Francia: Balance y perspectivas del movimiento social 2017-8

Pauline Graulle

Manuel Jardinaud

28/06/2018

Con la votación final sobre la reforma de la compañía ferroviaria SNCF, el movimiento social parece haber sufrido un importante revés. Pero el éxito aparente de Emmanuel Macron esconde una indignación que está lejos de extinguirse y que se expresa a través de una multitud de conflictos locales y sectoriales.

La reforma para la privatización de los ferrocarriles fue finalmente aprobada en la Asamblea Nacional francesa el 13 de junio de 2018, enterrando las esperanzas de los ferroviarios de que el gobierno reconsiderase el proyecto. El historiador de los movimientos sociales, Stéphane Sirot, ve una estrategia de enfrentamiento cuidadosamente pensado con el poder: "Emmanuel Macron quería, con el ferrocarril, su momento Thatcher o Reagan. Hacer saltar el bloqueo de los ferroviarios es una victoria simbólica contra la CGT, a la que inflige una derrota importante”. Y así, de acuerdo con el investigador, puede debilitar otras luchas profesionales en curso o futuras enviando una dura señal.

El conflicto de la SNCF no ha producido una acumulación de luchas. Los movimientos nacionales no parecen posibles. De hecho, desde la ya mítica huelga de 1995 contra el intento de reforma Juppé de los regímenes especiales de pensiones, no ha habido ningún conflicto nacional capaz de ganarle un pulso al gobierno. No hace tanto, en 2016, las grandes movilizaciones contra la ley El Khomri no pudieron evitar la votación del texto. Stéphane Sirot recuerda que desde hace más de 20 años, "el gobierno no cede nunca. Nos encontramos en una época en la que la regulación de los conflictos en las relaciones sociales ha terminado".

En otras palabras, es inútil buscar otro Grenelle en las calles, es el gobierno el que decide su agenda. El equilibrio de fuerzas es desigual. Incluso Philippe Martínez, secretario general de la CGT, reconoce el carácter "inédito" del momento: "Las leyes no son discutibles”. Lo que plantea la cuestión de las formas de lucha, que no tienen salida en términos legislativos y políticos.

En relación a la SNCF, Emmanuel Macron conoce a sus clásicos. Intratable, a conseguido - al parecer - su victoria por la fuerza. El discurso de poder del presidente Macron ha sido ampliamente recogido por los medios de comunicación, con las imágenes, y repetido una y otra vez por los canales de noticias: ha "ganado el partido" , lo que debilita al mismo tiempo el movimiento de los ferroviarios y el de los estudiantes. El domingo 17 de junio, el JDD ha hecho público su "barómetro" para mostrar que el rechazo a la huelga era cada vez mayor entre los franceses - en abril casi la mitad apoyaba el movimiento, frente al 37% actual.

Otro signo de esta movilización frustrada, aunque larga y masiva: si la huelga ha costado un tercio de su salario a los ferroviarios huelguistas, parece no haber tenido ningún efecto en la economía del país, según repiten cada mañana todas las radios durante la última semana (véase también aquí). Por otra parte, la unidad del frente sindical ferroviario se ha roto en gran medida el martes 19 de junio en el debate sobre el escenario de una continuación de la huelga en julio. Sólo la CGT y Sud Rail continuarán la lucha.

La frágil unidad de la primavera

Esta primavera, las luces parecían todavía estar en verde para el movimiento social a nivel nacional e interprofesional: se consiguió la unidad - aunque frágil y ambigua - de las izquierdas. La confluencia inédita de la sociedad civil, los partidos políticos y los sindicatos se forjó frente a la actitud del gobierno y su política.

Pero en lugar de un cóctel explosivo, lo que parece haber ganado en las tropas es una progresiva melancolía, mientras las protestas se hacían menos masivas. Incluso la "marea" de 26 de mayo, una confluencia sin precedentes de sindicatos, partidos políticos y ciudadanos, resultó relativamente decepcionante. Debería haber sido el punto álgido del movimiento. "Tuvimos una marea media, no una marea viva" reconoce Willy Pelletier, coordinador general de la Fundación Copérnico, uno de los convocantes.

¿Qué ha sucedido? El PS, que no ha participado como organización política en la marea, lo explica así a la prensa a través de la portavoz de su grupo parlamentario, Valerie Rabault: "Existen dos hipótesis. La primera es que la gente está resignada; la segunda, que el resultado político no es satisfactorio, porque no es creíble”. Pero lo hace para dejar en evidencia a Francia Insumisa de Melenchon, a la que acusa de maniobrar para conseguir la confluencia de sindicatos y movimientos políticos.

Francia Insumisa no hace, evidentemente, el mismo análisis. “Es la estrategia de comunicación de Emmanuel Macron para hacer creer que es una apisonadora. Sin embargo, incluso si no hemos logrado bloquear el proyecto de ley, muchas cosas han avanzado y, en un principio, la idea de que es el presidente de los ricos" , dice Eric Coquerel, diputado por Seine- San Denis.

