Cuba: ¿Por qué es importante la nueva constitución?

Julio Antonio Fernández Estrada

15/06/2018

Al parecer nuestras preguntas se hacen cada vez más simples. Debemos comenzar por el principio de casi todo. Cuando parecía que estábamos preparados para el cambio político que asegurara el futuro soberano de Cuba, constatamos que es preferible concentrar más poder en manos de una sola persona y, en todo caso, separar las funciones de Estado y de gobierno a nivel provincial y municipal.

La reunión del pleno de la Asamblea Nacional en sesión extraordinaria el día 2 de junio debía haber sido histórica, y lo fue, pero no por la audacia que esperábamos, teñida de optimismo, de discusiones ardientes, de propuestas esperanzadoras. Nada de esto sucedió. Ahora podemos estar seguros de que el papel del máximo órgano del Estado cubano no es tomar las decisiones más importantes, sino asentir con gracia y coreográficamente.

Cada tema que se presentó a la ratificación (porque no podemos decir al debate) de la Asamblea, merecería un artículo propio. En estos momentos me concentraré solo en la Constitución, porque era el tema de los temas de ese día.

De nuevo nos sorprendió, tal vez por nuestra ingenuidad e inocencia políticas, que no hubiera ni una sola pregunta sobre la integración de la Comisión que debe redactar la constitución de Cuba. Ni una duda, ni un reproche, ni una contrapropuesta.

Por ejemplo, algún diputado o diputada podía creer que Eusebio Leal debía estar en esa comisión, o el presidente del Tribunal Supremo, o el Fiscal General de la República. Pero no, no era el momento de dudar ni de imaginar por el país.

Tal vez se nos haya olvidado lo decisivo y determinante que es el momento en que se redacta, construye, una nueva Constitución. Hasta en los países donde el Derecho no importa mucho, una Constitución es trascendental.

Mucha gente quedó apenada mientras observaba la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del 2 de junio de 2018. Mucha gente sintió que no nos merecemos como pueblo una actuación tan parca, tan gris, tan desmejorada y desvaída; tan callada, tan temerosa, tan irresponsable.

Era el momento de discutir por Cuba. Era el momento de cumplir la ley, la propia Constitución saliente, todavía en vigor. Sabemos que los diputados y diputadas no tienen el mandato imperativo del pueblo, se notó con creces el día 2 de junio. Pero tampoco ejercieron la fría representación política que sí les viste, por la cual pueden hablar por el pueblo o por ellos mismos.

Pero nadie habló, solo las diputadas a las que se les había pedido una mínima participación, y más nada.

La Constitución, en cambio, es importante. Alguien tiene que decir que no es un momento cualquiera, sino que es decisivo para Cuba.

No por gusto los mambises quisieron poner sus guerras dentro de constituciones, para que la sangre y el machete no anduvieran solos sino guiados por la luz que humaniza de la ley.

La República de Cuba nació con Constitución, enyugada por la Enmienda Platt, pero no fue una República sin ley.

Los anhelos de los que lucharon contra Machado, de la agitada vida política de los años 30 en Cuba, quedaron resumidos en la Constitución de 1940, esa misma que inspiró por su defensa a los revolucionarios de los años 50.

Tuvimos que esperar demasiado por la Constitución socialista, pero llegó en 1976, y la gente la quiso, porque siempre es mejor vivir dentro de la mullida legalidad, hasta cuando esta no parece ser tan sólida.

Una Constitución no es cosa de juego. Nosotros, el pueblo de Cuba, tenemos derecho a participar desde la preocupación hasta el debate, en cada artículo de ese documento.

La Constitución es la cabeza visible del ordenamiento jurídico, es la base del estado de derecho, es el documento que plantea los principios y las vías del desarrollo económico del país, de la forma de Estado, de la forma de gobierno. Es el documento que nos permitirá o no luchar por la democracia, el que recogerá o no nuestros derechos fundamentales, el que dirá cómo defender un derecho violado, y cómo defender a la propia constitución.

La ley de leyes debe regular los límites del Estado, de la administración, de los funcionarios públicos, debe asegurarnos que la tiranía es casi imposible de instaurar en Cuba. La Constitución debe regular qué formas de propiedad disfrutaremos, si podremos disponer de nuestras cosas, si seremos esclavos, siervos o ciudadanos.

La constitución debe dejar escrita la manera en que el Estado y la ciudadanía se involucrarán en la protección del medio ambiente. Debe además regular la forma en que la administración pública funcionará, la forma en que se decidirán las políticas públicas en el futuro y el bienestar que podemos esperar o no.

Una Constitución puede ser realista. Puede dedicarse a plantear un panorama de instituciones y normas y un camino de leyes que deben ser promulgadas para que la ella rija con soltura. Mas también puede enseñar un mundo por venir.

Sin ser simple aspiración la Constitución puede señalar un futuro promisorio, mejor que la vida que llevamos. Debe contener las aspiraciones del pueblo de Cuba, no para recitarlas y embellecer así el texto, sino para convertirlas en ley.

No nos hemos reunido para decidir lo que queremos que se conserve de la Constitución actual y ya una Comisión sobre la que nada nos preguntaron, va a escribir la nueva.

¿Qué va a pasar con el capítulo de igualdad de la Constitución vigente, qué va a pasar con los derechos, con el Poder Popular, con la estructura del Estado, con la democracia socialista? Nada sabemos.

Este no es momento de esperar. No toda paciencia es digna. Que el carro de la Constitución no nos pase por delante sin que hablemos, sin que lo mandemos a parar para conversar al menos.

La Constitución debe importarnos. En ella nos va el proyecto de nación, la libertad, la seguridad de nuestros hijos e hijas.

Cuando la tengamos la lucha continuará por hacerla vivir, por darle aliento de verdad y de pueblo; pero si nace sin nuestras facciones, sin nuestra voz, sin nuestra sangre, sin nuestra alegría y ansiedades, no la reconoceremos como propia.

Doctor en Ciencias Jurídicas y Licenciado en Historia. Profesor Titular. Docente desde 1999. Ha impartido clases en universidades de América Latina y Europa. Sus publicaciones y ponencias en eventos han sido sobre todo de Derecho Público Romano y Derecho Constitucional cubano.
Fuente:
https://oncubamagazine.com/columnas/importante-la-nueva-constitucion/