritas en estas elecciones. Sin embargo, el hecho de que consiguiese la mayoría de votos en la capital, Bagdad, demuestra hasta que punto los iraquíes quieren cambios políticos y han votado en contra del status quo de la última década. Esto lo confirman los resultados sorprendentemente bajos tanto de la coalición de al-Abadi como del Partido Islámico Dawa del ex primer ministro Nouri al-Maliki.

Que hay mucho descontento con la clase política también se desprende de la tasa de participación, en mínimos históricos: solo el 44,5 por ciento de los votantes elegibles emitieron sus votos. El otro 55,5 por ciento se abstuvo, ya sea por apatía o como forma de protesta.

La victoria de al-Sadr parece indicar que las actitudes políticas en Irak se centran de nuevo en los problemas cívicos y nacionales y lejos de la retórica política étnico-sectaria que dominó la escena política desde la invasión de 2003. Pero los resultados de la coalición de al-Amiri de los antiguos dirigentes de la milicias también demuestra que el militarismo sectario sigue siendo una fuente de poder y de movilización política.  

La victoria sadrista

De hecho, la mayor sorpresa en estas elecciones iraquíes ha sido que la última re-invención política de Moqtada al-Sadr ha sido un éxito. El líder chiíta no siempre sed ha presentado como un político nacionalista a la búsqueda de una alianza con las fuerzas laicas.

Después de la invasión de Irak en 2003, el único activo político de al-Sadr era la reputación de su padre, el ayatolá Mohammed Sadiq al-Sadr, un prominente clérigo chiíta que se opuso a Saddam Hussein y que era un rival del principal clérigo chií ayatolá Ali al-Sistani .

Moqtada al-Sadr heredó una red que su padre - que fue asesinado en 1999 por agentes de inteligencia iraquíes - había desarrollado entre los pobres y marginados de las ciudades de Irak, oprimidos durante el régimen baasista. En 2004, organizó la milicia Jaish al-Mahdi  (el Ejército del Mahdi), que atacó a las fuerzas de ocupación. Cuatro años más tarde, anunció el desarme de sus milicias y condenó el uso de la violencia.

Sadr se reinventó a continuación como un dirigente chiíta de base y líder nacionalista iraquí, que estaba por encima de la refriega de los partidos chiíes en el parlamento, y entregado a los movimientos sociales de protesta. En 2016, formó una alianza con el PCI y otros grupos laicos que habían jugado un papel fundamental en la organización de manifestaciones contra la corrupción durante los últimos tres años.

Esta coalición exigió que el gobierno reformase el sistema político, reprimiese a los funcionarios corruptos y garantizase la independencia judicial. En 2016, al-Abadi aceptó estas demandas y presentó una lista de tecnócratas para sustituir a los ministros afiliados a diversas fuerzas políticas. Pero no pudo hacer aprobar estos cambios por un parlamento recalcitrante  después de los partidos que controlaban estas carteras ministeriales los bloqueasen para defender sus redes clientelares y la distribución de fondos que las alimentaban.

En de junio de 2017 los seguidores de Sadr y los comunistas accedieron a participar juntos en las elecciones de 2018. A pesar de sus diferencias, los partidos defendieron una plataforma atractiva para los grupos marginados y de lucha contra la desigualdad social. El objetivo de la coalición era demostrar a la población la renuncia formal de al-Sadr a las  políticas sectarias y la adopción de una retórica nacionalista.

El éxito de Al-Amiri y el factor iraní

El otro "ganador" de estas elecciones es Hadi al-Amiri, que luchó con los iraníes contra el régimen de Saddam Hussein durante la guerra Irán-Irak y  que preside la Organización Badr, un partido y milicia pro-iraní. 

En junio de 2014, la Organización Badr se convirtió en la columna vertebral de las Fuerzas de movilización popular, formadas en respuesta al llamamiento a las armas del ayatola Ali al-Sistani para luchar contra ISIS

En estas elecciones, la coalición Conquista presentó en sus listas a una serie de candidatos que habían luchado en la guerra contra ISIS y ha utilizado predominantemente una retórica pro-Irán sectaria durante su campaña electoral. En enero, Abadi trató de formar una coalición con Amiri, pero la alianza se rompió rápidamente después generar muchas críticas.

Teniendo en cuenta sus estrechas relaciones con Irán, es probable que al-Amiri utilice su segundo lugar en las elecciones para defender los intereses de la República Islámica. A raíz de la decisión de la administración Trump de retirarse del acuerdo con Irán, es probable que se enfrente a al-Abadi, que ha sido conciliador con EEUU hasta ahora.

Ninguna de las cinco principales coaliciones chiíes de Irak ha obtenido los votos suficientes para contar con una mayoría absoluta en el Parlamento, lo que significa que tendrá que haber negociaciones y la formación de alianzas entre las coaliciones tras los resultados finales.

En el pasado, Irán ha jugado un papel importante en las negociaciones para la elección de los primeros ministros iraquíes después de las  elecciones de 2010 y 2014 . Las conversaciones más importantes entonces no se produjeron en Bagdad, sino en Teherán, donde varios políticos iraquíes se reunieron con funcionarios iraníes.

El otro actor principal, al-Sadr, ha tratado de presentarse como un nacionalista chiíta iraquí, independiente de la influencia iraní, pero también es vehementemente anti-estadounidense.

Mientras que en el pasado, al-Sadr cedió a la presión de Irán porque sus resultados de las elecciones fueron relativamente bajos, esta vez podría defender su propia agenda y es probable que insista en la formación de un gabinete tecnocrático.

Cualquiera que sea el resultado de las negociaciones, una cosa es cierta: estas elecciones sacudieron el status quo y mostraron que existe un espacio para la política no sectaria en Irak. Los votantes se manifestaron contra la élite política y demostraron - tanto a través de sus votos como por medio del boicot - que rechazan el actual sistema de clientelismo y corrupción rampante.

es profesor asociado en el Departamento de Historia de la Universidad del Estado de California, San Marcos.
Fuente:
https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/iraq-elections-proved-status-quo-expectations-wrong-180514151353581.html
Traducción:
Enrique García