Argentina: La marea verde conquista el derecho al aborto. Dossier

Diana Maffía

Claudia Korol

Alejandra Ciriza

Bárbara Ester

Camila Vollenweider

16/06/2018

Luego de 22 horas de debate y de vigilia de miles y miles de mujeres y hombres que cubrieron las calles de color verde esperando el resultado de la votación, finalmente la Cámara baja de Argentina aprobó la media sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Nos espera una dura pelea en el Senado. Aunque -como bien dice Mariana Belski, la  Directora de Amnistía Internacional en Argentina-en un comunicado publicado por la organización-: Estamos celebrando este primer paso tomado por la Cámara de Diputados; su decisión de avanzar hacia despenalizar el aborto. Una nueva legislación podría poner fin a un círculo vicioso en el que las mujeres no tienen otra opción que poner en peligro sus vidas, su salud y su libertad, si no quieren ser enviadas a la cárcel. SP

 

Desventuras del feto wi-fi, operado desde un centro confesional

Diana Maffia

Con el debate parlamentario de la ley de interrupción voluntaria del embarazo asistimos a un momento histórico. Especialmente las mujeres lo vivimos así. En parte por el ámbito donde se produce, el Congreso, la institución que expresa la pluralidad de ideas políticas de una sociedad. Pero sobre todo porque estamos discutiendo el aborto, algo que impacta en la vida de todas las mujeres y que casi un siglo atrás fue legislado sin nosotras; y esta vez estamos presentes para que se consideren nuestras razones, nuestros testimonios y nuestras experiencias.

A pesar de desvíos y faltas de pertinencia insistentes, en la audiencia pública quedó claro que lo que se decide no es si las mujeres deben abortar o no (es un desafío unánime bajar el número de abortos) sino en qué condiciones lo harán. Las mujeres abortamos, la cifra es elocuente y el fracaso del camino punitivista también. El movimiento de mujeres, a través del socorrismo, hace años ha tomado en sus manos acompañar a las mujeres a abortar de modo seguro. El que está ausente es el Estado, y sobre eso se debe legislar. El desencuentro entre el Estado y las mujeres es lo que estamos subsanando, y esta legislatura deberá demostrar con su voto si en este encuentro nos considera o no ciudadanas capaces.

La criminalización del aborto no ha resultado eficaz para bajar el número, pero sí ha resultado eficaz para amenazar la vida, la salud y la autonomía de todas, las que parimos y las que abortamos. Porque fuimos objeto de un siglo de leyes insensibles a nuestras experiencias, donde nuestra condición adulta no nos evitó la tutela permanente. Y porque la aplicación de esas leyes también desoyó nuestras demandas sustituyendo la decisión de las mujeres por un conjunto de representantes de poderes patriarcales. En 1921, cuando se redactó el artículo del Código Penal que hoy intentamos cambiar, las mujeres éramos consideradas incapaces, pasábamos del dominio del padre al del marido, no votábamos, no legislábamos, no administrábamos nuestros bienes, no ejercíamos profesiones ni patria potestad sobre nuestros hijos, nuestra palabra no valía y ni siquiera podíamos ser testigos en un juicio. En nuestro sistema normativo no fuimos representadas sino sustituidas, no fuimos protegidas sino tuteladas.

Es una paradoja ética: la dignidad que se ha insistido en otorgar a un embrión, un ser en gestación potencialmente humano, se nos niega desde hace siglos a las mujeres. Se desconoce nuestra condición de sujetos morales, se obstruye nuestra autonomía y se debilita el reconocimiento de nuestra ciudadanía. La exclusión y la invisibilidad de las mujeres y otras personas gestantes en un asunto que nos impacta de un modo en que ninguna ley ni prohibición afecta a los varones tiene su ícono en un feto gigante que tomó el espacio público, en afiches, películas y alusiones donde se presenta a embriones con título universitario y se ignora a quien los porta en su útero como alguien que representa algo más que un recipiente desprovisto de trascendencia, de dignidad y de proyecto de vida propio. Quienes se oponen a la ley obsequiaron a los legisladores y legisladoras pequeños fetos en primorosas cajitas. Allí nos dicen qué somos para ellos las mujeres: NADA.

Como en procesión, vimos exhibir en las marchas antiderechos un gigantesco feto rosado, inviable sin una persona gestante pero orondamente independiente, un feto de nadie, con un cordón umbilical que no lo conecta a ningún cuerpo ni persona humana, un feto wi-fi que no se liga a una vida amorosa que lo anida y lo recibe con alegría (como debería ser desde un punto de vista humanista cualquier nacimiento) sino uno cuyo centro de operaciones son instituciones confesionales y misóginas, religiosas y académicas, que durante siglos han hablado por nosotras.