Una multitud de conflictos sectoriales

La misma historia en el lado de Willy Pelletier, de la Fundación Copérnico: "Este gobierno ha sufrido el espejismo de la victoria, pero está perdiendo" , dice, denunciando la engañifa de las "encuestas que no significan nada y de unos medios de comunicación que funcionan como Pravda".

Olivier Besancenot, portavoz del NPA, se niega a "hablar en pasado de la movilización, que continua en la SNCF, no hay que olvidarlo", enfatiza. “Cierto, no se ha producido la confluencia entre las luchas de esta primavera, pero eso no quiere decir que no vaya a suceder, porque en todas partes hay un montón de protestas”.

Porque 2018, desde finales de 2017 cuando las manifestaciones contra la reforma del Código de Trabajo no consiguieron su objetivo y  Francia Insumisa intentó reagrupar todo el malestar que se expresaba en las calles, no se reduce a un único conflicto social. A principios de año se ha producido una multitud de huelgas, ocupaciones y bloqueos que han obligado al gobierno y a los ministros implicados a dar la cara.

A partir de enero, y durante diez días, los funcionarios de prisiones interrumpieron su trabajo por la inseguridad y el deterioro de las condiciones de trabajo. Inflexible, la administración de prisiones incluso ha impuesto sanciones a algunos huelguistas por faltas contra el derecho de huelga. El movimiento social en los hogares de ancianos ha sido más visible, con dos grandes manifestaciones nacionales, el 30 de enero y el 15 de marzo. Se trata de un sector infra financiado, poco acostumbrado a la huelga, que, sin embargo, alzó su voz para obtener algunos subsidios del gobierno. Este último, de entrada sordo al sufrimiento de los asalariados, finalmente ha acordado conceder un presupuesto suplementario.

Al mismo tiempo, de una manera menos coordinada, los hospitales han sido escenario de huelgas para protestar por la falta de recursos y el agotamiento profesional de los sanitarios. El caso del psiquiátrico de Saint-Étienne-du-Rouvray, en Normandía, ha sido un símbolo de estas movilizaciones. Después de dos meses de bloqueo y quince días de huelga de hambre de siete empleados, el personal ha obtenido la creación de treinta nuevas plazas.

La indignación también ha calado en las universidades contra la reforma Parcoursup. Decenas de facultades han sido sucesivamente o al mismo tiempo ocupadas está primavera, como Nanterre, que fue uno de los centros del movimiento. La violencia policial ha sido importante para reprimir la revuelta de los estudiantes y descreditarla.

Desde octubre de 2017, los funcionarios públicos, en un frente sindical que incluía a la CFDT, se han manifestado periódicamente para expresar su preocupación por el deseo del gobierno de reformar el régimen laboral de los contratados para que sea más flexible, para mantener la congelación salarial y aplicar aún más la llamada “nueva gestión". La movilización está lejos de haberse agotado contra de la falta de definición del gobierno.

En esta lista, que muestra un país ansioso y combativo frente a la destrucción en algunos sectores sociales, por no hablar de la lucha en curso de los técnicos de gas y electricidad. Desde abril, las protestas han aumentado en GRDF y Enedis, donde ha habido bloqueos, paros y apagones. Una lucha poco conocida, pero pertinaz. Desde hace tres meses, la federación FNME-CGT la apoya. "Lo que está sucediendo con los electricistas y gasistas es interesante, según Stephane Sirot. La CGT promueve una nueva cultura del conflicto y crea un equilibrio de fuerzas. Las cosas se intentan y pueden dar alguna esperanza a las futuras luchas”.

Pascal Pavageau, el nuevo secretario general de Fuerza Obrera, que ha roto radicalmente con la posición de Jean-Claude Mailly de concertación con el gobierno, ve con esperanza estos conflictos confeti: "En general, vemos una gran cantidad de movimientos en los sectores público y privado, y que son capaces de durar", explica pensando sobre todo en Air France o Carrefour.

Philippe Martínez, secretario general de la CGT, también señala el aumento de los conflictos en la base. Con una cierta impotencia, dice, sin embargo: "La cuestión es cómo conseguimos hacer converger estos movimientos sociales, ¿qué hacer para que confluyan? Hoy en día lo que todos sindicatos comparten es el descontento”. Pero esta mera observación no es suficiente para que miles de manifestantes salgan a las calles de París. Un llamamiento unitario (CGT, FO, UNEF, Fidl) intenta de nuevo organizar una gran manifestación en la capital el 28 de junio en defensa de los trabajadores, los parados y los pensionistas.

Ingredientes para avanzar en la unidad

Para aquellos que creen que se trata de una especie de método Coué para el fracaso, hay que reconocer que la movilización unitaria de esta primavera ha sembrado algunas semillas para el futuro. Se han establecido lazos entre las organizaciones, que apenas trabajaban juntas antes. Y se mantiene un nivel de coordinación, según Willy Pelletier: "Después de las huelgas de 1995, Pierre Bourdieu organizó con la FSU y Solidarios en particular, los Estados Generales de los movimientos sociales. En septiembre, convocaremos reuniones similares con las partes, incluso con la CGT confederal. Se está articulando un programa básico común”.

