¿De verdad la gente trabajadora en Catalunya votó a Ciudadanos?

Miguel Salas

28/01/2018

Hace más de un mes que se celebraron las elecciones catalanas y todavía se debate sobre la interpretación de sus resultados. Es cierto que Ciudadanos fue la lista más votada, aunque no le haya servido ni para obtener la presidencia del Parlament ni para optar a gobernar, y quizás sea esa la razón por la que sus dirigentes aparecen tan agrios e irritados. Las elecciones significaron una derrota política de la aplicación del artículo 155 y una nueva victoria de la suma de las candidaturas independentistas. A partir de ahí las opiniones empiezan a ser diferenciadas. En las izquierdas parece imponerse la idea de que sectores importantes de la gente trabajadora o más desfavorecida socialmente ha decantado su voto hacia Ciudadanos. “La derecha (la de los convergentes y la de Arrimadas) manda en Catalunya” titulaba el 22 de diciembre un artículo firmado por Sergi Picazo en la revista Crític. En un informe del secretario general de CCOO, Unai Sordo, se lee: “En términos sociológicos podemos afirmar que el voto obrero y urbano se ha desplazado mayoritariamente hacia Ciudadanos”. Vicens Navarro insiste en la misma tesis de que uno de los aspectos más notorios de las elecciones del 21 D fue: “el apoyo electoral de grandes sectores de la clase trabajadora a Ciudadanos”. Y en un intento de generalización se presenta la victoria electoral de Trump o el Brexit como resultado del voto de la clase trabajadora. 

Cuando una situación es compleja no podemos optar por respuestas simples, hay que hacer el esfuerzo para no quedarse en la superficie. No hace falta insistir en la excepcionalidad de las elecciones, convocadas por Rajoy y no por el president de la Generalitat, con el artículo 155 en vigor, con una parte del gobierno de Catalunya en la cárcel y otra en el exilio y con una participación extraordinaria, el 80%, que nos permite analizar de forma muy aproximada la fotografía de las tendencias políticas de la población catalana.

La dificultad para las comparaciones, y por lo tanto para entender la evolución política de los votantes, consiste en la especificidad de estas elecciones y en que las representaciones políticas no son exactamente igual a como lo eran antes. En la actualidad la identificación de clase no se corresponde directamente con uno u otro partido, tiene más peso la representación transversal, interclasista y, en la situación catalana, la mezcla entre los problemas sociales y nacionales, Por ejemplo, normalmente se sitúa al PSC en el ámbito del voto de las izquierdas, sin embargo, en estas elecciones incorporó en sus listas al sector más derechista y clerical del nacionalismo catalán, los restos de Unió, el partido que dirigió Durán Lleida. Además, el PSC apoyó la aplicación del artículo 155. ¿Cómo contabilizar los votos de esa candidatura? ¿De izquierdas, pero poco de izquierdas, o de izquierdas en lo social y de derechas en lo democrático? Otro ejemplo. La candidatura Junts per Catalunya representa más a Puigdemont y su esfuerzo por preservar la Generalitat y su propio futuro político que al PDCat, surgido de Convergencia. Junts per Catalunya es una mezcla de seguidores de Puigdemont, de parte del aparato del PDCat y no pocos independientes, algunos provenientes de las izquierdas, que se unieron deprisa y corriendo detrás de Puigdemont. Por eso mismo, decir que esa candidatura representa la continuidad de Convergencia es no darse cuenta de los cambios que se han ido produciendo en el panorama político catalán. ¿Y cómo contabilizamos sus votos? ¿Como de derechas en lo social y democrático radical en cuanto a derechos y libertades? Si utilizamos criterios antiguos para analizar situaciones nuevas es muy fácil que el análisis salga desviado.