Nos hablan de prevención, al fin, pero no nos engañemos: los mismos que hoy argumentan en contra del derecho al aborto legal estuvieron en contra del divorcio vincular, de la patria potestad compartida, de la educación sexual, del acceso a la anticoncepción, del matrimonio igualitario, siempre con argumentos tremendistas que fueron desmentidos por la sociedad, porque lo que se obstaculiza y niega es que somos perfectamente capaces de hacer un uso racional de la ley. Esos segmentos de la sociedad que se autoatribuyen y ejercen con un poder de macho cruel una función de tutela sobre nosotras siguen tratándonos como menores de edad perpetuas. Estamos aquí un siglo después y todavía se pretende que debemos demostrar que podemos tomar decisiones autónomas sobre nuestra vida.

En un explícito abuso de poder, la cúpula de la Iglesia católica usó el tedéum oficial nacional y en las provincias para demandar la oposición a la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Eso es ofensivo de muchas maneras. Se obliga a los legisladores y gobernantes en una fecha patria a recibir pasivamente las admoniciones extorsivas de una religión que tiene privilegios económicos y políticos, y lo hace en las voces de una institución que por motivos dogmáticos excluye a las mujeres, de modo que nunca deberán poner a prueba en sus cuerpos y decisiones morales sus dogmas sobre aborto. Si tuvieran en los púlpitos la persuasión dogmática buscada, no necesitarían esta insistencia para transformar el pecado en delito. Si sus castigos fueran eficaces, no necesitarían perseguirlo con la fuerza pública. Para un Estado laico, esta interferencia (sumada al privilegio de la financiación pública del culto) es claramente antidemocrática.

Los argumentos filosóficos formulados en contra de este proyecto de ley presentan notorias debilidades lógico-semánticas vinculadas con la comprensión de la vaguedad conceptual, la construcción del significado de los conceptos de clases naturales y la diferencia aristotélico-escolástica entre acto y potencia. No es este el espacio para exponerlas. Pero hay uno de otra índole que aparece en ámbitos culturales diferentes y que es ilustrativo de la difundida ceguera al trasfondo prejuicioso de numerosos opositores a este proyecto. Sin base en investigaciones científicas, sin siquiera apreciar su necesidad, con recurso a la mera intuición individual, se teme que la ley dispare un libertino descontrol sexual con ilimitado crecimiento de la tasa de embarazos, derivado de la incontinencia emocional y la inferioridad intelectual de las mujeres. Es curioso que se pase por alto que, en las situaciones típicas, el embarazo requiere la participación de varones y que entonces, si acaso se disparase semejante desenfreno, el hecho revelaría en ellos pareja (al menos) torpeza moral e indigencia racional, difícilmente paliadas por hipotético recurso a circunstanciales intervenciones de serpientes diabólicas de incidencia exclusiva en las avanzadas mentes varoniles y cuya permanencia en las sombras servía muy bien al propósito de conservar, irracionalmente, un privilegio de género en la elaboración de las leyes.

El aborto constituye una demanda permanente del movimiento de mujeres desde el retorno de la democracia. En todos los Encuentros Nacionales de Mujeres se ha expresado de modo elocuente. En estas décadas nos hemos ocupado de desarmar muchas falacias, recolectar datos y evidencias genuinas y refinar nuestras razones. Muchas de esas razones han sido expuestas en las audiencias públicas.

Los derechos de toda persona en relación con su sexualidad pueden ser reproductivos o no reproductivos, y el Estado debe garantizar ambos tipos de derechos con políticas adecuadas. Las mujeres somos capaces de gestar, de parir, de amamantar, pero esa capacidad no puede transformarse en una obligación. Tenemos el derecho a una maternidad deseada y no el deber de una maternidad forzada. Un embarazo deseado coincide con la voluntad procreacional, y el Estado está obligado a garantizar el respeto a ese proyecto vital. Un embarazo forzado se da cuando no hay voluntad procreacional, o cuando hay obstáculos que nos dañan, y se evalúa entonces su continuidad o interrupción; y la persona gestante es quien debe decidirlo y debería tener derecho a interrumpirlo respaldada por el Estado. Recordemos que el Código Civil establece la prioridad de la voluntad procreacional sobre la maternidad o paternidad biológica, pero las objeciones a la interrupción del embarazo pretenden que la mera condición de gestación obligue a la maternidad, aunque sea involuntaria o amenace con un daño o sea expresamente contradictoria con la voluntad de la persona gestante, y esto afecta su libertad y su dignidad. Se nos obliga a una conducta heroica, supererogatoria, y eso no es exigible moralmente.

