Argentina: Deuda y fondos buitres. Dossier

Jorge Altamira

Alejandro Nadal

31/08/2014


Una pelea entre buitres en perjuicio de los trabajadores

Bastó que el fondo buitre Blackrock amenazara con desprenderse masivamente de sus acciones de YPF para que el gobierno desactivara la amenaza de aplicarle a Donnelly la ley antiterrorista. El gobierno había responsabilizado a Blackrock, que tiene acciones en Donnelley, por la quiebra fraudulenta de la empresa. Uno de los que más habría fogoneado esta recule fue el presidente de YPF: una parte del paquete accionario de YPF está en manos de varios fondos buitres. El fondo buitre, NML de Paul Singer, tiene participación accionaria en el Banco Hipotecario, junto al estado y a Eduardo Elsztain.

Los buitres del “pago soberano”

Los K quieren hacer los “pagos soberanos”, un lenguaje que exhala hipocresía rampante. “El gobierno apuesta a que los bonistas presionen a Griesa para que libere los pagos” (La Nación 23-8). En la última semana hubo una reunión cumbre de bonistas con ese fin, convocada por Goldman Sachs. En la Cámara de Apelaciones de Nueva York, el Citi ha elevado un recurso para que levante la prohibición de Griesa a los pagos de los bonos reestructurados.

El proyecto del pago a los bonistas en Buenos Aires, se encuentra en un impasse; podría llevar a nuevos litigios (La Nación 22-8). Por eso, el gobierno ya tendría preparada, como respuesta, la declaración de ‘defol’ de toda la deuda y un nuevo canje – el tercero. Los que están en la cocina del asunto – nacionales y populares, por su supuesto – ya está comprando títulos que se han desvalorizado en esta crisis, para entrar en el canje final de la ‘liberación’. La diferencia entre el precio de compra y el de este canje son jugosos. Juegan a la crisis mientras el lobo se come a Caperucita. Es el negocio que CFK le ofreció a los buitres, oficialmente. Estos también se han metido a comprar los bonos que caen, pero no sueltan el beneficio que representa el fallo de Griesa para cobrar aún más, por los bonos antiguos. Según Clarín (21.8), la Anses ha salido a vender títulos de deuda externa en su cartera para aminorar la suba del dólar en el mercado de capitales. La propia Anses opera como un fondo buitre, como se ve, ya que se supone que debería retener esos bonos hasta la fecha de su vencimiento final.

Estos negociados y trajines explican las divisiones dentro del bloque de Massa, por ejemplo Lavagna. Los fondos de buitres como Soros (Clarín, 26.8) y David Martínez de Fintech (Verbitsky, Página 12, 24.8) ya han comenzado a apropiarse de los bonos que se deprecian. El húngaro y el mexicano abogan por un nuevo canje, local, por las razones dichas. Si en el medio hay un arreglo y no es necesario declarar otro ‘defol’, mejor – la ganancia sería aún mayor. Además, “No descartan-los operadores financieros - que esta sea una postura para luego negociar con el resto de los holdouts, al igual que ocurrió con la petrolera Repsol y con el Club de Paris “(La Nación 24-8). Apuntan, por sobre todo, a valorizar los activos que han comprado como pichincha, en las telecomunicaciones (Fintech en Telecom y Telefe) y Soros en YPF (entre otras inversiones). Uno y otro, protegen el monopolio que han conseguido de la renta del negocio de medios y la enorme renta minera que promete la política petrolera a partir de los naftazos.

George Soros es el buitre de todos los buitres: quebró al Banco de Inglaterra, en 1993; financió las contrarrevoluciones ‘rosas, en Europa oriental; y fogoneó a la Mesa de Enlace en la crisis sojera.

‘Defol’ en toda la línea

De cualquier manera la devaluación del peso en los mercados paralelos se desarrolla sin pausa, por la simple razón de que el ‘defol’ de Argentina es un hecho cuando se considera la situación en su conjunto. Las reservas internacionales netas son de u$s 15 mil millones, menos de lo que Argentina debe pagar hasta finales de 2015. Las reservas son poco menos que un 30% de una base monetaria (unos $ 400 mil millones) que no para de desvalorizarse. A su vez, la deuda del Banco Central con los bancos locales – por $220 mil millones, a tasas de interés de entre 24 y 30% no cesa de crecer (El cobro de intereses al Banco Central explica el 95% de las enormes ganancias de los bancos desde la devaluación de enero).