Teniendo muy en cuenta estas consideraciones, los resultados globales indican una derrota importante de los defensores del 155 (C,s, PP y PSC) que obtuvieron 1.902.061 votos (43,45%) por 2.405.700 (54,96%) los contrarios (JxCatalunya, ERC, Comunes, CUP). Y, sin embargo, si hacemos la comparación de derecha e izquierda, los resultados dan una ligera ventaja a los primeros. La derecha reunió 2.243.635 votos (51,25%) y la izquierda, 2.064.126 votos (47,16%) O sea, una victoria importante del voto contrario a la política represiva del gobierno Rajoy y, una pequeña ventaja de la derecha (teniendo en cuenta las reservas expresadas con anterioridad sobre cómo situar a las candidaturas del PSC y de JxCatalunya), y valorando que lo que fundamentalmente se decidía en estas elecciones no era si ganaba la izquierda o la derecha, sino si se imponía o no el relato antidemocrático y centralizador de C,s y PP.

Algunos elementos para la reflexión

Ciudadanos ha sido el primer partido en votos y diputados/as, pero, al hacer las comparaciones, si en 2017 las candidaturas hubieran sido las mismas que en 2015, los titulares de prensa hubieran sido bien diferentes. La suma de Junts per Catalunya y ERC (que se presentaron como Junts pel Si en 2015) reunió 1.884.094 votos por 1.109.732 votos de C,s. No estamos defendiendo esa candidatura unitaria, sólo mostrar el espejismo de la victoria de C,s.

Se dice que los barrios obreros y populares han votado C,s. No negamos que el avance de C,s ha sido importante, en buena parte por el trasvase de votos del PP y por la concentración del voto anti independentista, pero en la mayoría de las ciudades y barrios obreros y populares, la suma de votos de las izquierdas supera a los de la derecha. En Cornellá, la izquierda reúne 27.171 votos (53,49%) y la derecha 25.405 (44,64%). En Rubí, la izquierda suma 21.248 votos (49,02%) y la derecha 21.204 (48,9%) En Mollet, la izquierda suma 15.745 votos (51,71%) y la derecha 14.122 (46,38%) En dos de los barrios más populares de Barcelona los resultados son parecidos. En Nou Barris, la izquierda suma 46.515 votos (51,02%) y la derecha 43.033 (47,21%). En Sants-Montjuic, la izquierda reúne 53.953 (54,64%) y la derecha 43.295 (43,85%). En Barcelona ciudad, también gana la suma de las izquierdas, 458.127 votos (50,01%) por 444.918 (48,57%) de las derechas.

Pongamos, entonces, más que un interrogante sobre esa idea de que la gente trabajadora ha girado hacia la derecha. No es nuestra intención restar importancia al avance de C,s, sino analizarlo en su justo término y teniendo en cuenta las complejidades de los resultados electorales. Por ejemplo, en esas mismas ciudades o barrios obreros en los que la izquierda ha sido mayoritaria, también ha sido mayoritaria la suma de los partidos favorables al 155. En Cornellá suman el 63,35% de los votos. En Rubí, el 54,94%. En Nou Barris, el 57,15%. En Mollet, el 54,95%. Sin embargo, en Barcelona ciudad gana la izquierda y ganan los contrarios al 155 (55,08% de los votos, por un 43,50 de los partidarios del 155). Como en el barrio de Sants Montjuic, los contrarios al 155 suman el 57,57% de los votos, por un 40,92% de los partidarios.

Para ver la complejidad de los resultados, nos trasladamos a la ciudad de Manresa, en la que gana la derecha (54,62%) a la izquierda (44,10%), una diferencia de 10 puntos; pero los contrarios al 155 reúnen el 62,44% y los partidarios el 31,46%, 30 puntos de diferencia. O la ciudad de Salt (al lado de Girona, con una importante población inmigrante) en la que la derecha se impone con una ventaja de 19 puntos y los contrarios al 155 lo hacen por 13 puntos de diferencia. No queremos abrumar al lector de datos y porcentajes, solo subrayar que es necesario tener en cuenta las diferentes prioridades que el elector ha tenido en cuenta a la hora de depositar su voto.