El punto es quién toma la decisión: esta es la cuestión política. Porque involucra relaciones de poder, y porque forma parte de la construcción de ciudadanía. En este debate se decide si se reconoce el estatus moral de las mujeres para tomar decisiones autónomas sobre sus propias vidas, o si continuamos bajo tutela. La autonomía sobre el propio cuerpo gestante es un derecho inalienable; por ende, la clandestinización, la criminalización y la muerte por abortos inseguros no deberían ser NUNCA MAS una política de Estado.

Lo que se discute es si una mujer que aborta debe ir presa o no, y si hacerlo de modo seguro o inseguro debe depender de su estatus económico; por eso se pide aborto legal, seguro y gratuito. Quienes estamos a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo no intentamos imponer nuestras decisiones a quienes están en contra del aborto. Y nos hemos asegurado de que ninguna mujer sea obligada a abortar, porque su consentimiento debe ser explícito. Pero quienes objetan la ley pretenden imponer sus preferencias morales e impedir que el resto de la sociedad pueda planificar su vida con otras convicciones éticas. La ética es racional y crítica, no dogmática; el dogma es religioso. Quienes sigan un dogma podrán no abortar.

Que la interrupción voluntaria del embarazo se legalice es un hecho político que repara la desigualdad de poder en la apropiación de las decisiones sobre los cuerpos gestantes. Que no se legalice y se perpetúen los abortos clandestinos y riesgosos también es una acción política, esta vez a favor de la apropiación de los cuerpos gestantes como medios para fines que no son propios de su decisión autónoma. Y no considerar a las mujeres un fin en sí mismas es un hecho inmoral que nos obliga a un sometimiento indigno de la condición humana.

Por otra parte, se puede defender el derecho a la vida de las personas nacidas y en etapas gestacionales sin penalizar el aborto. La vida se defiende positivamente y no mediante prohibiciones; es bueno que algunas de las formas estatales de esta defensa positiva se hayan recordado en el debate. Cuando promovimos normas (todavía incumplidas y obstaculizadas) sobre educación sexual y acceso a la anticoncepción, lo hicimos pensando en la autonomía de las mujeres para evitar un embarazo no deseado y una maternidad forzada. Nosotras defendemos la vida. La legalización disminuye las muertes maternas, y también disminuye el número de abortos. La conclusión es lógica: si quieren salvar las dos vidas, como dicen, aprueben la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

http://www.perfil.com/noticias/elobservador/desventuras-del-feto-wi-fi-operado-desde-un-centro-confesional.phtml

Una marea verde esperanza

Claudia Korol

El cuerpo colectivo late fuerte. Nuestros corazones rebeldes se encuentran en estado de alerta. La marea verde invade las ciudades, y va arrastrando los prejuicios sembrados históricamente por quienes pretenden controlar nuestros cuerpos de mujeres, o si no lo logran, expulsarnos del Paraíso.

La movilización no comienza ni termina en el centro de la ciudad de Buenos Aires, donde se encendieron fogones, se armaron guisos comunitarios, se acomodaron las carpas donde se realizaron debates apasionados sobre la historia de nuestra resistencia y sus desafíos actuales. La movilización no comienza el 13 de junio ni termina el 14. Viene de más de un siglo de lucha feminista y popular, extendiéndose sin fronteras por el continente y más allá, donde otras compañeras hacen vigilia junto a nosotras. Nos “acuerpan”, nos dan ánimo, nos dicen que “estamos juntas”. 

En todas las casas, en los barrios, en los pueblos más distantes, se habla, se piensa, se discute. Las abuelas cuentan a sus nietas por primera vez, historias de abortos realizados en la clandestinidad. Recuerdan también a vecinas que murieron en abortos ilegales. Las relaciones se humanizan, se sinceran. La sociedad se va sacando varias capas de hipocresía, de tabúes, de mentiras. Éste es el gran logro del momento histórico que estamos viviendo y realizando. Las mujeres compartimos dudas, deshojamos silencios, nombramos miedos y los desafiamos. 