Esta perspectiva podría ser “un embrión de repolitización de las luchas, que sigue siendo, sin embargo, frágil. Porque, aunque el 26 de mayo fue innovador, en los últimos 25 años se ha producido una despolitización en los sindicatos, que no son capaces de producir utopía", analiza Stéphane Sirot. Es difícil reinventarse de la noche a la mañana, especialmente cuando algunos sindicatos como FO y, a fortiori , la CFDT, se niegan a hacer alianzas con los partidos políticos.

Hay quienes piensan que todavía se puede producir una confluencia sobre unas bases aun por definir.  Olivier Besancenot está convencido de que "la batalla cultural no la han ganada aún, aunque lo crean. En la SNCF, Guillaume Pepy está deslegitimado, y en Air France, el referéndum le ha dado la razón a los empleados".

Sin embargo, las reflexiones de los políticos muestran la diferencia entre su propia agenda, e incluso su forma de abordar las luchas sociales y la situación sindical en el país. La "batalla cultural" mencionada solo puede comprenderse en un contexto social claro y común, y la capacidad de movilizar a sus tropas. Está lejos de ser el caso en el paisaje de las organizaciones de defensa de los asalariados.

"Lo que complica ante todo el retorno de los sindicatos a la política es su estado de deterioro y las tensiones en su seno" señala Stéphane Sirot. Pero también, en la multiplicación de los conflictos, la incapacidad de los trabajadores descontentos para desdoblarse. Pavageau Pascal lo resume así: "Las luchas se hacen hoy en la calle. Si eres ferroviario y destruyen tu régimen laboral eso te lleva ya mucho tiempo. La gente se centra en sus reivindicaciones específicas”.

Otra dificultad para asegurar la "convergencia", el punto de encuentro, el elemento común donde todos se puedan encontrar. Querer contrarrestar "al presidente de los ricos" no es suficiente. Pavageau Pascal habla de "desprotección social" para calificar la política del gobierno durante este año, mencionando la reforma del Código de Trabajo y la Ley sobre la formación profesional. Philippe Martínez también alude a la quiebra del modelo social. También destaca la necesidad de "una victoria para hacer emerger el debate sobre la protección de los servicios públicos". Aunque se mantiene, el movimiento social en este sector no ha permitido una convergencia más amplio más allá de los afiliados sindicales, lo que muestra los límites de esta consigna.

La reforma de las pensiones a la vista

Pero la esperanza no está muerta. Hay en primer lugar, y ante todo, el comienzo de una unidad de debate. A la vez, en reuniones intersindicales sectoriales, las principales centrales sindicales y los estudiantes se reúnen de nuevo. "Durante un mes y medio, vi a todo el mundo, dice Pascal Pavageau. Era estupendo, eso es bueno. Y no ha terminado. Esto podría conducir a un foro sindical común al menos para exigir un retorno al diálogo sobre una agenda social”. La ambición es modesta, pero es real.

Por otra parte, tras el 26 de mayo coordinar esfuerzos entre los sindicatos y los movimientos políticos ya no es tabú. Pascal Pavageau, que recuerda la independencia política de FO, no quiere jugar a “pepito grillo" y da libertad a sus activistas para sumarse a un movimiento más amplio. Philippe Martínez, que llama a sus miembros a participar, dio la bienvenida a este proceso: "Esto nos ha permitido demostrar que estamos a su disposición para trabajar con otros, sin ser arrastrados", explica, evocando las tensiones que surgieron en septiembre de 2017 con Francia Insumisa y su intento de "desbordamiento" en la calle, fuera de los cortejos sindicales.

La vuelta tras las vacaciones será crucial para desarrollar una hoja de ruta común. Los principales sindicatos preparan la protesta, los partidos políticos reflexionan, aunque absorbidos por la pila de proyectos legislativos. En portada: la reforma de las pensiones, que forma parte de la "individualización de los derechos", de acuerdo con la dirección de FO, contra la que luchan como pueden cada sindicato. Incluso la CFDT ya ha establecido líneas rojas en su congreso sobre la edad de jubilación en particular.

Por eso, las dos grandes oleadas de otoño de 2017 y de esta primavera no han sido en vano. Porque, como ha señalado en Mediapart Theo Roumier, del comité de redacción de Cahiers des reflexions de la Unión sindical Solidaires, bajo la rúbrica "El utópico" y blogger en Mediapart, "el objetivo de los sindicatos es conseguir una gran manifestación para obtener, si es posible, una victoria, pero también para preparar el tejido social para el futuro. No hay que olvidar que el año 1967 fue especialmente conflictivo”. Tras del mito de Mayo del 68 se vislumbra tal vez un futuro positivo para el movimiento social en 2018.

Son periodistas de Mediapart.
Fuente:
https://www.mediapart.fr/journal/france/240618/mouvements-sociaux-macron-ou-l-illusion-de-la-victoire
Traducción:
Enrique García