En algunos ámbitos políticos se suele banalizar el conflicto catalán con el argumento de que interesa sobre todo a los sectores burgueses catalanes. Pues los resultados indican que en ciertas ciudades y barrios ricos se ha producido un decantamiento del voto hacia las opciones más defensoras de la unidad de España. Por ejemplo, en Sant Cugat, una de las ciudades catalanas con mayor renta per cápita, en el 2015, la suma del PP y C,s obtuvo el 23,67% de los votos y en el 2017 ha pasado al 25,87%; mientras que las candidaturas independentistas han visto reducido su porcentaje del 57,98% en el 2015 al 43,26% en el 2017. Esa misma tendencia se aprecia en el distrito más rico de Barcelona, el de Sarriá-Sant Gervasi. En el 2015, PP y C,s sumaron el 32,95%, ahora han pasado al 35,99%; mientras que el independentismo bajó del 49,73% al 45,61%. ¿Significa que un sector de la burguesía se está echando para atrás del proceso?

Algunas conclusiones

¿Votó la gente trabajadora a C,s? Ciudadanos concentró el voto de la derecha y el anti independentista y eso se reflejó en un aumento de sus votos, en los barrios obreros y también en los barrios burgueses, por razones bien diferenciadas. Pero, como hemos demostrado, en las ciudades y barrios de clase trabajadora también aumentó el voto a las candidaturas independentistas. Una lectura unilateral de los resultados, como algunos lo intentan presentar, no ayuda a la comprensión de la situación. Un sector votó a C,s y otro se decantó hacia las opciones democrático nacionales. El tiempo dirá si esas tendencias se mantienen, porque no olvidemos que en las últimas elecciones generales esas ciudades y barrios dieron la mayoría a los Comunes o que en Barcelona votaron el ayuntamiento del cambio que representaba Ada Colau.

Parece evidente que se necesita desde la izquierda una lucha política e ideológica contra lo que representa C,s. Esa lucha será coja si se limita a denunciar su política neoliberal, también hay que denunciar su política antidemocrática en el aspecto nacional y de las libertades.

¿Ha habido un desplazamiento hacia la derecha? Para la mayoría de los votantes no era ese su primer elemento de reflexión, sino el de democracia o una vuelta atrás en los derechos y el autogobierno de Catalunya. Además, en la mayoría de las ciudades y barrios obreros la suma de las izquierdas ha sido mayoritaria.

No tiene ninguna lógica demográfica, ni de análisis electoral, que las elecciones hayan sido ganadas por las candidaturas independentistas y que éstas no representen a una parte mayoritaria de la población, la que representa la clase trabajadora y las clases más desfavorecidas.

Quizás haya una interpretación interesada, y falsa al mismo tiempo, de presentar los resultados como si la gente trabajadora no prestara atención a los problemas democráticos y nacionales. En la medida que es un problema presente, y que continuará siendo conflictivo, lo peor es la política del avestruz, de esconder la cabeza. Los resultados demuestran que los bloques son los que determinan las decisiones políticas y el voto de la gente. Para la izquierda, no se trata de ir detrás de uno de los bloques sino de tener una posición activa, de participar en el movimiento realmente existente, y defender una posición democrática radical y republicana de los intereses nacionales de Catalunya. Que no ocurra como en los años 20 del siglo pasado, en los que Lerroux (algo parecido a C,s) logró arrastrar a “las masas proletarias abandonadas en los suburbios fabriles de la gran ciudad mediterránea”, (Jesús Pabón. Cambó: 1876-1947) porque la izquierda no prestó la atención a ese problema.

Si algo falta en el actual proceso de movilización nacional para conquistar una mayoría que pueda dar el salto a la república, a la alianza con las clases trabajadoras del conjunto de España, a desembarazarse de la Monarquía, es el contenido social, de lucha contra la desigualdad, de defensa de las reivindicaciones de los más desfavorecidos. La suma de las exigencias sociales y nacionales, de las nacionales y sociales, es la que puede lograr una posición mayoritaria en la sociedad a favor de un cambio republicano.

Sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 28-1-18
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