Cómo utilizaron los blancos norteamericanos los linchamientos para aterrorizar y controlar a la población negra

Jamiles Lartey

Sam Morris

05/05/2018
 
La reciente inauguración en Montgomery (Alabama) de un memorial a las víctimas afroamericanas de linchamientos, así como del Legacy Museum, que refiere la experiencia negra, de la esclavitud al encarcelamiento masivo [www.museumandmemorial.eji.org], ha movido a los autores de este artículo a historiar someramente la que fue la variedad más extendida de violencia racial.- SP        
 
 
¿Qué eran los linchamientos? 

Los historiadores están ampliamente de acuerdo en que los linchamientos constituyeron un método de control social y racial destinado a aterrorizar a los negros norteamericanos hasta la sumisión, colocándolos en una situación de casta racial inferior. Se convirtió en una práctica ampliamente extendida en el Sur de los EE.UU. desde aproximadamente 1877, al final de la reconstrucción posterior a la Guerra Civil, hasta 1950. 

Un linchamiento típico entrañaba acusaciones penales, a menudo dudosas, contra un norteamericano negro, su detención y la reunión de un “populacho linchador” con la intención de subvertir el normal proceso judicial constitucional.   

Las víctimas eran sujetadas y sometidas a toda clase de tormento físico imaginable, y la tortura terminaba generalmente colgándole de un árbol y prendiéndole fuego. La mayoría de las veces las víctimas eran desmembradas y la gente del populacho se llevaba de recuerdo pedazos de carne y huesos. 

En muchísimos casos las multitudes se veían ayudadas  e inducidas por los cuerpos policiales (en realidad, a menudo se trataba de la misma gente). Los agentes dejaban sin vigilancia la celda de un recluso negro después de que empezaran a circular rumores de linchamiento para permitir que una muchedumbre lo matara antes de que pudiera procederse a un juicio o a su defensa legal. 

¿Qué podía desencadenar un linchamiento?

Destacadamente, entre las transgresiones (ocasionalmente ciertas, pero por lo general imaginarias) se podía encontrar cualquier afirmación de contacto sexual hombres negros y mujeres blancas. El motivo del varón hipersexual y lascivo, sobre todo frente a la inviolable castidad de las mujeres blancas, fue y sigue siendo una de los figuras más perdurables de la supremacía blanca.  

De acuerdo con la Equal Justice Initiative (EJI – Iniciativa de Justicia en Igualdad), casi el 25% de las víctimas de linchamientos fue acusado de agresión sexual. Casi el 30% fue acusado de asesinato. 

“El populacho quería que el linchamiento tuviera un significado que transcendiera el hecho concreto del castigo”, escribió el historiador Howard Smead en Blood Justice: The Lynching of Mack Charles Parker. La multitud “convertía el suceso en un rito simbólico en el que la víctima negra se convertía en representante de su raza y a la que, como tal, se disciplinaba por más de un delito… El suceso mortal constituía un aviso a la población negra para que no pusiera en tela de juicio la supremacía de la raza blanca”.

¿Cuántos linchamientos llegaron a producirse en Norteamérica?

Dada la naturaleza de los linchamientos – ejecuciones sumarias que tenían lugar fuera de los controles de documentación de los tribunales, no existía modo formal y centralizada de rastrear el fenómeno. La mayoría de los historiadores cree que esto ha dejado sin registrar de modo drástico la verdadera cifra de linchamientos. 

Durante décadas, el total más completo se encontraba en los archivos del Instituto Tuskegee, que tabuló 4.743 personas muertas a manos de turbas linchadoras en los EE.UU. entre 1881 y 1968. De acuerdo con las cifras del Tuskegee, 3.446 (casi tres cuartos) de las personas linchadas era norteamericanos negros. 

La EJI, que se atuvo a las cifras del Tuskegee para realizar su propio recuento, integraba otras fuentes, tales como archivos periodísticos y otros registros históricos, para llegar a un total de 4.084 linchamientos de terror racial en doce estados del Sur entre el final de la Reconstrucción, en 1877, y 1950, y otros 300 en otros estados. 

A diferencia de los datos del Tuskegee, las cifras del EJI tratan de excluir incidentes que consideraba actos de “violencia de las turbas” que se sucedieron tras un proceso penal legítimo y que “se cometieron contra no-minorías sin amenaza del terror”.

¿Dónde se producía la mayoría de los linchamientos? 

Como no ha de sorprender, la mayoría de los linchamientos se concentraba en los antiguos estados confederados, y especialmente en aquellos de gran población negra. 

De acuerdo con los datos del EJI, Misisipi, Florida, Arkansas y Luisiana tuvieron como estados las tasas más elevadas de linchamiento en los EE.UU. Misisipi, Georgia y Luisiana tenían el mayor número de linchamientos. .

¿Quién asistía a los linchamientos? 

Entre las realidades más inquietantes de los linchamientos está la medida en que los  norteamericanos blancos los acogieron no como una incómoda necesidad o como forma de mantener el orden, sino como gozoso momento de sana celebración. 

