Cisquet y Miquel Serrat Pujolar, héroes de nuestro tiempo

Raül Valls

28/07/2018

Cisquet y Miguel los dos de la derecha; La mujer agachada es Carmen Fuente compañera de Cisquet.

 

“Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,

cuando asqueados de la bajeza humana,

cuando iracundos de la dureza humana:

Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. (…)

“1936” Luís Cernuda

Los Serrat Pujolar de Olot atravesaron la frontera con Francia por la Alta Garrotxa evitando atravesar pueblos; bajo la lluvia y la nieve llegaron a San Lorenzo de Cerdans. Formaban parte de los cientos de miles de republicanos que huyendo de la derrota del Ejército Popular optaron por salvarse de la más que probable prisión y muerte que llegaría con la ocupación franquista. Los esperaban el hambre, el frío y los campos de concentración de Argelès, Saint Cyprien, Barcarès ... nombres que han quedado grabados en las memorias de aquellos que tuvimos allí familiares detrás de las alambradas.

Joan Serrat y Masó, el padre, era un albañil que ejerció de alcalde-presidente de la Junta Local de Defensa Pasiva, en un tiempo convulso y de derrota inminente. Cisquet, el mayor, le acompañó al campo de Argelès y luego al de Rivesaltes, mientras Miguel, con la madre y la hermana, fueron a parar a Agde, "el campo de los catalanes", antes de ser acogidos por una familia local. El huracán de la historia había arrastrado a los Serrat-Pujolar no lejos de su Olot natal, pero al centro de la tragedia que se cernía sobre Europa. La guerra, la que el gobierno republicano había esperado como una tabla de salvación frente a una más que probable derrota militar, estalló a los pocos meses. Pero lo peor, como siempre, estaba por llegar. En mayo de 1940 Alemania invadía Francia y la derrotaba en pocas semanas. Y así, los republicanos refugiados en el país vecino, quedaron en manos de sus enemigos naturales, los nazis y de sus colaboradores fascistas ahora instalados en Vichy. Con todo, Cisquet primero y Miquel después, no permanecieron inactivos. Como miles de refugiados republicanos españoles se incorporaron a la resistencia francesa contra el invasor y su aliado Petain. Nuestros olotenses tomaron partido valerosamente por la humanidad y la libertad frente a la barbarie fascista que esclavizaba Europa. Los movimientos guerrilleros se extendieron por todo el continente y los ocupantes tuvieron siempre encima, como un sombra heroica, la amenaza de los partisanos. Acciones armadas, sabotajes, salvamento de pilotos abatidos ... El valor estratégico y militar de las acciones, si excluimos las regiones balcánicas, fue quizás escaso, pero en cambio su valor moral fue impresionante. Los guerrilleros, pocos y mal armados, mantuvieron la dignidad de los pueblos, ocupados y esclavizados pero no vencidos. Las guerras no sólo las ganan las armas, también la dignidad y el sacrificio personal y colectivo. En esta lucha nuestros hermanos olotenses tuvieron un papel fundamental. Cuando Paris fue liberado y un año más tarde cuando la bandera soviética ondeó en el Reichtag alemán sobre un Berlín destruido, Cisquet y Miquel sabían que aquella victoria final del nazismo también era la suya. Que ellos, los desheredados que en 1939 habían cruzado derrotados los Pirineos con poco más que lo puesto encima, que se habían jugado la vida una vez y otro en tierras francesas, eran ahora los grandes vencedores. Pero Paris y Berlín, no eran suficientes para nuestros héroes, después debían caer Barcelona y Madrid. La guerra no había terminado para ellos. El Valle de Aran y la infiltración en Cataluña debían ser el principio de la derrota de Franco. Sin embargo, la República, olvidada por las potencias vencedoras, que veían en Franco un aliado fiel ante la Unión Soviética y la agitación social que recorría de nuevo Europa, fue de nuevo miserablemente abandonada. Cisquet sabía a qué se exponía. Antes de entrar clandestinamente en España ya advirtió a los amigos y familia: "cuando vuelva a casa buscadme en Olot donde seré alcalde o si no busca mi tumba en el cementerio". Esta frase fue tristemente premonitoria. Cisquet fue detenido con todo su grupo, juzgado y ejecutado por los franquistas en el Camp de la Bota en febrero de 1946. Miles de los nuestros nunca pudieron volver y sobre el país cayó una noche oscura y triste que aún planea sobre nosotros. Hoy, después de tantos años, Cisquet y Miquel nos aparecen como gigantes de un tiempo de sombras y combates, contra unas fuerzas que pretendían someter Europa a la oscuridad. Héroes de lucha y esperanza por un mundo liberado de la miseria social y la esclavitud.

Los hijos de un alcalde de Olot, un sencillo albañil, nos piden que los recordamos y los recordamos a otros, porque incluso un hombre solo cuando lucha contra todo anhelo y es derrotado, se convierte en testigo de toda la nobleza humana. Cisquet y Miguel, desde las calles de Olot donde corrían de pequeños hasta la derrota final del fascismo, demostraron que esto era posible. Su lucha y su ejemplo son hoy, cuando nuevas sombras siniestros planean sobre la vieja Europa, más vigentes y necesarias que nunca.

miembro de la Amical de antiguos guerrilleros españoles en Francia y de la Asociación catalana de expresos políticos del franquismo.
Fuente:
http://www.fundacioalternativa.cat/cisquet-i-miquel-serrat-pujolar-herois-del-nostre-temps/