El cuadro de ‘defol’ interno se acentúa porque el BCRA tiene que financiar un déficit fiscal en ascenso – $ 250 mil millones (5% del PBI), y porque el balance de pagos internacional es francamente deficitario (salida de divisas). Una caída de la recaudación fiscal y de los aportes jubilatorios, deberá afectar el sistema de reparto de la Anses y afectar a su Fondo de Sustentabilidad – sin olvidar que tiene una deuda de $ 20 mil millones por juicios previsionales. La Anses opera en el mercado de cambios vendiendo títulos e incluso presta al Banco Nación a tasas de interés del 5% anual. Otro aspecto es la deuda dolarizada o ajustada al dólar de las provincias; Macri y Scioli ya anunciaron que no tienen recursos propios para pagar los vencimiento de 2015; varias provincias ya incumplen con sus proveedores. En algunos casos, se está a punto de pagar deuda flotante con bonos. El Banco Central ha contraído una deuda de u$s 4 mil millones por importaciones autorizadas.

Sin necesidad de corralitos

Argentina ha estado pagando la deuda externa con inflación, simplemente porque carece de los recursos para hacerlo de otro modo. La situación de ‘defol’, o sea de bancarrota, se manifiesta en la devaluación que se registra del peso y que pronto se convertirá en otra mega devaluación. Exactamente como ocurriera en 2002. La confiscación a los ahorristas se saltará el paso del corralito.

Se está reproduciendo un escenario parecido a la devaluación de enero de este año. Las pérdidas de reservas BCRA, en esta semana, ascendieron a 300 millones de dólares; la caída de los depósitos en dólares en los últimos días supera los 52 millones de dólares. La brecha entre el dólar oficial y el paralelo orilla el 70 por ciento, lo cual ha detenido la liquidación de la cosecha y en general de los exportadores. El racionamiento de dólares para las importaciones, agudiza la tendencia recesiva.

La diferencia con enero de este año es, sin embargo, el gobierno ha quemado los cartuchos que tenía a su alcance. Un renovado aumento de la tasa de interés agravará la recesión, pero no incentivaría el ingreso de dólares para hacer ‘bicicleta financiera’, debido a que los bancos han vendido sus tenencias. Para que la plata venga de afuera habrá que llevar el dólar a $ 20 y liberar los cambios. Debido a la expectativa devaluatoria, Banco Central, por primera vez en este tiempo, no pudo colocar las letras que ofrece en licitación.

La mayor diferencia con 2002 ya no son los precios internacionales, que ahoran derrapan, sino las tasas de interés ficticias: en la actualidad, son de menos del 2% anual, que prevalecerán en el mercado internacional hasta la próxima corrida bancaria. Esta abundancia de dinero a corto plazo ha llevado a los operadores financieros del día a día a negar el ‘defol’ de Argentina, porque serviría para refinanciar deudas. Pero aún el negociado que representa comprar títulos argentinos que rinden el 15%, con dinero obtenido al 2%, requiere una seguridad mínima de cobro y el restablecimiento de la normalidad de los pagos, o sea una libertad cambiaria cuya condición es la mega devaluación correspondiente del peso. Semejante devaluación sería el equivalente a una explosión económica….y política.

Economía y política

La crisis de deuda no es un episodio ‘externo’ sino que está conectado con la bancarrota económica del régimen kirchnerista. La caracterización de esta crisis es la base de la orientación política que sigue el Partido Obrero.

Jorge Altamira es dirigente del Partido Obrero (Argentina)

http://www.argenpress.info/2014/08/una-pelea-entre-buitres-en-perjuicio-de.html

La mirada del buitre: Argentina y Fintech

Un análisis del modus operandi de los fondos buitres revela vínculos profundos entre la crisis de la deuda externa de los años ochenta y el colapso del sistema financiero global de 2008. Estos vínculos no pueden pasar inadvertidos.

En primer lugar, la presencia de los fondos buitres muestra que el peso de la deuda de los países subdesarrollados perdura como uno de los rasgos más nocivos de la economía mundial y un freno para el desarrollo. En estos días el tema ha regresado al primer plano en las alas de los fondos buitres y su pelea con Argentina.

Sólo que ahora apareció en escena un nuevo personaje: el inversionista mexicano David Martínez Guzmán, fundador y presidente de Fintech, fondo de inversiones cuyas operaciones arrojan nueva luz sobre la versatilidad y capacidad de adaptación de los fondos buitres.

