Armenia: Los orígenes sociales de la clase dominante y el movimiento de protesta

Vicken Cheterian

03/05/2018

Un movimiento masivo en defensa de la democracia ha estallado en la República de Armenia, donde el opositor Nikol Pashinyan iba a ser elegido primer ministro el 1 de mayo. El bloqueo parlamentario del Partido Republicano ha llevado a una huelga general el 2 de mayo convocada por la oposición, que espera que Pashinyan sea elegido finalmente el próximo 8 de mayo y ha convocado ese mismo día nuevas manifestaciones y concentraciones en toda Armenia. Vladimir Putin ha señalado desde Moscú que la Federación Rusa, a pesar de sus estrechas relaciones con el Partido Republicano armenio, considera la actual crisis política un “asunto interno”. SP

El error de cálculo de Serzh Sargsyan y la manipulación de los cambios constitucionales de diciembre de 2015 para mantenerse en el poder un tercer período han fracasado y han hecho estallar la indignación popular. Se trata de una novedad en la política de Armenia, ya que ni el primer presidente Levon Ter-Petrosian, ni el segundo Robert Kocharyan - a pesar de sus propias deficiencias con respecto a la democracia y el estado de derecho - se había atrevido a pedir un tercer mandato. Probablemente Sargsyan y sus asociados del gobernante Partido Republicano no pensaron en la tradición política de Armenia sino lo que ocurría en otras repúblicas post-soviéticas. Por ejemplo, en Rusia, después de servir dos términos, Vladimir Putin, se convirtió en primer ministro durante la presidencia de Dmitry Medvedev, para recuperar la presidencia posteriormente. Este juego de “enroque” provocó manifestaciones en 2012 en Moscú y San Petersburgo, pero con el tiempo la ola de protesta amainó y Putin sigue en el poder. Los círculos gobernantes de Armenia esperaban lo mismo. De hecho, en los primeros días las manifestaciones de protesta no fueron demasiado numerosas, y movilizaron a las clases medias urbanas, los estudiantes y los intelectuales. Pero el domingo 22 de abril, la masiva manifestación en Ereván, pero también en las provincias - más de 100.000 personas solo en Ereván - mostró que el descontento era más amplio que en los últimos años en Armenia, que la clase obrera, y las provincias y zonas rurales también estaban dispuestas a incorporarse al movimiento de protesta.

Con el fin de explicar la dimensión social del movimiento de protesta, y qué tipo de cambio Armenia necesita, voy a empezar por analizar la base social e ideológica de la clase dominante en Armenia, para a continuación describir la composición social de los movimientos de protesta del pasado, antes de concluir con la base social del movimiento disidente actual.

La clase dominante postsoviética tiene múltiples orígenes sociales. La nomenclatura de la era soviética tenía enormes contradicciones en comparación con los capitalistas hegemónicos en Occidente: aunque la nomenklatura soviética tenía un inmenso poder político, gozaba de privilegios materiales limitados. En el colapso del sistema soviético esta casta social buscó transformar su hegemonía política en privilegios económicos mediante la privatización masiva, pero como la nomenklatura estaba desmoralizada en gran medida no pudo hacerlo sola: la intelectualidad soviética y de Europa oriental se alió con la nomenklatura para llevar a cabo esta transferencia masiva de la riqueza del monopolio del estado a manos privadas. Ideológicamente, el colapso soviético desacreditó la idea del socialismo, y el único modelo que sobrevivió fue el capitalismo occidental, que, en la década de 1980, había dado un giro radical, neo-liberal con Reagan y Thatcher. Esos dos movimientos conjuntos - el descrédito de la idea del socialismo y la radicalización del capitalismo hacia posiciones neoliberales - determinaron en gran medida la transición post-soviética.

Por lo que se refiere a Armenia - como Mark Malkasian ha argumentado -, se desarrollaron dos movimientos diferentes con orígenes sociales distintos en el momento del colapso soviético. El Movimiento Nacional Pan-Armenio estaba dirigido por la inteligencia - Ter-Petrosian y sus compañeros eran a menudo profesores universitarios y escritores - mientras que en Karabaj el movimiento fue dirigido por la nomenklatura del Partido Comunista - Kocharyan y Sargsyan eran burócratas de la administración de Karabaj  y miembros del Komsomol [las juventudes comunistas]. Bajo el gobierno de Ter-Petrosian se inició la privatización masiva de propiedades, la tierra y el capital, así como la manipulación electoral.