Mientras duró la maratónica sesión del Congreso, en sus afueras se cantaba, se bailaba, se realizaban debates y rituales colectivos, aquelarres, abrazos. Hay tambores, hay fiesta. “Aquí se respira lucha”. ¿Qué es lo que demanda esta marea poderosa? Cuando decimos “aborto legal”, nos referimos al derecho a la autonomía de las mujeres sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. Nos enfrentamos también a la crueldad de una sociedad que condena a las mujeres pobres a morir en abortos clandestinos, o a parir hijos e hijas que son producto de violencias o abusos, y que en muchos casos sobreviven penosamente en situación de desnutrición, de hambre, de blanco para el “gatillo fácil”. La vida de “los” pobres no cuenta para el poder, y la vida de “las” pobres cuenta menos aún. A pesar de las muchas diferencias que podemos tener, venimos de la experiencia nacida de los Encuentros Nacionales de Mujeres, de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y más recientemente, de la experiencia colectiva y feminista del “Ni una menos”. No queremos más femicidios, no queremos más mujeres muertas o criminalizadas por este sistema patriarcal. No queremos que mutilen nuestro deseo de libertad. Y para lograrlo trazamos los puentes de encuentro en nuestras diferencias.
Lo más conmovedor de estas jornadas es la presencia masiva de niñas, adolescentes y jóvenes, que patearon el tablero de la doble moral. Entraron al juego político con pañuelos y banderas verdes, y desequilibraron el partido. Ocupan y salen de los colegios secundarios, de los barrios, y empujan la historia con una fuerza incontenible. Pintan el horizonte de verde esperanza. Es la esperanza, no sólo de una ley… Es la esperanza de la revolución feminista, que reimpulsan con su irrupción masiva, rebelde y organizada. 

Las brujas de ayer y hoy se ríen, celebran, se preparan para las próximas batallas, que seguramente serán más exigentes. La votación en Diputados por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, es resultado de la marea verde, que tiñó los cálculos y transformó algunas conciencias. La marea sigue tiñendo ahora las calles y los corazones de las personas con capacidad gestante. El miedo ahora lo respiran ellos. Alrededor de las brasas de los fogones, arde la rebeldía. El feminismo hoy está guevariando la historia. Ya no habrá revoluciones sin nosotras.

http://www.lapoderosa.org.ar/2018/06/una-marea-verde-esperanza/

Revueltas e insumisiones: las jóvenes feministas

Alejandra Ciriza

Argentina y Chile corren desbocadamente hacia el sur. De manera simétrica, anudados ambos países alrededor de la cordillera que les separa y une. A más de dos siglos del cruce de los Andes, a más de dos siglos de las independencias, a más de dos siglos de alianzas que seguramente avergonzarían a los neoliberales racistas y brutales que hoy nos gobiernan.

Argentina y Chile conmovidos por el temblor de la cordillera azotada por la megaminería y el fracking, por el brutal atentado contra nuestro cuerpo-tierra. Ahora mismo, en las proximidades de Alvear, en la provincia de Mendoza.

Chile y Argentina unidos en los levantamientos de los subalternos, en el renacer mapuche, en la resistencia a la recolonización de estas tierras de nombradas de manera incierta… entre el confín y el río que conduce, sólo que contracorriente, al reino de Cucaña para los conquistadores, y al infierno mismo para nuestras gentes.

Ubicadas en esas paradojas, hijas de la resistencia al colonialismo y el arrasamiento de nuestras tierras, mujeres y disidentes sexuales, mapuches y quienes viven por sus manos, testarudamente erguides, les recuerdan a los dueños de todas las cosas que aún estamos vivas, vivos a pesar de sus esfuerzos genocidas, a pesar del sexocidio, a pesar de conquistas y pacificaciones, campañas y depredaciones, clandestinidades y desapariciones.

Las jóvenes feministas de ambos lados de la cordillera les recuerdan a los dueños de todas las cosas que una llama de insumisión alienta siempre en nosotras, nosotros, nosotres.

Por estos días, mientras los poderosos firman con el Fondo Monetario Internacional para despojarnos, porque en Argentina los ricos vienen por todo: vienen a robar los sueños de quienes viven de su trabajo… vienen a arrasar con los sueños de les pibes despojándonos de las universidades con su filosofía del ajuste, vienen a saquear los fondos de pensión de nuestres viejes, vienen a robarnos el agua y la paz. Se llevarán las pensiones y la educación y a cambio repartirán palos con el ejército en la calle… y la seguridad para su propiedad privada será, como ha sido desde que recuerdo, la muerte cierta de muches entre les nuestros y las nuestras…. en este mes de junio, inevitables Darío Santillán y Maximiliano Kosteki removiendo en mi memoria masacres y atropellos, sin cuenta ni cuento… inevitable la imagen delgada y tenaz de Francisca Linconao, la risa de Diana Sacayán, trava y compañera asesinada, la de Johana Chacón con sus pequeños 13 apropiada, desaparecida por las redes de trata.

De esa memoria de infiernos nace la rotunda marea verde. La rebelión de nuestras hijas, las que supimos parir al calor de la demanda por aborto legal, por autonomía, dignidad y derechos humanos humanos para las humanas, les humanes, las que parieron nuestras cómplices chilenas batallando por aborto y por libertad en esa marea violeta que recorre Chile. Basta de abusos, de violencias, de acoso callejero, basta de violencias, basta.

