Gaza como un experimentó israelí

Amira Hass

18/08/2018

¿Es una enorme prisión, el mayor centro de detención del mundo, un gueto o un campo de concentración? Nosotros, los periodistas tenemos que reflexionar sobre la forma más adecuada de describir los horrores del bloqueo de la Franja de Gaza con la vana esperanza de encontrar un término lo suficientemente impactante como para detener la locura. Y al igual que con todos los temas relacionados con los palestinos, cada palabra escrita sobre ellos será utilizada por la derecha pro-colonos, que actualmente representa a la mayoría de los judíos israelíes, para desviar la atención sobre lo que de verdad está sucediendo en Gaza.

Lo que de verdad sucede es que Israel está llevando a cabo un experimento masivo de psicología social en Gaza sobre la obediencia, y el tema es la obediencia. El sujeto del experimento somos nosotros los israelíes y no los propios palestinos de Gaza.

Los habitantes de Gaza no se acaban de acostumbrar a la situación. Unos emigran y muchos más están considerando esa opción. Se suicidan o planifican su suicidio como una salida. Se señalan con el dedo unos a otros, pero también se ayudan unos a otros con lo poco que les queda. Siguen siendo creativos, a pesar de que sólo se habla de las cometas incendiarias que sobrevuelan la frontera y como piratean los teléfonos de los soldados israelíes.

Pero nadie nos cuenta nada sobre las obras de arte que se están creando en Gaza, sobre los genios informáticos cuya imaginación se eleva más allá de los confines de los campos de refugiados, sobre los grupos de teatro, el original enfoque para reciclar basura y las impresoras 3-D que han construido y que crean instrumentos médicos simples y baratos de plástico reciclado.

El experimento es sobre la sumisión y la crueldad; es un experimento sobre la adaptación al aumento de la crueldad. Tiene mucho más éxito que el famoso experimento llevado a cabo por el psicólogo social Stanley Milgram hace 55 años, aproximadamente un año después del juicio de Eichmann.

Milgram trató de averiguar el grado en que la gente estaría dispuesta a infligir dolor a otros si se les ordenaba hacerlo. Se pidió a los participantes en el experimento que suministrasen descargas eléctricas a “estudiantes” que daban respuestas incorrectas a las preguntas. A quienes apretaban el botón de las descargas eléctricas se les dijo que serían progresivamente más potentes, y la mayoría de la gente siguió apretando el botón incluso cuando los “estudiantes”, que en realidad eran actores que fingían, gritaban y suplicaban. Los participantes continuaron apretando el botón incluso cuando creían que las descargas serían letales.

El experimento al que se nos somete a los israelíes tiene lugar desde 1991; miles de israelíes participan en él y otras decenas de miles les aplauden. Gaza es un enclave que hemos aislado; sólo unos pocos habitantes de Gaza reciben permiso para entrar y salir, separados del mundo. Es un lugar con agua contaminada porque nos negamos a conectar la Franja con otros recursos hídricos del país, exigiendo que dos millones de personas dependan de un acuífero costero que en 1947 proporcionaba agua a 80.000 personas.

Las aguas residuales quedan sin tratar porque no permitimos la entrada de suficientes materiales para construir más plantas de tratamiento, y no estamos dejando entrar combustible para hacer funcionar los generadores. El suelo está contaminado con no se sabe que productos químicos esparcidos por las bombas que Israel a arrojado sobre Gaza. Y el desempleo está en proporciones aterradoras - el 50 por ciento o más. Solo se suministra electricidad cuatro horas al día. A los pacientes se les priva de atención médica y a los habitantes de Gaza se les niega los permisos para estudiar en otro lugar.

Hace aproximadamente una década, los oficiales-burócratas israelíes de la Coordinación de las Actividades Gubernamentales en los Territorios elaboraron tablas y gráficos para calcular el número de calorías que consumía la gente en Gaza. Durante el último mes, más o menos, por orden del ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, los sucesores de los oficiales-burócratas han prohibido todos los productos que no sean alimentos o medicamentos; han prohibido el gas natural, los demás combustibles y la exportación de bienes de la Franja.

Nos hemos acostumbrado a la creciente protesta sobre el cierre de departamentos en los hospitales por la falta de combustible para los generadores, sobre las aguas sucias que por la misma razón amenazan con inundar las zonas residenciales, sobre las enormes pérdidas financieras de los agricultores y los comerciantes, y sobre el hambre que crece .

Esta cruel locura se basa más en la política que en la personalidad y la psicología. Desde el momento que en 1991 separamos a los habitantes de Gaza de los de Cisjordania, Israel ha reafirmado que el enclave debe desarrollarse como una entidad separada, y hemos confiado en que Egipto se haría cargo de Gaza o que sería declarada un estado independiente palestino. Para nuestro pesar, no ha sido así y seguimos apretando los botones.

Es corresponsal del diario israelí Haaretz en los Territorios Ocupados palestinos.
Fuente:
https://www.haaretz.com/opinion/.premium-israel-s-mass-obedience-experiment-and-gaza-loses-1.6383071
Traducción:
Enrique García
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