Como he sostenido en el primer capítulo de mi libro: From Perestroika to Rainbow Revolutions la idea de “transición” fue desarrollada a partir de una contradicción fundamental: la privatización de la economía y la democratización de la política. Sin embargo, fue imposible llevar a cabo los dos cambios al mismo tiempo, la privatización de la economía con los trastornos sociales implícitos, y al mismo tiempo otorgar el derecho a las personas a elegir su sistema social y político. De hecho, lo que ocurrió fue que la transición económica - la privatización - se llevó a cabo a expensas de la transición democrática. La privatización en masa fue fundamentalmente antidemocrática, ya que creó un desempleo masivo y el empobrecimiento y, como resultado, se desacreditó la idea de democracia. Los círculos políticos y económicos occidentales presionaron a favor de una privatización masiva a cualquier precio, sin tener en cuenta la voluntad democrática de las poblaciones en el Este. No fue sólo culpa de Occidente - como la administración Putin quiere hacer creer a su población - sino el resultado de la transferencia masiva de lo que era propiedad soviética a unas pocas manos, las de la vieja nomenklatura. Esta privatización masiva produjo un enorme sufrimiento para los que se quedaron atrás: los trabajadores, los campesinos, y todos los que estaban lejos de los nuevos centros de poder. La intelectualidad jugó un papel particular en la justificación de la apropiación de la propiedad, sin tener en cuenta las múltiples luchas sociales de los trabajadores contra la privatización de sus fábricas, o por sus salarios, que a menudo se dejaron sin pagar durante meses o incluso años.

La dimisión de Ter-Petrossian y la llegada al poder de Kocharyan reforzó el carácter de clase dominante de la antigua nomenklatura soviética en Armenia, y debilitó la participación en ella de los intelectuales. Con el tiempo, el Partido Republicano en el gobierno comenzó a parecerse cada vez más a la casta dominante soviética, que era dependiente en gran medida de la burocracia estatal. El Partido Republicano reemplazó al viejo Partido Comunista en la representación del Estado-partido fusionado. La clase dominante de Armenia bajo Kocharyan y Sargsyan tenía otra particularidad - inexistente en Azerbaiyán o Georgia - la guerra de Karabaj y sus implicaciones, y la sensación de derechos adquiridos como “héroes de guerra”. Esto hizo que el riesgo de usar la fuerza para preservar el poder político fuese un peligro real, como demostraron los acontecimientos del 1 de marzo de 2008, cuando la policía abrió fuego contra las manifestaciones de la oposición por el presunto fraude electoral, matando a 8 personas.

La clase dirigente armenia, al igual que la mayoría de las clases dominantes post-soviéticas, son grupos periféricos en la economía capitalista global. La rápida privatización, la monetización, y el consumismo de lo que fueron las economías de tipo soviético, y las condiciones inciertas de los nuevos propietarios, llevaron a los neo-capitalistas a abandonar la producción industrial y cualquier inversión a largo plazo, y a concentrarse en las transacciones a corto plazo y la acumulación financiera. La mayoría de los complejos industriales soviéticos no fueron transformadas sino abandonados, y las nuevas clases acumularon ganancias a partir de la exportación de materias primas, las importaciones de productos de consumo, la especulación en bienes raíces y la construcción, y la evasión de impuestos. Esto no es sólo el caso de Rusia o Azerbaiyán, sino que también la economía de Armenia responde al mismo modelo: en 2017, un tercio de todas las exportaciones de Armenia tenían su origen en la minería, un sector que no paga impuestos a los presupuestos del Estado. Una clase dominante así no tiene ningún interés en el desarrollo de la producción industrial, una condición previa para resolver problemas sociales como el desempleo y la emigración.