Jóvenes, muy jóvenes, corean en las calles de Argentina: somos las hijas de todas las brujas que nunca pudiste quemar…

Jóvenes, muy jóvenes, recorren las calles del Chile al grito de: somos la voz de las que ya no tienen voz. Ocupan las universidades de Chile al grito de: no al acoso en las aulas, a la violencia machista, educación no sexista.

Y así es. Los sueños de pacificación de araucanías e insurrectas reclaman la paz de los cementerios.

Nuestra paz se construye en las calles y también en las casas, en las aulas y en las fábricas, porque estamos en todas partes, nutriéndonos del calor de nuestras revueltas, reconociéndonos en la mirada desafiante de estas jóvenes insumisas que han recibido, como en una larga carrera de postas el testimonio de la insurrección de las feministas.

https://antigonafeminista.wordpress.com/revueltas-e-insumisiones-las-les...

 

Movimiento de mujeres y agenda política en Argentina

Bárbara Ester y Camila Vollenweider

El Congreso argentino está debatiendo en estos momentos una ley que promueve el aborto legal. Este debate legislativo, paradójicamente, fue habilitado por el conservador Mauricio Macri a comienzos de 2018. ¿Oportunismo? ¿Estrategia? ¿Sensibilidad social hacia las mujeres? Tal vez el hecho de colocar en el debate público, por meses, un tema que no deja a nadie indiferente mientras la popularidad del presidente y sus políticas se desploman[1] no sea simple fruto de la casualidad. Quizás con ello busque, más que ocultar su mala imagen, remontarla un poco apareciendo como un perfecto republicano[2].

La realidad es que el tema no estaría en el candelero institucional si no fuera por la fuerza, la transversalidad y el protagonismo político que ha adquirido el movimiento feminista argentino, dentro y fuera de las fronteras del país. Los hechos que marcaron un antes y un después fueron las masivas movilizaciones de 2015 (#NiUnaMenos) para reclamar por el fin de los femicidios -asesinatos de mujeres por el simple hecho de ser mujeres- que estaban (y aun están) dándose en el país del Sur.

La despenalización del aborto es un asunto más complejo. Sólo dos países en América Latina contemplan el aborto legal: Cuba y Uruguay. Chile, el año pasado puso fin a la prohibición total del aborto estableciendo las tres causales más comunes; en Brasil la despenalización total está en la pauta del Supremo Tribunal Federal, que lo tratará próximamente; y en El Salvador hace unas semanas se propuso su discusión parlamentaria, pero fue pospuesta. Sólo Argentina debate hoy si las mujeres que deciden abortar no serán consideradas delincuentes.

Sin embargo, la sorpresiva llegada del tema al Congreso ha tenido un difícil recorrido. El mismo proyecto de ley se presentó siete veces desde la creación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en 2005. Este recorrido, no exento de avances, retrocesos y tensiones, ha permitido que hoy el tema esté en la agenda y que haya sido impuesto por el empoderamiento de las mujeres, del feminismo, y por una creciente conciencia social.

Movimiento de mujeres y kirchnerismo

El kirchnerismo también tuvo su crecimiento respecto de la agenda feminista, si bien ni Néstor ni Cristina se autoidentificaron como feministas. De hecho Cristina, en 2005, dijo: “creo en defender los derechos de la mujer y de las minorías, pero no bajo la etiqueta de ser feminista”, y se opuso a la legalización del aborto por motivos religiosos. Sin embargo, no sólo en esos 12 años de gobierno se impulsaron innumerables medidas y leyes que ampliaron los derechos de las mujeres y de las “minorías” sexuales, sino que el movimiento se amplió de manera contundente en un contexto de democratización e inclusión, y la propia ex-presidenta fue permeándose de la lucha feminista.

Durante esos años, se promovieron desde el Gobierno -y se sancionaron- la Ley de Identidad de Género y el Matrimonio Igualitario, la ley que tipificó el femicidio, la ley contra la trata, la inclusión en la Ley de Medios de un artículo para abordar contenidos de manera no sexista, la dignificación laboral de las trabajadoras del hogar, entre otras[3]. También se creó la Asignación Universal por Hijo y se concedió el derecho a la jubilación a las amas de casa.

El movimiento feminista tuvo sus contradicciones con el Gobierno: si bien se reconocían todos los avances en materia de género, siempre se buscó exigirle más. Y la prioridad que siempre tuvo la despenalización del aborto nunca fue escuchada. El ala más de izquierda del movimiento de mujeres sigue diciendo que Cristina Fernández nunca fue feminista y que sus posicionamientos contundentemente feministas de los últimos tiempos son una impostura.