“Acudían familias enteras, madres y padres, que traían incluso a sus hijos más pequeños. Era el espectáculo del campo, un espectáculo muy popular”, se leía en 1930 en un editorial del Raleigh News and Observer. “Los hombres gastaban ruidosas bromas a la visto del cuerpo sangrante (…) Las muchachas reían nerviosamente mientras las moscas se alimentaban de la sangre que corría de la nariz del negro”.

A la macabra naturaleza de la escena se sumaba el que las víctimas de linchamientos eran por lo común desmembradas en pedazos como trofeo para quienes formaban las turbas. 

En su autobiografía, W.E.B. Du Bois [líder negro de los derechos civiles de principios del siglo XX] escribe acerca del linchamiento en 1899 de Sam Hose en Georgia. Cuenta que los nudillos de la víctima se exhibieron en una tienda del lugar de la calle Mitchell Street, en Atlanta, y que le regalaron un trozo del corazón y el hígado de este hombre al gobernador del estado.  

En el linchamiento en 1931 de Raymond Gunn en Maryville, Misuri, de una multitud estimada entre 2.000 y 4.000 personas, al menos una cuarta parte eran mujeres, y en ella se contaban cientos de niños. Una mujer “sujetaba a una niña pequeña para que pudiera disfrutar de mejores vistas del negro desnudo que se abrasaba en el tejado”, escribía Arthur Raper en The Tragedy of Lynching.

Después de que se apagara el fuego, cientos de personas revolvieron entre las cenizas buscando recuerdos. “Los restos carbonizados de la víctima se dividían en pedazos”, escribía Raper.

Los linchamientos no eran más que la forma más novedosa de terrorismo racial contra los negros norteamericanos cuando pasaron a primer plano en el siglo XIX. Los plantadores blancos habían recurrido a una violencia malévola y enormemente visible contra los esclavizados para intentar suprimir hasta los más vagos rumores de insurrección. 

En 1811, por ejemplo, después de una fallida insurrección en las afueras de Nueva Orleans, los blancos decoraron el camino hasta la plantación en la que fracasó la conspiración con las cabezas decapitadas de los negros, muchos de los cuales, según reconocieron después los plantadores, nada habían tenido que ver con la revuelta.    

Tampoco se trataba de un fenómeno específico del Sur. Un año después, las autoridades coloniales de la ciudad de Nueva York esposaron, quemaron y fracturaron en la rueda a dieciocho negros esclavizados acusados de conspirar para lograr su libertad. 

Las comunidades de negros libres se enfrentaban asimismo a la constante amenaza de disturbios y progromos raciales a manos de turbas blancas a lo largo del siglo XIX y en todo lo que duró la era de los linchamientos. 

Entre los más conocidos estuvo la matanza del barrio de Greenwood, en la ciudad de Tulsa, estado de Oklahoma, en 1921, después de que un hombre negro fuera falsamente acusado de violar a una mujer blanca en un ascensor. Al barrio de Greenwood se le denominaba a veces “el Wall Street negro” por su vitalidad económica antes de la matanza. De acuerdo con la Sociedad Histórica de Tulsa, se cree que de 100 a 300 negros fueron asesinados por una muchedumbre blanca en cuestión de pocas horas 

Sucesos semejantes, desde los disturbios en Nueva York a causa del reclutamiento  durante la Guerra Civil a otros en Nueva Orleans, Knoxville, Charleston, Chicago, y San Luis, fueron testigos del asesinato de cientos de negros.  

El inicio de la era de los linchamientos se fija por lo común en 1877, año del compromiso Tilden-Hayes, que la mayoría de los historiadores consideran el fin oficial de la Reconstrucción del Sur norteamericano. Con el fin de resolver una elección presidencial disputada y por un margen mínimo entre el republicano Rutherford B Hayes y el demócrata Samuel Tilden, los republicanos del norte se avinieron a retirar las tropas federales del último de los estados anteriormente renegados. 

La medida afectó sólo, técnicamente hablando, a Carolina del Sur y Luisiana, pero fue un gesto hacia el Sur de que el Norte ya no se atendría en la antigua Confederación a la promesa de plena ciudadanía para los esclavos liberados, y el Sur se lanzó sobre la oportunidad de incumplir el compromiso. El final de la Reconstrucción se acompañó de una extendida campaña de terror y opresión raciales contra los norteamericanos negros recientemente liberados, de la cual los linchamientos constituían una piedra angular.

¿Se castigó alguna vez a alguien por llevar a cabo un linchamiento?  

La enorme mayoría de los participantes en los linchamientos nunca fueron castigados, tanto por la tácita aprobación de los cuerpos policiales como por el hecho de que docenas, si no centenares de personas, habían tenido parte en las muertes. Con todo, el castigo no era algo insólito, aunque la mayoría de las veces, si se juzgaba o condenaba a linchadores blancos, era por incendios provocados, por disturbios o por alguna otra falta mucho más leve. 

De acuerdo con la EJI, de todos los linchamientos cometidos después de 1900, sólo el 1%  tuvo como consecuencia que se condenase a un linchador por alguna clase  de delito penal. 

¿Cuándo y cómo terminaron los linchamientos?

Los linchamientos se fueron espaciando a mediados de los años 20 con la aparición del movimiento de derechos civiles. 