La naturaleza social del movimiento de protesta

En Armenia, la primera movilización popular en 1987 fue en torno a temas ecológicos - por ejemplo, las manifestaciones frente a la fábrica de Nairit debido a la contaminación. Este movimiento fue sustituido un año más tarde por el surgimiento del Movimiento de Karabaj, la lucha anti-soviética, y más tarde por la guerra de Karabaj. En la década de 1990, tanto los gobernantes en Armenia como la oposición surgieron del Movimiento de Karabaj, por ejemplo Vazgen Manukyan contra Ter-Petrossyan en 1996. Una década más tarde, surgió un nuevo movimiento social urbano, educado, a menudo protestando contra la destrucción de los parques de Ereván y contra la explotación de los recursos minerales, que causan una enorme contaminación. Este movimiento tenía raíces no sólo en el movimiento de 1987, sino también en la disidencia en la época soviética (la movilización para salvar el lago Sevan de su destrucción planificada). El nuevo movimiento social también estableció la relación entre la degradación del medio ambiente y la destrucción de los parques urbanos con la corrupción sistémica de la administración del estado y el capitalismo rapaz de las clases dominantes. Relacionó los problemas ambientales con el sistema político de la oligarquía. Esta nueva generación de intelectuales urbanos protestaba por dos razones: en primer lugar, se habían quedado fuera del poder hegemonizado por la alianza de la burocracia estatal con la nueva oligarquía. En segundo lugar, porque el sistema oligárquico y su economía primitiva basada en el monopolio de las importaciones y la exportación de materia prima asfixiaron el potencial de desarrollo de una inteligencia moderna, de alta tecnología, y globalizada. El intento de Ter-Petrosian de volver a la escena política en 2008, y su derrota, dejó el campo abierto a este grupo social para desarrollar una nueva dirección, a través de figuras como Nikol Pashinyan, ex editor de periódico de la oposición.

El 17 de abril, a propuesta del grupo parlamentario del partido en el poder,  Serzh Sargsyan fue nombrado primer ministro y estallaron las protestas en Ereván. Fueron convocadas por el partido de la oposición Yelk, y participaron sobre todo estudiantes e intelectuales urbanos. Sin embargo, en pocos días el movimiento social creció, de manera que el domingo 22 de abril agrupó a unas 100.000 personas, una una masa crítica que no puede ser reprimida con facilidad. El lunes, unidades del ejército en uniforme, pero sin armas, se unieron a las manifestaciones, lo que obligó a dimitir a Sargsyan ese mismo día. Del mismo modo, tuvieron lugar manifestaciones en varias localidades, ciudades y provincias fuera de la capital. Sin este cambio en la participación masiva no habría habido cambio. Esto significa dos cosas: que las masas populares - trabajadores, campesinos, desempleados, etc. - están profundamente frustradas por la hegemonía de los oligarcas, representados en el gobierno por Sargsyan y el Partido Republicano. Pero también que tienen confianza en la oposición y que la intelectualidad urbana puede provocar un cambio, una transformación radical no sólo en la representación política, sino también del modelo económico del país.

Como la Revolución de Terciopelo de Armenia sigues curso, es necesario debatir sobre sus opciones. ¿Podrá la intelectualidad devolver el favor a las masas populares? En la última ola de las revoluciones arcoiris, los intelectuales decepcionaron en gran parte a la población. El mejor ejemplo es la Revolución Rosa de Georgia de 2003: Saakashvili no pudo derrocar a la administración Shevardnadze sin un apoyo popular muy amplio. Sin embargo, una vez en el poder, se embarcó en una construcción del Estado neoliberal, lo que provocó el descontento popular y las manifestaciones anti-Saakashvili de 2007.

Había llegado la hora de un cambio generacional en Armenia; durante un cuarto de siglo las personalidades que surgieron del Movimiento de Karabaj en la década de 1980 han monopolizado el poder. Sin embargo, sólo un cambio de representación política no bastará para satisfacer las expectativas populares y permitir algo de estabilidad al país. Hay una necesidad de cambio radical en el marco ideológico, abandonar los principios del capitalismo neoliberal, que los oligarcas paguen impuestos- y cobrar los impuestos atrasados no pagados desde hace muchos años - y redistribuir este capital invirtiendo para generar actividad económica en las ciudades de provincias y zonas rurales. Sólo entonces segmentos más amplios de la población empezarán a interesarse por la democracia electoral.

es un historiador suizo-libanés, periodista y escritor.
Fuente:
http://www.mediamax.am/en/column/12832/
Traducción:
Enrique García