Otros sectores, mayoritarios, creen que lo hecho fue insuficiente, pero representó un salto cualitativo para la situación de las mujeres en Argentina. Destacan la enorme importancia política de haber conseguido una presidenta mujer y condenan la permanente violencia simbólica que padeció durante los 8 años que duró en la presidencia. En perspectiva, todo ello resalta a la luz del tratamiento del nuevo Gobierno a las problemáticas de género y al movimiento de mujeres en sí mismo.

Cambiemos y el movimiento de mujeres: una historia de violencia institucional

El movimiento Ni Una Menos, precursor/predecesor del movimiento feminista y la marea verde, surge desde un grupo de periodistas, activistas, y artistas que se manifestaron contra los femicidios.  En un mismo año (2015), coincidieron la asunción de una alianza de derecha como Cambiemos al Gobierno y el mayor hito del movimiento de Mujeres: la convocatoria de #NiUnaMenos[4]. Ambos evidenciaban la utilización de una nueva plataforma de comunicación: redes sociales; en todo lo demás, se encontraban en las antípodas.

El 3 de junio de 2015, en Buenos Aires nace el movimiento Ni Una Menos con una concentración de aproximadamente 150.000 personas frente al Congreso Nacional, hecho que se replicaría en plazas y parques de 80 ciudades del país y en Uruguay. La masividad de la convocatoria en redes sociales fue aún mayor. Al punto que la ex-primera dama norteamericana, Michelle Obama, durante su visita a Buenos Aires destacó el impacto mundial que había alcanzado el reclamo. El movimiento fue creciendo e incorporando otros países[5].

La confluencia de corrientes y movimientos en Ni Una Menos convocó tanto a colectivos no agrupados como a defensores de DD.HH., organizaciones políticas y sindicales, centros de estudiantes, y también a distintos colectivos de mujeres y de la diversidad. En Argentina, las manifestaciones año tras año comenzaron a incluir reclamos específicos al Gobierno nacional.

  • 2016, el Estado es Responsable

En 2016, se incorporó la consigna “El Estado es responsable” aludiendo al retroceso en las políticas públicas que eviten los femicidios, punto cúlmine de la violencia contra las mujeres, y a la Declaración de la Emergencia Nacional en Violencia de Género. La exhortación puso el énfasis en la falta de presupuesto para la efectiva implementación de la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. Asimismo, la reincorporación de las trabajadoras despedidas y el procesamiento de luchadoras populares opositoras como Milagro Sala, la efectiva educación sexual y la entrega gratuita de métodos anticonceptivos.

  • 2017, basta de violencia machista y complicidad estatal

En 2017 con un fuerte apoyo internacional y visibilización mundial la frase que nucleó las demandas fue: “Basta de violencia machista y complicidad estatal”. En el acto, la periodista Liliana Dauness y la titular de Madres Línea Fundadora, Nora Cortiñas, leyeron el documento oficial de la protesta en Plaza de Mayo: “A nuestras demandas el Estado responde con represión. El Estado participa del pacto de complicidad machista”. El documento reclamó a su vez “el derecho al aborto en condiciones dignas” y la “aplicación de la ley de parto humanizado”. Por último, criticó la destitución de Dilma Rousseff acto al que calificó como “golpe institucional machista en Brasil”. Ese mismo día las fuerzas de seguridad realizaron detenciones arbitrarias, ilegales y violentas a las y los manifestantes[6].

  • 8 de marzo de 2018, huelga internacional de mujeres

El 19 de octubre de 2016, un paro nacional convocado por las mujeres antecedió a la primera edición internacional, celebrada el 8 de marzo de 2017[7]. El objetivo fue visibilizar la violencia machista en todas sus formas y expresiones: sexual, social, cultural, política y económica. En 2018 se repetiría la convocatoria[8]. El reclamo principal de las 350.000 mujeres que marcharon en Argentina fue el aborto legal. Dos semanas antes, el presidente Mauricio Macri había habilitado simbólicamente el debate en el Congreso. Sin embargo, desde el escenario, claramente se expresó como un acto en contra de sus políticas, desde la libertad de “presos políticos” hasta el rechazo a los despidos en el Estado.

  • 2018, Vivas, libres y desendeudadas nos queremos

En esta última, con la consigna se hizo referencia a la decisión del Gobierno de pedir financiamiento al Fondo Monetario Internacional[9] y, por supuesto, el énfasis estuvo en la legalización del aborto[10][11]. Si bien el movimiento seguía siendo transversal, cada vez quedaba más evidenciada una línea antiimperialista, antineoliberal y, obviamente, antimachista que marcó la cancha para que el feminismo no sea cooptado por la derecha.

