Antes de Lenny estuvo George

Harold Meyerson

31/08/2018

Antes de que estuviera Lenny, estuvo George. Este pasado fin de semana, el mundo musical, el del teatro, el de la crítica conmemoraron el centenario del nacimiento de Leonard Bernstein con actuaciones y ensayos críticos. Así llevamos todo el año, y el Lenny-Fest, que ha llegado hasta costas muy alejadas, seguirá rodando gozosamente hasta el invierno.

El genio de Bernstein – como compositor, director, intérprete, el del hombre que llevó las formas de la música clásica a los medios populares y los sonidos populares a las obras clásicas, del hombre que escribió música profundamente norteamericana (lo que en sus manos quería decir multicultural) para géneros europeos clásicos — ha sido abordado no sólo como una suerte de milagro secular, que lo era, sino como un logro único en su género. Lo cual no era.   

Hubo otro compositor norteamericano que abrió el camino por el que iba a desfilar Bernstein: George Gershwin. Igual que  Bernstein hizo transbordó de la sala de conciertos a Broadway, otro tanto hizo Gershwin, aunque Lenny era claramente un maestro de  géneros clásicos a los que Gershwin no había llegado cuando murió. Igual que Bernstein sacudió el musical norteamericano con West Side Story, otro tanto logró  Gershwin con la música norteamericana en Rhapsody in Blue. Igual que Bernstein aportó un sonido norteamericano a sus sinfonías, así le dio Gershwin un sonido norteamericano a su ópera, Porgy and Bess. Tal como ensambló Bernstein su propia version de la música latinoamericana en toda una serie de partituras, así mezcló  Gershwin su propia versión de la música afroamericana en sus espectáculos y ópera (a principios de los años 20, fue Gershwin—y no los equipos afroamericanos que escribían canciones, como Sissle y Blake o Miller y Lyles— el que puso la nota azul [o del “blues”] en la música de Broadway). Eran cosmopolitas con raíces estos dos compositores judíos que tomaron toda clase de música de toda clase de idiomas y la transformaron en su propio sonido, propulsor, emotivo, lúbrico, doliente, arrebatador.

Gershwin nos parece una figura de un mundo desvanecido, mientras que Bernstein es todavía una presencia viva. Gershwin surgió de la cultura de los promotores de canciones y de Tin Pan Alley, que hoy son capítulos de la historia cultural, mientras que Bernstein salió de la cultura de Tanglewood y otros enclaves musicales que siguen desarrollándose a día de hoy. Ambos eran intérpretes consumados a los que les encantaba hacer gala de su brillantez ante el público, pero la forma de dirigir de Bernstein todavía la tenemos digitalmente con nosotros, mientras que las grabaciones para piano de Gershwin son materia de archivo.

Parece una sorpresa, así pues, darse cuenta de que Gershwin sólo tenía veinte años más que Bernstein. Si parece más lejano de lo que sugeriría su cumpleaños es porque murió tan joven, de un tumor cerebral, a los 38 años, tres sólo después del estreno de su ópera. Si hubiera llegado a la madurez, su obra, que estaba haciéndose más honda tanto musical como temáticamente, se habría solapado con la de Bernstein, y habría sido fuente de infinita fascinación ver de qué modo habrían interactuado, igual que las deudas e interacciones de Bernstein con un contemporáneo de Gershwin más longevo   —Aaron Copland— son hoy objeto de estudio. .

De modo que no quiero quitarle nada a Lenny el Magnífico por advertir que, antes de él, estuvo Gershwin el Grande.

columnista del diario The Washington Post y editor general de la revista The American Prospect, está considerado por la revista The Atlantic Monthly como uno de los cincuenta columnistas mas influyentes de Norteamérica. Meyerson es además vicepresidente del Comité Político Nacional de Democratic Socialists of America y, según propia confesión, "uno de los dos socialistas que te puedes encontrar caminando por la capital de la nación" (el otro es Bernie Sanders, combativo y legendario senador por el estado de Vermont).
Fuente:
The American Prospect, 28 de agosto de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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