Ya es tradición describir el funcionamiento de los fondos buitres a través de la adquisición de bonos o títulos de deuda con problemas en el mercado secundario, con el fin de redimirlos después a su valor nominal cuando el país deudor recupere algo de su capacidad de pago. Para lograrlo, los fondos buitres no titubean en lanzar una ofensiva legal que puede adoptar varias modalidades y hasta llegar a rastrear todo tipo de activos del país deudor con el fin de incautarlos como medida precautoria. En caso de triunfar, las ganancias para los fondos pueden ser extraordinarias.

Existen muchos ejemplos de lo anterior, pasando por acciones de fondos buitre contra países como Perú, la República Democrática del Congo y Zambia. El ejemplo más reciente es Argentina, que cayó en moratoria de pagos en 2000-01 debido al excesivo endeudamiento heredado del neoliberalismo de Carlos Menem. Ese país tuvo que restructurar su deuda en 2005 pero los fondos Elliott Management y Aurelius Capital Management rehusaron los términos de la restructuración. Desde entonces pelean para obligar el pago del 100 por ciento del valor nominal de esos bonos.

Uno de los fondos que aceptaron la restructuración argentina en 2005 es Fintech. Este fondo del mexicano Martínez Guzmán se dedica a comprar deuda de empresas y países en crisis. Pero su objetivo no es simplemente recuperar el valor nominal de esos títulos adquiridos a precios de castigo. El propósito es obtener o incrementar sus parcelas de control económico. Eso se logra al canjear deuda de mala calidad por acciones de la empresa deudora o al ayudar a destrabar negociaciones entre la empresa rescatada y otros acreedores. De ese modo, Fintech puede lograr una rentabilidad más duradera o penetrar en mercados en los que las barreras a la entrada son altas y a veces infranqueables.

En 2005 los fondos buitres que rechazaron la restructuración argentina no ocultaron su desagrado con Fintech. Poco después Elliott Management y Fintech volvieron a enfrentarse en un litigio relacionado con la quiebra de la empresa Vitro. En 2009 esta empresa se encontró en dificultades (por malas inversiones en el mercado de derivados) y acudió a Fintech para obtener recursos frescos. La intervención de Fintech permitió una restructuración financiera, al adquirir la deuda que Vitro tenía con Elliott y Aurelius a cambio de la promesa de esos fondos de no ejercer acciones legales en Estados Unidos contra el concurso voluntario de quiebra abierto por la mencionada Vitro. Fintech salió de la operación con 20 por ciento de participación en Vitro y otras ventajas.

En 2006, un año después de apoyar la restructuración de la deuda argentina, Martínez Guzmán se reunió con Néstor Kirchner en Nueva York. Unos días después adquirió 40 por ciento de las acciones de Cablevisión, el sistema de televisión por cable del grupo Clarín. Es posible que Fintech haya desempeñado un importante papel en los esfuerzos por debilitar el grupo Clarín, enemistado con los Kirchner desde 2008 por sus reportajes sobre el paro nacional agropecuario. Hoy Fintech tiene fuertes inversiones en los sectores energético y de telecomunicaciones en Argentina. No es absurdo conjeturar que Fintech y Kirchner se ayudan mutuamente, en Wall Street y en Buenos Aires.

El funcionamiento de Fintech es similar a la práctica de los canjes (swaps) de deuda utilizados en los años noventa para enfrentar el problema de la deuda de los países subdesarrollados, en especial en América Latina. En aquellos años la falta de un mercado secundario de bonos soberanos condujo al FMI y al Departamento del Tesoro a crear el artificio de los canjes de deuda. Ese es el mismo mecanismo que utilizan Fintech y muchos fondos similares.

Hoy el FMI se inquieta por las prácticas de los fondos buitres y el riesgo que entrañan los fallos judiciales en Estados Unidos. Hasta publica estudios sobre las prácticas depredadoras de estos fondos. Pero muestra amnesia selectiva al olvidar que su sistema de restructuración de deuda soberana siempre se organizó para salvaguardar los derechos del capital financiero a un gigantesco costo social y económico en docenas de países.

En El Corazón delator Edgar Allan Poe relata el homicidio de un anciano cuyo único defecto consistía en tener un ojo de buitre. El asesino no tolera su mirada y decide liquidarlo. Hoy el FMI encuentra intolerable que los fondos buitres anden sueltos y puedan poner en riesgo el sistema de sumisión de deudores que tantos años le ha costado construir. ¿Habrá olvidado que el padre de todos los fondos buitres es el capital financiero?

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de Sinpermiso

La Jornada, 27-08-2014

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