El capitalismo en el mundo venidero

Branko Milanovic

19/06/2018

Con su “gráfica del elefante”, Branko Milanovic ilustra con agudeza los efectos económicos de la globalización. La trompa se hunde radicalmente a la mitad, lo que representa la riqueza de la clase media occidental, ahuecada más que cualquier categoría de renta. Por supuesto, el pico más alto es la punta de la trompa, que representa a los superricos, cuyas ganancias nunca han sido más elevadas.    

Milanovic, economista de 64 años, es uno de los expertos más destacados en desigualdad global y mira hacia adelante. Durante su visita a Roma para el Festival del Desarrollo Sostenible, explica sus pronósticos sobre el mundo por venir a Massimo Franchi, periodista del il manifesto

Profesor Milanovic, en el periodo de postguerra Europa redujo la desigualdad y garantizó la prosperidad por medio de la invención del Estado público del Bienestar que apoyaba las necesidades sociales. ¿Ya no es hoy en día la receta correcta?   

Debería cambiar. El Estado del Bienestar se ha quedado obsoleto, pues se basaba en tres pilares que ya no son sostenibles. El primero era la educación, pero hoy en los países más ricos ha alcanzado un nivel muy alto y ya no puede mejorarse más. El segundo eran los sindicatos, que están hoy en declive y no pueden representar a los trabajadores más débiles. El tercero se basa en un impuesto sobre la renta elevado, que ya no puede llegar a los niveles de los años 60. Lo que hoy nos hace falta es un cambio filosófico, igualdad en habilidades y mayor atención a la igualdad: por ejemplo, educación pública gratuita, impuestos elevados a los ingresos rentistas y participación en las empresas con trabajadores que sean accionistas.    

Presta usted gran importancia al aumento de la riqueza en Asia: el crecimiento exponencial de China e India se está trasladando a los salarios de los trabajadores. ¿Qué consecuencias tendrá este cambio para nosotros los europeos?

El crecimiento de la renta es simplemente un hecho numérico que tiene consecuencias globales positivas. Mil quinientos millones de personas se están enriqueciendo relativamente, lo que constituye también la razón por la que la globalización está mejor considerada en Vietnam que en Francia. Los chinos se están moviendo hacia niveles medios de renta y esto podría tener efectos positivos en relación con el fenómeno de la reubicación de empresas europeas. Dicho esto, la globalización trae cambios incluso a quienes no se mueven: las clases medias occidentales se ven minadas, aunque no haya cambiado su situación de renta, y este proceso no puede dejar de tener consecuencias políticas y sociales.

Su próximo libro se titulará Capitalism alone y parte del supuesto de que sólo disponemos hoy de un único modelo económico. Si el capitalismo sigue produciendo desigualdades tan inaceptables, ¿no cree que podría resurgir una cierta forma de comunismo como alternativa inevitable?

El mundo es demasiado complicado para atenerse a un solo modelo. De hecho, ya tenemos dos versiones de capitalismo. La primera, que podemos definir como ‘capitalismo político’ es esencialmente el modelo chino que yo considero capitalismo pleno. El segundo es una evolución del capitalismo original, que se ha vuelto cada vez más tecnocrático y autoritario mediante la globalización. Estos dos modelos compiten y uno de los dos está destinado a dominar, y creo que será el que preste más atención al componente del trabajo. Respecto al comunismo, en mi libro doy una opinión negativa. Esa es la razón por la que creo que no va a volver. No obstante, creo que la desigualdad a largo plazo resulta insostenible y por tanto son posibles, si no deseables, otros modelos. También porque la ideología de  “hacer dinero”, de ganarlo a cualquier precio, está poniendo en peligro el valor universal de la democracia. Parece ahora que no se pueden ganar elecciones sin corrupción, y la democracia parece que no funcionara sin corrupción.   

Hablando de elecciones, ¿qué piensa usted del resultado de las elecciones en Italia? La Lega y el Movimiento 5 Estrellas tienen un contrato de gobierno que combina el “flat tax” [impuesto de tipo único] y la renta básica. ¿Cree usted que esto es posible? ¿Qué efecto tendría sobre la desigualdad?

El “flat tax” es una idea decimonónica que aumentaría claramente la desigualdad. Sumarlo a la renta básica universal resulta algo  muy extraño y desacostumbrado, no ha pasado nunca en ningún país del mundo. Es resultado de un compromiso entre dos electorados muy diferentes. El “flat tax” está destinado a los pequeños empresarios del norte y la renta básica a los parados en el sur. Sin embargo, tomar en cuenta ambos y mantenerlos separados parece muy difícil. De modo más general, creo que el resultado de las elecciones italianas tiene algo en común con los Estados Unidos y Francia: Trump y Macron ya han lanzado una combinación de medidas políticas populistas y favorables a los ricos.

Prevé usted que para 2050, el origen de clase será el principal impulsor de la desigualdad, más que el origen nacional. Y esta métrica comprendería la misma composición que en 1850, en tiempos de Marx, muy diferente del presente en el que el origen territorial es preponderante. Sin embargo, mantiene usted que el fenómeno de la migración seguirá siendo fundamental en años venideros.   

Sí, porque el elemento territorial seguirá siendo significativo y continuará empujando a millones de personas hacia Europa y Occidente. Por esta razón, ustedes los italianos tendrán que afrontar un largo periodo de transición en el que seguirán llegando migrantes económicos. Luego, por supuesto, en cerca de treinta años, los orígenes de clase serán también más relevantes porque lo que es actualmente el extrarradio del mundo, incluyendo una parte de África, será más rico. En ese momento hará falta otro modelo.

es un economista serbio-norteamericano. Especialista desarrollo y desigualdades, es profesor visitante en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY), así como investigador titular en el Luxembourg Income Study (LIS). Anteriormente, fue economista jefe en el Departamento de Investigación del Banco Mundial.
Fuente:
Il manifesto global, 6 de junio de 2018
Traducción:
Lucas Antón