Nuevos movimientos sociales: lo personal es político

El mayor éxito de la campaña de Ni Una Menos fue una acertada estrategia de interpelación a individuos a realizar acciones sociales. Con esto no queremos subestimar el activo rol de las organizaciones que adhieren al movimiento de mujeres, ni invisibilizar el exponencial crecimiento del activismo y la militancia feminista en Argentina, sino señalar que su triunfante instalación en agenda guarda relación con la forma en que ganó visibilización.

La visibilización tuvo tres aristas: la calle (protestas multitudinarias), su presencia en los medios de comunicación convencionales, y las redes sociales. En estos dos últimos ámbitos el feminismo narró sucesivas historias personales (story-tellings) que describieron desde abortos hasta violaciones en primera persona logrando generar empatía y un hecho emocional. Story-tellings que, desde la vereda opuesta, también nutrieron la campaña de Cambiemos: presentación de sus líderes y timbreos que recreaban visitas “espontáneas” de funcionarios a ciudadanos comunes y en los que primaba la escucha.

Desde la perspectiva de los estudios culturales en América Latina[12] se afirma que los nuevos movimientos sociales y las llamadas “minorías” – que engloban etnias, las mujeres, los jóvenes o los homosexuales– expresan un tipo específico de demanda: el reconocimiento, hacer socialmente visible su alteridad. Estos nuevos movimientos han modificado las formas de hacer política y transformado los modos de participación en la sociedad, con nuevas metodologías para la incidencia en lo público, donde la comunicación es el principal escenario en el que se dirime la lucha política.

En la Argentina, Ni Una Menos constituye el mejor ejemplo de las multitudes autoconvocadas y autoorganizadas desde la virtualidad. Aún cuando el movimiento de mujeres de América Latina tomó un importante envión durante la llamada “Tercera Ola” en la década del ´90, sólo logró instalarse en la opinión pública con su salto a la red. Parte de la efectividad de la campaña puede entenderse mediante los siguientes puntos:

  • La utilización del ciberespacio como plataforma para intervenir en la política desde campañas virtuales, grupos de discusión, portales colectivos y sitios web capaces de funcionar como un medios alternativos de comunicación.
  • El carácter internacional bajo la modalidad de “lucha en red” que permite globalizar las resistencias y tener incidencia en medios de comunicación locales e internacionales.
  • Apelar a una nueva subjetividad en relación con la ciudadanía, promoviendo acciones individuales como forma de visibilizar una demanda colectiva.
  • Priorizar rituales, prácticas y reclamos transversales a distintos ejes ideológicos, logrando así atraer múltiples identidades.
  • Instalar una estética[13] de la protesta gracias a un lenguaje mixto, que logró integrar expresiones escritas, visuales y audiovisuales de la cultura popular contemporánea.

Las acciones individuales de activistas adquieren mayor incidencia en redes gracias a que el mensaje proviene de alguien virtualmente cercano, a modo de boca en boca. La fuerza del mensaje reside, justamente, en el aval de quien lo envía y en su réplica, construyendo una cadena de información basada en una relación personal y de intereses comunes, que se materializa bajo la forma de los “seguidores” o “amigos” de cada contacto[14].

Una sumatoria de acciones individuales -como incorporar un marco en la foto de perfil en Facebook o realizar un tweet con determinado hashtag- permiten realizar un nuevo tipo de acción social. Una vez que la convocatoria se vuelve multitudinaria, cautiva la atención de los medios de comunicación quienes visibilizan –aún distorsionándola- su existencia y reivindicaciones, retroalimentando su instalación en la agenda política.

A modo de conclusión

Los nuevos movimientos sociales, en los que se inscribe Ni Una Menos, figuran entre las primeras organizaciones en operar en red y aprovechar sus características para organizar acciones directas, compartir información y recursos, y coordinar campañas mediante la comunicación a distancia en tiempo real[15]. En un mundo globalizado, los consumidores y usuarios de redes encuentran en Internet un vehículo para la resolución colectiva de problemas, la deliberación y la creatividad popular, emergiendo como una fuente alternativa de poder mediático que se recrea en cada una de las interacciones cotidianas, lo que Manuel Castells definiría como “sociedad red”[16].

