Chomsky y las argucias de Trump sobre la OTAN

Daniel Falcone

18/07/2018

En fecha reciente apareció en la radio pública (norteamericana, la National Public Radio) el teniente general  Ben Hodges, que fue general en jefe del Mando Terrestre de la OTAN en 2014. Hizo notar cómo “quedó decepcionado al ver al presidente Trump llevarse a Bruselas una bola de demolición” después de “[humillar] públicamente a nuestros más importantes aliados”. Continuó explicando, creo que correctamente, que Trump “o no comprende el concepto de una alianza y los aliados o no le importa”, y esto segundo parece lo más acertado.

Tengo la intención de comprender la insistencia de Trump en que la OTAN no es más que otra extensión de la corrupción y un gravamen institucional para los Estados Unidos, mientras se continúa en el fondo con la misma vieja política exterior de los Estados Unidos. El profesor Noam Chomsky me señalaba la orientación de ciertas informaciones recientes en el New York Times de Steven Erlanger, Julie Hirschfeld Davis y Katie Rogers, que hacían un resumen bastante bueno de Trump y sus excentricidades acerca de la OTAN. Escriben ellos que:

“El drama de Bruselas el jueves [12 de julio] tenía todo que ver con el deseo de Trump de hacer ruido pensando en su base política. La señora Sloat declaró que se produjo  cierta victoria de Trump, que consiguió lo que quería, pero no es verdad”, afirmó. “Al final creo que la reunion fue menos divisive de lo que se temía”, declaró Alexander Vershbow, antiguo vicescretario general de la OTAN. “Creo que ha sido un espectáculo de telerrealidad de los que le encantan al presidente. No había bastante drama, así que Trump tuvo un berrinche, dio un puñetazo en la mesa y los aliados fueron utilizados como atrezo de su espectáculo”.

Al observar a Trump en el extranjero, pensé también en cómo pronosticar de modo apropiado la reacción europea a los sucesivos comentarios de Trump sobre la OTAN y de qué modo repercute en partes clave de los asuntos exteriores de los EE.UU.

Chomsky manifestó que “[Europa y los aliados en su mayoría] tratarán de ignorarle en todo lo posible, y seguirán adelante exactamente igual que antes”, aunque lo que resulta interesante es que se están empezando a forjar alianzas en un esfuerzo por aislar al paria de los Estados Unidos. En cierto modo, debe ser una prueba de determinación para otros jefes de Estado y para los europeos, que todavía tratan entre las élites de fingir que Trump no es un bufón, sabiendo que lo es, y a medida que siguen su rumbo se preparan y esperan que la criatura “pase a su siguiente pataleta”, tal como lo menciona Chomsky.

Es cierto que en el pasado los EE.UU. dirigieron y autorizaron desastrosos bombardeos de la OTAN. Estos se critican bastante fácilmente y de modo justificado desde la izquierda, pero existe potencialmente el peligro de que la mentalidad de Trump fomente la desconsideración por el orden internacional por parte del ala derecha reaccionaria. La resistencia al cinismo de Trump deja en una posición difícil a los escépticos de OTAN en la izquierda. ¿Sí? 

Chomsky mantiene que no debería haber dificultad alguna. “Que se apoye lo que es correcto”, dice Chomsky, pues si bien resulta “imposible ignorar las payasadas de una criaturita ruin que disfruta de cada momento de sus pataletas, [resulta también] importante realizar lo que tiene importancia, y la gente más sensata actuará probablemente como yo espero que actúen los europeos”.

Trump resultó elegido en parte debido a lo que equivale a su doctrina del “Yo Primero”, así como a su lema “Volver a hacer grande a Norteamérica”. Tanto “liberales” como “conservadores” deberían advertir las intenciones de Trump, sin embargo, de utilizar a la OTAN en el fondo mientras apacigua a su furibunda base anti-institucional. Pero se trata de una argucia cuando analizas su gabinete y la configuración real de su política, establecida en su mayor parte desde un comienzo, y sin influencia alguna del “Estado profundo”. 

Recuérdese que Trump seleccionó a Mike Pence como candidato a vicepresidente, y una vez elegido le envió por ahí para dar seguridades sobre la “inquebrantable” relación de los EE.UU. con la OTAN. Trump nombró también a Nikki Haley como embajadora en las Naciones Unidas, de nuevo sin las denominadas “presiones del Estado profundo”. Se trata de una absoluta partidaria de la OTAN y le “da portazos a Rusia” para poner de relieve sus propios compromisos con la ortodoxia de la política exterior. Otra de las preciadas selecciones de Trump es el secretario de   Defensa, James Mattis, halcón y abiertamente crítico con Rusia; tanto que es noticia cuando no menciona Rusia en sus sesiones informativas y declaraciones sobre política. Por ultimo, Trump despidió al secretario de Estado, Rex Tillerson, único miembro del gabinete con una promesa salvadora de distensión con Rusia y un escéptico de la OTAN o al menos un partidario selectivo.   

La Doctrina de Trump y su ideología son bastante sencillas: ¡Yo! Y de acuerdo con Chomsky, “eso exige darle espectáculo a su base reverencial mientras él les engaña de todas las formas posibles” (tanto en termino de política interna como de política exterior). Es dudoso que Trump tenga otro plan que no sea éste, y después de cada ampuloso esfuerzo de Trump, “Mattis seguirá fortaleciendo la OTAN e intensificará esa peligrosa pose en la frontera rusa”, recalcó Chomsky.

Podría ser cierto que a Trump le guste retratarse como alternativa populista a los Bush y los Clinton y sus temerarias políticas de neoconservadurismo e intervencionismo liberal, a la vez que cuestiona nuestro “excepcionalismo”, pero, en realidad, hemos ensanchado y ampliado nuestra presencia en el mundo con Trump.

Trump está contribuyendo a dirigir una peligrosa mentalidad para nihilistas, según la cual si el mundo se va al garete, ¿a quién le importa? Si bien no ofrece nada coherente, y en la medida en que existe una política, Chomsky apunta a cómo describió esto con jactancia un funcionario de Trump: “¡Somos Norteamérica, cabrón!”, mientras Chomsky añadía con más exactitud, ‘Somos el 1% de Norteamérica, cabrón’, los que cuentan”.

es colaborador de la revista CounterPunch, donde glosa con frecuencia las opiniones políticas de Noam Chomsky.
Fuente:
CounterPunch, 17 de julio de 2018
Traducción:
Lucas Antón