Los esfuerzos desarrollados contra el linchamiento, sobre todo por parte de organizaciones de mujeres, produjeron un efecto mensurable, contribuyendo a generar un abrumador apoyo blanco al proyecto de ley contra los linchamientos de 1937 (aunque dicha legislación nunca consiguió rebasar a los filibusteros de los poderosos de Dixie [nombre popular del Sur norteamericano] en el Senado).

También desempeñó un papel de primera importancia la gran migración de gente negra del Sur a las zonas urbanas del Norte y el Oeste. El éxodo de cerca de seis millones de norteamericanos negros entre 1910 y 1970 se vio impulsado por el terror racial y una menguante economía agrícola, así como por el tirón de la abundancia de oportunidades de empleo en el sector industrial. 

El año 1952 fue el primero en el que no se registraron linchamientos desde que se había empezado a llevar memoria de ellos. Cuando sucedió otro tanto en 1953, Tuskegee suspendió su recogida de datos, sugiriendo que en su forma tradicionalmente definida, los linchamientos habían dejado de ser de utilidad como “barómetro para medir el estatus de las relaciones raciales en los Estados Unidos”.

Pero al poner en primer plano las nuevas e intensas oleadas que recibirían al naciente movimiento de los derechos civiles, Tuskegee continuaba afirmando en su informe final sobre linchamientos que el terror estaba cambiando de modelo gracias al “desarrollo de otros medios extralegales de control como bombas, incendios, amenazas e intimidación”.

En  The End of American Lynching, Ashraf HA Rusdy sostiene que: “La violencia destinada a actuar como forma de control social y terrorismo se había vuelto menos ritualista y menos colectiva. Individuos aislados y grupos reducidos podían arrojar bombas, llevar a cabo tiroteos desde automóviles y pegarle fuego a una casa”, como demostró el resurgimiento del KKK y grupos violentos similares de odio blanco. 

El final de los linchamientos no puede decirse que fuera algo puramente académico, sin embargo. Si bien la violencia que tomaba como objetivo a la gente negra no terminó con la era de los linchamientos, el elemento de espectáculo público y abierto, hasta la participación festiva, constituían un fenómeno social único que no volvería a resurgir del mismo modo a medida que la violencia racial evolucionaba. 

A pesar de los cambios, el espectro de la muerte ritual de los negros como asunto público – en el que la gente podría participar con confianza sin necesidad de anonimato y que podía contemplarse como una diversión – no concluyó con la era de los linchamientos. 

¿Quién se manifestaba en contra en aquellos tiempos? 

Hablando en general, y sobre todo al principio, la prensa blanca escribía de forma comprensiva acerca de los linchamientos y de su necesidad con el fin de preservar el orden en el Sur. El diario The Memphis Evening Scimitar publicaba lo siguiente en 1892: 

“Aparte de la violación de mujeres blancas a manos de los negros, que hace aflorar una bestial perversión del instinto, la causa principal de los problemas entre razas en el Sur estriba en la falta de modales del negro. En estado de esclavitud, su buena educación la aprendía por asociación con la gente blanca que se esforzaba en enseñarle. Desde que se produjo la emancipación y se rompió el lazo de mutuo interés entre amo y servidor, el negro ha derivado a un estado que no es ni de libertad ni de sumisión…

Por consiguiente…hay muchos negros que recurren a cualquier oportunidad para mostrarse ofensivos, sobre todo cuando piensan que puede hacerse impunemente…

Hemos tenido demasiados ejemplos aquí en Memphis como para dudar de ello, y nuestra experiencia no es excepcional. La gente blanca no soportará esta clase de cosas y…la respuesta será rápida y efectiva”.

Por otro lado, la prensa negra fue, se podría decir, la fuerza primordial a la hora de combatir el fenómeno.  

Ida B. Wells, periodista de Memphis, fue la activista más vociferante y entregada en contra de los linchamientos de la historia norteamericana, y dedicó una carrera de cuarenta años a escribir, investigar y hablar acerca de los horrores de esta práctica. De joven, viajó por el Sur durante meses, haciendo la crónica de los linchamientos y recogiendo datos empíricos. 

Wells se convirtió finalmente en propietaria de la publicación The Memphis Free Speech and Headlight, antes de que la expulsaran de la ciudad las turbas blancas y de instalarse en Nueva York y luego en Chicago.

Finalmente, muchas publicaciones blancas comenzaron a apartarse de las actitudes  generales de los blancos sobre los linchamientos. “Vergüenza en Misuri” fue el titular del primer editorial del Kansas City Starsobre el linchamiento de Raymond Gunn en Maryville en 1931.  

Decía, entre otras cosas: 

 “El linchamiento de Maryville fue todo lo horrible que puede ser algo así. Los linchamientos son en sí mismos un temible reproche a la civilización norteamericana. Los linchamientos con fuego son la venganza de un pasado salvaje… Esta nauseabunda salvajada es aún más deplorable porque podría haberse evitado fácilmente”.

es reportero de la edición norteamericana del diario The Guardian.
es periodista del diario The Guardian.
Fuente:
The Guardian, 26 de abril de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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