El movimiento de mujeres acorraló al Gobierno jugando su propio juego, la construcción de una estrategia comunicacional –uno de los pocos espacios en los que el oficialismo había sido efectivo y recientemente mostró signos de desgaste[17]-. Mientras la imagen de Macri y su gestión comenzó a erosionarse y frente a un sindicalismo tradicional aletargado, el activismo feminista –lejos de fracturarse como sostiene la prensa adepta al Gobierno[18]- ha ganado impulso y se ha convertido en uno de los actores políticos más activos y con mayor respaldo popular[19]. Cambiemos optó por el pragmatismo[20] y asimiló lo que no pudo silenciar mediante la represión.

Aún cuando el oficialismo ha propiciado el debate de la legalización del aborto en el Congreso, muchos de sus legisladores votarán en contra. El debate sobre el aborto también impactó transversalmente a las distintas fuerzas políticas del Congreso en ambas Cámaras, por lo que la resolución de la votación que se llevará a cabo el miércoles 13 de junio es incierta. Lo que sí es cierto: el aborto legal es -cada vez más- un grito global.

Notas:

[1] https://www.celag.org/argentina-la-imagen-de-m-macri-lo-que-el-fmi-se-llevo/[2] https://www.nytimes.com/es/2018/05/19/opinion-timerman-misoginia-feminicidio-debate-aborto-argentina/  
[3] https://www.diarioregistrado.com/sociedad-/10-normas-contra-la-violencia-de-genero-sansionadas-durante-el-kirchnerismo_a574ed3d6fba962cb34c30b45 
[4] http://niunamenos.com.a
[5] Ecuador (30 de julio de 2015), ​México (24 de abril de 2016), Brasil (1 de junio de 2016), Perú (13 de agosto de 2016), Bolivia (18 de octubre de 2016), Colombia y Venezuela (19 de octubre de 2016),   Chile (21 de octubre de 2016), Italia (26 de noviembre de 2016), Paraguay (20 de diciembre de 2017), España (7 de noviembre de 2016). [6] https://www.cels.org.ar/web/2018/02/el-poder-judicial-ratifico-que-las-detenciones-del-8m-fueron-al-voleo/  y http://www.anred.org/?p=62633
[7] https://www.pagina12.com.ar/24645-el-paro-a-macri-se-lo-hicimos-las-mujeres
[8] https://www.eldiario.es/internacional/Argentina-enciende-huelga-feminista-paises_0_747526187.html [9] http://economiafeminita.com/que-tiene-que-ver-ni-una-menos-con-el-fmi/
[10]https://elpais.com/internacional/2018/06/04/argentina/1528131219_651354.html 
[11] https://www.pagina12.com.ar/119469-lo-personal-es-politico
[12] Martín-Barbero, J. (2001). “Transformaciones comunicativas y tecnológicas de lo público”. Metapolítica, 5 (17), pp. 21-24. México: Universidad Autónoma de Puebla.
[13] https://www.elciudadanoweb.com/el-debate-feminista-y-la-iconografia-que-evoluciono-en-la-calle/
[14] Si bien estas prácticas fueron empleadas por el oficialismo, principalmente, a partir de la incorporación de trolls, (comentaristas y foristas rentados) el movimiento feminista lo realizó mediante un genuino ciber-activismo. Ver: http://www.celag.org/vivir-de-snapchat-macrismo-y-redes/
[15] Noelia Belén Díaz y Alejandro Hernán López en Ni Una Menos: el grito en común, La estrategia comunicacional de la movilización que marcó un hito en la lucha por los derechos de las mujeres en la Argentina. Disponible en: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/58537/Tesis_.pdf-PDFA.pdf?sequence=4  
[16] http://red.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/biblioteca/Castells_internet.pdf
[17] https://www.celag.org/la-crisis-de-gobierno-en-argentina/
[18] https://www.lanacion.com.ar/2140888-ni-una-menos-un-reclamo-masivo-que-se-fracturo 
[19] https://www.nytimes.com/es/2018/05/29/opinion-pozzo-debate-aborto-argentina-activismo-feminista/[20] https://www.nytimes.com/es/2018/04/01/opinion-alconada-macri-aborto-argentina/
http://www.celag.org/movimiento-mujeres-agenda-politica-argentina/

Directora del Observatorio de Género en la Justicia.
Educadora popular, feminista, Coordina el equipo de educación popular de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM). Autora de Feminismo y Marxismo, diálogo con Fanny Edelman.
Investigadora Principal de Conicet, Profesora de Introducción a la filosofía y el pensamiento feministas en la Universidad Nacional de Cuyo, República Argentina. Militante por los derechos humanos, activista feminista y socialista.
Licenciada en Sociología, Universidad de Buenos Aires (UBA) Profesora en Sociología Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigadora de CELAG.
es historiadora y socióloga, miembro del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) de Quito, Ecuador.
Fuente:
Varias